El trabajo, una forma de integración
Eduardo Urrizola es un joven de 21 años que, como cualquier otro, trabaja todos los días para llevar un sueldo a casa. Se encarga de lavar las papeleras de Pamplona y de adecentarlas. Para él, el mejor trabajo del mundo. ¡Ah!, tiene síndrome de down.

Eduardo Urrizola Zabalza tiene 21 años (cumplirá 22 en agosto), trabaja en FCC, empresa encargada de la recogida de basuras y limpieza de papeleras en Pamplona, y tiene síndrome de down, algo que para nada afecta a su trabajo. Es más, esto es lo que hace de él una persona tan especial: alegre, lleno de iniciativa y muy trabajador.
El pasado 18 de enero comenzó su jornada laboral en la empresa gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento y la Asociación Síndrome de Down, a la que Eduardo pertenece, y que fue la encargada de seleccionar a la persona adecuada para este puesto de reciente creación.
TRABAJO DURO La jornada de Edu, que es como cariñosamente le llaman sus compañeros, comienza a las 8.30 horas y termina a las 11.00 horas. Nada más llegar, lo primero que hace es vestirse para trabajar, es decir, va al vestuario donde tiene su propia taquilla y se pone el abrigo especial, las botas y los guantes azules que le aíslan de la intensa humedad de la nave. Dichos guantes, como no puede ser de otra manera, llevan su nombre en letras mayúsculas.
Una vez pertrechado para la tarea se acerca normalmente a la máquina acondicionada para su trabajo de limpieza. Dicha máquina es como una nevera grande de acero que permite el lavado rápido de las papeleras. Su funcionamiento es similar al de una lavadora puesto que en el interior centrifuga y limpia con chorros de agua a presión. Todo ello se acciona a través de varios botones que Edu conoce a la perfección.
Pero el proceso no es tan sencillo. Las papeleras que Edu lava cada día son llevadas en furgonetas hasta la nave de Landaben, donde trabaja, por sus compañeros de la empresa. Tras ser descargadas, para lo cual a veces él mismo echa una mano, y una vez apiladas junto a la máquina, Edu separa las defectuosas (rotas o con pintadas) de las demás. "En cuanto llegan las papeleras localiza las que están mal enseguida. Siempre es el primero en avisarnos", recalca Javier Cuenca, compañero de Edu.
Javi y Edu trabajan todos los días codo con codo. Edu no va a ninguna parte sin Javi y viceversa. Son como uña y carne. Y las horas que pasan juntos ríen y lo pasan bien, además de trabajar. "Javi es una gran persona, le ha cogido mucho cariño a Edu y él enseguida le ha aceptado muy bien", cuenta Inma Lavalle, su preparadora laboral. "A Edu le ha venido genial el trabajo, porque le aporta una buena dosis de realidad. Le ayuda a desarrollarse en un entorno de normalidad", señala Lavalle.
EXPERIENCIA POSITIVA Un mes después de comenzar a trabajar (empezó el pasado 18 de enero) Edu ya se desenvuelve de maravilla. "Al principio le costaba acostumbrarse. Le pasó lo que a todo el mundo cuando empieza, que no se sintió cómodo hasta que le cogió el truco. Ahora está como en casa", explica la preparadora. "No obstante, todavía hay cosas que le siguen poniendo un poco nervioso como, por ejemplo, las papeleras grandes. Las odia", recuerda, mientras Edu remarca su personalidad inquieta, al intentar evitar que salga el agua de la máquina con sus manos. "Es bastante perfeccionista y si las cosas se salen de su sitio se pone nervioso", afirma Lavalle.
A pesar de todo, y aunque le cuesta expresarse en palabras un poco más de lo normal, si se le pregunta, Edu es capaz de hacerse entender y de señalar, sin dudar, qué es lo que más le gusta de su trabajo. "Prefiero salir con Javi a la calle a cambiar papeleras antes que lavarlas", cuenta riendo. Sabe que cambiar papeleras es una tarea que hace muy de vez en cuando, igual que la de salir a echar sal. Pero el solo hecho de ir a la calle le permite salir de la rutina, y, por eso, le motiva mucho más. Con sus pros y sus contras, Edu es feliz con su trabajo, y eso, ahora mismo, es todo lo que importa.
Fuente. Diario de Noticias


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