La actividad de recuperación de la fracción “voluminosos” de los residuos urbanos es nuestro trabajo principal en materia laboral.
Esta actividad en sí misma no debería ser reseñada como buena práctica si no la comparamos con el panorama estatal de la recuperación de los Residuos Sólidos Urbanos.
Actualmente la media de recuperación de los RSU está en torno al 10-20 % y sus afecciones ambientales están lejos de ser inocuas (incineración, vertido incontrolado, desperdicio de materiales etc.)
Todas las directivas europeas y leyes estatales y autonómicas recogen en su declaración de intenciones la jerarquía de las “3 erres”, reducir, reutilizar y reciclar, pero en la práctica no pasa de ser una buena declaración de intenciones, sin voluntad de llevarla a la práctica y con escasa aportación presupuestaria y casi nula regulación legislativa que lo incentive.
Nuestra actividad se rige por la jerarquía de las “3 erres” y ello comienza con la metodología elegida para la recogida de los voluminosos. El puerta a puerta permite recoger los distintos enseres desde la puerta de casa con la consiguiente posibilidad de aprovechamiento. Este sistema todavía podría ser mejorado si se optara por desmontar incluso los muebles en el propio domicilio pero tendría el inconveniente de un mayor aumento del coste.
Los puntos de aportación voluntaria también pueden ser una solución pero para ello se necesitan 2 condiciones básicas: concienciación de los ciudadanos para llevar sus trastos en buenas condiciones y metodología tendente a la máxima recuperación.
Los voluminosos recogidos se trasladan a nuestros almacenes, donde se evalúa su situación y sus posibilidades para ser reutilizado. En la medida de lo posible, los muebles y aparatos que nos llegan, se intentan vender en nuestras tiendas de segunda mano para alargar su vida útil e intentar no fabricar nuevos por el coste ambiental que ello supone. Si necesitan alguna reparación se les hace y en algunos casos se les dedica a otro uso distinto al original.
La venta de objetos de segunda mano no incide directamente en la reducción del consumo pero sí lo hace indirectamente, en la medida que no se compran nuevos y alimenta una cultura del aprovechamiento y de la sobriedad.
Los aparatos y objetos que no se pueden vender se deshacen para separar los distintos materiales que los componen y reintroducirlos en los circuitos de reciclaje. Estamos hablando de hierro, acero y otros metales (cobre, aluminios, latón, plomo etc), así como madera, vidrio etc.
Tanto los distintos metales como la madera o vidrio sirven como materia prima para volver a hacer objetos similares.
En la recogida de voluminosos se separan los posibles productos peligrosos y se direccionan a los gestores respectivos.
El resto de materiales que no se pueden recuperar actualmente se llevan a un vertedero controlado, pero con la perspectiva de buscar alguna otra salida que suponga un aprovechamiento de esos materiales.