Los debates actuales en Argentina en torno a la economía social y solidaria, se pueden agrupar en cuatro líneas de discusión, sujetas a revisión.

En primer lugar, el tratamiento de la Economía Social por el Estado Nacional, está presente en el Plan de Desarrollo Local y Economía Social “Manos a la Obra”. Este Plan es una política social de alcance nacional enmarcada en el Ministerio de Desarrollo Social, cuya finalidad principal es: “lograr un desarrollo social económicamente sustentable que permita generar empleo, mejorar la calidad de vida de las familias. Lo que se busca es promover la inclusión social a través de la generación de empleo y de la participación en espacios comunitarios” (http://www.desarrollosocial.gov.ar/planes/dles/default.asp). Algunos debates en torno a este punto hacen referencia a la necesidad de indagar de manera argumentativa cuál es la noción de “economía social” que subyace a esta política, cómo el Estado se posiciona en relación a este campo. Un punto importante es que esta política no se plantea en el Ministerio de Economía, tampoco en el Ministerio de Trabajo, sino como política del Ministerio de Desarrollo Social, con un enfoque de asistencia a población en situación de pobreza.

Una segunda línea, es el abordaje de la “economía social” como economía de pobres para pobres. En este punto se toma como referencia el Centro de Evaluación y Estudios en Economía Social para el Alivio de la Pobreza (CESyP) de la Universidad Torcuato Di Tella (http://www.utdt.edu.ar//ver_contenido.php?id_contenido=844&id_item_menu=484). La “economía social”, como bien se titula, es entendida como una estrategia de alivio a la pobreza, asociada a las políticas sociales neoliberales, poniendo especial énfasis en la “economía laboral, educación y todas aquellas que intervengan en el desarrollo humano”. No hay cuestionamiento alguno a las condiciones iniciales de redistribución de la riqueza, propiedad de los medios de producción, los efectos de la racionalidad instrumental extrema, fomento de la competencia y eficiencia y sus efectos, el individualismo de los actores, el mercado como institución por excelencia, entre otros.

Una tercera posición está relacionada a la “economía social” y el cooperativismo. En este punto se hace referencia al concepto de “economía social” relacionado al cooperativismo tradicional, con fuerte tradición europea. En los últimos años el sector cooperativo, dividido y heterogéneo, ha replanteado el cooperativismo como tradicional y nuevo cooperativismo, y cómo se posiciona en el sector de la “economía social”, dejando fuera experiencias asociativas diversas. En este punto es válido hacer mención de la existencia del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), donde existe fuerte presencia del cooperativismo tradicional y las mutuales, y poca o nula participación de otras experiencias autogestionarias o colectivas que no están conformadas bajo esta denominación.

Una cuarta y última posición teórica, postula a la “economía social” como crítica al sistema capitalista vigente y como acción transformadora. Esta vertiente entiende a la “economía social” como práctica contra hegemónica que discute las estructuras capitalistas vigentes, procurando ensayar diversas experiencias a partir de la reflexión desde los propios actores, promoviendo mecanismos de participación y de construcción colectiva.

Estas posiciones se encuentran en constante debate y revisiones. Todo ello indica que en Argentina, aún está pendiente el análisis minucioso de la institucionalidad y las políticas de apoyo y fomento de la “economía social y solidaria”.

Valeria Mutuberría Lazarini
Ciudad de Buenos Aires, 30 de julio de 2009

Fuente: Brasil Augogestionario