Autor/a: 
Howard Richards

Por Howard Richards

Voy a adelantar tres tesis.

Por supuesto la veracidad o falsedad de ellas no se puede evaluar sin conocer los significados de las palabras que las componen. Me voy a dedicar principalmente a explicar de qué se trata, vale decir a explicar el significado de los conceptos que componen las tesis. Después, voy a pedir a los lectores evaluar según sus luces si las tesis sean ciertas o sean falsas.

Las tres tesis son:

1. En la actual época lo que más determina la injusticia social y la marcha rumbo al ocaso de la biosfera es la necesidad de mantener condiciones favorables para la acumulación de capital.

2. La dependencia física de la vida humana de la acumulación de capital, y por lo tanto la necesidad de un régimen de acumulación es una consecuencia necesaria del marco jurídico que constituye el mercado.

3. Es imposible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad sin una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Se subentiende que sin justicia no hay paz, y que sin biósfera no hay nada. La tercera tesis tiene también una forma positiva: Es posible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad con una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Puesto que el concepto “acumulación de capital” figura en las tres tesis, conviene comenzar explicando de qué se trata.

Se puede decir, como una primera aproximación, que se trata simplemente de la ganancia. La acumulación de capital seria simplemente realizar un negocio normal. Un negocio normal es rentable. Si no es rentable no se lo hace.

Hay una razón, sin embargo, por hablar de acumulación de capital y no simplemente hablar de hacer negocios con el fin de conseguir utilidades. La razón es que el proceso es circular. Se repite. Es un caso de retroalimentación positiva. Una vez que se vende los productos de un negocio y consigue una primera ganancia, se puede comenzar de nuevo invirtiendo no el mismo dinero sino el mismo dinero aumentado, y así sucesivamente. Es como el interés compuesto. De la misma manera que uno puede endeudarse pagando intereses y después intereses sobre los intereses, hasta tener una deuda astronómica como la deuda publica actual de los Estados Unidos, Japón o Grecia; se puede también acumular ganancias sobre las ganancias, hasta tener una fortuna astronómica.

Thomas Piketty en su esmerada investigación El Capital en el Siglo Veintiuno[1] halla que las grandes fortunas actualmente están acumulándose a un ritmo de 6 o 7 por ciento anual. Las fortunas medianas y pequeñas crecen a ritmos menores. Del hecho que el crecimiento de las grandes fortunas es mayor que el crecimiento económico, Piketty deduce la conclusión que la desigualdad va a crecer.

Ahora tenemos que matizar otra vez la primera aproximación. Hay que constatar que la mayoría de los negocios no acumulan capital. No son rentables en el sentido de acumular siempre cantidades mayores de dinero superiores a la pérdida anual del valor de dinero por la inflación de los precios. A lo sumo sirven para pagar con el tiempo el valor de una casa, pero tampoco se trata en el caso de una familia típica de una acumulación de bienes raíces. Suele ocurrir que uno tiene más hijos que casas, así que cuatro hijos son herederos cada uno de la cuarta parte de una casa.

Es el fenómeno de lo que José Luis Coraggio ha denominado la economía popular.[2] La familia tiene negocio, o el individuo tiene negocio, pero el negocio sirve principalmente para vivir, no para acumular.

En la economía popular los ingresos de los negocios suelen ser semejantes a los sueldos de quienes tienen trabajo asalariado. Uno puede tener una hija que es dueña de la verdulería de la esquina y otra hija que es profesora, y las dos ganan igual.

En América Latina la economía popular es el sector que genera más empleo.[3]

Sin embargo, se puede decir que el sector capitalista,[4] o sea el sector que acumula, es el sector dominante. Produce la casi totalidad de los productos que se encuentran en los supermercados, en las farmacias y en los malls. Produce la casi totalidad del excedente, vale decir la casi totalidad de lo que sobra después de pagar los costos de la producción.

Habiendo aclarado un poco lo que es acumulación de capital, y lo que no es acumulación de capital, regreso a las tres tesis. Son:

1. En la actual época lo que más determina la injusticia social y la marcha rumbo al ocaso de la biósfera es la necesidad de mantener condiciones favorables para la acumulación de capital.

2. La dependencia física de la vida humana de la acumulación de capital, y por lo tanto la necesidad de un régimen de acumulación es una consecuencia necesaria del marco jurídico que constituye el mercado.

3. Es imposible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad sin una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Ahora me toca explicar la frase “mantener condiciones favorables para la acumulación de capital.” Un libro reciente de tres famosos economistas enumera aquellas condiciones.[5] Una condición es impuestos bajos a las utilidades de las inversiones. Otra es una fuerza laboral calificada y disciplinada, pero sin mayores pretensiones de sueldo. Una tercera es buenas obras de infra-estructura, tales como caminos y puertos. Una cuarta es créditos convenientes para financiar las operaciones. Una quinta es facilidades para retirar el capital acumulado del país e invertirlo en otro país si el otro país llegase a ser más rentable.

Hay otras, pero lo dicho es suficiente para explicar el significado de “condiciones favorables para la acumulación de capital.” Procedo a explicar por qué aquellas condiciones determinan la injusticia social.

Puesto que de una manera u otra el estado tiene que financiarse, los bajos o nulos impuestos a las rentas de las inversiones conducen a un IVA elevado pagado por todos los consumidores, y a un impuesto a la renta pagado principalmente por la clase media profesionista. Hay más. Conducen al endeudamiento del estado. Ya hemos observado que la acumulación de capital requiere buena infraestructura y una fuerza laboral calificada. Ambas significan gastos públicos. El desenlace es la crisis fiscal del estado.[6] El estado no puede cumplir con los derechos sociales, como los son el derecho a la salud y el derecho a una jubilación digna, debido a los elevados gastos que significa la necesidad de atraer la inversión, y debido a sus bajos ingresos. Los bajos ingresos son la consecuencia de un muro infranqueable entre la riqueza del país, que queda en manos privadas, y las necesidades de la gente.[7] El muro es infranqueable por la necesidad de atraer inversiones y por su anverso la necesidad de evitar la fuga de capitales.

Peor que el caso de quienes a pesar de sus miserables sueldos pagan IVA, es el caso de los excluidos. Siempre los hay. Son quienes no logran vender en forma regular ni su fuerza de trabajo ni otra mercancía.

Sea esto suficiente para aclarar el significado de la frase “determina la injusticia social.” Repito otra vez las tres tesis:

1. En la actual época lo que más determina la injusticia social y la marcha rumbo al ocaso de la biosfera es la necesidad de mantener condiciones favorables para la acumulación de capital.

2. La dependencia física de la vida humana de la acumulación de capital, y por lo tanto la necesidad de un régimen de acumulación es una consecuencia necesaria del marco jurídico que constituye el mercado.

3. Es imposible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad sin una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Ahora me toca explicar la razón por la cual “la necesidad de mantener condiciones favorables para la acumulación de capital” determina “la marcha rumbo al ocaso de la biosfera.” La razón es que el principio de la acumulación, es más. El principio de la ecología es menos. La acumulación exige más ganancia. Por eso exige más ventas. Para que haya más ventas tiene que haber más producción. Tiene que haber más población para que haya más productores y más consumidores.  La ecología aconseja dejar el carbón en la tierra en vez de por quemarlo subir el nivel en la atmosfera de dióxido de carbón. La ecología exige menos población, menos consumo, menos producción, menos ventas, menos acumulación de dinero y más conservación de la naturaleza. Es por todo eso que la ecología nos enseña que el camino de la acumulación es el camino al ocaso de la biosfera. La aclaración de por qué la acumulación es incompatible con la ecología se solapa con la aclaración del concepto siguiente, a saber: “La dependencia física de la vida humana de la acumulación de capital.” El tema de nuestra dependencia física del sistema vigente me conduce a lo que más quiero decir. Es necesaria otra economía que se puede llamar economía solidaria. Se puede definir la economía solidaria como aquella economía cuya meta es atender a las necesidades humanas en armonía con la naturaleza, y cuyos medios para lograr dicha meta son la solidaridad, la imaginación, y el realismo. Es necesaria otra economía porque no podemos optar simplemente contra la acumulación y a favor de la justicia social, la paz y la ecología. Esta opción no existe. El sistema vigente, aunque sea con todos sus inconvenientes, produce nuestro pan diario. Si deja de funcionar no tenemos pan diario, como fue evidente en Chile en 1973 cuando hubo largas colas en las calles y uno esperaba tres horas para conseguir medio kilo de pan, y como es evidente en Venezuela hoy. Si queremos justicia, paz y sustentabilidad tenemos que construir otra economía.  Conviene una perspectiva histórica: La especie humana ha existido más de doscientos mil años. En todo este lapso menos los últimos seis mil ha vivido en tribus o clanes o grupos más chicos, recolectando y cazando. La especie humana ha organizado el trabajo y la repartición de los alimentos y otros bienes de muchas maneras. En los siglos recientes crecientes números de seres humanos han vivido por intercambiar bienes y servicios con dinero. Adquirimos dinero por vender algo. Conseguimos lo que necesitamos y lo que queremos por comprarlo con dinero. Lo estimo importante destacar una tesis de Jürgen Habermas: En el mundo moderno el mercado es la institución que más define la sociedad. El gobierno es secundario. No vivimos en mercados que funcionan al interior de marcos jurídicos definidos por gobiernos. Vivimos con gobiernos que funcionan al interior de mercados.[8] Por lo tanto si pensamos en cambio social tenemos que pensar en cambiar mercados. Hay más. Hoy en día, no solamente la venta, sino también la producción de bienes y servicios se realiza principalmente con fines de lucro. El primer paso es la inversión motivada por confianza que la inversión va a ser rentable. El segundo paso es la producción. Es por la producción que hay empleo para los productores, y bienes para el público consumidor. El tercer paso es la venta. Si todo va bien, el cuarto paso es el consumo. Es por el cuarto paso, el consumo, que la gente puede comer y la vida puede continuar. Todo comienza con el primer paso, la inversión. La inversión comienza con confianza. Es por eso que la primera y más necesaria tarea de cualquier gobierno es conseguir la confianza de los inversionistas. Es por eso que Habermas enseña que el mercado es primario y el gobierno secundario. La acumulación de capital ha llegado a ser una necesidad física. Si deja de funcionar es necesario improvisar alternativas, como hicieron los argentinos en el colapso económico de 2001. Los argentinos en 2001 como los chilenos bajo la dictadura improvisaron la economía solidaria con asambleas barriales, con comedores populares y ollas comunes, con industrias recuperadas, con monedas locales para facilitar el trueque, por la economía de regalo, por las gratis ferias, por compartir ropa usada, con cooperativas de trabajo, y con una serie de innovaciones más que surgieron como respuestas inmediatas a la emergencia vivida.[9] La acumulación de capital puede dejar de funcionar o porque no hay confianza que la inversión va a ser rentable, o porque intereses poderosos quieren crear adrede una crisis económica con el fin de derrocar el gobierno, o por una combinación de ambos. En los tres casos desaparecen el pan, la carne, los pañales, los medicamentos, los fósforos, los repuestos para los vehículos, la luz, el gas, y a veces hasta el agua potable.  Por el papel fundamental de la acumulación en la producción de las necesidades de la vida se habla de “régimen de acumulación.” “Régimen de acumulación” significa que todas las instituciones de una sociedad sean compatibles con la acumulación. La educación, la familia, la religión, los medios, los sueldos, los impuestos, la cultura, las autopistas, el deporte y en fin todo tiene que facilitar y no frenar la acumulación de capital. Se dice que en los años sesenta el régimen de acumulación más común en América Latina fue desarrollista. Ahora es neoliberal. En el futuro puede ser otro. Siempre, mientras la acumulación sea el motor de la economía, todas las demás instituciones tienen que calzar con aquel motor.  Sea esto suficiente para aclarar nuestra actual dependencia física de la acumulación del capital. Repito que las tres tesis son:

1. En la actual época lo que más determina la injusticia social y la marcha rumbo al ocaso de la bió3aasfera es la necesidad de mantener condiciones favorables para la acumulación de capital.

2. La dependencia física de la vida humana de la acumulación de capital, y por lo tanto la necesidad de un régimen de acumulación es una consecuencia necesaria del marco jurídico que constituye el mercado.

3. Es imposible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad sin una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Ahora explico por qué el desenlace inevitable del marco jurídico que constituye el mercado es la dependencia física de la población de la confianza de los inversionistas. El marco jurídico que constituye el mercado es lo siguiente: 1.      Las leyes que determinan la propiedad, quien es y quien no es dueño de la tierra, de los inmuebles, y de los distintos insumos de la producción y de las mercancías producidas.2.      La ley que define los contratos, entre ellos las compras y las ventas, siendo cada compra y cada venta un contrato entre comprador y vendedor.3.      La definición de la persona como sujeto jurídico libre y autónomo, capaz de ser dueño de propiedad y parte de contratos.4.      La ausencia en la ley de las obligaciones solidarias típicas de las familias, los clanes, y las tribus tradicionales, resumidas en la Biblia cristiana como “amar y servir al prójimo”[10] y resumidas en los ideales de la revolución francesa como “fraternidad.” Con estas normas jurídicas hay mercado. Sin ellas no hay mercado. Ahora otra vez conviene una reseña histórica. El mercado, la ley, y la acumulación del capital son construcciones sociales e históricas conectadas entre sí. Las tres crecieron juntos. Su evolución lógica es a la vez la trama de su evolución histórica. Por dos mil siglos, y hasta el día de hoy en ciertas partes, el papel de los mercados ha sido menor, y también distinto, del papel de los mercados en la economía moderna.[11] En una primera fase de una evolución destinada a desembocar en la modernidad, se puede pensar del mercado como una feria para intercambiar bienes. Uno va a la feria con un chancho de su chacra, con el objetivo de vender el chancho y comprar granos para llevarlos a la casa y comerlos durante el invierno. Eso es “vender para comprar.”[12] Sigue una etapa propiamente comercial que se puede llamar “comprar para vender.” Uno va al mercado para comprar granos con la finalidad de venderlos en el invierno cuando suba el precio, o para llevarlos a otra parte donde su precio es mayor. Luego, en otra etapa que sigue inevitablemente, el comercio definido como comprar para vender conduce a comprar-para-producir-para-vender. En vez de simplemente comprar cosas y luego vender las mismas cosas, los comerciantes, ahora empresarios, emprenden la producción. Compran los insumos de la producción, entre ellos la mano de obra, y venden los productos. Con esta plataforma de relaciones de producción se desarrolla el capitalismo propiamente tal, calculando desde un principio la rentabilidad de las inversiones, pensando las compras iniciales y las ventas eventuales con la finalidad de acumular dinero. En una etapa posterior, propia de la actualidad, a menudo se elimina la etapa de la producción. Hoy dominan las estrategias de la especulación financiera por sobre la economía real.[13] El dinero genera dinero sin facilitar ni el intercambio de chanchos por granos ni la fabricación de vienesas ni ninguna actividad útil. Lo que sugiero[14] es que la evolución histórica que termina con el actual caos social y la actual marcha rumbo a la muerte de la biosfera es inevitable, dado el marco jurídico del mercado y (matizando un poco la segunda tesis) dada la ausencia o debilidad de una cultura solidaria. La ley constituye el mercado. El mercado, y la forma de vida dominada por el mercado, determinan que el fin de la actividad humana va a ser el lucro. Una vez establecida la rentabilidad como meta, opera una “ley de la sustitución.”[15] Significa el concepto de “ley de sustitución” el triunfo de aquellas innovaciones, sean técnicas sean financieras, que sean más eficaces. Si son más eficientes para conseguir mayor rentabilidad, se multiplican. Crecen. Dominan. El triunfo de las formas de acumular más eficaces ocurre con mayor fuerza porque la vida depende físicamente de la acumulación. Ocurre con aun mayor fuerza porque hay una tendencia constante y perpetua hacia la insuficiencia de las inversiones para mantener niveles deseados de empleo.[16] El desenlace es que el público en general, otrora en su mayoría campesinos criadores de chanchos en sus chacras, llega a depender físicamente de un sistema cuyo motor es la inversión. Paso a la tercera tesis, manteniendo siempre en mente que el marco jurídico del mercado hace inevitable la dominación por la necesidad de acumular capital:

3. Es imposible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad sin una economía menos dominada por la necesidad de acumular capital.

Diciendo casi lo mismo, pero en forma positiva: Es posible construir una economía gobernable, y por ende la justicia social, la paz y la sustentabilidad con una economía menos dominado por la necesidad de acumular capital.

Explico la frase “menos dominado por la necesidad de acumular capital.”

Aquella necesidad es necesaria en la medida que, para crear empleo y en general para atender a las necesidades de la gente como pan, carne, pañales etc. no hay alternativa.

Aquella necesidad deja de ser necesario, o es menos necesario, en la medida en que hay alternativas.

Así el sentido de la tercera tesis es que en la medida en que existen, o lleguen a existir, alternativas; vale decir, modos eficaces de atender a las necesidades humanas en armonía con la naturaleza, cuya motivación no es la acumulación de capital; la justicia, la paz, y la sustentabilidad se vuelven posibles

Explico la frase: “Es posible construir una economía gobernable.”

Es posible porque ya existen muchas alternativas que ya funcionan que se puedan potenciar; entre otros, todo lo mencionado antes como economía solidaria improvisada en tiempos de crisis; y además el sector público, partes del sector privado, el sector sin fines de lucro, el sector cooperativo, y lo que Coraggio llama “la economía popular.” Repito que la economía popular es el sector de profesionales, técnicos, micro comerciantes, y pequeños comerciantes quienes no acumulan capital. Simplemente ganan para vivir. Las “partes del sector privado” que son alternativas a la dominación por la acumulación, son los emprendimientos sociales [17]y aquellas empresas comprometidos en forma seria y no simplemente como propaganda con la responsabilidad social y el valor compartido.[18]

Es posible también por el avance de la ciencia. Es posible por las nuevas y futuras tecnologías verdes que lo hacen posible hacer más con menos.[19] Es posible por los avances de las ciencias pedagógicas y psicológicas en materia de educación para la paz y educación moral.[20]

Es posible porque existen remedios para superar la crisis fiscal del estado. Uno es la recuperación de las rentas de los recursos nacionales. Otro es la redefinición de los roles de los bancos y del dinero.[21]

Es posible porque los talentosos creadores de la cultura son capaces de resistir las presiones del régimen de acumulación. Son capaces de cantar las canciones de contra-culturas solidarias.[22]

Es posible porque otro marco jurídico es posible. Sería un estado de derecho cuyo Grundnorm (principio fundamental) seria los derechos humanos, especialmente los derechos sociales. Siendo su viga maestra los derechos sociales, no podría defender ni un derecho absoluto de propiedad ni una libertad absoluta de contrato cuando sean incompatibles con aquellos derechos. Tendría que reconocer la legitimidad jurídica de obligaciones de solidaridad. [23]

Con esto termino. Me he dedicado principalmente a explicar de qué se trata, vale decir a explicar el significado de los conceptos que componen las tesis. Ahora les toca a ustedes. Les pido evaluar según sus luces, según su experiencia, según sus lecturas, según su pensamiento, en qué medida las tres tesis sean ciertas y en qué medida sean falsas.

[1] Thomas Piketty, El Capital en el Siglo Veintiuno. México: FCE, 2015.

[2] José Luis Coraggio, La Gente o el Capital. Buenos Aires: Espacio Editores, 2004.

[3] Según las estadísticas oficiales es el sector PYMES que genera más empleo, ya que las estadísticas oficiales no rastrean la economía popular.

[4] La palabra capitalismo fue acuñada por Carlos Marx. En sus obras se encuentran por lo menos tres definiciones de ella. Utilizamos aquella definición que reza que donde hay acumulación hay capitalismo, y donde hay capitalismo hay acumulación.

[5] Dani Rodrik, Una Economía, Muchas Recetas. México: Fondo de Cultura Económica, 2011. Son co-autores de unos capítulos Ricardo Haussman de Harvard y Andrés Velasco, ex Ministro de Hacienda de Chile.

[6] James O’Connor, La Crisis Fiscal del Estado. Barcelona: Ediciones 62, 2002.

[7] John Kenneth Galbraith, La Sociedad Opulenta. Barcelona: Ariel, 1992.

[8] Jürgen Habermas, Problemas de la Legitimación en el Capitalismo Tardío. Madrid: Catedra, 2013. (1975)

[9] José Luis Coraggio, De la Emergencia a la Estrategia. Buenos Aires: Espacio Editores, 2004.

[10] Mateo 25: 31-46.

[11] Maurice Godelier (compilador), Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama, 1976.

[12] Esta reseña histórica sigue la secuencia de “formas de valor” en el primer tomo de El Capital de Carlos Marx.

[13] Consuelo Silva Flores y Claudio Lara Cortes (coordinadores), La Crisis Global y el Capital Ficticio. Santiago: Universidad Arcis y CLACSO, 2013.

[14] El punto de vista aquí sugerido he desarrollado con varios co-autores en varias obras disponibles en Amazon, en Google, y en otras fuentes.

[15] El concepto de ley de sustitución fue acuñado por Alfred Marshall, Principios de Economía. Madrid: Síntesis, 2003 (1890-1920).

[16] John Maynard Keynes, Teoría General de la Ocupación, el Interés, y el Dinero. Buenos Aires: FCE, 1943.

[17] Bernardo Kliksberg, Emprendedores Sociales: Los que Hacen la Diferencia. Buenos Aires: Temas, 2011.

[18] C.K. Prahalad, La Riqueza en la Base de la Pirámide. Buenos Aires: Granica, 2005.

[19] Peter Diamandis y Steven Kotler, Abundancia. Barcelona: Anton Bosch, 2013.

[20] Gracia Navarro, Moralidad y Responsabilidad Social: Bases para su Desarrollo y Educación. Concepción: Universidad de Concepción, 2012.

[21] L. Randall Wray, El Papel del Dinero Hoy. México: UNAM, 2007; Howard Richards “Como Entender la Política” en Luis Razeto (compilador), Repensar la Política en un Mundo Complejo. Santiago: Universitas, 2015 también disponible en línea.

[22] Buscar en Internet obras de María de los Ángeles “Chiqui” González, ministra de innovación y cultura de la provincia de Santa Fe, Argentina.

[23] Fernando Atria et al, El Otro Modelo. Santiago: Debate, 2014. Ver también otras obras del mismo autor.