Autor/a: 
Diwo

Moneda social es un término que poco a poco comienza a oírse con más frecuencia aunque la información que nos llega suele ser muy difusa, poco clara. ¿Es anarquía, utopía, autosuficiencia…? ¿O es, por el contrario, una realidad tangible y que deja de lado ideologías y se centra en el día a día de las personas?

¿En qué consiste?

La moneda en un sentido tradicional ha venido siendo desde antiguo el medio de intercambio económico de facto. Desde hace más de dos milenios y medio ha mostrado innumerables ventajas pero también una serie de inconvenientes que cobran una gran relevancia hoy en día: deja de lado la vertiente humana y social de la solidaridad y la reciprocidad.

Una moneda social no pretende anular o sustituir a la moneda tradicional sino desarrollar los aspectos sociales positivos que ésta no puede (y desvincular la economía local del concepto de moneda como riqueza en sí misma, monopolizada por los bancos centrales y grandes oligopolios económicos).

Por su misma esencia presenta una característica fundamental y que la distingue completamente de la moneda tradicional: fomenta unos lazos muy fuertes entre los productores, compradores y consumidores de los productos locales; involucra a todos los agentes sociales en el desarrollo de las actividades económicas de la zona ya que aquello que beneficia a uno, beneficia al resto. Reafirma la identidad local, el sentimiento de formar todos parte de un mismo colectivo, la sinergia.

¿Cómo funciona?

A nivel local, se promueve el uso de esta moneda alternativa para el pago de bienes y servicios locales. Por lo general se fomenta el pago de un porcentaje variable en moneda social de aquellos bienes que son generados dentro del ámbito de aplicación de la moneda (por ejemplo, será muy difícil su utilización en una gasolinera o en una oficina de correos pero mucho más factible en una panadería o cooperativa agrícola local). Esta moneda social conllevaría un pequeño descuento tanto en los pagos como en su adquisición con moneda tradicional para potenciar su utilización.

De este modo, al utilizar la moneda social, se estaría fomentando y abaratando el consumo de bienes y servicios locales, movilizando y priorizando por lo tanto la economía de la zona.

¿Y no podría suceder lo mismo que con la moneda tradicional, que se acumule y se especule con ella?

Difícilmente. La moneda social sólo tiene valor cuando se utiliza para intercambiar bienes y servicios. Acumular una gran suma de moneda local no sirve prácticamente para nada puesto que su valor real no viene de su acúmulo sino de su idoneidad para la realización de microtransacciones cotidianas. Una persona pagará parte de su comida en un bar de la zona, un queso o unos arreglos de ropa con esta moneda complementaria pero nunca podrá realizar grandes operaciones financieras con ella. Esto permite que la moneda social mantenga un valor más o menos constante, ajustado a la realidad y que beneficia, por tanto, a los colectivos más sensibles económicamente ya que mantienen controlado su poder adquisitivo de bienes básicos.

¿Y es posible ponerla en práctica o es papel mojado?

Es difícil que las monedas sociales que ya se utilizan en los lugares más pequeños y remotos tengan mucha visibilidad. Esto no es algo bueno ni malo; no necesitan publicitarse ni conocerse fuera de su ámbito local de utilización sino funcionar a nivel local. No existe, por tanto, un censo fiable de su distribución y utilización pero según algunas fuentes se habla de más de cinco mil distribuidas por todo el mundo.

En España la utilización de monedas sociales se concentra, sobre todo, en dos grandes zonas geográficas: Catalunya (casi todas integradas en las redes de Ecoxarxes) y Andalucía, aunque van apareciendo paulatinamente por todo el territorio español.

El Zoquito (zoquito.org) es una de las monedas sociales más veteranas de nuestro país. Surgió en Jerez de la Frontera hace ya más de cinco años como iniciativa de la asociación de consumidores de productos ecológicos “El Zoco” como medio para fomentar los valores sociales y ahora se utiliza como moneda complementaria en toda la provincia de Cádiz. No sólo se centran en la utilización de la moneda social sino que fomentan el trueque directo, tanto en un mercadillo bimensual como facilitando el uso de su página web como plataforma de intercambio.

Mercado Social (konsumoresponsable.coop/mercado-social) se encuentra en plena campaña de cofinanciación (goteo.org/project/desarrollando-el-mercado-de-economia-solidaria) para el dearrollo del Mercado de Economía Solidaria, una red de producción, distribución y consumo de servicios. Recomendamos ver el vídeo de la página de la campaña de cofinanciación ya que, aunque breve, resulta muy esclarecedor y ameno.

El Mercat Social Català (mercatsocial.cat) permite la utilización de su moneda Ecosol (Eco$) en su propia tienda en línea. Desde un ordenador o smartphone -con su aplicación nativa para pagos en Eco$- pueden adquirirse bienes o contratar servicios.

El BilboDiru (bilbodiru.org) -nombre provisional, quieren acordar el nombre definitivo mediante votación- es la iniciativa del colectivo Desazkundea para lanzar una moneda social en el ámbito local de Bilbao y alrededores. Una de sus principales características es que los euros conseguidos de la venta de BilboDirus pasan a una cuenta de banca ética (donde van generando un bien social mientras no sean cambiados de vuelta) y que tienen una caducidad de 3 meses, renovables gratuitamente por el comerciante dentro de un plazo de gracia. Así se consigue dinamizar y priorizar la utilización de esta moneda local y se evita el acopio o estancamiento de la misma.

Charla de Julio Gisbert, autor del libro “Vivir son Empleo” sobre “Moneda Social: una solución efectiva ante la crisis”

Fuente: http://diwocoop.org/moneda-social-i/