Ante el innegable descalabro económico al que nos ha abocado el dogma de fe en el libre mercado (salvajemente libérrimo, diría yo), es hora de abrir los ojos. ¿Queremos más de lo mismo, o buscamos una alternativa?

Coincidiendo todos los indicadores en que el modelo económico y financiero es la causa del desaguisado, y visto que la solución adoptada hasta ahora por los Estados para remediarlo se basa en inyecciones colosales de dinero del contribuyente (nuestro dinero) para el reflote de un sistema a todas luces viciado, tal vez toca apelar a nuestra libertad como consumidores (la única que importa y afecta al “establishment“) como solución.

Por ello, la banca ética, como la que representan Triodos o la italiana Banca Etica Popolare, cooperativas de crédito como Fiare, o servicios de microcréditos como Oikocredit, ganan hoy adeptos y se erigen como alternativa al sistema financiero tradicional por decisión de una ciudadanía cada vez más consciente de las implicaciones globales que tienen sus decisiones como consumidor.

En palabras de Peru Sasia, director del Proyecto Fiare (del que ahora hablaremos), en esta interesantísima entrevista, “si la ciudadanía supiera lo que se hace con su dinero, huiría despavorida.” Ante ello, la banca ética, a la que también se conoce como banca social, sostenible, alternativa o responsable, es un tipo de entidad financiera cuyo objetivo prioritario es financiar proyectos y actividades beneficiosos social y medioambientalmente a la vez que conseguir rentabilidad económica.

En Europa existen más de 35 bancos éticos. Se encuentran en los países nórdicos, Holanda, Francia, Alemania, Inglaterra y, también, España. Entre ellos, pueden diferenciarse dos modelos: el anglosajón, donde la toma de decisiones está centralizada en manos de unos pocos, y el latino, según una base cooperativista y asociativa que se implica y decide los proyectos de la entidad.

En todo caso, une a los dos modelos una característica fundamental: la transparencia, que permite al inversor disponer siempre de información sobre los criterios de la entidad para otorgar créditos y sobre el objetivo de las operaciones realizadas. Gracias a ello, el cliente puede estar seguro de que su dinero no acabará financiando empresas de armas, empresas insostenibles medioambientalmente, ni nada de lo que pueda avergonzarse, sino que tiene la certeza (y el orgullo) de estar apoyando a proyectos positivos para la sociedad y el medioambiente, e incluso dispone de libertad para decidir en qué proyectos concretos quiere invertir.

El mayor banco ético a nivel europeo es Triodos Bank. Nacido en Holanda en 1980, tiene hoy más de 150.000 clientes y oficinas en Bélgica, Reino Unido, Alemania y España. La mayoría de sus clientes son empresas dedicadas a las energías renovables y a la agricultura orgánica. Para echar un vistazo a sus proyectos medioambientales, haced click aquí. Tal y como se indica en su página web, gracias a su liquidez, Triodos no necesita pedir dinero a otros bancos, lo que le convierte en “independiente de los volátiles (y fácilmente volatilizables, añado yo) mercados de capitales”.

Banca Popolare Ética es otro referente europeo de banca ética. Se trata de una cooperativa de crédito que vio la luz en 1995 desde y para el sector no lucrativo. Es hoy el banco por excelencia del Tercer Sector italiano. Me gustaría destacar la denominada “supremacía de los socios”, consistente en que en el momento de la votación todos los socios tienen el mismo poder, independientemente del número de acciones que posean, según el principio “una persona, un voto”. Seguro que será del interés de los lectores de Ecologiablog el área de inversión “Proyecto Energía“. Banca Popolare Etica es fundadora de la Federación Europea de Bancos Éticos y Alternativos (FEBEA), a la que pertenece Fiare.

Proyecto Fiare (Fundación para la Inversión y el Ahorro Responsable) nació en el País Vasco allá por el año 2001. En su camino para constituirse como banca ética plenamente autónoma para 2010, ejerce por ahora y hasta entonces como agente y socio estratégico de Banca Popolare Etica en España. Cuenta actualmente con 13 millones de euros en depósitos. Muy interesantes las reflexiones siguientes, que extraigo de su página web:

La actividad económica no es neutral. No se desarrolla mediante mecanismos automáticos, involuntarios o inintencionales. Toda decisión económica es, en último término, una decisión ética, asumida desde un marco determinado de convicciones y cuyas consecuencias favorecen a unos y perjudican a otros.

Bajo el ala del Proyecto Fiare, se cuentan también cooperativas de crédito y de microcréditos como Oikocredit o Coop57, y pequeños “think tank” pro finanzas éticas como Fets, donde no sólo se analiza sino que también se ofrecen soluciones novedosas para la crisis.

Para acabar esta entrada, que ayer os prometí escribir en este post contra la banca tradicional para contrarrestar este y este otro post favorables, hago mías un par de preguntas que están en el origen del Proyecto Fiare. Tengo curiosidad por saber qué reponderíais vosotros a ellas: ¿Dónde y desde qué criterios invierten nuestro dinero las instituciones financieras? ¿Responden las entidades financieras a las demandas de nuestras sociedades y especialmente a las que provienen de los sectores más desfavorecidos?

Y finalmente, y perdonad que cite tanto pero lo siguiente sencillamente lo clava Peru Sasia, director de Fiare:

Proyecto Fiare no busca “superrentabilidades” para su dinero. Busca sostenibilidad, y la encuentra, pero no va a ser el banco más rentable para los accionistas, debido a que esta gran rentabilidad está en campos de dudosa moralidad, como pueden ser, por ejemplo, el negocio armamentístico y las grandes multinacionales. El utilizar dinero como un producto en sí mismo que se recompra y se revende a través del mercado electrónico, generando una esfera especulativa que nada tiene que ver con la economía real, pero que acaba influyendo en ésta, es lo que se tiene que acabar. Si vamos a esta esencia del sistema, lo primero que deberíamos plantearnos es si crecer siempre es posible. Muchos pensamos que no. Hay que cuestionarse si se puede plantear un modelo, aunque fuera justo y desligado de las prácticas especulativas, que esté continuamente creciendo, si este planeta se lo puede permitir. Esto es muy dudoso.

Fuente:
Ecología Blog