Autor/a: 
Francisco Cortés García

Introducción al cuaderno de finanzas éticas que adjuntamos sobre "Monedas Sociales"

En las economías primitivas el trueque satisfacía todas las necesidades, pero aquéllas se fueron haciendo cada vez más complejas y diversas, y acabó resultando necesario el dinero como instrumento para la promoción de los intercambios y la satisfacción de las nuevas necesidades. Se pasó de un enfoque mercancía-mercancía, a otro denominado como mercancía-dinero-mercancía.

En la actualidad, en los sistemas financieros y monetarios convencionales, el enfoque en vigor es el denominado dinero-dinero, un enfoque que, según los defensores de la economía de solidaridad y de las monedas sociales, es especialmente especulativo y acumulativo, escasamente solidario, y en donde la abstracción del dinero ha puesto en jaque las relaciones sociales y económicas directas entre las personas, que, no lo olvidemos, son los actores fundamentales de toda economía y el fin último de las transacciones que en ella se realizan.

Los sistemas monetarios y financieros convencionales, asociados al sistema capitalista, han sido objeto de numerosas, cíclicas e importantes crisis. La crisis de los años treinta, a partir de la debacle bursátil y deflacionista de 1929, es una prueba fehaciente de las debilidades estructurales del sistema.

Precisamente, como veremos más adelante, es a partir de la Gran Depresión de los años 30 cuando surgen las primeras iniciativas modernas de sistemas monetarios sociales. Muchas comunidades se vieron a obligadas a crear monedas de emergencia para paliar los efectos de la escasez de moneda oficial. Para los principales analistas de la economía de solidaridad, lo que pudiera haber sido una crisis convencional sin mayor alcance, se convirtió en una depresión catastrófica (LIETAER, 2005, pág. 261) con terribles efectos sobre el empleo.

El trueque, concepto esencial a los sistemas monetarios complementarios, no es ajeno a las transacciones internacionales. De hecho, del conjunto global de éstas, el 10% es trueque. Las iniciativas de monedas sociales surgidas en los últimos setenta años en todo el mundo se han ido originando precisamente con una clara tendencia ideológica en contra de las corrientes ultraliberales y ultracapitalistas. Pero, sobre todo, nacen reivindicando la concepción originaria y transaccional del dinero.

Los sistemas monetarios sociales se enmarcan dentro de las finanzas solidarias o de la economía de solidaridad y, como veremos, están muy ligados a otros instrumentos financieros solidarios, como es el caso de los microcréditos y de las microfinanzas en general. Con las economías sociales se pretende desligar la moneda oficial del desarrollo local, impidiendo que sea un lastre su escasez para la movilización y puesta en valor de los recursos locales.

Al igual que ocurre con los microcréditos, los sistemas monetarios complementarios no se dan solamente en el denominado Tercer Mundo, también se utilizan monedas complementarias en los países desarrollados a través de los bancos del tiempo y a través de mecanismos de fidelización de clientes de muchas compañías (v. gr.: los puntos de Iberia, los cheques gourmets). No obstante, a lo largo del presente trabajo vamos a intentar enumerar las principales características de los distintos sistemas monetarios sociales que han permitido poner en valor los recursos locales endógenos, centrándonos, como veremos, más en lo que tienen en común que en lo que verdaderamente los diferencian.

Ver también artículo en el PAIS de Francisco Cortés García, autor de este cuaderno.

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