En estos tiempos en los que se escuchan tantos discursos sociales, en los que a los políticos se les llena la boca de palabras bonitas dedicadas a los más desfavorecidos -y todo se queda en palabras-; en estos tiempos, digo, y hoy más que nunca, me gustaría mirar hacia atrás, hacia aquella Navarra de principios del siglo XX, y detenerme en la figura de un clérigo que fue de los que predicó y dio trigo, de un clérigo comprometido, de un clérigo que decía que había que hacer y a la vez hacía. Hablo de Victoriano Flamarique Biurrun.
La figura de este sacerdote se nos presenta a día de hoy como una referencia obligada, como un modelo de compromiso, de persona consecuente. Predicaba con sus palabras y con sus hechos, que eran precisamente estos últimos los que daban validez y credibilidad a sus palabras. Decía en el púlpito, frase suya es, aquello de que "el hombre está hecho de carne y alma, y a ambas partes hay que atender al mismo tiempo "; y así fue como su vida la dedicó a ambas cosas.