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REAS Euskadi

Un lema coreado en las luchas feministas es “patriarcado, capital, alianza criminal”, y este 8 de marzo, queremos denunciar precisamente que ambos sistemas se apoyan para precarizar la vida.

El sistema neoliberal  pretende someter la soberanía de los estados y los pueblos a los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales, impulsa tratados internacionales como el TTIP y CETA con efectos devastadores para el empleo, los servicios públicos, la salud y el medio ambiente, atenta contra la sostenibilidad del planeta influyendo en los acuerdos insuficientes y decepcionantes de la última cumbre sobre el cambio climático 

y promueve la vulneración de los derechos de las personas refugiadas que huyen principalmente de las consecuencias de la globalización neoliberal. Todos estos ataques constantes ponen de manifiesto que el capitalismo ha declarado la guerra de la vida. Pero no lo hace solo, el patriarcado acompaña al capitalismo para mantener juntos un sistema socioeconómico incompatible con la vida.

La Economía Solidaria, que nace con el fin de romper la lógica capitalista, dando valor a la vida de las personas, a sus necesidades, trabajo y capacidades, debe incorporar la mirada crítica feminista si quiere transformar este modelo socieconómico en uno más justo y equitativo.

En torno al 8 de marzo, día internacional de las Mujeres, en los distintos medios de comunicación proliferan los artículos que muestran y en algunos casos denuncian, las discriminaciones que hoy en día continúan sufriendo las mujeres. Este día, los grandes medios también se suman al carro y rompen por un día, ese espejismo de la igualdad, que nos mantiene en la idea de que la igualdad es un hecho consumado, que las mujeres, si no participan más en el espacio público y llegan a más cotas de poder es porque no quieren y en el ámbito económico, la situación de desempleo y precariedad afecta a todas las personas por igual.

Esta falsa apariencia de igualdad es una estrategia del patriarcado para frenar la lucha feminista porque la precariedad tiene nombre de mujer y tiene, también, muchos y diversos rostros; porque las discriminaciones no afectan a todas por igual ya que, existen otros factores que interactúan con el género, tales como la clase social, la edad, la procedencia, la orientación sexual, la diversidad funcional y/o la situación administrativa de extranjería, que conforman un sistema de opresión en donde  se entrelazan múltiples discriminaciones.

La Economía Solidaria no puede caer en la autocomplacencia y dejarse entrampar en la falsa apariencia de igualdad.  

Así, debemos tomar medidas que impulsen la participación y el empoderamiento de las mujeres  si se quiere realmente otorgar a éstas el protagonismo que merecen, porque si bien, el porcentaje de trabajadoras es mayor en las entidades de la  economía solidaria, todavía no se ha alcanzado la paridad en los espacios de decisión.

Impulsar en las entidades de la Red procesos de cambio organizacional con perspectiva de género que incorporen nuevas formas de hacer y de pensar, que vayan eliminando las desigualdades de género presentes en nuestras organizaciones.

Tener en cuenta la diversidad de las personas, reconociendo y respetando las diferencias, identificando las múltiples realidades que pueden reforzar su posición de discriminación. 

Construir un Mercado Social que cuestione el modelo insostenible de producción y consumo e identifique y erradique aquellas prácticas que generan violencias machistas y contribuyen a aumentar la discriminación de las mujeres y de aquellas personas que no se ajustan a los roles de género establecidos.

Un Mercado Social que sea capaz de visibilizar otras tareas y funciones que no son meramente productivas pero que, sin ellas, no sería posible ofrecer nuestros productos y servicios.  Aquellos trabajos imprescindibles pero normalmente ocultos y relacionados con los cuidados, es decir, con el bienestar de las personas y de las entidades: asear, alimentar, jugar, acoger, facilitar, aprender, participar, cooperar y, ¡cómo no!, soñar.

La Economía solidaria debe ocuparse de las necesidades prácticas de las mujeres sin olvidar sus intereses estratégicos y buscar alianzas con el movimiento feminista y ecologista para trabajar por la sostenibilidad de la vida en su sentido más amplio, visibilizando que el sistema capitalista heteropatriarcal se construye sobre la desigualdad y continuar aportando en la construcción de otra economía más justa, más equitativa y más sostenible.

 

 

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