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reciben formación para reducir las peleas y conseguir un clima de distensión
La Asociación para la Mediación y Pacificación de Conflictos de Navarra ha impulsado la experiencia.

La convivencia en un medio tan impermeable como prisión no resulta fácil. En cualquier organización, el conflicto es algo normal. Pero en la cárcel, cualquier situación banal puede generar una pelea. Para promover un ambiente de distensión y cualificar a los internos de la cárcel de Pamplona en la resolución de conflictos interpersonales, un pequeño grupo de ellos está recibiendo formación por parte de la Asociación para la Mediación y Pacificación de Conflictos de Navarra.

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Esta pionera iniciativa surgió de la propia asociación, que también desarrolla en la prisión de Pamplona un programa de mediación entre los internos desde el año pasado. "La idea es capacitar a los propios presos en las gestión de sus problemas, para que puedan detectar y enfrentarse a situaciones conflictivas", explica Eduardo Santos, abogado y mediador, y miembro de la asociación.

En todos los lugares donde conviven personas existen conflictos que pueden generar enfrentamientos y con ellos violencia entendida en el sentido amplio de la expresión. Ante su presencia, las personas e instituciones desarrollan diversos modos de resolución que no siempre cumplen con el objetivo pretendido: la solución, o que aun lográndolo, el coste del mismo resulta importante.

En la prisión, las peleas suelen concluir con sanciones que se imponen a los implicados por mal comportamiento, que pueden ascender hasta a dos semanas de aislamiento. Estos castigos repercuten, a su vez, en la obtención de permisos que los internos lograrán en el futuro. De ahí que aprender a evitar y, en su caso, resolver sus disputas por una vía pacífica adquiera tanto interés para los reclusos.

abordar los problemas Asumiendo que la generación de conflictos es normal en entornos de convivencia, lo importante es la forma en qué estos deben ser abordados. "El modo en que respondemos al conflicto puede determinar si se previene, resuelve o se le permite crecer hasta convertirse en una gran disputa. Pero, además, no podemos olvidar que el modo en que se aborde y que estadio se solucione o se estanque finalmente un conflicto no sólo tiene una repercusión externa entre los intervinientes en el grupo y resto de observadores, sino que tiene una influencia especialmente importante en nuestra esfera personal", explica Paz Francés, otra de las mediadoras y también abogada.

La experiencia, puesta en marcha durante este mes y respaldada por Instituciones Penitenciarias, cuenta con la participación de quince internos, aunque las inscripciones han superado el medio centenar. "Queríamos que el grupo fuese pequeño para poder abordar mejor los objetivos del taller", señala Eduardo Santos, que junto con Paz Francés y otros tres mediadores está impartiendo esta formación.

Mediante diferentes dinámicas de grupo, los internos han aprendido a identificar posibles conflictos o "conflictos latentes", con el fin de que puedan desactivarlos antes de que estallen. En prisión, sin posibilidad de encontrar otras vías de escape, y conviviendo en una misma celda de tres metros por dos, fumar o tirar de la cadena durante la noche, puede generar un severo desencuentro. Las diferencias culturales también pueden eregirse en la chispa que encienda la mecha de una trifulca.

trabajar la confianza Uno de los aspectos más importantes trabajados en el taller ha sido la confianza. "La gente en prisión se pone una coraza. Siempre se intenta quedar por encima del otro. Desactivar esa carrera de armamento es fundamental", explica Eduardo Santos. De hecho, una de las mayores resistencias que deben vencer los reclusos para optar por una resolución pacífica de sus diferencias es la sensación de quedar por debajo del otro. "En la cárcel cada interno tiene un rol y trata de mantenerlo".

Además, en prisión la expresión de sentimientos está prohibida. "Un interno sólo hablará de lo que siente con un colega íntimo, con otro recluso con el que haya establecido unos lazos de entendimiento consistentes. Las relaciones con el psicólogo o los funcionarios son meramente instrumentales, movidas por otros intereses, y no se dan en una situación de igualdad", añade Paz Francés.

Frente a esto, los expertos destacan los beneficios de evitar la evasión ante las dificultades. "Hemos enseñado a los internos la importancia de hablar de los problemas, de que resolver los conflictos de forma pacífica reporta beneficios para todos. Y ellos, como perfectos conocedores de las consecuencias negativas que puede acarrearles un conflicto, se han mostrado en todo momento muy receptivos", valora Santos.

Fuente: Diario de Noticias