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Barañain

Maite Ziganda, responsable de HEGOAK, e integrante de la Junta Directiva de REAS Navarra, habla de su experiencia para Diario de Noticias.

REDUCIR riesgos. Ir al encuentro de los jóvenes. Trabajar con los padres y las madres. Analizar sustancias. Sensibilizar y prevenir. Aconsejar. Apuntes de una labor que, desde hace ya 14 años, realiza la asociación Hegoak. "La clave está en informar y educar para no desarrollar problemas". Maite Ziganda, su responsable de organización, lleva desde 2001 trabajando "para capacitar a las personas para vivir en un mundo con drogas, motivándoles para la adquisición de hábitos más saludables y conductas de menor riesgo". Surgida como un grupo de apoyo entre amigos y familiares de drogodependientes, Hegoak cambió en contacto con los cambios sociales. Y pasó a trabajar "el paso previo". La prevención. Fomentar la educación y la formación para que los jóvenes no desarrollen la misma problemática que motivó la creación de la asociación. Una tarea difícil, no exenta de críticas, pero que genera importantes beneficios.

"La entidad surgió en un momento concreto y una realidad concreta", señaló Ziganda, "apoyar y acompañar a un grupo de personas que se encontraban en un proceso de rehabilitación en un piso de Proyecto Hombre en Barañáin y atender a sus familiares". Era 1994 y, aunque no han pasado ni tres lustros, hay todo un abismo respecto a la actualidad. Como relata la joven, heroína y alcohol eran las sustancias más frecuentes, y los afectados llegaban en una situación de dependencia. Ya habían sufrido las consecuencias más dramáticas del abuso de los estupefacientes.

NUEVA ETAPA

La asociación se adecua: del trabajo con drogodependientes a la información y la prevención

A partir de 2000, la situación cambia. Tras un proceso de análisis y reflexión, con el nuevo siglo se inicia una filosofía distinta de trabajo. Una adecuación a los tiempos, a los usos modernos, a las formas de consumo que ya se intuyen. A partir de entonces, "nuestra actividad se orienta hacia la información y educación sobre el fenómeno", señaló Ziganda. De este modo, se pasa de la atención al drogodependiente a la intervención para que el joven no llegue a serlo. Capacitar a las personas para convivir en un mundo con drogas y construir una sociedad integradora. Un grupo de entre 30 y 40 jóvenes fueron los promotores de esta novedosa forma de afrontar el fenómeno.

Pero, ¿cómo se puede trabajar una cuestión tan polémica y con tantos riesgos? Los usos y costumbres cambian, cada vez más deprisa, y se ha pasado del tópico que unía las drogas con ambientes marginales y degradados a un consumo ligado al fin de semana, con una multiplicidad de sustancias y más dinero en los bolsillos de los jóvenes. Ante esta realidad, que no por mirar para otro lado desaparece, Hegoak se enfrenta con una visión de conjunto. "Cuando hablamos de prevención nos referimos a una actitud en todo el ocio y el tiempo libre", argumentó Ziganda.

Convivir en un mundo con drogas. ¿A qué se refieren? "Es necesario informar y prevenir, para que el consumo no se convierta en el centro de la vida de las personas, minimizando los riesgos y daños que pudiesen derivar de un uso incorrecto de las sustancias, sean consideradas legales o ilegales". A la hora de afrontar el fenómeno, Ziganda explicó que su trabajo parte de una visión que no sólo se centra en la sustancia, sino que también presta atención a la persona y al contexto. "Tenemos que tener en cuenta que vivimos en una sociedad de consumo con unas características determinadas", aclaró.

Con esta base, Hegoak ha desarrollado su labor durante los últimos ocho años, llegando a cientos de jóvenes navarros, ofreciendo su experiencia a los servicios sociales de base y hablando con muchos padres y madres que se acercan hasta su sede con un nudo en la garganta. "En ocasiones vienen porque han pillado una china a su hijo o hija, y están tan asustados que no saben cómo hablar con ellos, y reaccionan con el castigo. Nosotros tratamos de darles la mayor información posible centrándonos en lo más importante, el chaval", indicó Ziganda. Otras veces, son los propios jóvenes, reunidos en una bajera u organizados en torno a un gaztetxe, los que llaman a la asociación para pedir material formativo o una charla. Una de las claves del éxito de esta fórmula: llevar la información allí donde están los principales receptores, a las fiestas y los locales juveniles.

LAS ACTIVIDADES

Llevar la información al núcleo de los interesados: charlas, cursos y análisis de sustancias

Durante todo este tiempo, las actividades realizadas por Hegoak son innumerables. De entre las mejor valoradas, están los programas Ikaro y Zona Druida. El primero, desarrollado en bajeras de la comarca de Pamplona. El segundo, centrado en los eventos festivos. Sobre la labor con los jóvenes en sus propios lugares de esparcimiento, Ziganda expresó una clara convicción. "No es verdad eso que dicen que los jóvenes pasan de todo; son ellos los que llaman, buscan información, vienen y se preocupan". Desde hace dos años, los miembros de Hegoak han visitado casi un centenar de bajeras. Ofrecen charlas, dejan panfletos informativos y mantienen hilos de contacto para profundizar en las relaciones. El programa ha recibido tantas llamadas, que la joven lamentó que se ha tenido que rehusar acudir a algunos centros. "Es una lástima, pero no llegamos a todo".

La Zona Druida ha sido otra de las apuestas fuertes. Aunque la idea es sencilla, lo difícil es llevarlo a la práctica. Llevar el mensaje de la prevención al lugar que más lo necesita: las fiestas. Además de la ya mencionada labor formativa, también se realiza un análisis de sustancias, para controlar el nivel de adulteración y sus riesgos. Un ejemplo práctico de su efectividad: la alerta creada el pasado año relacionada con la detección de pastillas adulteradas.

Además de estos dos programas, Hegoak publica una revista semestral, y acaba de actualizar su página web (www.hegoak.org ). Pero no se olvidan de su entorno más cercano. "Participamos en la Red Económica Alternativa Solidaria, en los planes de Gozamenez sobre sexualidad, en el Consejo de la Juventud de Navarra y en las reuniones del Plan Comunitario del Casco Viejo de Pamplona, entre otras actividades que se realizan en nuestro ámbito", remarcó Ziganda.

Fomentar el trabajo comunitario es una de sus prioridades. De hecho, buena parte de la labor de Hegoak se desarrolla gracias a la colaboración de esos chavales que deciden invertir sus horas en un proyecto como la asociación. Sin nada a cambio. Actualmente son una treintena los voluntarios que, al menos una vez por semana, se acercan a su sede y aportan su granito de arena. "Las puertas están abiertas", apuntó Ziganda. Por si a alguno le interesa. A ellos se les suman los cerca de 90 los socios que reciben información periódica y ponen algo de su dinero para fomentar la prevención.

Prevención. Posiblemente sea la palabra más repetida. Por encima de droga, daño o peligro. No es casual. Es la clave. Formar, informar, explicar. No ponerse la venda en los ojos. Entender el fenómeno de los estupefacientes, no como un hecho aislado, sino dentro de una sociedad. Para hacer bueno el cambio de filosofía y quo otros jóvenes no acaben recibiendo los cuidados de otras irremplazables asociaciones. A los orígenes de Hegoak. Aquellas que se enfrentan a la droga cuando ya es un problema de difícil solución.