El Símbolo de Pequeños Productores es uno de los sellos de Comercio Justo avalados por la Organización Mundial del Comercio Justo.

Podemos encontrarlo en el envasado o etiquetado de diversos productos, como distintivo que acredita su producción Justa.

Fue creado a partir de la necesidad manifestada por las organizaciones de pequeños productores de identificarse y hacerse visibles en el mercado global y en particular en el mercado de Comercio Justo. Como ellos mismos manifiestan, este sello supone tener una “casa y cara propia” que identifica su forma de trabajar, visión, valores y sus aportaciones a la sociedad y a la economía.

Otro de los objetivos a la hora de conformar este sello era la voluntad de unirse entre aquellas organizaciones y empresas solidarias y comprometidas con el Comercio Justo para construir de forma conjunta un mercado y un mundo diferente, basado en valores y problemáticas compartidas.

El SPP, por tanto, es una iniciativa creada por y para los pequeños productores organizados. Fueron ellos y ellas quienes establecieron los criterios, procedimientos y el funcionamiento del sistema. La propiedad es totalmente suya.

Este sello fue lanzado por la CLAC (Coordinadoras Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo) y presentado internacionalmente como distintivo en el 2006 durante el Foro Internacional de Turismo Solidario y Comercio Justo celebrado en Chiapas, México. Previo a su lanzamiento como sello internacional a principios de 2011 le precedían varios años de trabajo desarrollando el sistema de normas y procedimientos de certificación, realizando estudios de mercado, un plan estratégico y varias pruebas piloto, entre otras tareas.

Hoy el SPP conforma una gran familia donde los protagonistas son las 100.000 familias que trabajan en las 114 organizaciones de pequeños productores de América Latina (República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, Bolivia, Perú, El Salvador, Haití, México, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay, Colombia, Brasil) pero también de África (Burkina Faso, Guinea, R.D. Congo, Madagascar, Túnez, Etiopía) y Asia (India, Indonesia, Camboya). La producción que realizan es fundamentalmente agrícola: café, azúcar, frutas, quinua, cacao, miel, hierbas aromáticas… aunque también hay organizaciones que trabajan en el textil y otros artículos de artesanía.

Pero, ¿cómo son estas organizaciones de pequeños productores?, ¿a quién se considera pequeño productor? El SPP considera, como norma general, a aquellas organizaciones en las que el 85% de sus miembros tengan un área de producción inferior a 15 hectáreas, y el resto con un máximo de 30. Sin embargo, hay criterios específicos para determinadas regiones o según productos: por ejemplo, para el banano el límite es de 10 hectáreas productivas para el 100% de los productores, o en la producción apícola el máximo es de 500 colmenas, entre el 85% de los pequeños productores y el resto hasta el doble.

Pero además de las organizaciones productoras, en la familia del SPP también se incluyen las 30 organizaciones compradoras, es decir, 33 empresas que compran los productos y los ponen en el mercado bajo su propio nombre o marca, tanto en los países productores como en los países de los pequeños productores. Por último, la familia se completa con las 8 entidades certificadoras autorizadas, y una novena en camino de unirse. Se trata de organismos independientes autorizados para realizar el proceso de certificación y registro. De esta manera se garantiza al consumidor que los productos proceden de auténticas organizaciones democráticas y autogestionarias de pequeños productores, y han sido producidos bajo criterios de sostenibilidad económica, social, cultural y ecológica, y comercializados en condiciones justas.

Los principios y valores que les definen

El documento esencial por el que se rige el Símbolo de Pequeños Productores es la Declaración de Principios y Valores. Ésta conserva los principios fundamentales del Comercio Justo pero desde su particularidad de pequeños productores. En dicho documento no solo exponen su filosofía y los planteamientos sino que además incluyen los criterios y normas para la certificación.

El primero de los valores que aparece en su Declaración es la organización democrática, concretada en aspectos como la democracia participativa, autogestión, solidaridad, justicia, equidad, transparencia, confianza o el respeto a las culturas locales. A este se le unen otros de carácter económico como es el garantizar una vida digna, la producción a pequeña escala, la comercialización directa, la calidad o los precios sostenibles. Y por último, incluyen principios relacionados con el respeto al medio ambiente y a la salud.

Para complementar esta Declaración, el SPP cuenta con un código de conducta que garantiza el cumplimiento de la Declaración de Principios y Valores. Este código permite adoptar medidas contra entidades que pudieran violarlo.

Para conocer de primera mano el sello de SPP y lo que significa para los y las productores podéis leer el texto de Ivania Calderón, caficultora de Nicaragua de la cooperativa CECOCAFEN, y que fue publicado en la web por La Tenda de Tot el Món.

Otros documentos sobre el SPP: presentación, posicionamiento, preguntas frecuentes