Lugar de la noticia: 
Pamplona - Iruña

El alza de precios de las últimas semanas dispara el interés por esta fórmula de participar en el sector eléctrico

Una cuota de entrada de 100 euros y una llamada de teléfono permiten hacerse socio

“Quienes contratan con nosotros reciben el mismo suministro que hasta ahora” “Hasta ahora se crecía por inercia, pero en los últimos días no damos abasto con nuevos socios”

Más de 2.000 navarros, así como un número creciente de empresas y ayuntamientos, compra ya su electricidad a través de una cooperativa de consumidores y productores. Y su número, que no deja de subir, ha aumentado a especial velocidad durante las últimas semanas, cuando la subida del precio de la luz ha obligado a intervenir incluso a al Gobierno central. En toda España, son ya unos 80.000 quienes han desafiado al sistema tradicional de empresas energéticas mediante una portabilidad tan sencilla como la del móvil.

“Los últimos díás están siendo una locura”, explican desde Goiener, una de las dos cooperativas que opera en Navarra. Suma ya 600 socios en la Comunidad Foral, cerca de un 10% del total. A ellos cabe añadir los que aporta Som Energía, nacida en 2010 en Catalunya, tres años antes que GoiEner, y que cuenta con 903 socios y 1.251 contratos. “Cada socio puede hacer hasta cinco contratos para otras personas”, explica Javier Zardoya, responsable de la cooperativa en Navarra. Solo durante la semana pasada, Som Energía, que opera en toda España. sumó más de 800 nuevos socios en todo el país.

Las cooperativas, que operan en el mercado libre de la luz, funcionan en España desde hace más de seis años, cuando un grupo de 150 consumidores catalanes decidió agruparse para comprar y producir electricidad. Crearon Som Energía. Fue su forma de intervenir en un mercado que no les gustaba, que vivía en un régimen de oligopolio e incomprensible para la inmensa mayoríua de los ciudadanos. “Somos una herramienta de cambio”, explica Zardoya. “Si no te gusta el tipo de comida que compras, buscas por ejemplo la ecológica. Aquí es igual”. Una vocación transformadora que explica por ejemplo los acuerdos que toman los cooperativistas, que deciden reinvertir los beneficios en el proyecto, “o destinarlos a combatir la pobreza energética o a mejorar la formación de las personas”.

Las cooperativas compran la electricidad como cualquier otra comercializadora y la venden a sus socios y clientes a unos precios que habitualmente se encuentran en la franja baja de las operadoras. Ni Goiener ni Som Energían han decidido subir las tarifas para sus socios y clientes en las últimas semanas, cuando el megavatio tocó máximos en las subastas. Pero no es el precio el único motivo que defienden los impulsores de estas iniciativas. Ni siquiera el principal: formar parte de una entidad sin ánimo de lucro y que, además, comercializa energía 100% renovable son dos argumentos que bastan para convencer a cientos de ciudadanos.

“Los precios se revisan trimestralmente y lo habitual es que se produzca un ahorro respecto a otras empresas. Incluso a veces respecto al precio regulador, porque la gente tiene contratada más potencia de la que requiere o seguros innecesarios”, señalan desde Goiener. Pero el objetivo real, recuerdan, es más ambicioso que ahorrarse algún euro en la factura mensual. “Tratamos de potenciar el 100% renovable y el autoconsumo, por eso entendemos que la cooperativa debe tener un arraigo local”, explica María Arretxe, coordinadora del grupo de Navarra. Goiener, de hecho, ya tiene constituida en Navarra su cooperativa de generación, que se denomina Nafarkoop, y que a partir de 2018 podría comenzar a generar energía verde. Con más de 5.400 socios y unos 6.200 contratos, los volúmenes de Goiner son algo inferiores a los de Som Energía, también Navarra. En estos momentos cuentan con unos 400 socios y unos 600 contratos entre particulares, pequeñas empresas y algunos ayuntamientos, especialmente en la zona norte de la comunidad. Villava, Noáin y la Junta de Salazar ya son socios de Som Energia. “Y estamos llegando a comercios y a pequeñas empresas”, dice Zardoya.

Suministro garantizado

Romper con una compañía tradicional y pasar a formar parte de una cooperativa puede generar cierta incertidumbre en el usuario final en un suministro tan básico como la electricidad. Un temor que, según las cooperativas, no tiene fundamento alguno. “Para el consumidor final, el riesgo de contratar con nosotros es cero y el servicio que va a recibir es exactamente igual que con las comercializadoras de energía habituales”, explica Javier Zardoya, quien compara el mercado eléctrico con el de la telefonía móvil. “Cambiarse de compañíaresulta igual de sencillo. Y al usuario final no le cambia absolutamente nada. Va a seguir recibiendo el mismo suministro y la revisión de su contador o su cambio se lo hará la misma personas”, dice. El cambio de compañía se puede hacer por teléfono (Som Energía, 972 183 386 y Goiener, 943 088 444) a través de las páginas web o en la oficina presencial con la que cuenta. “Y no es es absoluto necesario intervenir en la instalación física del usuario”, dice Arretxe.

Cuatro agentes para un mercado

La liberalización del sistema eléctrico, acometida a partir de 1997, explica esta posibilidad. Hoy el mercado se reparte entre cuatro agentes: l,os generadores de energía (propietarios de las centrales nucleares, las presas, los parques eólicos, los ciclos combinados...); el transportador, que llevan la electricidad por las líneas de alta tensión (Red Eléctrica de España); los diistribuidores, que son los encargados de hacerla llegar a los domicilios y las empresas y se hacen cargo de la avería y el mantenimiento, y los comercializadores. Así, Iberdrola, por citar el ejemplo de la empresa tradicional líder en Navarra, posee distintas sociedades para cada uno de estos cometidos. Y es la encargada de la distribución de casi el 100% de la energía eléctrica. Es lo que se denomina un monolopolio natural, porque de hecho las compañías tienen repartida la península por zonas.

Otra cuestión es la comercialización. Es en este último eslabón de la cadena en el que el ciudadano puede elegir. En primer lugar, entre quedarse con su tarifa regulada o pasar al mercado libre. Y, si lo hace, escoger entre distintas ofertas de distintas compañías que durante los últimos años han enviado a cientos comerciales puerta por puerta para agilizar el paso al mercado libre. Por ello mismo, es posible formar parte de una cooperativa que, como cualquier otra comercializadora, compra la energía y posteriormente la vende entre sus socios.

Hacerse socio de una de las dos cooperativas que operan en Navarra tiene un coste de 100 euros. “Es el capital que se aporta y que se puede recuperar si uno decide salir de la cooperativa”, dice Zardoya. “Uno pasa de ser un consumidor pasivo a ser un agente activo dentro del mercado”, explica María Arrtexe, quien recuerda que cuanto mayor es el número de consumidores agrupados bajo esta fórmula mayor es su capacidad de influir en el mercado. “Hay que tener en cuenta -dice María Arretxe- cómo funciona el mercador eléctrico: al hogar, la energía llega de la fuente más cercana, sea verde, nuclear o de carbón, pero antes de ser generada, la energía se compra. Por lo tanto, si se demanda energía verde, como se hace desde las cooperativas de consumo, se provoca que las renovables tengan un mayor peso en el mix energético”. Y se exige un certificado oficial que testigua que el 100% de la cantidad de energía consumida procede de fuentes renovables. “Si fuésemos más, le daríamos un vuelco al mercado”.

La idea -intervenir en el mercado como consumidores- no es nueva, ni nació en España “En países como Bélgica, Holanda y Dinamarca llevan años haciéndo y la realidad es que aquí están saliendo cooperativas como hongos, en las distintas comunidades. Esto está arrancando”, dice Arretxe. Estas cooperativas ya han comenzado a gruparse en una única organización nacional (Unccuer) y en toda Europa “estamos unos 600.000 usuarios procedentes de unas 1.200 cooperativas”, añade.

Algunas de estas cooperativas europeas cuentan ya con su propia red de distribución, en un modelo que se acerca más al defendido por Goiener. “A largo plazo el objetivo debería ser consumir aquello que se genera, desde la cercanía”, dice Arretxe, socia 599 de Goiener.

Con una mirada a largo plazo, las cooperativas can paso a paso. Som Energía cuenta con un equipo ya de unos 28 trabajadores ubicados en Girona, mientras que Goiener ha creado ya unos 14 empleos entre la CAV y Navarra. “Hasta ahora, la fuerza motriz ha sido el voluntariado, pero hay que profesionalizar el servicio”, explica Arretxe. A su juicio, en el fondo se trata únicamente de “con sentido común”, buscar alternativas reales para gestionar de modo más justo “un bien básico que no se puede dejar de consumir”.