Lugar de la noticia: 
VALENCIA

Un hospital de palabras, hace ya años de eso. Un hospital donde aquellas palabras que corren el peligro de convertirse en zombies ingresan en la búsqueda de su salud. Porque las palabras zombies son auténticos muertos vivientes. Son palabras que fueron útiles y tuvieron vitalidad en el pasado, pero que ahora sólo perviven en nuestras mentes, sin ningún contacto con la realidad pero absorbiendo nuestra energía.

Todo sigue y son más las palabras que entran en riesgo, las que terminarán ingresando en el hospital. Esto no es baladí, el lenguaje es tan importante en nuestra vida que sus pérdidas tienen un reflejo directo en nosotros.

Hemos escrito de la economía de la desconfianza, de la economía egoísta, de la economía del corto plazo y también de la economía solidaria, de la del bien común, de la feminista, de la social y de la circular. Hemos leído de economía verde, colaborativa y también de la azul. De la economía humana y de la que tiene corazón, y así podríamos seguir con unas cuantas más. Algunas con contenidos muy trabajados, otras con muchos años de realidades y otras no son sino un neologismo de moda que disfraza otras realidades muy distantes de la que intentan mostrar.

Son las palabras los ladrillos del lenguaje y éstas se cimentan sobre conceptos que sufren con el uso incorrecto y el abuso que, de forma nada inocente, se realiza sobre ellas. Llega un momento en el que uno puede llegar a dudar de si lo mejor será dejar de utilizar determinadas palabras, transformadas por la acción devastadora de un sistema cuya única intención es mantener o agrandar su preeminencia frente a cualquier alternativa.

Escuchar, a quien no escucha, hablar de co-creación es como ver a un amigo sufrir en manos de quien no le quiere bien y sólo busca una relación en beneficio propio.

Y pensando en ello se llega a la idea de que son los contenidos, los conceptos, los que hemos de hacer perdurar porque las realidades acabarán devolviendo la dignidad y el respeto a las palabras usurpadas y maltratadas. No debemos abandonarlas pues las perderíamos para siempre y con ellas perderíamos los contenidos que ellas atesoran desde antaño.

¿Qué le pasó a la justicia para que se le confunda continuamente con la aplicación de unas leyes creadas en momento determinado de la historia? La independencia que todos hemos conquistado al salir de la casa de nuestros padres hoy nos la muestran como un mal deseo recubierto de unos contenidos que le son totalmente ajenos. La política tiene ya pocos propietarios y muchos ecos. La austeridad se nos presenta como un acto de obediencia en el que no tienes capacidad de decidir. La democracia, la responsabilidad, el emprendimiento o la transparencia están en el hospital.

Mirad a donde nos lleva el abandono de las palabras, a la confusión, a la desconfianza y hasta al odio. Cada vez es más difícil el entendimiento porque ni tan siquiera decimos lo mismo cuando utilizamos las mismas palabras. Cada una de ellas es un cofre vivo que guarda realidades, sueños, ideas y relaciones que necesitamos para compartir la vida. Devolvámosles la dignidad y digámosle a quienes nos intentan confundir, desde el abuso, que no les entendemos, que se han equivocado, que conocemos las palabras y sabemos que nos cuentan otras cosas que no son las que ellos intentan transmitir.

Por la paz, la armonía, la comprensión, el conocimiento y el respeto, cuidemos nuestras palabras y así nos cuidaremos todos.

HOSPITAL DE PALABRAS Ayudanos a cuidarlas.

NITTÚA

Raúl Contreras