La actual globalización económica ha traído consigo el concepto de consumo responsable. La idea subyacente es que la globalización ha causado un gran impacto sobre las poblaciones y el medioambiente en el mundo. Los estados, impotentes ante su progresiva pérdida de poder, se han mostrado más proclives a favorecer la expansión de sus empresas nacionales que a controlar su impacto en el exterior. El consumidor, por lo tanto, ha pasado a ser el protagonista a la hora de exigir un comportamiento ético a las empresas.
Como consumidores colaboramos a través de nuestras opciones de consumo con multitud de proyectos y empresas. Una forma sutil de colaboracionismo que con frecuencia olvidamos es la que se establece entre nuestros depósitos y los diferentes proyectos que nuestra entidad financia con ellos. Y para hablar de este tema me fijaré en cuatro compañías que producen armas muy controvertidas: Lockheed Martin, L-3 Communications, Textron y EADS.