Justicia social

Nos llenamos la boca a la hora de hablar de lo que trabajamos para otros, de lo que trabajamos para hacer de este mundo un mundo más justo y que se acaben por fin las injusticias que caen sobre muchos. Seguimos llenándonos la boca al hablar de lo difícil que es encontrar un empleo digno en estos momentos de crisis mundial. Nos ahogamos al decir que todas las personas se merecen un respeto y llenamos y rellenamos páginas y más páginas hablando de responsabilidad social, de ética, de solidaridad, de corresponsabilidad, de emprendimiento, etc.

Pero... ¿es esta una realidad realmente compartida por todos? ¿estamos verdaderamente trabajando en red por un objetivo común? Es más... ¿es cierto que compartimos un objetivo común?, porque si la respuesta a estas preguntas es afirmativa no alcanzo a comprender a la especie humana.

La injusticia nos obligó a convivir con ella. Desde pequeños, la obediencia, la disciplina se confundió con la anulación de la persona para ser. Vivimos constantes injusticias en nuestra infancia y en nuestra juventud que interiorizamos como normalidad con la pauta del que nos manda. Y aún así, nos duele la realidad. Deberíamos haber sido peores alumnos y no aprender bien la lección.

Aquel profesor, o así se hacían llamar, que un día nos explicó, a niños de ocho años, lo importante que era él puesto que nuestros padres no entenderían jamás la poesía que recitaba. La universidad sin opciones, donde se te acusa de tener la pluma ligera cuando sólo trasladas hechos, o te venden ese título para poder trabajar que se encuentra vinculado a la repetición de un pensamiento único. Aquel jefe que lo era sólo si sentía que alguien estaba debajo, o el presidente de la entidad que necesita se le reconozca constantemente como tal para sobrevivir.

Pie de página

Promueve

Tema & Diseño por Investic con Drupal
Distribuir contenido