Crisis Alimentaria

Por Damien Millet y Éric Toussaint (CADTM)

El artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos estipula que «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida suficiente para garantizar su salud, su bienestar y los de su familia, especialmente para la alimentación, el vestido, el alojamiento, la sanidad y los servicios sociales básicos». El fuerte aumento del precio de los alimentos básicos, especialmente importante en el primer semestre de 2008, amenaza directamente la supervivencia de cientos de millones de personas. El derecho a la alimentación, ya seriamente maltratado por varios decenios de recetas neoliberales, está más amenazado todavía.

La crisis alimentaria ha dejado sin comida a miles de personas en todo el mundo. A la cifra de 850 millones de hambrientos, el Banco Mundial añade cien más fruto de la crisis actual. El “tsunami” del hambre no tiene nada de natural, sino que es resultado de las políticas neoliberales impuestas sistemáticamente durante décadas por las instituciones internacionales.

Las consecuencias de la crisis alimentaria mundial, con revueltas y protestas en todo el mundo, también se dejan oír en los países del Norte. El pasado 30 de mayo, unos siete mil pescadores se concentraban delante de la sede del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino en Madrid en protesta por la crisis que vive el sector debido al aumento de los precios de los carburantes y por la falta de ayudas (el petróleo ha subido más de un 320% en cinco años y el precio del pescado se mantiene igual que hace 20). Los transportistas también se han sumado a las protestas, bloqueando las autopistas y las carreteras, debido a la subida del precio del gasóleo, que ya les supone un 50% de sus costes.

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