En estos últimos tiempos estamos siendo testigos del desembarco de una gran cantidad de iniciativas privadas con un marcado ánimo de lucro en el ámbito de la gestión de la ropa usada, gestionado históricamente por entidades de economía social y no lucrativas que a través de esta labor promueven otra forma de hacer economía, fomentan la inserción sociolaboral de personas en situación o riesgo de exclusión social y proporcionan acceso a la ropa a bajo coste, a través de las tiendas de segunda mano o en forma de donación, a colectivos empobrecidos.
Hace poco salía a la luz un informe de la OCU acerca de la implantación en la vía pública de contenedores ilegales para la recogida de ropa como negocio, a menudo disfrazados de mensajes de solidaridad y de cooperación al desarrollo que confunden al ciudadano. Por otro lado, las grandes multinacionales del textil también se suben al carro, en este caso a través de la implantación en sus tiendas de contenedores para la recogida, los cuales devuelven a cambio vales descuento para consumir en la misma tienda, esta vez con la intención de reciclar la ropa y ahorrar en materias primas.
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