{"id":14566,"date":"2017-08-29T00:00:00","date_gmt":"2017-08-29T07:25:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/noticias\/hacia-una-agenda-feminista-de-los-cuidados-2\/"},"modified":"2020-08-19T11:35:15","modified_gmt":"2020-08-19T10:35:15","slug":"hacia-una-agenda-feminista-de-los-cuidados-0","status":"publish","type":"noticias","link":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/ca\/noticias\/hacia-una-agenda-feminista-de-los-cuidados-0\/","title":{"rendered":"Hacia una agenda feminista de los cuidados"},"content":{"rendered":"<p><em><span id=\"ctl00_ContentPlaceHolder1_lblautor\" class=\"cursiva\">Por Christel Keller Gargant\u00e9<\/span> C\u00e1tedra UNESCO Mujeres, Desarrollo y Culturas de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya, para <a href=\"http:\/\/www.fuhem.es\/ecosocial\/articulos.aspx?v=10138&amp;n=0\">FUHEM Ecosocial<\/a><\/em><\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos a\u00f1os estamos asistiendo a una eclosi\u00f3n del debate en torno a los cuidados desde diferentes frentes. Por un lado, en la vida cotidiana se materializa la precariedad con la que se resuelven los cuidados en nuestra sociedad. El d\u00e9ficit de recursos p\u00fablicos de atenci\u00f3n a diferentes necesidades de cuidado, la mal llamada conciliaci\u00f3n de los tiempos y las condiciones laborales en el mercado de cuidados son diferentes situaciones que materializan dicha precariedad. Paralelamente, desde los movimientos sociales feministas y desde la academia se ha puesto esta cuesti\u00f3n en el centro del debate pol\u00edtico. <!--break-->La econom\u00eda feminista ha sido especialmente fruct\u00edfera en la producci\u00f3n de un marco anal\u00edtico que aporta una mirada nueva para comprender la tensi\u00f3n entre el sistema socioecon\u00f3mico actual y la sostenibilidad de la vida. Dicho marco lleva consigo un discurso pol\u00edtico que aboga por una reestructuraci\u00f3n radical de las relaciones -laborales, familiares, sociales, institucionales- en que se resuelve el cuidado. El reto es ahora emprender medidas reales para construir un nuevo escenario donde los cuidados sean asumidos como una cuesti\u00f3n pol\u00edtica de primer orden y, de acuerdo con esta centralidad, se asegure una resoluci\u00f3n en la cual todas las personas gocen del derecho a recibir cuidado, y este sea prestado atendiendo criterios de justicia social y de g\u00e9nero.<\/p>\n<p><strong>\u00bfDe qu\u00e9 hablamos cuando nos referimos al cuidado?<\/strong><\/p>\n<p>Los debates actuales no ser\u00edan posibles sin la trayectoria del feminismo en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Desde el debate sobre el trabajo dom\u00e9stico que se celebr\u00f3 entre finales de la d\u00e9cada de los sesenta y principios de los setenta, la agenda pol\u00edtica feminista ha estado reclamando visibilizar y valorar todas aquellas actividades que incluyen los cuidados. Sin embargo, no hay a\u00fan unos l\u00edmites claros para definir cu\u00e1les son estas actividades. En un primer momento, el \u00e9nfasis se situ\u00f3 en equiparar los cuidados al trabajo mercantil para facilitar su valorizaci\u00f3n, centrando la mirada en la producci\u00f3n de bienes y servicios en los hogares. Pero los par\u00e1metros que definen el trabajo de mercado no permiten poner en valor parte de estas actividades, precisamente aquellas vinculadas al cuidado directo de las personas, que conllevan una gran carga emocional y relacional y que, por ende, est\u00e1n muy ligadas a la persona que las desarrolla.[1] La valorizaci\u00f3n del cuidado tiene que partir necesariamente de la experiencia de las mujeres; por ese motivo los par\u00e1metros androc\u00e9ntricos que definen el mercado de trabajo no pueden captar su complejidad.<\/p>\n<p>No obstante, aunque los par\u00e1metros mercantiles resulten insuficientes, es crucial no perder de vista las relaciones de explotaci\u00f3n en que se suele dar el cuidado, y la consecuente tendencia al empobrecimiento de las personas que lo prestan. Por lo tanto, una definici\u00f3n completa de los cuidados debe comprender las dos dimensiones en que se han construido hist\u00f3ricamente: la material, a la cual s\u00ed es posible aproximarse desde la \u00f3ptica del trabajo; y la simb\u00f3lica, imbricada en relaciones de g\u00e9nero y parentesco. Desde la dimensi\u00f3n material se puede diferenciar entre aquellas actividades de cuidado directo de los cuerpos vulnerables, que sobrepasa las necesidades espec\u00edficas de cuidado e incluye tambi\u00e9n los cuerpos de las personas adultas \u201csanas\u201d; y los cuidados indirectos, que nos remiten a lo que se conoce como trabajo dom\u00e9stico, m\u00e1s vinculado al mantenimiento del hogar, incluyendo la gesti\u00f3n y organizaci\u00f3n de las tareas, as\u00ed como la mediaci\u00f3n.[2] En lo que se refiere a la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica, esta visibiliza c\u00f3mo los roles de g\u00e9nero ligados a la ideolog\u00eda patriarcal definen la resoluci\u00f3n de los cuidados. Nos acerca a las \u00abpercepciones subjetivas, los significados y experiencias que subyacen a las pr\u00e1cticas cotidianas de los cuidados\u00bb,[3] que incluyen la obligaci\u00f3n moral de las mujeres con el cuidado, pero tambi\u00e9n el \u201caltruismo\u201d que envuelve la idealizaci\u00f3n y la mistificaci\u00f3n de la figura cuidadora. La experiencia subjetiva del cuidado est\u00e1 marcada por emociones contradictorias y aparece repleta de tensiones.<\/p>\n<p>Partiendo de esta complejidad y de las dificultades para establecer una definici\u00f3n de los cuidados, Carol Thomas propuso un concepto unificado que sirviera de paraguas:<\/p>\n<p>Los cuidados son la prestaci\u00f3n remunerada o no remunerada de apoyo en la cual intervienen actividades que implican un trabajo y estados afectivos. Los prestan principal, aunque no exclusivamente, mujeres, tanto a personas adultas sanas como a personas dependientes y a los ni\u00f1os y ni\u00f1as, en la esfera p\u00fablica o en la esfera dom\u00e9stica, y en una diversidad de marcos institucionales.[4]<\/p>\n<p><strong>La dimensi\u00f3n temporal del cuidado<\/strong><\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n social del cuidado se materializa en la vida cotidiana a partir de la gesti\u00f3n de los tiempos. El trabajo asalariado es el eje central que \u00aborganiza la vida de las personas, de las familias, de las ciudades y del conjunto de la sociedad\u00bb,[5] de modo que el cuidado se desarrolla en los m\u00e1rgenes, en el tiempo restante, un tiempo invisible y sin valor, ya que no es tiempo transformable en dinero.<\/p>\n<p>El tiempo de mercado rige la vida social y, sin embargo, se fundamenta en la experiencia m\u00edtica del \u201chombre champi\u00f1\u00f3n\u201d,[6] aquel sujeto adulto, formado, sano, alimentado, aseado y emocionalmente sostenido, siempre a punto para el mercado. Tomar esta figura como referente supone invisibilizar los tiempos del trabajo dom\u00e9stico y de cuidados, as\u00ed como los ritmos biol\u00f3gicos en el desarrollo vital.[7]<\/p>\n<p>Visibilizar el tiempo necesario para llevar a cabo las tareas de cuidado ha sido un objetivo del feminismo que ha dado como fruto la creaci\u00f3n de las Encuestas de Uso del Tiempo como instrumento de medici\u00f3n y tambi\u00e9n las pol\u00edticas del tiempo, desarrolladas especialmente en Italia. Sin embargo, el tiempo de cuidados sigue siendo invisible, haciendo imposible cuestionar c\u00f3mo interfiere la articulaci\u00f3n de los tiempos laborales y de cuidados en el bienestar (y el malestar) de las personas.[8]<\/p>\n<p><strong>La propuesta de la econom\u00eda feminista<\/strong><\/p>\n<p>La econom\u00eda feminista y, concretamente, el paradigma de la sostenibilidad de la vida surge de la necesidad de descentrar los mercados como eje vertebrador de la vida, para rescatar el bienestar de las personas. En este sentido, cobran centralidad los cuidados como actividades que tienen un gran impacto sobre el bienestar, pero que adem\u00e1s sostienen el resto de esferas que participan de la resoluci\u00f3n de necesidades humanas, incluyendo los mercados. Por lo tanto, se trata de un an\u00e1lisis integrador que rompe con las dicotom\u00edas de p\u00fablico-privado, producci\u00f3n-reproducci\u00f3n, hogar-mercado, trabajo-no trabajo.[9] Los cuidados atraviesan todos estos espacios y categor\u00edas, de modo que deben entenderse desde el conjunto social.<\/p>\n<p>La econom\u00eda feminista politiza los cuidados a partir de las ideas de vulnerabilidad universal e interdependencia. Todas las personas tienen necesidades de cuidado durante toda la vida, aunque var\u00ede la intensidad con que se requiere a lo largo del ciclo vital. La resoluci\u00f3n de una necesidad universal de la que depende la vida humana es sin duda una cuesti\u00f3n pol\u00edtica y requiere una soluci\u00f3n colectiva. La marginalidad en la que se resuelven actualmente los cuidados solo es posible entendiendo los mismos como una necesidad excepcional e invisibilizando la cantidad de cuidados necesarios para mantener y reproducir la vida en todas sus dimensiones.<\/p>\n<p>La propuesta de la econom\u00eda feminista reclama un cambio integral en la organizaci\u00f3n social que incluye \u00abuna reorganizaci\u00f3n de los tiempos y los trabajos (mercantil y de cuidados), cambios en la vida cotidiana, una nueva estructura de consumo y de producci\u00f3n y, por supuesto, un cambio de valores\u00bb.[10]<\/p>\n<p><strong>La precaria resoluci\u00f3n de los cuidados<\/strong><\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n social del cuidado describe el modo en que diferentes actores sociales participan en la resoluci\u00f3n de las necesidades de cuidado. Razavi se refiri\u00f3 a la articulaci\u00f3n entre actores como el \u00abDiamante de cuidado\u00bb, representaci\u00f3n geom\u00e9trica de la organizaci\u00f3n social del cuidado a partir de cuatro \u00e1ngulos: el estado, el mercado, la familia y la comunidad.[11] La implicaci\u00f3n de estos cuatro actores es variable y desigual atendiendo a la l\u00f3gica patriarcal que otorga a las mujeres el deber de cuidar en el seno de las familias, pero tambi\u00e9n al contexto pol\u00edtico general de declive de los Estados de Bienestar y de pol\u00edticas neoliberales, as\u00ed como al crecimiento de los cuidados en tanto que sector econ\u00f3mico y nicho laboral.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a las pol\u00edticas de cuidado en el Estado espa\u00f1ol, estas (y la ausencia de las mismas) se han fundamentado en reproducir y reforzar los hogares como espacio principal de resoluci\u00f3n. La mayor\u00eda de las pol\u00edticas de cuidado se han desarrollado en el \u00e1mbito laboral para fomentar la \u201cconciliaci\u00f3n\u201d entre los tiempos laborales y familiares. Dichas pol\u00edticas tienen muchas limitaciones en cuanto a mejorar la organizaci\u00f3n social del cuidado, ya que no ponen en duda la divisi\u00f3n sexual del trabajo y la consecuente feminizaci\u00f3n del cuidado, por lo que se dirigen \u00fanicamente a personas -fundamentalmente a mujeres- activas en el mercado laboral formal y supeditan el cuidado a las necesidades del mercado. Estas l\u00f3gicas subyacen a la llamada Ley de Conciliaci\u00f3n del 1999 que favorece los cuidados en el \u00e1mbito familiar, mediante permisos, excedencias y reducciones de jornada laboral. La ley de Dependencia del 2006 supuso el primer reconocimiento del derecho universal al cuidado, aunque continuaba haciendo hincapi\u00e9 en la resoluci\u00f3n privada y ligada a situaciones de dependencia, es decir, de excepcionalidad.[12] Adem\u00e1s, los problemas de financiaci\u00f3n con los que cont\u00f3 desde su inicio y los posteriores recortes en el marco de las pol\u00edticas de austeridad acabaron de minar su potencial.<\/p>\n<p>Aunque parezca contradictorio, la implicaci\u00f3n del sector p\u00fablico en los cuidados potencia el mercado, ya que gran parte de las pol\u00edticas se centran en prestaciones econ\u00f3micas o en la subcontrataci\u00f3n de servicios.[13] La mercantilizaci\u00f3n del cuidado suele ir en detrimento de la calidad, ya que introduce l\u00f3gicas de eficiencia a menudo ligadas a la reducci\u00f3n de costes, y de la igualdad de oportunidades en el acceso a estos recursos. Adem\u00e1s, el mercado de los cuidados nos lleva a hablar de las condiciones de empleo de las mujeres que sostienen este sector, marcadas por los bajos salarios, la precariedad y un alto \u00edndice de informalidad.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a las familias, aunque las mujeres contin\u00faan asumiendo una importante cantidad del cuidado en este espacio, en las \u00faltimas d\u00e9cadas se han dado una serie de cambios culturales que han menguado, en t\u00e9rminos generales, la figura del ama de casa como un destino deseable. En este sentido, el legado feminista de los setenta y su apuesta por el mercado como espacio de emancipaci\u00f3n de las mujeres surti\u00f3 sus efectos en la definici\u00f3n de proyectos vitales. Al mismo tiempo, las necesidades de cuidado no han dejado de aumentar ligadas al envejecimiento de la poblaci\u00f3n; adem\u00e1s, las familias nucleares heterosexuales han dejado de ser el \u00fanico modelo posible de convivencia. Como resultado de estos factores se ha venido hablando de la \u00abcrisis de los cuidados\u00bb, como supuesta quiebra de la organizaci\u00f3n social del cuidado. Dicha crisis se ha saldado, en parte, con las llamadas \u00abcadenas transnacionales de cuidados y afectos\u00bb[14] por las que han transitado innumerables mujeres desplaz\u00e1ndose desde pa\u00edses del Sur global para cubrir lugares de trabajo en el servicio dom\u00e9stico, demasiado a menudo sin ning\u00fan reconocimiento de sus derechos.<\/p>\n<p>Desde que estall\u00f3 en el 2008 la crisis econ\u00f3mica en el Estado espa\u00f1ol, se ha dado una readaptaci\u00f3n de los diferentes actores. Las pol\u00edticas \u201caustericidas\u201d han atacado directamente los ya escasos servicios de cuidado, al tiempo que la capacidad de las familias para contratar servicios en el mercado ha menguado considerablemente.[15] De este modo, se han <em>refamiliarizado <\/em>una serie de cuidados que son asumidos de forma gratuita en los hogares.[16] Este incremento en la carga de trabajos lleva consigo una agudizaci\u00f3n de la pobreza de tiempo que afecta principalmente a las mujeres.<\/p>\n<p>Los reajustes entre el mercado, el sector p\u00fablico y las familias suelen centrar los an\u00e1lisis, pero el cuarto agente pasa a menudo inadvertido: \u00bfqu\u00e9 hay de la comunidad?<\/p>\n<p><strong>El papel de las iniciativas comunitarias<\/strong><\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente parte de las necesidades de cuidados se han resuelto a trav\u00e9s de redes de mujeres unidas por lazos de vecindad o parentesco que han ido perdiendo peso, especialmente en los contextos urbanos y como consecuencia de la individualizaci\u00f3n y mercantilizaci\u00f3n de muchos espacios de la vida. Sin embargo, contin\u00faan existiendo f\u00f3rmulas colectivas que dan respuesta a las necesidades de cuidado. Algunas son m\u00e1s informales y espont\u00e1neas y sirven para aligerar la sobrecarga del cuidado en los hogares; otras gozan de una mayor institucionalizaci\u00f3n y se configuran como alternativas a los servicios p\u00fablicos o privados. Son estas \u00faltimas las que permiten hablar de lo comunitario como un actor s\u00f3lido. Algunos ejemplos de estas iniciativas son los grupos de crianza compartida, las cooperativas de vivienda con proyecto de convivencia, incluyendo las espec\u00edficas de personas mayores, los grupos de ayuda mutua en torno a necesidades de salud o, en parte, los bancos de tiempo.<\/p>\n<p>Estas iniciativas, situadas en el paradigma de los comunes, podr\u00edan tener un papel importante en las agendas de cuidados a causa de su potencial transformador. Suponen una respuesta colectiva que otorga centralidad y reconocimiento al cuidado, rompiendo con la l\u00f3gica privada e individual de la resoluci\u00f3n. La autogesti\u00f3n que las define contribuye a crear relaciones de reciprocidad entre las personas que los conforman, difuminando la l\u00ednea ficticia que separa y ordena jer\u00e1rquicamente a las personas cuidadas y a las cuidadoras. En la l\u00f3gica de la reciprocidad, el valor del intercambio est\u00e1 en la relaci\u00f3n que crea, no en lo que se intercambia.[17] As\u00ed, el objetivo de acumulaci\u00f3n que rige el mercado desaparece, ya que el fin \u00faltimo de estos grupos es el propio bienestar. Resolver el cuidado en colectivo lleva a valorarlo como una necesidad compartida, y no como un d\u00e9ficit individual, y permite revalorizarlo tanto por el bienestar que aporta como por sus costes en tiempo y trabajo, que se hacen evidentes al ponerse en colectivo.<\/p>\n<p>Sin embargo, las iniciativas comunitarias no cumplen per se todas las premisas de una agenda de cuidados basada en la justicia social y de g\u00e9nero. De hecho, la comunidad es a menudo un espacio de reproducci\u00f3n de las normas sociales. Si no hay una voluntad expl\u00edcita de cambiarlo, lo m\u00e1s probable es que la feminizaci\u00f3n del cuidado impere en estos grupos, suponiendo una sobrecarga de trabajo para las mujeres que suma a los tiempos de cuidado los de gesti\u00f3n del grupo. Adem\u00e1s, las iniciativas comunitarias tienen muchos l\u00edmites para universalizar el derecho al cuidado. La propia participaci\u00f3n en estos proyectos tiene un sesgo socioecon\u00f3mico que viene marcado no tanto por la renta, sino por la disponibilidad de tiempo. Hay que tener en cuenta que las personas con peores ocupaciones tienen jornadas m\u00e1s largas y sufren m\u00e1s variaciones horarias vinculadas a los intereses de la empresa, mientras que las personas m\u00e1s cualificadas suelen tener una mayor flexibilidad horaria y autonom\u00eda para gestionarla.[18] En definitiva, las iniciativas comunitarias son escenarios de politizaci\u00f3n del cuidado donde este se considera un bien com\u00fan, un bien colectivo por el cual vale la pena organizarse, pero no pueden sustituir los servicios p\u00fablicos porque no responden al inter\u00e9s general; as\u00ed, ambos deben relacionarse desde una l\u00f3gica de complementariedad.<\/p>\n<p><strong>El reto de las agendas de cuidados<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo rearticular los diferentes actores en una agenda feminista de los cuidados? Incorporar las propuestas de la econom\u00eda feminista a una agenda pol\u00edtica supone un reto muy ambicioso, ya que comporta una transformaci\u00f3n social enorme a partir de un instrumento muy concreto: la pol\u00edtica p\u00fablica. En este sentido, Daly y Lewis han desarrollado el concepto de<em> social care<\/em> para recordar que el Estado debe hacerse cargo de la organizaci\u00f3n cotidiana del cuidado y universalizar el acceso m\u00e1s all\u00e1 de la realidad familiar de las personas. Por otro lado, Nancy Fraser ha apuntado las dos dimensiones centrales de la justicia de g\u00e9nero que deben atravesar estas pol\u00edticas: el reconocimiento y la redistribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>El <em>social care<\/em> es un concepto que incluye tres dimensiones que pueden guiar los ejes estrat\u00e9gicos de las pol\u00edticas de cuidados. La primera plantea los cuidados como trabajo, y conlleva incidir en las condiciones en que son prestados, considerando si son remunerados o no, formales o informales. La segunda se refiere a la obligaci\u00f3n y responsabilidad con el cuidado desde un enfoque \u00e9tico y normativo, y c\u00f3mo el sector p\u00fablico interfiere en la transformaci\u00f3n o reproducci\u00f3n de las normas sociales. La \u00faltima dimensi\u00f3n plantea los costes financieros y emocionales de los cuidados, y lleva a plantearse cu\u00e1les son y qui\u00e9n carga con ellos.[19]<\/p>\n<p>Nancy Fraser a\u00fana dos tradiciones del feminismo para se\u00f1alar dos dimensiones que tienen que atravesar las pol\u00edticas de cuidados. La primera es la <em>redistribuci\u00f3n <\/em>del cuidado entre personas, no solo por criterios de g\u00e9nero, sino tambi\u00e9n de etnia y clase social, as\u00ed como entre los cuatro actores del \u00abDiamante de cuidado\u00bb. La segunda, reclama el <em>reconocimiento <\/em>social de los cuidados, su visibilizaci\u00f3n y valoraci\u00f3n.[20] Una agenda transformadora no puede limitarse a actuar sobre los efectos de la actual organizaci\u00f3n social de los cuidados, sino que tiene que proponerse cambiar las ra\u00edces culturales que la sustentan.[21] Tiene que incidir en el plano material y en el simb\u00f3lico, teniendo en cuenta que existe una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre ambos.<\/p>\n<p>En cuanto a medidas concretas, es primordial sacar una gran parte de los cuidados de los hogares. Valeria Esquivel se refiere a la <em>reducci\u00f3n <\/em>del cuidado como una \u201cR\u201d m\u00e1s (sumada a la redistribuci\u00f3n y el reconocimiento) para reordenarlo socialmente.[22] Esto supone la ampliaci\u00f3n de los servicios p\u00fablicos de cuidado, incluyendo la remunicipalizaci\u00f3n, garantizando unas condiciones dignas de trabajo de las personas que lo prestan, as\u00ed como un trato no victimizador y respetuoso con la agencia de las personas que reciben el cuidado. En cuanto a las externalizaciones, es necesario poner sobre la mesa que las l\u00f3gicas economicistas suelen ir en contra de la calidad del cuidado y de los derechos de las trabajadoras. En este sentido, la econom\u00eda social y solidaria puede ser un aval para que los beneficios de las empresas no pasen por encima de las necesidades de las personas.<\/p>\n<p>En lo que se refiere a emprender cambios m\u00e1s profundos, es necesario crear y difundir discursos que pongan en valor el cuidado como pilar del bienestar individual y colectivo, y la responsabilidad de todas las personas con el mismo. Tambi\u00e9n son necesarias reformas m\u00e1s estructurales que posibiliten el cuidado cotidiano, aquel que no responde a necesidades especiales y el autocuidado. Se requieren pol\u00edticas que cambien el modelo urbano centrado en las funciones mercantiles y que dificulta el cuidado, como ha denunciado el urbanismo feminista. Y tambi\u00e9n son centrales las pol\u00edticas de tiempo, que, siguiendo el referente italiano, pueden enfocarse en tres \u00e1mbitos: pol\u00edticas centradas en el ciclo vital, por ejemplo de envejecimiento activo; medidas relacionadas con el tiempo de trabajo que promuevan la conciliaci\u00f3n con corresponsabilidad, como las reducciones de jornada generalizadas o los permisos de paternidad iguales e intransferibles; y las pol\u00edticas de tiempo en la ciudad, que promueven una adecuaci\u00f3n de los horarios de los diversos servicios y una mejor correspondencia entre estos y los horarios laborales.[23]<\/p>\n<p>En definitiva, una apuesta pol\u00edtica que se proponga una resoluci\u00f3n de los cuidados justa y sostenible tiene que procurar que la familia cargue menos peso, que el sector p\u00fablico se responsabilice m\u00e1s y que el mercado no vaya en detrimento de la calidad del cuidado ni de los derechos de las personas cuidadoras. En lo que se refiere a la comunidad, es importante darle un mayor protagonismo en la organizaci\u00f3n social del cuidado, ya que tiene una gran capacidad performativa en lo que se refiere a la politizaci\u00f3n del cuidado.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>[1] C. Carrasco; C. Border\u00edas y T.Torns. \u00abIntroducci\u00f3n. El trabajo de cuidados: antecedentes hist\u00f3ricos y debates actuales\u00bb en C.Carrasco; C. Border\u00edas y T.Torns (eds.), El Trabajo de cuidados. Historia, teoria y pol\u00edticas, Catarata, Madrid, 2011.<\/p>\n<p>[2] \u00edbidem<\/p>\n<p>[3] \u00edbidem<\/p>\n<p>[4] C. Thomas, \u00abDeconstruyendo los conceptos de cuidados\u00bb, en C.Carrasco; C. Border\u00edas y T.Torns (eds.), El Trabajo de cuidados. Historia, teoria y pol\u00edticas, Catarata, Madrid, 2011<\/p>\n<p>[5] M.T. Torns Mart\u00edn, V. Borr\u00e0s, C. Recio, S. Moreno Colom, S. \u00abEl temps de treball i el benestar quotidi\u00e0\u00bb. Arxius de Sociologia, 24, 2011, pp.35\u201346<\/p>\n<p>[6] A. P\u00e9rez Orozco. Subversi\u00f3n feminista de la econom\u00eda. Traficantes de sue\u00f1os, Madrid, 2014<\/p>\n<p>[7] M. Lagarreta Iza, \u00abCuidados y sostenibilidad de la vida: Una reflexi\u00f3n a partir de las pol\u00edticas de tiempo\u00bb, Papeles del CEIC, 1, 2014, pp.93\u2013128.<\/p>\n<p>[8] C. Carrasco, <em>Op.cit<\/em><\/p>\n<p>[9] A. P\u00e9rez Orozco, <em>Op.cit.<\/em><\/p>\n<p>[10] C. Carrasco, \u00abLa econom\u00eda feminista: ruptura te\u00f3rica y propuesta pol\u00edtica\u00bb en C. Carrasco (ed.), Con Voz propia. La Oveja Roja, Madrid, 2014.<\/p>\n<p>[11] S. Razavi, \u00abThe Political and Social Economy of Care on a Development Context: Conceptual Issues, Research Questions and Policy Opcions\u00bb, UNRISD Working Paper 3, Programme Gender and Development, 2007.<\/p>\n<p>[12] D. Comas d\u2019Argemir. \u00abLos cuidados y sus m\u00e1scaras. Retos para la antropolog\u00eda feminista\u00bb, <em>Mora <\/em>(Dossier: Pasado y Presente de la antropolog\u00eda feminista), vol. 20, 1, 2014, pp. 1-12.<\/p>\n<p>[13] Ibidem<\/p>\n<p>[14] A. Hochschild. \u00abLas cadenas mundiales de afecto y asistencia y la plusval\u00eda emocional\u00bb en A.Giddens y W.Hutton (eds.), En el l\u00edmite: La vida en el capitalismo global, Tusquets, Barcelona, p.187-208.<\/p>\n<p>[15] L. G\u00e1lvez, \u00abUna lectura feminista del austericidio\u00bb. Revista de Econom\u00eda Cr\u00edtica, 2013, p.80-110.<\/p>\n<p>[16] S. Ezquerra, \u00abCrisis de los cuidados y crisis sist\u00e9mica: la reproducci\u00f3n como pilar de la econom\u00eda llamada real\u00bb, Investigaciones feministas, 2011 (vol.2), p.175-194.<\/p>\n<p>[17] M. Lagarreta Iza, Op.cit.<\/p>\n<p>[18] M.T. Torns Mart\u00edn, Op cit.<\/p>\n<p>[19] M. Daly y J. Lewis, \u00abEl concepto de social care y el an\u00e1lisis de los estados de bienestar\u00bb, en C. Carrasco; C. Border\u00edas y T. Torns (eds.), <em>Op. cit<\/em>.<\/p>\n<p>[20] N. Fraser \u00abLa pol\u00edtica feminista en la era del reconocimiento: una aproximaci\u00f3n bidimensional a la justicia de g\u00e9nero\u00bb en N.Fraser (ed.) Fortunas del Feminismo, Traficantes de sue\u00f1os, 2015<\/p>\n<p>[21] S. Ezquerra y E. Mansilla, \u00abPol\u00edtiques Municipals, Acci\u00f3 Comunit\u00e0ria i Economia de les Cures a la Ciutat de Barcelona\u00bb, documento de trabajo.<\/p>\n<p>[22] V. Esquivel, \u00abEl cuidado: de concepto anal\u00edtico a agenda pol\u00edtica\u00bb, Nueva Sociedad, 2015, p.63-74.<\/p>\n<p>[23] M. LagarretaIza, <em>Op.cit<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.fuhem.es\/media\/cdv\/file\/biblioteca\/Boletin_ECOS\/38\/hacia-una-agenda-feminista-de-los-cuidados_Ch_KELLER-def.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Acceso al art\u00edculo (pdf)<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Christel Keller Gargant\u00e9 C\u00e1tedra UNESCO Mujeres, Desarrollo y Culturas de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya, para FUHEM Ecosocial Introducci\u00f3n Durante los \u00faltimos a\u00f1os estamos asistiendo a una eclosi\u00f3n del debate en torno a los cuidados desde diferentes frentes. 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