{"id":181028,"date":"2025-05-06T17:09:56","date_gmt":"2025-05-06T16:09:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/?post_type=noticias&#038;p=181028"},"modified":"2025-05-16T08:41:44","modified_gmt":"2025-05-16T07:41:44","slug":"economias-tejidas-por-mujeres-feminismo-y-cooperativismo-en-madrid-una-genealogia-por-contar","status":"publish","type":"noticias","link":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/ca\/noticias\/economias-tejidas-por-mujeres-feminismo-y-cooperativismo-en-madrid-una-genealogia-por-contar\/","title":{"rendered":"Econom\u00edas tejidas por mujeres: feminismo y cooperativismo en Madrid, una genealog\u00eda por contar"},"content":{"rendered":"<p><em>Un art\u00edculo de Vanessa \u00c1lvarez para El Salto Diario<\/em><\/p>\n<p>Una genealog\u00eda no escrita atraviesa el cooperativismo madrile\u00f1o contempor\u00e1neo. Si afinamos la escucha, descubrimos que en la base de muchas iniciativas de <a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/economia-social\">econom\u00eda social y solidaria<\/a> (ESS) de hoy resuena la memoria de luchas vecinales, feministas y antirracistas de ayer. Esta historia, lejos de ser lineal, se teje de idas y venidas, de logros y desaf\u00edos, de alianzas improbables y de resistencias compartidas.<\/p>\n<p>Los v\u00ednculos entre feminismo y ESS en Madrid no son nuevos. Se hunden en una genealog\u00eda que comienza en las redes vecinales de los a\u00f1os 70 y 80, en asambleas autogestionadas, en centros sociales y en movimientos barriales que, antes de nombrarse feministas o solidarios, ya practicaban otras formas de organizar la vida y la econom\u00eda.<\/p>\n<p>En barrios como Vallecas, Carabanchel o el Barrio del Pilar, las mujeres se agruparon, desde pr\u00e1cticas que hoy reconocer\u00edamos como feminismo de base, para defender derechos b\u00e1sicos como la vivienda, el acceso a servicios p\u00fablicos o la salud comunitaria.<\/p>\n<blockquote><p>Aunque no usaran ese t\u00e9rmino, ya practicaban econom\u00eda feminista: priorizaron los cuidados, la horizontalidad, la inclusi\u00f3n de mujeres migrantes y la conciliaci\u00f3n.<\/p><\/blockquote>\n<p>Estas experiencias, a menudo desatendidas por las instituciones, fueron pioneras en poner en el centro la sostenibilidad de la vida. Aunque no usaran ese t\u00e9rmino, ya practicaban econom\u00eda feminista: priorizaron los cuidados, la horizontalidad, la inclusi\u00f3n de mujeres migrantes y la conciliaci\u00f3n. \u201cLos comienzos, como suele suceder en estas cuestiones, fueron espacios aislados, pero el tiempo ha ido articul\u00e1ndolos, d\u00e1ndole forma a lo que \u00faltimamente se conoce como \u2018poner la vida en el centro\u2019 o el \u2018buen vivir\u2019\u201d, explica Carmen Espinar, soci\u00f3loga, activista e integrante de diversas iniciativas como la Red CIMAS.<\/p>\n<p>Sin embargo, como advierte Roc\u00edo Nogales Muriel, investigadora y directora de la Red Internacional de Investigaci\u00f3n EMES, uno de los riesgos actuales de la ESS madrile\u00f1a es precisamente olvidar estas ra\u00edces populares: \u201cLa falta de conexi\u00f3n con las luchas vecinales hist\u00f3ricas debilita el potencial emancipador de la ESS. Reconocer, visibilizar y dar la mano a las personas y colectivos en situaci\u00f3n de vulnerabilidad extrema que vivimos en nuestra ciudad me parece una urgencia\u201d.<\/p>\n<h3><strong>Nuevos feminismos, nuevas econom\u00edas<\/strong><\/h3>\n<p>Con la llegada de los 2000, el feminismo aut\u00f3nomo y los nuevos movimientos sociales comienzan a transformar el paisaje de las econom\u00edas alternativas. En Lavapi\u00e9s, <a href=\"https:\/\/eskalerakarakola.org\/\">La Eskalera Karakola<\/a> se consolida como un centro social feminista, pero tambi\u00e9n como laboratorio de autogesti\u00f3n y lucha colectiva. La antigua panader\u00eda de la calle Embajadores 40 fue okupada en noviembre de 1996 por un grupo de mujeres con el prop\u00f3sito de crear un espacio colectivo para experimentar nuevas formas de relacionarse entre ellas. A trav\u00e9s del desarrollo de actividades culturales, art\u00edsticas y de la gesti\u00f3n compartida de la casa, el proyecto fue tomando forma durante varios meses. Como ellas mismas relatan en su web, surgi\u00f3 tras meses de reuniones y experiencias colectivas.<\/p>\n<p>La Eskalera Karakola ha sido y es un referente de resiliencia, ejemplo de c\u00f3mo el feminismo puede tejer econom\u00edas alternativas que no s\u00f3lo resisten, sino que tambi\u00e9n crean espacios de transformaci\u00f3n profunda en las relaciones sociales y econ\u00f3micas del barrio, que incluyen la autogesti\u00f3n, la ruptura con la divisi\u00f3n entre gestoras y usuarias y la creaci\u00f3n de una estructura organizativa horizontal, abierta y en constante evoluci\u00f3n.<\/p>\n<blockquote><p>Al calor de estos procesos surgen tambi\u00e9n nuevas iniciativas de proyectos agroecol\u00f3gicos y de consumo responsable impulsados por mujeres<\/p><\/blockquote>\n<p>En paralelo, colectivos como Precarias a la Deriva y Pandora Mirabilia han sido fundamentales para teorizar sobre la precariedad y la insatisfacci\u00f3n laboral desde una perspectiva feminista, poniendo de relieve que la econom\u00eda no solo se mide en t\u00e9rminos de trabajo remunerado, sino tambi\u00e9n en las horas dedicadas al cuidado, la limpieza o el acompa\u00f1amiento, actividades que han sido hist\u00f3ricamente invisibilizadas y asignadas principalmente a las mujeres. Al calor de estos procesos surgen tambi\u00e9n nuevas iniciativas de proyectos agroecol\u00f3gicos y de consumo responsable impulsados por mujeres.<\/p>\n<h3><strong>La crisis como catalizador de cooperativas de cuidados<\/strong><\/h3>\n<p>La crisis del 2007-2008 y sus consecuencias econ\u00f3micas disparan nuevas formas de organizaci\u00f3n colectiva. Muchas mujeres, sobre todo migrantes, se agrupan para formar cooperativas de trabajo en sectores como el empleo dom\u00e9stico o la limpieza. Colectivos como Territorio Dom\u00e9stico o la cooperativa La Comala han mostrado que la econom\u00eda feminista no es solo una teor\u00eda, sino una pr\u00e1ctica cotidiana de supervivencia y dignidad.<\/p>\n<p>Es el caso de Territorio Dom\u00e9stico, adem\u00e1s de luchar por mejores derechos laborales, buscan una reorganizaci\u00f3n social de los cuidados, que los haga responsabilidad colectiva. A trav\u00e9s de talleres, acciones de apoyo mutuo y formaci\u00f3n, han logrado construir una red de solidaridad donde la dignidad y la voz de las trabajadoras del hogar no solo se reclaman, sino que se ejercen de manera colectiva, buscando siempre el poder de decidir juntas.<\/p>\n<p>Para Sandra Sals\u00f3n, psic\u00f3loga social y Coordinadora de la Escuela de Emprendedoras Juana Mill\u00e1n, las mujeres juegan un papel disruptivo en este paisaje urbano: cuestionan de ra\u00edz conceptos como negocio, ambici\u00f3n o rentabilidad, y abren grietas en el imaginario econ\u00f3mico hegem\u00f3nico: \u201cNos hacen sentir intrusas, impostoras, pero nosotras ensanchamos ese imaginario para que quepamos todas: las que cuidan mientras trabajan, las que acaban de llegar tras un proceso migratorio o las que acompa\u00f1an a sus mayores al m\u00e9dico.\u201d<\/p>\n<p>Graciela Gallego Cardona, activista e integrante de La Comala, recuerda que fue la precariedad extrema la que las llev\u00f3 a organizarse: \u201cNos dimos cuenta de que ten\u00edamos derechos, pero trabaj\u00e1bamos en condiciones de gran desprotecci\u00f3n tanto en derechos laborales como derechos humanos.\u201d<\/p>\n<p>La denuncia de las vulneraciones fue solo el primer paso. Como se\u00f1ala Graciela, dar el salto hacia la construcci\u00f3n de alternativas econ\u00f3micas propias \u2014como la creaci\u00f3n de su cooperativa\u2014 ha implicado un proceso largo, lleno de obst\u00e1culos: la falta de recursos, el aislamiento, la dificultad para conciliar tiempos de vida y militancia. Pero tambi\u00e9n ha sido un proceso profundamente transformador: \u201cCrear conciencia en las compa\u00f1eras sobre la necesidad de conocer y reclamar nuestros derechos fue clave. Nos llev\u00f3 a pasar de ser asociaci\u00f3n a ser cooperativa, a entender la acci\u00f3n colectiva como herramienta de cambio.\u201d<\/p>\n<p>Esta transici\u00f3n de la protesta a la propuesta conecta con una de las claves que Roc\u00edo Nogales identifica para radicalizar los procesos de transformaci\u00f3n social: \u201cSi por radicalizar entendemos llevar a la ra\u00edz, entonces hay que apostar por la escucha y la inclusividad radicales. No es tanto el qu\u00e9 hacemos, sino el c\u00f3mo y con qui\u00e9n lo hacemos.\u201d<\/p>\n<h3><strong>La ESS para transformar las relaciones econ\u00f3micas en clave feminista<\/strong><\/h3>\n<p>La ESS propone repensar de ra\u00edz c\u00f3mo organizamos los recursos que sostienen la vida, situando en el centro no solo los bienes materiales, sino tambi\u00e9n los v\u00ednculos, los cuidados y los sue\u00f1os colectivos. Como recuerda Roc\u00edo Nogales, se trata de recuperar la idea de \u201ceconom\u00eda\u201d como gesti\u00f3n de nuestra casa com\u00fan, donde el mercado convive con pr\u00e1cticas de reciprocidad, redistribuci\u00f3n y apoyo mutuo.<\/p>\n<p>Desde esta mirada, la perspectiva feminista no es un a\u00f1adido, sino una fuerza que atraviesa la ESS en su base pol\u00edtica, pr\u00e1ctica y simb\u00f3lica. Ha reforzado su \u201ctu\u00e9tano te\u00f3rico y pol\u00edtico\u201d, como apunta Nogales, aunque a\u00fan queda camino por recorrer para cerrar la brecha entre discurso y pr\u00e1ctica. A menudo, las urgencias econ\u00f3micas relegan los principios feministas a un \u201cdespu\u00e9s\u201d que nunca llega. Carmen Espinar advierte que priorizar \u00fanicamente la viabilidad financiera puede vaciar de sentido la propuesta transformadora de la ESS, si los cuidados, la igualdad y el trabajo digno se dejan para cuando \u201clos n\u00fameros est\u00e9n bien.\u201d<\/p>\n<p>En este contexto, herramientas como el <a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/mecambio\/10-anos-ensenando-corazon\">Balance Social<\/a> han cobrado un papel clave. Esta auditor\u00eda colectiva permite medir c\u00f3mo las entidades de la ESS aplican en su d\u00eda a d\u00eda principios como la equidad, la sostenibilidad o la cooperaci\u00f3n. Los <a href=\"https:\/\/reas.red\/auditoria-social-2023\/\">datos de REAS para 2023<\/a> muestran avances notables: las mujeres representan casi el 65% de las plantillas, ocupan m\u00e1s de la mitad de los cargos de responsabilidad y la <a href=\"https:\/\/www.ine.es\/dyngs\/INEbase\/es\/operacion.htm?\">brecha salarial<\/a> media apenas alcanza el 0,55%, frente al 18% del mercado laboral convencional.<\/p>\n<blockquote><p>Como recuerda Pandora Mirabilia, se trata de llevar el lema \u201cponer la vida en el centro\u201d a lo cotidiano, sin caer en el fetichismo de lo medible y atendiendo a lo peque\u00f1o, lo relacional, lo no cuantificable<\/p><\/blockquote>\n<p>Pero estos logros no son casuales: responden a pr\u00e1cticas conscientes y sostenidas, a decisiones pol\u00edticas tomadas desde las bases. Como recuerda Pandora Mirabilia, se trata de llevar el lema \u201cponer la vida en el centro\u201d a lo cotidiano, sin caer en el fetichismo de lo medible y atendiendo a lo peque\u00f1o, lo relacional, lo no cuantificable. Implica reconocer el conflicto entre capital y vida, entre los ritmos de producci\u00f3n y las necesidades humanas.<\/p>\n<p>Para que esta transformaci\u00f3n sea posible, tambi\u00e9n es necesario repensar los liderazgos, gestionar los conflictos sin ocultarlos y mantener viva una mirada creativa y colaborativa. Espinar lo resume como la capacidad de \u201creconocer el procom\u00fan que nos sostiene, escuchar con empat\u00eda y abordar los retos desde ese axioma: la vida en el centro\u201d. O como dice Sandra Sals\u00f3n, transformar la econom\u00eda feminista es limitar la autoexplotaci\u00f3n, asumir la complejidad y construir colectivamente con lo que tenemos.<\/p>\n<p>As\u00ed, la ESS feminista no ofrece f\u00f3rmulas m\u00e1gicas, pero s\u00ed un horizonte: uno donde lo productivo y lo reproductivo, lo econ\u00f3mico y lo afectivo, dejen de estar enfrentados para empezar a tejer, entre tensiones y aprendizajes, una econom\u00eda m\u00e1s justa, diversa y vivible.<\/p>\n<h3><strong>La ESS, una pr\u00e1ctica viva y situada en Madrid<\/strong><\/h3>\n<p>En los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de 2010, la marea de indignaci\u00f3n del 15-M tambi\u00e9n impregn\u00f3 los tejidos de la Econom\u00eda Social y Solidaria madrile\u00f1a. Aquellas asambleas en plazas y barrios, marcadas por la autogesti\u00f3n, la horizontalidad y la demanda de \u201cotro mundo posible\u201d, reactivaron redes vecinales y propiciaron el nacimiento de cooperativas de consumo, bancos del tiempo y plataformas de trueque con fuerte protagonismo femenino.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando la ESS dej\u00f3 de ser un nicho alternativo \u2014en 2001 se hab\u00eda fundado REAS Madrid\u2014 para integrarse en un movimiento social m\u00e1s amplio, abri\u00e9ndose de lleno a las propuestas feministas. Conceptos como la centralidad de los cuidados, la ruptura de las jerarqu\u00edas o la apuesta por metodolog\u00edas participativas comenzaron a permear los estatutos, asambleas y pr\u00e1cticas cotidianas de muchas entidades. Una transformaci\u00f3n que ha sido posible gracias al impulso constante de las mujeres, que han sabido entrelazar la gesti\u00f3n colectiva con la acci\u00f3n pol\u00edtica transformadora.<\/p>\n<p>Este cruce se consolid\u00f3 de forma visible en marzo de 2018, cuando numerosos proyectos de ESS se sumaron activamente a la gran Huelga Feminista bajo el lema internacional \u201cSi nosotras paramos, se para el mundo\u201d. Aquella jornada marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n: no fue solo una muestra de apoyo, sino la ratificaci\u00f3n de que los feminismos \u2014en plural\u2014 como se\u00f1ala Carmen Espinar durante la entrevista, se hab\u00edan integrado en la propia columna vertebral de la ESS madrile\u00f1a.<\/p>\n<blockquote><p>Hoy el Mercado Social de Madrid agrupa a m\u00e1s de 200 entidades, que van desde peque\u00f1as iniciativas aut\u00f3nomas hasta grandes cooperativas y cuenta con cerca de 900 socias consumidoras<\/p><\/blockquote>\n<p>Otro momento clave fue la transformaci\u00f3n del Mercado Social de Madrid (MES-M), creado como espacio de intercambio entre entidades comprometidas con modelos econ\u00f3micos alternativos. En 2014, pas\u00f3 de ser una asociaci\u00f3n a convertirse en una cooperativa integral. Este cambio le permiti\u00f3 consolidar su estructura y fortalecer redes de apoyo mutuo entre productoras, consumidoras y organizaciones. Hoy agrupa a m\u00e1s de 200 entidades, que van desde peque\u00f1as iniciativas aut\u00f3nomas hasta grandes cooperativas como Tangente o Ecooo, y cuenta con cerca de 900 socias consumidoras comprometidas con el consumo responsable.<\/p>\n<p>La ESS feminista en Madrid, sin embargo, no es un proceso uniforme. Convive con contradicciones, avances lentos y desigualdades internas. Pero tambi\u00e9n con apuestas claras que conjugan autogesti\u00f3n, justicia econ\u00f3mica y lucha contra el racismo y la precariedad. Espinar destaca especialmente la irrupci\u00f3n de nuevas iniciativas lideradas por mujeres migrantes y racializadas: \u201cAhora estamos viendo la llegada a la ESS de entidades y cooperativas formadas por personas migrantes, donde hasta el momento su presencia era y es escasa\u201d. Y recuerda que los feminismos del norte global han aprendido mucho de sus compa\u00f1eras del sur.<\/p>\n<p>Ahora bien, la expansi\u00f3n y el reconocimiento institucional de la ESS no han estado exentos de riesgos. Roc\u00edo Nogales alerta sobre el peligro de la cooptaci\u00f3n o el vaciamiento de su potencial transformador: \u201cLa p\u00e9rdida de la capacidad cr\u00edtica \u2014siempre constructiva y cuidadosa\u2014 hacia nuestros propios movimientos se vuelve en nuestra contra al reducir el potencial de imaginar caminos y estrategias alternativas viables y deseables\u201d. Una cr\u00edtica que resuena en muchas organizaciones cuando se enfrentan al dilema de colaborar con administraciones p\u00fablicas en condiciones que no siempre son justas ni transparentes. \u201cColaborar s\u00ed, cooperar tambi\u00e9n \u2014afirma\u2014, pero raras veces se aclaran las reglas del juego\u201d.<\/p>\n<p>A ello se suma el riesgo de la banalizaci\u00f3n. Como se\u00f1ala Espinar: \u201cLa sombra del greenwashing, con todas las variantes que queramos \u2014igualdad, diversidad, feminismo, procom\u00fan\u2014 siempre va a estar ah\u00ed. Igual que cuando se habla de democracia, concepto tan amplio que permite muchas transgresiones com\u00fanmente aceptadas\u201d. Roc\u00edo Nogales coincide: es necesario resistir la tentaci\u00f3n de adaptar los mensajes a tendencias fugaces si queremos sostener la capacidad transformadora de la ESS.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n existe el peligro de la \u201ccolonizaci\u00f3n de vuelta\u201d en los procesos de cooperaci\u00f3n: imponer modelos de ESS en contextos donde las comunidades ya practican formas ancestrales de reciprocidad, mutualismo o gesti\u00f3n colectiva. Nogales lo resume con cautela: \u201cSon cuestiones que se mueven entre una delgada y fr\u00e1gil l\u00ednea entre respetar y errar el tiro\u201d. Una llamada a la humildad y al reconocimiento de los saberes de las otras, especialmente cuando la ESS del norte entra en di\u00e1logo con pueblos originarios o comunidades campesinas.<\/p>\n<p>A pesar de estos desaf\u00edos, el momento actual est\u00e1 cargado de posibilidades. La conciencia creciente sobre los l\u00edmites del modelo econ\u00f3mico dominante, el fortalecimiento de redes colaborativas y el protagonismo de las mujeres en la construcci\u00f3n de una econom\u00eda m\u00e1s justa representan una base s\u00f3lida desde la cual seguir caminando. Como se\u00f1ala Pandora Mirabilia: \u201cHay que atreverse a so\u00f1ar, aunque no hay f\u00f3rmulas m\u00e1gicas y s\u00ed mucho trabajo\u201d.<\/p>\n<h3><strong>Trazar la historia para imaginar lo que viene<\/strong><\/h3>\n<p>Recuperar esta genealog\u00eda no es solo un ejercicio de memoria, es trazar un mapa de caminos posibles para los retos de hoy y ma\u00f1ana. Las experiencias y pr\u00e1cticas feministas en la econom\u00eda social y solidaria madrile\u00f1a muestran y demuestran que otra forma de producir, intercambiar y convivir ya existe. Est\u00e1 sostenida por mujeres que, a lo largo de cuatro d\u00e9cadas, han tejido cooperativas y colectivos con principios de equidad, justicia social y solidaridad.<\/p>\n<p>Hacer visible esta historia implica tambi\u00e9n politizar la econom\u00eda: entender que producir, cuidar, distribuir y decidir sobre lo com\u00fan son actos profundamente pol\u00edticos. Y que, si queremos imaginar una transici\u00f3n justa, ecofeminista y comunitaria, tenemos que mirar hacia estas redes de econom\u00eda tejida por mujeres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Econom\u00eda Social y Solidaria feminista no ofrece f\u00f3rmulas m\u00e1gicas, pero s\u00ed un horizonte: uno donde lo productivo y lo reproductivo, lo econ\u00f3mico y lo afectivo, dejen de estar enfrentados.<\/p>\n","protected":false},"author":11,"featured_media":181029,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","_relevanssi_hide_post":"","_relevanssi_hide_content":"","_relevanssi_pin_for_all":"","_relevanssi_pin_keywords":"","_relevanssi_unpin_keywords":"","_relevanssi_related_keywords":"","_relevanssi_related_include_ids":"","_relevanssi_related_exclude_ids":"","_relevanssi_related_no_append":"","_relevanssi_related_not_related":"","_relevanssi_related_posts":"","_relevanssi_noindex_reason":"","footnotes":""},"categories":[],"tags":[249,250,1150],"tematicas":[736],"territorios":[845],"destacar_noticias":[1160],"class_list":["post-181028","noticias","type-noticias","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-cooperativismo","tag-economia-social-y-solidaria","tag-mercado-social-madrid","tematicas-feminismos","territorios-madrid","destacar_noticias-portada"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.6 - 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