{"id":186374,"date":"2026-02-09T14:15:01","date_gmt":"2026-02-09T13:15:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/?post_type=noticias&#038;p=186374"},"modified":"2026-02-09T14:16:57","modified_gmt":"2026-02-09T13:16:57","slug":"de-mcdonalds-a-comedor-popular-la-historia-de-lapres-m-en-marsella","status":"publish","type":"noticias","link":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/ca\/noticias\/de-mcdonalds-a-comedor-popular-la-historia-de-lapres-m-en-marsella\/","title":{"rendered":"De McDonald\u2019s a comedor popular, la historia de L\u2019Apr\u00e8s M en Marsella"},"content":{"rendered":"<p>A medida que el tr\u00e1fico se espesa y las naves industriales se alinean a ambos lados de la carretera, se hace evidente que nos acercamos a Marsella. La autopista desciende desde las colinas y el mar, brillante e insistente, se insin\u00faa al fondo, apenas visible entre grafitis, hormig\u00f3n y el vaiv\u00e9n del asfalto.<\/p>\n<p>Marsella es un puerto bendecido por la geograf\u00eda. El Vieux-Port se abre, protector, al\u00a0<a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/mediterraneo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mediterr\u00e1neo<\/a>\u00a0bajo la mirada atenta de la Bonne M\u00e8re. El estuario est\u00e1 sembrado de veleros que entran y salen con una cadencia constante, interrumpida solo por el ir y venir rutinario de los batobus, los ferris urbanos, rumbo a las Calanques o a las \u00celes du Frioul. Es la postal que todo visitante espera.<\/p>\n<p>Pero el azul intenso queda aqu\u00ed, de pronto, lejos. Tomar la salida 35, Saint-Barth\u00e9lemy, es internarse en un tablero de ajedrez roto: un d\u00e9dalo de autopistas elevadas y bloques de vivienda social donde dominan las texturas del hormig\u00f3n gris y el ocre deslavado. En los barrios del norte, las torres id\u00e9nticas se suceden sin fin; viven, por dise\u00f1o o por abandono, de espaldas al Mediterr\u00e1neo. Son paisajes de pura ingenier\u00eda civil, asfalto, cemento y metal, desconectados, en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos y emocionales, del coraz\u00f3n hist\u00f3rico de la ciudad.<\/p>\n<blockquote><p>Del pasado corporativo apenas sobrevive la gran M, intervenida por artistas y reciclada en icono pop, blindada con iron\u00eda frente a cualquier reclamaci\u00f3n de copyright<\/p><\/blockquote>\n<p>En esa monocrom\u00eda de torres, rotondas y vallas de alambre, el ojo busca un punto de encuentro. Una carnicer\u00eda, una tienda de alimentaci\u00f3n, alg\u00fan take away, una parada de bus abarrotada. Hay pocos lugares donde sentarse a compartir un rato. Y entonces, tras el tedio de una rotonda desolada, junto a un cartel municipal que insiste, con optimismo administrativo, en que \u201cMarseille se transforme\u201d, aparece un r\u00f3tulo distinto. Una invitaci\u00f3n sencilla: \u201cComme vous \u00eates, vous venez!\u201d.<\/p>\n<h2>Ven tal y como eres<\/h2>\n<p>Pintado a spray, con el signo de exclamaci\u00f3n transformado en un pu\u00f1o alzado, el lema \u201cVen tal y como eres\u201d condensa la filosof\u00eda de L\u2019Apr\u00e8s M. Nacida en el esqueleto de un antiguo McDonald\u2019s, la cooperativa-restaurante se ha convertido, en apenas cuatro a\u00f1os, en un motor que alimenta a setecientas familias por semana, inserta a vecinos en el mercado laboral y funciona como una aut\u00e9ntica plaza c\u00edvica en el norte de Marsella. Su apuesta es tan simple como radical: utilizar herramientas del mercado para financiar lo com\u00fan y demostrar que la periferia tambi\u00e9n puede dise\u00f1ar su propia ciudad.<\/p>\n<p>Del pasado corporativo apenas sobrevive la gran M, intervenida por artistas y reciclada en icono pop, blindada con iron\u00eda frente a cualquier reclamaci\u00f3n de copyright, y alg\u00fan eco estructural del antiguo fast food. Todo lo esencial fue reescrito: el equipo, el prop\u00f3sito y, sobre todo, el destinatario. Hoy, el cliente final es el barrio.<\/p>\n<blockquote><p>Exl\u00edder sindical, hoy gerente y portavoz del proyecto, Kamel es una figura respetada por los vecinos y por el tejido asociativo marsell\u00e9s<\/p><\/blockquote>\n<p>El esquema es sencillo en su formulaci\u00f3n: un restaurante de acceso universal, men\u00fas a precio subsidiado, empleo con itinerarios de inserci\u00f3n y, por encima de todo, un espacio c\u00edvico donde reunirse sin pedir permiso. A ese n\u00facleo se suma un dispositivo de apoyo que, semana tras semana, reparte cerca de setecientos lotes de v\u00edveres entre las familias m\u00e1s vulnerables. El engranaje se sostiene gracias a una red de unos cuarenta voluntarios, la confluencia de donaciones privadas, alianzas locales y una dosis considerable de organizaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>La distribuci\u00f3n: un lunes marsell\u00e9s<\/h2>\n<p>Llegamos un lunes, d\u00eda de reparto, a media ma\u00f1ana. El servicio lleva horas en marcha; el comedor no abrir\u00e1 hasta que salga el \u00faltimo lote. La cola, ordenada, rodea el edificio: carritos de la compra, bolsas de tela, alg\u00fan cochecito de beb\u00e9. Durante la espera, las conversaciones fluyen. En un cobertizo que hace de punto de distribuci\u00f3n, un voluntario descarga cajas de fruta y revisa etiquetas; a unos pasos, otro controla el orden de entrega con una libreta gastada. Una mujer coloca con cuidado un paquete de pasta en el fondo del carro para que no aplaste las verduras. Nada se acelera; nada se detiene.<\/p>\n<p>Entre el ir y venir aparece Kamel Guemari. Abraza a una vecina, palmea el hombro de un chaval, escucha dos frases y resuelve con una llamada. Sonr\u00ede mucho; se detiene poco. Interrumpirlo ahora ser\u00eda un estorbo.<\/p>\n<p>Cuando se entrega el \u00faltimo lote y la fila se disuelve en el remolino de la rotonda, se abren las puertas del restaurante y asoma la otra mitad del proyecto: mesas altas, tornos de pedido, una pantalla que anuncia los turnos. Todo recuerda a una cadena de comida r\u00e1pida, solo que aqu\u00ed la estrella del men\u00fa es otra: la hamburguesa OVNI, dise\u00f1ada por el chef tres estrellas G\u00e9rald Passedat. En cocina, el murmullo de la plancha caliente; la charla ligera del equipo. Afuera, la rotonda sigue girando bajo el sol de Marsella; adentro, el servicio est\u00e1 a punto de empezar.<\/p>\n<blockquote><p>En 2018, el propietario anunci\u00f3 el cierre por p\u00e9rdidas. Lo que sigui\u00f3 fue una revuelta en miniatura: pancartas improvisadas, asambleas frente al mostrador, c\u00e1maras de televisi\u00f3n a la puerta<\/p><\/blockquote>\n<p>Salimos al exterior, al sol, para aprovechar el mistral fresco de la ma\u00f1ana. Exl\u00edder sindical, hoy gerente y portavoz del proyecto, Kamel es una figura respetada por los vecinos y por el tejido asociativo marsell\u00e9s. Reh\u00faye el foco, pero su verbo claro y su carisma tranquilo lo han convertido en una referencia. Con una sonrisa, nos da la bienvenida.<\/p>\n<h2>De la lucha sindical al motor social<\/h2>\n<p>El McDonald\u2019s de Saint-Barth\u00e9lemy abri\u00f3 en 1992, entre bloques de hormig\u00f3n y tr\u00e1fico denso. \u201cLlegaron con promesas de empleo\u201d, recuerda Kamel. Promet\u00edan modernidad, trabajo, progreso. Lo que encontraron fue un barrio sin plaza y, sin propon\u00e9rselo, el local acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en su punto de encuentro: un refugio accidental donde los vecinos se cruzaban, los j\u00f3venes buscaban wifi y los trabajadores mataban el tiempo antes del turno. A su manera, aquella franquicia de rotonda termin\u00f3 siendo la plaza del pueblo.<\/p>\n<p>Pero las promesas eran eso, promesas. Pronto chocaron dos mundos: los empleados, con contratos precarios y sueldos m\u00ednimos, y una multinacional tan impersonal como su logotipo. \u201cLa pelea empez\u00f3 por c\u00e9ntimos y turnos\u201d, dice Kamel, \u201cy termin\u00f3 logrando avances que se extendieron a otras ciudades de Francia e incluso fuera del pa\u00eds\u201d. Durante a\u00f1os, el local fue un laboratorio sindical donde se negociaban dignidades a peque\u00f1a escala.<\/p>\n<blockquote><p>Desde abril de 2021, m\u00e1s de 5.000 hogares se han inscrito para recibir ayuda alimentaria. Cada semana salen de aqu\u00ed unos 700 lotes; unas ochenta familias los reciben a domicilio<\/p><\/blockquote>\n<p>En 2018, el propietario anunci\u00f3 el cierre por p\u00e9rdidas. Lo que sigui\u00f3 fue una revuelta en miniatura: pancartas improvisadas, asambleas frente al mostrador, c\u00e1maras de televisi\u00f3n a la puerta. Ir\u00f3nicamente, en un pa\u00eds habituado a protestar contra McDonald\u2019s, esta vez se protestaba para mantenerlo abierto. En el punto \u00e1lgido, Kamel, que hab\u00eda empezado all\u00ed como encargado de turno, amenaz\u00f3 con prenderse fuego dentro del local. \u201cSi cierran, me quemo aqu\u00ed\u201d. La escena recorri\u00f3 los informativos nacionales, pero no evit\u00f3 lo inevitable. La persiana baj\u00f3, setenta y siete sueldos quedaron en el aire y el barrio perdi\u00f3 su \u00fanica plaza.<\/p>\n<p>Dos meses despu\u00e9s lleg\u00f3 el confinamiento. Calles vac\u00edas, supermercados saturados, neveras medio vac\u00edas. El local reabri\u00f3 por necesidad. Donde antes hab\u00eda men\u00fas, aparecieron pal\u00e9s, listas y voluntarios. Exempleados, vecinos, sindicatos y colectivos transformaron el espacio en un almac\u00e9n solidario. En cuesti\u00f3n de d\u00edas, el viejo restaurante se convirti\u00f3 en una de las mayores plataformas de reparto de alimentos de Marsella.<\/p>\n<h2>Cuando el conflicto se convierte en proyecto<\/h2>\n<p>Pasada la urgencia, el hambre segu\u00eda ah\u00ed. En abril de 2021, de aquel impulso naci\u00f3 la asociaci\u00f3n La Part du Peuple y tom\u00f3 forma la SCIC L\u2019Apr\u00e8s M, una cooperativa de inter\u00e9s colectivo. El mecanismo era simple y profundamente pol\u00edtico: un restaurante econ\u00f3mico que financia ayuda social; una ayuda social que refuerza comunidad; itinerarios de inserci\u00f3n que convierten el lugar en un ascensor social.<\/p>\n<p>\u201cEl proyecto no distingue or\u00edgenes: todos son bienvenidos\u201d, repite Kamel, con la serenidad de quien ha pronunciado esa frase muchas veces. Luego baja la voz y ampl\u00eda el foco: \u201cNo hay lucha de colores; hay lucha de clases. Esto va contra el capitalismo voraz y el individualismo, contra la idea de que cada cual se salva solo\u201d.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-186380 alignnone\" src=\"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/mac-donalds-marsella-comedor-social.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/mac-donalds-marsella-comedor-social.jpg 800w, https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/mac-donalds-marsella-comedor-social-480x320.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw\" \/><\/p>\n<figure class=\"figure real\"><figcaption class=\"figure-caption\">\n<div class=\"row justify-content-end d-flex\">\n<div class=\"pie\">Foto a\u00e9rea de la acci\u00f3n Laissez-nous les cl\u00e9s (D\u00e9jennos las llaves). \u00a9 Cineya Productions.<\/div>\n<\/div>\n<\/figcaption><\/figure>\n<p>Aunque se declaran apartidistas, el ADN pol\u00edtico de L\u2019Apr\u00e8s M es inconfundible. Brota de la experiencia sindical, se alimenta de la denuncia constante de la evasi\u00f3n fiscal de las grandes corporaciones y enlaza con otras batallas obreras hist\u00f3ricas, como la de la relojer\u00eda LIP, gestionada por sus trabajadores. La referencia ideol\u00f3gica es expl\u00edcita y se ancla en la acci\u00f3n directa. Kamel cita a los Black Panthers: primero alimentar el est\u00f3mago, despu\u00e9s el alma.<\/p>\n<p>Habla con la autoridad de quien conoce el hambre. En los barrios del norte, dice, la comida no se da por sentada: ni\u00f1os que llegan a clase con el est\u00f3mago vac\u00edo, j\u00f3venes que, en uno de los pa\u00edses m\u00e1s ricos del mundo, ven c\u00f3mo el alquiler o la idea de formar una familia se vuelven quimeras. \u201cEncontrar un trabajo es el primer escal\u00f3n de la dignidad\u201d, insiste. Y lo sabe: trabaj\u00f3 en este mismo McDonald\u2019s, repartiendo bandejas y horas extra.<\/p>\n<p>L\u2019Apr\u00e8s M no se limita a tapar agujeros del Estado. Dise\u00f1a itinerarios, forma a los reci\u00e9n llegados y demuestra, con hechos, que otra econom\u00eda es posible. Desde abril de 2021, m\u00e1s de 5.000 hogares se han inscrito para recibir ayuda alimentaria. Cada semana salen de aqu\u00ed unos 700 lotes; unas ochenta familias los reciben a domicilio. En paralelo, el restaurante sigue funcionando, genera ingresos y redistribuye recursos.<\/p>\n<p>El c\u00edrculo virtuoso ha devuelto al lugar lo que siempre debi\u00f3 ser: una plaza c\u00edvica. Aqu\u00ed se come, se conversa, se tramitan papeles, se anuncian eventos. Cuerpo, coraz\u00f3n y cabeza. Alimento, apoyo mutuo y una agenda que mantiene vivo el pulso del barrio.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, persiste la pregunta inevitable, seca y contable, que aparece a final de mes: cuando se apaga el rumor del comedor y llega la factura, \u00bfqui\u00e9n la paga?<\/p>\n<h2>La realidad contable: cuando la utop\u00eda paga las facturas<\/h2>\n<p>Incluso las utop\u00edas m\u00e1s nobles necesitan cuadrar las cuentas. En L\u2019Apr\u00e8s M, los ideales no se miden en manifiestos ni en discursos, sino en columnas de Excel: facturas que hay que pagar, recibos que vencen y el temor persistente a que un d\u00eda el saldo marque cero. Cada gesto solidario descansa, al final, en algo tan prosaico y decisivo como una factura abonada a tiempo.<\/p>\n<div id=\"central-grande\" class=\"anuncio bloque-activo\" data-name=\"central-grande\">\n<p>El proyecto es inquilino directo del Ayuntamiento de Marsella bajo un contrato 3-6-9. Quince mil ciento veintis\u00e9is euros cada trimestre, cuatro veces al a\u00f1o, que caen sobre la mesa con la regularidad de un jarro de agua fr\u00eda. Entonces se abre la carpeta azul: la luz de las c\u00e1maras frigor\u00edficas, los sacos de harina, el gas, los seguros. Cada l\u00ednea del presupuesto implica una decisi\u00f3n tomada con el pulso contenido. \u00bfQu\u00e9 se paga primero? \u00bfQu\u00e9 puede esperar?<\/p>\n<blockquote><p>En un entorno asociativo donde la palabra beneficio suele despertar suspicacias, aqu\u00ed se ha convertido en sin\u00f3nimo de supervivencia colectiva<\/p><\/blockquote>\n<p>La visibilidad internacional, del<i>\u00a0New York Times\u00a0<\/i>al\u00a0<i>Washington Post,<\/i>\u00a0trajo tambi\u00e9n su contrapeso: el escrutinio.\u00a0<i>Le Figaro\u00a0<\/i>cuestion\u00f3 su viabilidad econ\u00f3mica. Desde la cocina, la respuesta fue simple: las cuentas est\u00e1n abiertas. El ejercicio de 2024 se cerr\u00f3 pr\u00e1cticamente en equilibrio, con las inversiones iniciales ya amortizadas. Pero la estabilidad sigue siendo fr\u00e1gil. La tesorer\u00eda ajustada obliga a compensar con horas voluntarias lo que no alcanza con dinero. Las campa\u00f1as de comunicaci\u00f3n se redactan entre turnos, desde un port\u00e1til viejo, con la tecla de la \u201cN\u201d rota, y un Excel que nunca termina de cerrarse.<\/p>\n<p>Kamel lo dice sin rodeos: \u201cTener beneficios importa\u201d. No para repartir dividendos, sino para sostener aquello que no genera ingresos: el combustible de la furgoneta, las horas de acompa\u00f1amiento social, la programaci\u00f3n cultural. \u201cL\u2019Apr\u00e8s M no es una empresa cualquiera. Es un instrumento econ\u00f3mico al servicio del inter\u00e9s p\u00fablico. Redistribuimos nuestros beneficios en actividades solidarias. Somos una empresa de inserci\u00f3n y, al mismo tiempo, una herramienta c\u00edvica\u201d. En un entorno asociativo donde la palabra beneficio suele despertar suspicacias, aqu\u00ed se ha convertido en sin\u00f3nimo de supervivencia colectiva. Ganar dinero no es un fin. Es la condici\u00f3n de posibilidad de lo com\u00fan.<\/p>\n<p>Con el Ayuntamiento, su casero, la relaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de la foto institucional. Es una coproducci\u00f3n permanente, tensa y necesaria. \u201cMantenemos una escucha mutua para responder mejor a las necesidades del territorio\u201d, explican en el equipo. La convivencia, sin embargo, no siempre resulta sencilla. Un representante lleg\u00f3 a decirles que no hablaban \u201cel lenguaje institucional\u201d. Ellos se rieron. \u201cNuestro franc\u00e9s es correcto, sabemos usar un ordenador y procuramos no cometer faltas de ortograf\u00eda. \u00bfCu\u00e1l es entonces ese lenguaje institucional?\u201d. La an\u00e9cdota encierra una verdad menos amable: hablar desde los m\u00e1rgenes exige traducirse constantemente.<\/p>\n<p>En un barrio acostumbrado a las\u00a0<em>op\u00e9rations place nette<\/em>, con su ruido, chalecos policiales, c\u00e1maras y estigmatizaci\u00f3n, la mera persistencia de L\u2019Apr\u00e8s M tiene algo de milagro civil. Su obstinaci\u00f3n en permanecer en Saint-Barth\u00e9lemy es una forma de resistencia silenciosa. Una desobediencia \u00fatil.<\/p>\n<h2>Dejando atr\u00e1s la rotonda: la geograf\u00eda del cambio<\/h2>\n<p>La rotonda frente al restaurante es una buena atalaya para pensar la ciudad. Desde aqu\u00ed se intuyen las costuras deshilachadas de Marsella: trabajadores en patinete, cansados de esperar un autob\u00fas que no llega; cuatro \u00e1rboles raqu\u00edticos sin sombra; el asfalto que reverbera; carteles de promesas rotas agit\u00e1ndose al viento. Tambi\u00e9n se percibe la otra cara. Un hombre, impecablemente vestido, se acerca, interrumpe nuestra conversaci\u00f3n y pregunta c\u00f3mo puede donar. Entre el calor, el ruido y el polvo, la solidaridad aparece sin protocolo.<\/p>\n<p>Queda mucho por hacer. Pero, por mucho que defienda el distrito 14, L\u2019Apr\u00e8s M no quiere mirarse solo a s\u00ed misma. \u201cResponder a la urgencia est\u00e1 bien\u201d, dicen, \u201cpero \u00bfc\u00f3mo ir m\u00e1s all\u00e1?\u201d.<\/p>\n<p>Ideas no faltan. L\u2019Apr\u00e8s M quiere llevar su fastronom\u00eda social, producto fresco, de proximidad y a precios justos, m\u00e1s all\u00e1 del barrio. El objetivo es abrir nuevos puntos de venta en Marsella y, quiz\u00e1, en otras ciudades. De momento, el proyecto viaja. Del Delta Festival al Mucem, donde la cocina opera como embajada itinerante de otra forma de comunidad. El pasado verano trasladaron su mesa al centro, con un pop-up en La Canebi\u00e8re, la gran arteria de la ciudad. Otro c\u00f3digo postal, otras reglas. \u201cQuer\u00edamos tender un puente entre la ciudad y los barrios\u201d, explic\u00f3 Kamel en redes. Una frase sencilla para una ambici\u00f3n enorme: que la periferia deje de ser un lugar al que se va a ayudar y empiece a ser un lugar desde el que pensar la ciudad.<\/p>\n<blockquote><p>La tercera edici\u00f3n del festival Peace and Love incorpor\u00f3 cine, m\u00fasica y debate social, y sirvi\u00f3 de marco para la presentaci\u00f3n del documental Laissez-nous les cl\u00e9s (D\u00e9jennos las llaves)<\/p><\/blockquote>\n<p>Cuando el puente no puede ser f\u00edsico, se vuelve sonoro. En septiembre naci\u00f3 La Radio du Peuple, una emisora modesta pero obstinada que transforma el ruido del barrio en voz colectiva. Las ondas llegan m\u00e1s lejos que cualquier folleto: entrevistas a vecinos, debates, avisos de \u00faltima hora. En una ciudad donde tantos sienten que nadie les escucha, la radio suena como una ventana abierta.<\/p>\n<p>En oto\u00f1o, L\u2019Apr\u00e8s M ampli\u00f3 su campo de acci\u00f3n. La tercera edici\u00f3n del festival Peace and Love incorpor\u00f3 cine, m\u00fasica y debate social, y sirvi\u00f3 de marco para la presentaci\u00f3n del documental Laissez-nous les cl\u00e9s (D\u00e9jennos las llaves). M\u00e1s all\u00e1 de la programaci\u00f3n, el gesto apuntaba en una misma direcci\u00f3n: el proyecto empezaba a pensarse tambi\u00e9n como espacio cultural y pol\u00edtico, no solo alimentario.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del comedor y de la cola de los lunes, L\u2019Apr\u00e8s M funciona en un territorio menos visible. All\u00ed donde otros sistemas se detienen, este contin\u00faa. Los alimentos que no llegan a las mesas, sobre todo frutas y verduras demasiado maduras o irregulares, no se descartan. Se transforman. De esa l\u00f3gica han nacido una peque\u00f1a conservera y una unidad de micro-metanizaci\u00f3n que convierte restos org\u00e1nicos en energ\u00eda.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-186384 alignnone\" src=\"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Photo-Decembre.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"1120\" srcset=\"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Photo-Decembre.jpg 800w, https:\/\/www.economiasolidaria.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Photo-Decembre-480x672.jpg 480w\" sizes=\"(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw\" \/><\/p>\n<figure class=\"figure real\"><figcaption class=\"figure-caption\">\n<div class=\"row justify-content-end d-flex\">\n<div class=\"pie\">Montaje de La \u00faltima cena en L\u2019Apr\u00e8s M. Calendario Le Dernier Calendrier: \u00a9 Manon Sima y Victor Janjic \/ Le Dernier Calendrier.<\/div>\n<\/div>\n<\/figcaption><\/figure>\n<p>Pero L\u2019Apr\u00e8s M no se detiene en la ayuda alimentaria. Con la Cl\u00ednica del Apoyo Mutuo acompa\u00f1a tr\u00e1mites y detecta los frenos invisibles que empujan a muchas familias a la precariedad. El primero, y m\u00e1s persistente, es la vivienda. Para quienes participan en los itinerarios de inserci\u00f3n, conseguir un techo estable sigue siendo el gran obst\u00e1culo. Por eso la cooperativa trabaja con propietarios p\u00fablicos y semip\u00fablicos de vivienda social y se plantea, a largo plazo, crear una comunidad residencial que sirva de refugio y punto de partida hacia la autonom\u00eda.<\/p>\n<p>Para que todo eso ocurra sin vivir al filo, me dicen, les gustar\u00eda poder acceder a un<a href=\"https:\/\/www.enerfip.eu\/es\/glosario\/arrendamiento-enfiteutico\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\u00a0arrendamiento enfit\u00e9utico<\/a>\u00a0o incluso a un<i>\u00a0cr\u00e9dit-bail,\u00a0<\/i>una f\u00f3rmula cercana al<i>\u00a0leasing,<\/i>\u00a0que permitir\u00eda estabilizar el coste del local y aliviar la tesorer\u00eda. Con una caja menos tensa, el proyecto depender\u00eda menos de la\u00a0<i>cagnotte<\/i>, la hucha solidaria que mantienen abierta en su web, y podr\u00eda concentrar su energ\u00eda en lo esencial: empleo, comida, comunidad.<\/p>\n<h2>Desde los m\u00e1rgenes<\/h2>\n<p>El sol cae a plomo sobre la rotonda. Kamel tiene que volver a los quehaceres, que no son pocos. Antes de despedirnos, le pregunto por los v\u00ednculos con otras iniciativas. Al fin y al cabo, los problemas se repiten. Sonr\u00ede y responde con otra pregunta.<\/p>\n<p>\u201cSi tienes un bien y no lo compartes, \u00bfes realmente un bien?\u201d<\/p>\n<p>Hace una pausa m\u00ednima, lo justo para que la frase se asiente, y se responde a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u201cUn bien es mejor compartido\u201d.<\/p>\n<p>Encogi\u00e9ndose de hombros, a\u00f1ade que est\u00e1n dispuestos a entregar la receta a quien la pida. Cuanto m\u00e1s se extienda el modelo, mejor para todos.<\/p>\n<p>Permanecer en un territorio del que tantos se marchan ya es un gesto pol\u00edtico. Aqu\u00ed, en Saint-Barth\u00e9lemy, resistir significa pagar el alquiler a tiempo, mantener la luz encendida y seguir sirviendo comidas en un local que la l\u00f3gica del mercado hab\u00eda dado por amortizado. L\u2019Apr\u00e8s M no se limita a sobrevivir. Persiste. Y al convertir la rutina, abrir, cocinar, repartir, en h\u00e1bito c\u00edvico, vuelve practicable la palabra comunidad.<\/p>\n<p>Pero quedarse no implica inmovilizarse. Cada vez que el equipo cruza la ciudad, cada vez que su hamburguesa OVNI aparece en el puerto o en un festival, el mapa simb\u00f3lico de Marsella se desplaza un poco. La periferia se mueve, se hace visible, reescribe su papel. En ese ir y venir, los habitantes de Saint-Barth\u00e9lemy no solo exportan un modelo solidario. Ensayan otra geograf\u00eda urbana, m\u00e1s abierta, m\u00e1s porosa, m\u00e1s cosmopolita.<\/p>\n<p>\u201cNuestro territorio es\u00a0<em>de partout<\/em>, est\u00e1 en todas partes\u201d, dice Kamel con una sonrisa serena. \u201cEs cosmopolita, a la altura de Marsella\u201d.<\/p>\n<p>Afuera, el cartel del Ayuntamiento sigue proclamando que Marseille se transforme. Quiz\u00e1 sea cierto. Solo que, esta vez, el cambio empieza en la rotonda.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/economia-social\/apres-marsella-mcdonalds-recuperado\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El Salto<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una antigua franquicia del norte de Marsella, una cooperativa-restaurante ha reescrito las reglas del mercado: transforma los ingresos en bien com\u00fan y reinvierte los excedentes en servicios sociales. 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