{"id":74763,"date":"2016-07-07T00:00:00","date_gmt":"2016-07-06T23:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/recursos\/mas-alla-del-cooperativismo-mas-alla-de-la-economia-social\/"},"modified":"2020-07-09T11:41:33","modified_gmt":"2020-07-09T10:41:33","slug":"biblioteca-mas-alla-del-cooperativismo-mas-alla-de-la-economia-social","status":"publish","type":"recursos","link":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/eu\/recursos\/biblioteca-mas-alla-del-cooperativismo-mas-alla-de-la-economia-social\/","title":{"rendered":"M\u00e1s all\u00e1 del cooperativismo, m\u00e1s all\u00e1 de la econom\u00eda social"},"content":{"rendered":"<p><em>Por Fundaci\u00f3n de los Comunes en <a href=\"https:\/\/www.diagonalperiodico.net\/blogs\/funda\/mas-alla-del-cooperativismo-mas-alla-la-economia-social.html\">Diagonal Peri\u00f3dico<\/a><br \/><\/em><\/p>\n<p><em>El pasado fin de semana tuvieron lugar las <a href=\"http:\/\/mac1.uno\/\" rel=\"nofollow\">Primeras jornadas de municipalismo, autogobierno y contrapoder<\/a>. Para seguir con los debates que se dieron entonces y para preparar los del siguiente encuentro proponemos <a href=\"http:\/\/mac1.uno\/materiales\/\">esta serie de art\u00edculos<\/a> que empiezan con la cuesti\u00f3n del cooperativismo.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/twitter.com\/emmanuelrog\" rel=\"nofollow\">Por Emmanuel Rodr\u00edguez<\/a> y <a href=\"https:\/\/twitter.com\/david7g\" rel=\"nofollow\">David G\u00e1mez<\/a> (Traficantes de Sue\u00f1os)<\/p>\n<p>El cooperativismo ha tenido una tendencia, con larga historia, a considerarse como una realidad (cumplida) de transformaci\u00f3n social. La idea podr\u00eda resumirse como sigue:<!--break--> basta producir de forma cooperativa y democr\u00e1tica, con relaciones horizontales que primen la equidad, la solidaridad, el respeto al medio ambiente y cierta atenci\u00f3n al principio \u00abde cada cual seg\u00fan su capacidad a cada cual seg\u00fan su necesidad\u00bb para que podamos decir que estamos algo m\u00e1s cerca de un modelo econ\u00f3mico alternativo \u2014socialista, comunista se dir\u00eda hace alg\u00fan tiempo\u2014 a las relaciones de \u201cmercado\u201d, o por hablar con propiedad, a las relaciones capitalistas. Aunque en estricto sentido esta idea es cierta, creemos que carece del necesario rigor a la hora de servir de est\u00edmulo a la expansi\u00f3n y politizaci\u00f3n del cooperativismo, y a la postre como herramienta de transformaci\u00f3n. <strong>La presunci\u00f3n de \u201ces una alternativa\u201d tiende a encerrar al cooperativismo en una c\u00e1psula autosuficiente<\/strong> y limitante de lo que son y para lo que pueden servir estos experimentos de econom\u00eda alternativa.<\/p>\n<p>Lo que sigue son apenas unas notas a fin de discutir (e incluso definir) una hip\u00f3tesis pol\u00edtica para el movimiento que hoy se organiza en torno a la econom\u00eda social. <strong>El an\u00e1lisis arranca de los l\u00edmites y problemas de la econom\u00eda social, lo que llamamos su \u201cd\u00e9ficit de politicidad\u201d, a partir de dos premisas<\/strong>. Una primera que consiste en hacer un m\u00ednimo an\u00e1lisis sobre la historia del cooperativismo (mutualismo ser\u00eda una palabra m\u00e1s apropiada), centrado en dos momentos: el mutualismo obrero que se desarrolla entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del XX, y en segundo lugar, el cooperativismo (tambi\u00e9n obrero) de los a\u00f1os setenta y ochenta. Este desarrollo nos conduce al momento actual, que definimos como una tercera fase en torno a la \u201ceconom\u00eda social\u201d. La segunda premisa se despliega en tensi\u00f3n con las condiciones de desarrollo de la econom\u00eda social, lo que tambi\u00e9n con una palabra vieja debemos llamar \u201ceconom\u00eda pol\u00edtica\u201d, es decir: las condiciones del mercado actual (globalizado), la regulaci\u00f3n \u201cneoliberal\u201d de la organizaci\u00f3n productiva, los nichos de la econom\u00eda social y tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre esta y los movimientos de protesta de los que, muchas veces, arranca. A partir de este an\u00e1lisis tratamos de esbozar una hip\u00f3tesis pol\u00edtica, al tiempo que la tratamos de probarla en condiciones concretas.<\/p>\n<p><strong>Algo de historia<\/strong><\/p>\n<p>Hacia la d\u00e9cada de 1830-1840 \u2014llevaba alg\u00fan tiempo cocin\u00e1ndose\u2014 se expande por el continente europeo, y especialmente entre las figuras de un nuevo artesanado cada vez m\u00e1s desprovisto de las condiciones que organizaban su oficio, la idea (entonces de dec\u00eda en may\u00fasculas \u201cLa Idea\u201d) de la \u201casociaci\u00f3n obrera\u201d. <strong>Se trataba de algo sencillo: fomentar la uni\u00f3n de los trabajadores, arrancados de sus viejas tradiciones gremiales<\/strong>, para defender las condiciones de su oficio, pero tambi\u00e9n para organizar la producci\u00f3n al margen de las condiciones de \u201ccompetencia\u201d que en aquellos tiempos se consideraban el origen de todos los males obreros: la depresi\u00f3n de los salarios impuesta por los emergentes mercados nacionales e internacionales, las continuas crisis que arruinaban a las empresas y produc\u00edan el fen\u00f3meno del paro, la insolidariad y \u201csoledad\u201d del obrero.<\/p>\n<p>Si se atiende bien, en aquellos tiempos de formaci\u00f3n de la clase obrera, sindicato y cooperativa apenas eran distinguibles. La Idea (en may\u00fasculas) era la \u201cmutualidad obrera\u201d, una asociaci\u00f3n-cooperativa de defensa y apoyo mutuo de los obreros, que <strong>pod\u00edan compartir desde la propiedad colectiva de un taller hasta la puesta en marcha de un economato (cooperativa de consumo), pasando por la organizaci\u00f3n de seguros para viudas, hu\u00e9rfanos, enfermos y lisiados<\/strong>. Ante la total ausencia del Estado, entonces reducido a ser polic\u00eda, ej\u00e9rcito y ley, la asociaci\u00f3n obrera se convierte en la \u201calternativa\u201d para el naciente mundo obrero. Todo el socialismo ut\u00f3pico (Saint Simon, Fourier, Owen) trabajaba para recuperar o negar esta idea de la asociaci\u00f3n obrera, para buscar una reconciliaci\u00f3n entre capital y trabajo que impidiese la extensi\u00f3n de las condiciones de competencia capitalista. No hace falta recordar aqu\u00ed la cr\u00edtica de Marx sobre estos socialismos, acerca de su \u201cfalta\u201d de m\u00e9todo cient\u00edfico, pero conviene se\u00f1alar, en cualquier caso, la <strong>incapacidad de estos socialistas para reconocer que entre capital y trabajo exist\u00eda(e) un antagonismo irreconciliable<\/strong>.<\/p>\n<p>De hecho quiz\u00e1s, la transici\u00f3n del socialismo ut\u00f3pico (de car\u00e1cter reaccionario o burgu\u00e9s) a un socialismo, propiamente obrero, se encuentra en el momento en el que el naciente movimiento obrero toma la idea del mutualismo, como la base de un proyecto pol\u00edtico propio. Fue seguramente Proudhom y el primer anarquismo, los que dieron el primer cuerpo te\u00f3rico y de proyecto \u201csocialista\u201d a esta hip\u00f3tesis a partir de los principios del mutualismo y el apoyo mutuo: la idea de una \u201casociaci\u00f3n libre de trabajadores, agrupados y libremente federados\u201d en sus respectivos oficios y talleres. Los textos de la Primera Internacional (1864-1976) est\u00e1n trufados de \u201cproudhonismo\u201d, de base mutualista, la autoorganizaci\u00f3n de los artesanos a partir de sus \u201casociaciones\u201d, sin apoyo del Estado.<\/p>\n<p>Lo cierto es que la evoluci\u00f3n de la econom\u00eda capitalista (la tercera y cuarta ola de la revoluci\u00f3n industrial), posterior a la Comuna de Par\u00eds de 1871 y el fracaso de la Primera Internacional, tendieron a desmentir, o m\u00e1s bien, a hacer cada vez m\u00e1s obsoleta la primitiva idea del mutualismo obrero. Los cambios se produjeron en todos los \u00f3rdenes. En el desarrollo del capitalismo decimon\u00f3nico se produjo un nuevo salto en la generalizaci\u00f3n de la gran industria y una nueva vuelta de tuerca en la proletarizaci\u00f3n del trabajo. Las nuevas figuras obreras son definitivamente arrancadas de los peque\u00f1os talleres y de las tradiciones de oficio, y aplicadas en grandes f\u00e1bricas con una organizaci\u00f3n moderna del trabajo. El proceso se acent\u00faa todav\u00eda m\u00e1s a partir de la generalizaci\u00f3n de las cadenas de montaje y el taylorismo (d\u00e9cadas de 1910-1930). Del mismo modo, <strong>las nuevas organizaciones industriales, pero tambi\u00e9n el Estado, acabar\u00e1n por pisar el suelo de las mutualidades obreras, ocupando el terreno en el que hab\u00edan tenido un mayor desarrollo: las mutuas por enfermedad, seguros, etc<\/strong>. Desde Bismark, siempre con el fin de hacer frente al emergente movimiento socialista, se desarrolla el Estado social, que se concibe como un inverso del mutualismo, una gigantesca mutua autoritaria organizada por los seguros del Estado.<\/p>\n<p>La acelerada divisi\u00f3n del trabajo, los efectos de una organizaci\u00f3n del trabajo cada vez m\u00e1s compleja y abstracta, la ampliaci\u00f3n a escala mundo del mercado global, \u201calienan\u201d progresivamente al trabajador de sus viejas tradiciones que eran la base del mutualismo. <strong>Progresivamente el movimiento obrero se \u201csindicaliza\u201d<\/strong>. Surgen grandes sindicatos (a veces acompa\u00f1ados de grandes partidos pol\u00edticos: los de la II Internacional) capaces de enfrentarse a las nuevas corporaciones capitalistas en su mismo terreno: la gran huelga, la paralizaci\u00f3n de una industria e incluso de una econom\u00eda nacional al completo, la toma del Estado. Se entiende que el capitalismo ha \u201csocializado\u201d progresivamente la producci\u00f3n (en los trusts, las sociedades por acciones, etc) y el mando (en el Estado nacional moderno). Bastar\u00e1 entonces con tomar los medios de producci\u00f3n y el Estado, para someterlos bajo mando obrero (la famosa dictadura del proletariado) a las condiciones de producci\u00f3n del socialismo.<\/p>\n<p>No obstante, el viejo mutualismo obrero (y todo su entramado cooperativo) no desaparecer\u00e1, conservando un papel relevante en la vida obrera. El economato, la cooperativa de consumo, los peque\u00f1os talleres o servicios para cuestiones b\u00e1sicas, as\u00ed como el asociacionismo cultural (que iba desde las \u201ctabernas socialistas\u201d hasta los orfeones tambi\u00e9n socialistas), seguir\u00e1n marcando la vida proletaria, su sociabilidad, su solidaridad concreta y efectiva. Pero la diferencia es que la \u201chip\u00f3tesis\u201d estrat\u00e9gica, y con ello el proyecto pol\u00edtico, ha sufrido un desplazamiento radical.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed conviene no hacer una lectura simple, como aquella que se\u00f1ala el desplazamiento del mutualismo proudhoniano al marxismo y los partidos de la segunda Internacional como una opci\u00f3n obligada. En este desplazamiento (desde luego mucho m\u00e1s rico que lo que aqu\u00ed se puede demostrar) el movimiento obrero responde a unas condiciones econ\u00f3mica y pol\u00edticas que han mutado. El propio anarquismo espa\u00f1ol dar\u00e1 un viraje similar, al del resto del movimiento obrero europeo, que le llevar\u00e1, por medio una larga traves\u00eda, de la derrota de la I Internacional y la Primera Rep\u00fablica a la formaci\u00f3n de sindicatos y en 1910 a la constituci\u00f3n de la CNT. Y tambi\u00e9n en el anarcosindicalismo hispano se pueden ver discusiones parecidas a las que se sostienen en el socialismo, y luego en el comunismo, europeos. Como en este, <strong>dentro del magma de la CNT y del mundo libertario hispano sobrevivi\u00f3 una fuerte tendencia mutualista y un entorno cooperativo desarrollado<\/strong>, pero este no dejo de ser criticado como \u201cinsuficiente\u201d frente a la preparaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n y la colectivizaci\u00f3n de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si se pueden sacar algunas conclusiones r\u00e1pidas del desarrollo del mutualismo obrero es que este no dej\u00f3 de pensarse, en ning\u00fan momento, como una herramienta a un tiempo econ\u00f3mica y pol\u00edtica de defensa de una nueva clase social. <strong>Siempre existi\u00f3 una tendencia a \u201cdespolitizar\u201d el mutualismo como una mera mejora de la producci\u00f3n frente a los excesos de la competencia capitalista<\/strong>. Si se observa bien, esto es lo que luego explotaron formas de cooperativismo \u201ca medias\u201d, como las que impulsa el sindicalismo cat\u00f3lico desde la primera d\u00e9cada del siglo XX, especialmente en aquellos sectores sometidos a un intenso proceso de transformaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n y a nuevas condiciones de mercado, como los peque\u00f1os campesinos propietarios. Pero lo crucial aqu\u00ed, es que mientras existi\u00f3 movimiento obrero y pol\u00edtica obrera, el cooperativismo ocup\u00f3 un papel m\u00e1s o menos destacado seg\u00fan las condiciones del momento, y el valor pol\u00edtico en t\u00e9rminos de \u201cofensiva\u201d del propio experimento cooperativo. Pasemos al segundo momento.<\/p>\n<p>1973, los precios del petr\u00f3leo se multiplican por tres en el espacio de unos pocos meses debido a la guerra del Yom Kippur y la fundaci\u00f3n de la OPEP. Desde 1968, al menos, la agitaci\u00f3n en los grandes centros industriales de Occidente empuja los salarios por encima de los pactos keynesianos que los ligaban a los incrementos de productividad. La crisis est\u00e1 servida. Son a\u00f1os de huelgas salvajes, de cr\u00edtica al sindicato como \u201cgestor del capital\u201d, de consignas an\u00f3malas como la del \u201crechazo del trabajo\u201d&#8230; En muchas f\u00e1bricas, al patr\u00f3n ya no le sale a cuenta producir en esas condiciones. Y la abandona. En ocasiones, los obreros se hacen cargo de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>Toman las f\u00e1bricas con ideas que no corresponden exactamente con el grueso de la reivindicaci\u00f3n obrera principal: menos horario, m\u00e1s salario. <strong>Se apoyan en los viejos conceptos del consejismo obrero, de la autogesti\u00f3n<\/strong> (entonces todav\u00eda circulaba cierta idealizaci\u00f3n del experimento yugoslavo). En Espa\u00f1a m\u00e1s de un millar de unidades productivas son as\u00ed tomadas por los propios trabajadores. Se calcula que son m\u00e1s de cien mil los trabajadores y trabajadoras que participan en estas experiencias. El gobierno socialista se ve obligado a reconocerlas y crea una figura nueva parecida aunque atemperada a la del viejo \u201ccooperativismo\u201d: las sociedades laborales.<\/p>\n<p>La experiencia de este industrialismo cooperativo es, no obstante, agridulce. Se produce al final de un ciclo de movilizaci\u00f3n obrera que acaba en derrota pol\u00edtica tras la institucionalizaci\u00f3n sindical y los pactos de la Transici\u00f3n, pero tambi\u00e9n cultural. El paro, la reconversi\u00f3n, la desindustrializaci\u00f3n, el alcoholismo y la hero\u00edna minan la vida y la convivencia en los barrios obreros. No hay alternativas de vida. <strong>El cooperativismo o la sociedad laboral son experimentados como una soluci\u00f3n a veces desesperada, a veces como un mal menor<\/strong>. Un documental \u201cNumax Presenta\u201d, de Joaquim Jord\u00e1, muestra las dificultades y las contradicciones de un grupo de trabajadores que tomaron la f\u00e1brica ante el abandono del empresario en 1976-1977. La f\u00e1brica en \u201cr\u00e9gimen de autogesti\u00f3n\u201d, como muchas otras despu\u00e9s y especialmente en la d\u00e9cada siguiente, no sobrevive. La reproducci\u00f3n de la organizaci\u00f3n del trabajo, el empeoramiento del mercado entonces en proceso de contracci\u00f3n y de exceso de capacidad a nivel global, sobre todo, sit\u00faan unas condiciones que llevan a la incapacidad de que la autogesti\u00f3n suponga otro r\u00e9gimen laboral y de comunidad, y se constituyen en razones aducidas en el fracaso de la experiencia.<\/p>\n<p><strong>Aquella \u00e9poca dej\u00f3, de todas formas, un gran n\u00famero de experiencias cooperativas que perduran hasta hoy, como es el caso de la CC de Mondrag\u00f3n<\/strong> y tambi\u00e9n de muchas cooperativas de autoempleo en servicios p\u00fablicos que sirvieron para que determinados colectivos salvaran la crisis de empleo de los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>Pasada esta experiencia, \u00bfestamos hoy ante algo parecido a una nueva econom\u00eda social, un nuevo cooperativismo?<\/p>\n<p><strong>Entre el emprendizaje y la empresa pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os de neoliberalismo, de erosi\u00f3n del Estado social, de extensi\u00f3n de las pr\u00e1cticas de las subcontrataci\u00f3n, de terciarizaci\u00f3n de la econom\u00eda, de precarizaci\u00f3n generalizada, de ataque al salario y la organizaci\u00f3n obrera, separan nuestra situaci\u00f3n de la \u00faltima \u201cexplosi\u00f3n cooperativa\u201d. Pero ahora, parece, se intuye un nuevo cooperativismo. Tiene fuentes diversas, a veces contradictorias.<\/p>\n<p>En muchos casos, surge como un experimento asociativo del trabajo profesional ante el abandono del Estado (del servicio p\u00fablico directo). As\u00ed se crean cooperativas de padres y profesores (colegios concertados principalmente), de m\u00e9dicos y personal sanitario, de trabajo e intervenci\u00f3n social, tambi\u00e9n en distintos \u00e1mbitos de la consultor\u00eda, e incluso en el propio fomento del cooperativismo, como \u201cconsultor\u00eda de autoempleo\u201d. Se trata, en t\u00e9rminos de Bologna (v\u00e9ase la bibliograf\u00eda que acompa\u00f1a a esta ponencia) del \u201c<strong>trabajo aut\u00f3nomo de segunda generaci\u00f3n\u201d, que corresponde con una composici\u00f3n social que desborda el perfil del movimiento obrero: trabajo profesional, de alta cualificaci\u00f3n, formaci\u00f3n universitaria<\/strong>. Antes que \u201ccooperativismo obrero\u201d se trata de trabajo profesional mutualizado, que corresponde con los perfiles caracter\u00edsticos de la clase media.<\/p>\n<p>Clave en este trayecto y tambi\u00e9n en su composici\u00f3n (<em>middle class<\/em>) es que en muchos casos, por no decir la gran mayor\u00eda, el cooperativismo de los profesionales tiene una alta dependencia de los presupuestos del Estado. Se trata de servicios que el Estado (y sobre todo a los ayuntamientos) subcontrata y que las asociaciones de profesionales, en r\u00e9gimen cooperativo, pueden prestar en condiciones de m\u00e1s baratos y a veces de mayor calidad y eficacia. <strong>La paradoja es que, aunque muchas veces, se realiza como \u201cservicio a la comunidad\u201d, en t\u00e9rminos objetivos puede suponer una p\u00e9rdida o una diferenciaci\u00f3n en el acceso a los derechos sociales<\/strong>. Un ejemplo paradigm\u00e1tico es el de las cooperativas adscritas a los conciertos escolares, lo que tiende (se quiera o no) a reforzar el r\u00e9gimen dual del sistema educativo espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Motor tambi\u00e9n de este nuevo cooperativismo son los \u201cemprendimientos econ\u00f3micos\u201d que se organizan directamente desde los movimientos sociales, en muchos casos como parte org\u00e1nica de los mismos. En este caso, la valencia pol\u00edtica cobra una importancia muy por encima de la profesional; antes pol\u00edtica que autoempleo. <strong>Los emprendimientos surgen en paralelo al desplazamiento de la centralidad obrera a las nuevas formas de protesta de los movimientos sociales<\/strong>. Ligadas al feminismo surgen as\u00ed las cl\u00ednicas y centros de planificaci\u00f3n familiar; al ecologismo, las cooperativas de investigaci\u00f3n y producci\u00f3n de energ\u00edas renovables. Posteriormente, a partir de los a\u00f1os noventa (en el Estado espa\u00f1ol) y con la emergencia de una nueva generaci\u00f3n de movimientos sociales de car\u00e1cter juvenil, aparecen los emprendimientos de ocio (como bares, cines, etc.) y de formaci\u00f3n (como librer\u00edas, peri\u00f3dicos, etc.), que se incardinan dentro de estos mismos movimientos liderados principalmente por los centros sociales okupados. Del mismo modo, el movimiento neorrural unido al ecologismo, da tambi\u00e9n cuerpo a las cooperativas de producci\u00f3n agroecol\u00f3gica y de consumo. La experimentaci\u00f3n tecnol\u00f3gica ligada a la expansi\u00f3n de Internet y a la aparici\u00f3n del hacktivismo producir\u00e1 una nueva generaci\u00f3n de empresas cuyo centro es el software libre.<\/p>\n<p>En la experiencia de estos emprendimientos de \u00faltima generaci\u00f3n se dibuja una forma de empresarialidad que va m\u00e1s all\u00e1 del cooperativismo. Se intuye que lo que se trata no es de \u201cvivir\u201d de algo que \u201cgusta\u201d, sino de reforzar una forma de vida, que se \u201cvive\u201d ante todo como pol\u00edtica. Se intuye tambi\u00e9n que de lo que se trata es de \u201cautonomizar\u201d las competencias que se deben prestar al mercado para construir una forma de empresa que en realidad es una herramienta pol\u00edtica. Incluso se llega a acu\u00f1ar el concepto de \u201c<strong>empresa pol\u00edtica<\/strong>\u201d, para significar a un colectivo que tiene una actividad econ\u00f3mica pero al que le importa es hacer pol\u00edtica, esto es, intervenir sobre un terreno concreto, prestando las competencias y la energ\u00eda (que de otra manera se tendr\u00edan que \u201cvender al mercado\u201d) en una actividad aut\u00f3noma. En cualquier caso, en la mayor\u00eda de estas experiencias domina la precariedad de las iniciativas, la debilidad de la financiaci\u00f3n, y sobre todo su estrecha conexi\u00f3n con una forma de vida, que se prueba (como muchas veces ocurre con estos movimientos) como al margen de la sociedad y el mercado, o al menos los circuitos convencionales de mercado.<\/p>\n<p>Se trata, por tanto, de ordenes de experiencia econ\u00f3mica claramente distintos. No obstante, entre ambos extremos, entre la asociaci\u00f3n laboral de profesionales y los emprendimientos de los movimientos sociales, existe una amplia paleta de grises, salpicada de experiencias que se alimentan de otras fuentes, como aquellas que vienen de los a\u00f1os setenta y ochenta, mucho m\u00e1s conectadas con la crisis industrial y las iniciativas contra el paro. Sea como sea, estas experiencias son las que conforman el grueso de lo que hoy se llama \u201ceconom\u00eda social\u201d, un conglomerado que dista de ser homog\u00e9neo.<\/p>\n<p>De hecho, uno de los problemas centrales de la econom\u00eda social, y probablemente uno de los lugares en los que esta se resquebraja y empieza a mostrarse de forma contradictoria est\u00e1 en aquello que las \u201cunifica\u201d. Formalmente, l<strong>o que parece reunir al nuevo cooperativismo es una cierta apuesta por relaciones laborales democr\u00e1ticas, la inclusi\u00f3n de una pol\u00edtica de \u201cvalores\u201d, as\u00ed como la vocaci\u00f3n por construir una econom\u00eda al servicio de la \u201cgente\u201d, de la sociedad<\/strong>. Pol\u00edticamente esto se considera como un valor en s\u00ed, e incluso como una \u201calternativa\u201d a la econom\u00eda de mercado. La cuesti\u00f3n es \u00bfbasta esto como hip\u00f3tesis pol\u00edtica? \u00bfEs esta modalidad cooperativa una \u201calternativa\u201d eficiente al modelo capitalista?<\/p>\n<p>Por tomar otro punto de partida, dentro de la heterogeneidad de estas experiencias, destacar que todas ellas est\u00e1n sometidas a los condicionantes de una nueva econom\u00eda pol\u00edtica dominada por la retirada del Estado social y la precarizaci\u00f3n, as\u00ed como por la erosi\u00f3n progresiva del derecho laboral. En una situaci\u00f3n de escasez de renta y sobre todo del empleo, el cooperativismo no es s\u00f3lo una alternativa (ideal, \u201cpura\u201d, libre a la salarizaci\u00f3n), sino muchas veces un medio de pura y simple supervivencia. Para los emprendimientos de los movimientos sociales esto tiene una importancia no peque\u00f1a. En la medida en que sus precarias econom\u00edas, son tomadas como un medio para continuar una forma de vida \u201cmilitante\u201d (en parte de los \u00e1mbitos que se\u00f1al\u00e1bamos: hacktivismo, agraoecolog\u00eda, producci\u00f3n cultural), las tensiones estallan casi inmediatamente entre el sostenimiento del emprendimiento y la vocaci\u00f3n pol\u00edtica del mismo. <strong>En muchos caso, y a menudo empujadas por la maduraci\u00f3n biol\u00f3gica de sus trabajadores, se produce una tendencia a la profesionalizaci\u00f3n<\/strong>, entendida como asimilaci\u00f3n a las condiciones de mercado en las que se realiza la actividad. El resultado es una p\u00e9rdida progresiva de la comunidad-movimiento de origen (que a veces desaparece en ese proceso) y con ello una asimilaci\u00f3n a las condiciones empresariales de la asociaci\u00f3n cooperativa profesional de autoempleo. La consecuencia es tambi\u00e9n la progresiva despolitizaci\u00f3n de la actividad.<\/p>\n<p>Por otra parte, en tanto, la b\u00fasqueda de mercado se tiende a realizar, cada vez m\u00e1s, sobre clientes institucionales, lo que se produce es una progresiva asimilaci\u00f3n de las modalidades de cooperativismo. La dependencia de los presupuestos convierte a estas empresas cooperativas en otra cosa quiz\u00e1s distinta a la que era la intenci\u00f3n de partida. De hecho, conviene considerar seriamente la posibilidad de que estos experimentos cooperativos sean f<strong>uncionales como avanzadilla de nuevas formas de gesti\u00f3n de una fuerza de trabajo que se abandona a la \u201cautogesti\u00f3n\u201d, que se gobierna a partir \u201cautoorganizaci\u00f3n\u201d laboral y su explotaci\u00f3n directa por las asimetr\u00edas del mercado<\/strong>. Algo que parece confirmarse en el mismo grado que su \u201cdespolitizaci\u00f3n\u201d, esto es, en funci\u00f3n de su alejamiento de formas y experiencias de organizaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Por si esto no fuera poco, a partir de los a\u00f1os noventa y especialmente a partir de las crisis de 2007, se generaliza un nuevo discurso empresarial, el \u201cemprendizaje\u201d. La iniciativa personal, como mecanismo de generaci\u00f3n de riqueza, la expansi\u00f3n y desarrollo de las competencias propias, la creatividad, el \u201ctu lo vales\u201d, el trabajo como autorrealizaci\u00f3n constituyen elementos centrales de esta narrativa. En el ala izquierda de los discursos del emprendizaje se admite tambi\u00e9n a la econom\u00eda social, a la autoorganizaci\u00f3n colectiva, a los experimentos cooperativos.<\/p>\n<p>Un ejemplo: en el c\u00e9nit de la crisis (2009-2010), el gobierno brit\u00e1nico acu\u00f1a el eslogan big society, gran sociedad. La pol\u00edtica austericida muta, la retirada del Estado se disfraza en autoorganizaci\u00f3n social para la autoprestaci\u00f3n de servicios. Si una biblioteca carece de presupuesto que la \u201cautogestionen\u201d los usuarios.<strong>&nbsp;El cooperativismo y el mutualismo se vuelven soluci\u00f3n, como en los a\u00f1os setenta, pero esta vez no para mantener el empleo, sino el Estado social<\/strong>. La big society no pasa de ser un amago, pero en paralelo se generalizan una serie conceptos que no dejan de compartir el mismo marco. Los m\u00e1s importantes son el de \u201ceconom\u00eda colaborativa\u201d donde cada cual puede convertirse en aut\u00f3nomo o en consumidor de un producto sin intermediarios, y normalmente sin regulaci\u00f3n estatal ni contribuci\u00f3n fiscal. (La econom\u00eda colaborativa va como se sabe desde el chapuzas a domicilio, al alquiler de una habitaci\u00f3n a un turista, pasando por convertirte en taxista sin licencia.) El otro concepto interesante es el de innovaci\u00f3n social, que extiende la vieja figura del empresario, reconvertida en emprendedor, a todo colectivo y comunidad con capacidad de \u201cemprender\u201d para satisfacer una \u201cnecesidad social\u201d.<\/p>\n<p>La econom\u00eda dominante tiende a asimilar a la \u201ceconom\u00eda social y alternativa\u201d como una forma de empleabilidad en l\u00ednea con la \u201crarificaci\u00f3n\u201d de la renta y el empleo. Al mismo tiempo, la econom\u00eda social tiende a despolitizarse al asumir posiciones cada vez m\u00e1s centrales en el marco de la econom\u00eda convencional. V\u00e9amos el problema con un ejemplo reciente, que a nuestro entender apunta a los l\u00edmites del nuevo cooperativismo.<\/p>\n<p><strong>Un ejemplo al caso: las \u201calcald\u00edas del cambio\u201d en sus l\u00edmites<\/strong><\/p>\n<p>De cara a aterrizar la discusi\u00f3n nos parece interesante situar como caso concreto los desarrollos sobre cooperativismo y econom\u00eda social y solidaria, que se est\u00e1n impulsando o est\u00e1n en proyecto de activaci\u00f3n en los diferentes ayuntamientos salidos de las \u00faltimas elecciones. El primer punto de partida es entender que la llegada de las nuevas fuerzas pol\u00edticas a los ayuntamientos nace de la apuesta de por democratizar dichas instituciones. Entendemos democratizar por devolver la instituci\u00f3n municipal a la ciudadan\u00eda rompiendo el secuestro de la misma por parte de los intereses olig\u00e1rquicos que sobre todo en las \u00faltimas d\u00e9cadas y de forma diversa, han aplicado la agenda neoliberal de recortes de derechos y privatizaci\u00f3n de empresas y bienes p\u00fablicos. Si tomamos como contraejemplo el modelo de la Big Society que mencion\u00e1bamos antes, las pol\u00edticas p\u00fablicas deber\u00edan apostar por una serie de l\u00edneas de trabajo que describimos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde los ayuntamientos entendidos como gran empresa proveedora de servicios p\u00fablicos debe de revertir las din\u00e1micas marcadas por las pol\u00edticas neoliberales. Por tanto, revertir los procesos de expropiaci\u00f3n de los bienes p\u00fablicos por medio de subcontrataci\u00f3n o directa privatizaci\u00f3n de los mismos. <strong>Para ello, pensamos que la remunicipalizaci\u00f3n de servicios p\u00fablicos en r\u00e9gimen de cooperativa mixta, modelo joven, pero ya practicado en algunas zonas, deber\u00eda ser uno de los modelos a elegir, aunque no el \u00fanico<\/strong>. A trav\u00e9s de esta cooperativizaci\u00f3n, la econom\u00eda solidaria podr\u00eda incluir sus principios en la prestaci\u00f3n de servicios a trav\u00e9s de procesos de acompa\u00f1amiento o incluso incorporar a sus entidades como prestadoras de servicios.<\/p>\n<p>Es imprescindible adem\u00e1s incluir en este proceso de remunicipalizaci\u00f3n a las experiencias sindicales y procesos de lucha que se han opuesto a la privatizaci\u00f3n de los servicios p\u00fablicos. Sumar\u00edamos adem\u00e1s a las empresas en quiebra apoyando los procesos de recuperaci\u00f3n por parte de sus propias plantillas.<\/p>\n<p><strong>Consideramos esencial el contacto directo con los sectores en lucha, sindicados o no, as\u00ed como el establecimiento de l\u00edneas de trabajo directo con los grupos organizados de trabajadoras y trabajadores dom\u00e9sticos en lucha por la dignificaci\u00f3n del sector<\/strong>. Un sector clave en un contexto de envejecimiento generalizado de la poblaci\u00f3n en nuestras sociedades. Y situado adem\u00e1s, en el centro de la crisis de cuidados que se despliega por la sociedad capitalista en su conjunto.<\/p>\n<p>S\u00f3lo afrontando estas articulaciones superaremos algunos de los l\u00edmites a los que se enfrente el cooperativismo y la econom\u00eda solidaria hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Elementos de hip\u00f3tesis<\/strong><\/p>\n<p>La econom\u00eda social debe arrancar de su posici\u00f3n en los circuitos de explotaci\u00f3n capitalista de los que, quiera o no, forma parte. La formas de organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n tienden hoy a abandonar segmentos enteros de la cadena de valor hacia la autoorganizaci\u00f3n productiva, al trabajo aut\u00f3nomo organizado. No en otro sentido va la generalizaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas de subcontrataci\u00f3n y externalizaci\u00f3n. De igual modo, el Estado y el servicio p\u00fablico se est\u00e1 adaptando a esas mismas modalidades de organizaci\u00f3n. En este sentido, el trabajo en r\u00e9gimen de cooperativa no se sit\u00faa como una alternativa a la econom\u00eda capitalista sino en la misma l\u00ednea de tendencia del capitalismo m\u00e1s moderno y agresivo.<\/p>\n<p>Por decirlo con otras palabras, <strong>ya no es la subordinaci\u00f3n jer\u00e1rquica dentro de la empresa la que organiza el trabajo, sino su subdivisi\u00f3n y subcontrataci\u00f3n externa en r\u00e9gimen de competencia<\/strong>. En este sentido, dentro de un mismo espacio econ\u00f3mico pueden convivir pr\u00e1cticas igualitarias y cooperativas dentro de una microempresa y la m\u00e1s feroz competencia fuera de la misma, y presionando sobre la misma. El mercado y la precariedad son las nuevas formas del mando, frente a la jerarqu\u00eda y la disciplina del empleo industrial.<\/p>\n<p>Algunas orientaciones generales pueden servir para definir el trabajo cooperativo como un espacio econ\u00f3mico no sustra\u00eddo a los circuitos capitalista de producci\u00f3n de valor, pero si al menos, como ocurri\u00f3 en el viejo mutualismo, convertido en arma pol\u00edtica y de construcci\u00f3n de clase (en este caso de comunidad).<\/p>\n<p><strong>&nbsp;1.<\/strong> La vinculaci\u00f3n de las experiencias cooperativas y de los emprendimientos econ\u00f3micos con movimientos sociales y pol\u00edticos concretos. En este sentido la empresa se debe entender como parte org\u00e1nica de una comunidad concreta (importante que sea concreta) y en lucha sobre cuestiones generales o espec\u00edficas.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;2.<\/strong> La orientaci\u00f3n de la actividad econ\u00f3mica de la cooperativa a las necesidades de esa comunidad concreta en un r\u00e9gimen no de mercado, cuanto de servicio p\u00fablico-com\u00fan a la misma.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;3.<\/strong> La consideraci\u00f3n de que el mejor cooperativismo es aquel que no depende del presupuesto p\u00fablico y que no suple servicios que deber\u00edan realizarse directamente por la administraci\u00f3n p\u00fablica. Obviamente muchos de estos servicios de deben y se pueden \u201cmutualizar\u201d pero estos se comprenden principalmente ligados a experiencias sindicales, y no como trabajo profesional subcontratado.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;4.<\/strong> La consideraci\u00f3n de los elementos internos laborales y la pol\u00edtica de valores como insuficientes en tanto elementos diferenciales en el marco de las econom\u00edas de mercado. Es de nuevo, el v\u00ednculo a las comunidades concretas y a formas de vida espec\u00edficas, en definitiva, a la construcci\u00f3n de sujetos colectivos, lo que debiera ser el principal motivo del emprendimiento econ\u00f3mico.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;5.<\/strong> La consideraci\u00f3n del autoempleo como un motivo ambiguo y menor en las experiencias cooperativas, en l\u00ednea con lo ya se\u00f1alado en t\u00e9rminos de la tendencia a externalizar segmentos enteros de trabajo, sobre la base del discurso del emprendizaje y de la innovaci\u00f3n social.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Fundaci\u00f3n de los Comunes en Diagonal Peri\u00f3dico El pasado fin de semana tuvieron lugar las Primeras jornadas de municipalismo, autogobierno y contrapoder. Para seguir con los debates que se dieron entonces y para preparar los del siguiente encuentro proponemos esta serie de art\u00edculos que empiezan con la cuesti\u00f3n del cooperativismo. 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