{"id":11389,"date":"2010-09-27T00:00:00","date_gmt":"2010-09-27T13:33:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/noticias\/12-preguntas-sobre-el-decrecimiento-a-carlos-taibo\/"},"modified":"2021-03-22T14:01:27","modified_gmt":"2021-03-22T13:01:27","slug":"12-preguntas-sobre-el-decrecimiento-carlos-taibo","status":"publish","type":"noticias","link":"https:\/\/www.economiasolidaria.org\/gl\/noticias\/12-preguntas-sobre-el-decrecimiento-carlos-taibo\/","title":{"rendered":"12 preguntas sobre el decrecimiento a Carlos Taibo"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por Carlos Taibo, profesor de Ciencia Pol\u00edtica y de la Administraci\u00f3n en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid, donde tambi\u00e9n ha dirigido el programa de estudios rusos del Instituto de Sociolog\u00eda de las Nuevas Tecnolog\u00edas. Es autor de una veintena de libros en castellano, en su mayor\u00eda relativos a las transiciones en la Europa central y oriental contempor\u00e1nea. Carlos Taibo es partidario de los movimientos antiglobalizaci\u00f3n y uno de los m\u00e1s destacados defensores de la corriente de pensamiento pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social del decrecimiento, que explica a continuaci\u00f3n.<\/em><\/strong> El del decrecimiento no es un proyecto que sustituya a todo lo que el conjunto de luchas contra el capitalismo ha supuesto desde mucho tiempo atr\u00e1s: es, antes bien, una perspectiva que permite abrir un nuevo frente de contestaci\u00f3n del capitalismo imperante. En ese sentido parece razonable afirmar que en el Norte desarrollado de principios del siglo XXI no es imaginable ning\u00fan proyecto anticapitalista consecuente que no sea al mismo tiempo decrecimentalista, autogestionario y antipatriarcal. <\/p>\n<p> <!--break--><!--break--><\/p>\n<p> <strong>1. En el momento presente, \u00bfes inequ\u00edvocamente saludable el crecimiento econ\u00f3mico?<\/strong> La visi\u00f3n dominante en las sociedades opulentas sugiere que el crecimiento econ\u00f3mico es la panacea que resuelve todos los males. A su amparo \u2013 se nos dice \u2013 la cohesi\u00f3n social se asienta, los servicios p\u00fablicos se mantienen, y el desempleo y la desigualdad no ganan terreno. Sobran las razones para recelar, sin embargo, de todo lo anterior. El crecimiento econ\u00f3mico no genera -o no genera necesariamente- cohesi\u00f3n social, provoca agresiones medioambientales en muchos casos irreversibles, propicia el agotamiento de recursos escasos que no estar\u00e1n a disposici\u00f3n de las generaciones venideras y, en fin, permite el asentamiento de un modo de vida esclavo que invita a pensar que seremos m\u00e1s felices cuantas m\u00e1s horas trabajemos, m\u00e1s dinero ganemos y, sobre todo, m\u00e1s bienes acertemos a consumir. Frente a esto se impone la certeza de que, dejado atr\u00e1s un nivel elemental de consumo, el acrecentamiento irracional de este \u00faltimo es antes un indicador de infelicidad que una muestra de lo contrario. Es razonable adelantar, por lo dem\u00e1s, que la crisis general por la que atravesamos est\u00e1 llamada a permitir que la conciencia en lo que respecta a estos sinsentidos se asiente en una parte significada de la ciudadan\u00eda. <strong>2. \u00bfCu\u00e1les son los pilares en los que se asientan los sinsentidos del crecimiento?<\/strong>Son tres los pilares en los que se sustenta tanta irracionalidad.<\/p>\n<ul>\n<li>El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos y, llegado el caso, exige que adquiramos, incluso, lo que nos repugna.<br \/> \n<li>El segundo es el cr\u00e9dito, que hist\u00f3ricamente ha permitido allegar el dinero que permit\u00eda preservar el consumo aun en ausencia de recursos.<br \/> \n<li>El tercero es la caducidad de los bienes producidos, claramente programados para que en un per\u00edodo de tiempo breve dejen de funcionar, de tal suerte que nos veamos en la obligaci\u00f3n de comprar otros nuevos. <\/ul>\n<p>Por detr\u00e1s de todo ello despunta, en palabras de Z. Bauman, la certeza de que \u201cuna sociedad de consumo s\u00f3lo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro\u201d. <strong>3. \u00bfDebemos fiarnos de los indicadores econ\u00f3micos que hoy empleamos?<\/strong> Los indicadores econ\u00f3micos que nos vemos obligados a utilizar -as\u00ed, el producto interior bruto (PIB) y afines- han permitido afianzar, en palabras de J.K. Galbraith, \u201cuna de las formas de mentira social m\u00e1s extendidas\u201d. Pensemos que si un pa\u00eds retribuye al 10% de sus habitantes por destruir bienes, hacer socavones en las carreteras, da\u00f1ar los veh\u00edculos\u2026, y a otro 10% por reparar esas carreteras y veh\u00edculos, tendr\u00e1 el mismo PIB que un pa\u00eds en el que el 20% de los empleos se consagre a mejorar la esperanza de vida, la salud, la educaci\u00f3n y el ocio. Y es que la mayor\u00eda de esos indicadores contabiliza como crecimiento -y cabe suponer tambi\u00e9n que como bienestar- todo lo que es producci\u00f3n y gasto, incluidas las agresiones medioambientales, los accidentes de tr\u00e1fico, la fabricaci\u00f3n de cigarrillos, los f\u00e1rmacos y las drogas, o el gasto militar. Esos mismos indicadores apenas nada nos dicen, en cambio, del trabajo dom\u00e9stico, en virtud de un c\u00f3digo a menudo impregnado de machismo, de la preservaci\u00f3n objetiva del medio ambiente \u2013 un bosque convertido en papel acrecienta el PIB, en tanto ese mismo bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza-, de la calidad de los sistemas educativo y sanitario \u2013 y en general de las actividades que generan bienestar aunque no impliquen producci\u00f3n y gasto -, o del incremento del tiempo libre. De resultas puede afirmarse que la ciencia econ\u00f3mica dominante s\u00f3lo presta atenci\u00f3n a las mercanc\u00edas \u2013 lo que se tiene o no se tiene -, y no a los bienes que hacen que alguien sea algo (F. Flahault), en un escenario en el que \u201clas ideas rectoras de la modernidad son m\u00e1s, mayor, m\u00e1s deprisa, m\u00e1s lejos\u201d (M. Linz). <strong>4. \u00bfNo son muchas las razones para contestar el progreso, m\u00e1s aparente que real, que han protagonizado nuestras sociedades durante decenios?<\/strong> Son muchas, s\u00ed. Hay que preguntarse, por ejemplo, si no es cierto que en la mayor\u00eda de las sociedades occidentales se viv\u00eda mejor en el decenio de 1960 que ahora: el n\u00famero de desempleados era sensiblemente menor, la criminalidad mucho m\u00e1s baja, las hospitalizaciones por enfermedades mentales se hallaban a a\u00f1os luz de las actuales, los suicidios eran infrecuentes y el consumo de drogas escaso. En EE.UU., donde la renta per c\u00e1pita se ha triplicado desde el final de la segunda guerra mundial, desde 1960 se reduce, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que declaran sentirse satisfechos. En 2005 un 49% de los norteamericanos estimaba que la felicidad se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario. Son muchos los expertos que concluyen, en suma, que el crecimiento en la esperanza de vida al nacer registrado en los \u00faltimos decenios bien puede estar tocando a su fin en un escenario lastrado por la extensi\u00f3n de la obesidad, el estr\u00e9s, la aparici\u00f3n de nuevas enfermedades y la contaminaci\u00f3n. <strong>5. \u00bfPor qu\u00e9 hay que decrecer?<\/strong> En los pa\u00edses ricos hay que reducir la producci\u00f3n y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que da\u00f1an peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. \u201cEl \u00fanico programa que necesitamos se resume en una palabra: menos. Menos trabajo, menos energ\u00eda, menos materias primas\u201d (B. Grillo). Por detr\u00e1s de esos imperativos despunta un problema central: el de los l\u00edmites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayor\u00eda de los recursos que emplea, ello conducir\u00e1 a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales est\u00e1n haciendo con los recursos naturales. Aunque nos movemos -si as\u00ed quiere- en un barco que se encamina directamente hacia un acantilado, lo \u00fanico que hemos hecho en los \u00faltimos a\u00f1os ha sido reducir un poco la velocidad sin modificar, en cambio, el rumbo. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecol\u00f3gica, que mide la superficie del planeta, terrestre como mar\u00edtima, que precisamos para mantener las actividades econ\u00f3micas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, seg\u00fan muchos pron\u00f3sticos alcanzar\u00e1 dos Tierras -si ello es imaginable- en 2050. La huella ecol\u00f3gica igual\u00f3 la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003. En paralelo, no est\u00e1 de m\u00e1s que recordemos que en 2000 se estimaban en 41 los a\u00f1os de reservas de petr\u00f3leo, 70 los de gas y 55 los de uranio. <strong>6. \u00bfCu\u00e1l es la actitud que ante lo anterior exhiben nuestros dirigentes pol\u00edticos?<\/strong> Los dirigentes pol\u00edticos, marcados por un irrefrenable cortoplacismo electoral, prefieren dar la espalda a todos estos problemas. De resultas, y en palabras de C. Castoriadis, \u201cquienes preconizan \u2018un cambio radical de la estructura pol\u00edtica y social\u2019 pasan por ser \u2018incorregibles utopistas\u2019, mientras que los que no son capaces de razonar a dos a\u00f1os vista son, naturalmente, realistas\u201d. Todo pensamiento radical y contestatario es tildado inmediatamente de extremista y violento, adem\u00e1s de patol\u00f3gico. La idea, supersticiosa, de que nuestros gobernantes tienen soluciones de recambio se completa con la que sugiere que la ciencia resolver\u00e1 de manera m\u00e1gica, antes o despu\u00e9s, todos estos problemas. No parecer\u00eda l\u00f3gico, sin embargo, construir un \u201crascacielos sin escaleras ni ascensores sobre la base de la esperanza de que un d\u00eda triunfaremos sobre la ley de la gravedad\u201d (M. Bonaiuti). M\u00e1s razonable resultar\u00eda actuar como lo har\u00eda un pater familias diligens, que \u201cse dice a s\u00ed mismo: ya que los problemas son enormes, e incluso en el caso de que las probabilidades sean escasas, procedo con la mayor prudencia, y no como si nada sucediese\u201d (C. Castoriadis). No es \u00e9sta una carencia que afecte en exclusiva a los pol\u00edticos. Alcanza de lleno, antes bien, a los ciudadanos, circunstancia que da cr\u00e9dito a la afirmaci\u00f3n realizada por un antiguo ministro del Medio Ambiente franc\u00e9s: \u201cLa crisis ecol\u00f3gica suscita una comprensi\u00f3n difusa, cognitivamente poco influyente, pol\u00edticamente marginal, electoralmente insignificante\u201d. <strong>7. \u00bfBasta, sin m\u00e1s, con reducir determinadas actividades econ\u00f3micas?<\/strong> A buen seguro que no es suficiente con acometer reducciones en los niveles de producci\u00f3n y de consumo. Es preciso reorganizar en paralelo nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribuci\u00f3n de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Los verbos que hoy rigen nuestra vida cotidiana son \u201ctener-hacer-ser\u201c: si tengo esto o aquello, entonces har\u00e9 esto y ser\u00e9 feliz. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo. O, lo que es casi lo mismo, frente al \u201cm\u00e1s deprisa, m\u00e1s lejos, m\u00e1s a menudo y menos caro\u201d hay que contraponer el \u201cm\u00e1s despacio, menos lejos, menos a menudo y m\u00e1s caro\u201d (Y. Cochet). Debe apostarse, tambi\u00e9n, por el reparto del trabajo, una vieja pr\u00e1ctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido con el paso del tiempo. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras productivas, de las organizaciones administrativas y de los sistemas de transporte. Lo local, por a\u00f1adidura, debe adquirir una rotunda primac\u00eda frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria. Entre las razones que dan cuenta de la opci\u00f3n por esta \u00faltima est\u00e1n la p\u00e9sima situaci\u00f3n econ\u00f3mica, la ausencia de tiempo para llevar una vida saludable, la necesidad de mantener una relaci\u00f3n equilibrada con el medio, la certeza de que el consumo no deja espacio para un desarrollo personal diferente o, en fin, la conciencia de las diferencias alarmantes que existen entre quienes consumen en exceso y quienes carecen de lo esencial. S. Latouche ha resumido el sentido de fondo de esos valores de la mano de ocho \u201cre\u201c: reevaluar (revisar los valores), reconceptualizar, reestructurar (adaptar producciones y relaciones sociales al cambio de valores), relocalizar, redistribuir (repartir la riqueza y el acceso al patrimonio natural), reducir (rebajar el impacto de la producci\u00f3n y el consumo), reutilizar (en vez de desprenderse de un sinf\u00edn de dispositivos) y reciclar. <strong>8. Esos valores, \u00bfson realmente ajenos a la organizaci\u00f3n de las sociedades humanas? <\/strong>Los valores que acabamos de rese\u00f1ar no faltan, en modo alguno, en la organizaci\u00f3n de las sociedades humanas. As\u00ed lo demuestran, al menos, cuatro ejemplos importantes. Si el primero nos recuerda que las pr\u00e1cticas correspondientes tienen una honda presencia en muchas de las tradiciones del movimiento obrero \u2013 y en particular, bien es cierto, en las vinculadas con el mundo libertario -, la segunda subraya que en una instituci\u00f3n central en muchas sociedades, la familia, impera antes la l\u00f3gica del don y de la reciprocidad que la de la mercanc\u00eda. Pero lo social est\u00e1 a menudo presente, tambi\u00e9n, en lo que despectivamente hemos dado en llamar econom\u00eda informal. En muchos casos \u201cel objetivo de la producci\u00f3n informal no es la acumulaci\u00f3n ilimitada, la producci\u00f3n por la producci\u00f3n. El ahorro, cuando existe, no se destina a la inversi\u00f3n para facilitar una reproducci\u00f3n ampliada\u201d, recuerda S. Latouche. Y est\u00e1 presente en la experiencia hist\u00f3rica de muchas sociedades que no estiman que su felicidad deba vincularse con la acumulaci\u00f3n de bienes, y que adaptaron su modo de vida a un entorno natural duradero. No se olvide al respecto a los campesinos que, en la Europa mediterr\u00e1nea, plantaban olivos e higueras cuyos frutos nunca llegar\u00edan a ver, pensando, con claridad, en las generaciones venideras. Tampoco debe olvidarse que muchas sociedades que tendemos a describir como primitivas y atrasadas pueden darnos muchas lecciones en lo que ata\u00f1e a la forma de llevar a la pr\u00e1ctica los valores de los que hemos hecho menci\u00f3n. <strong>9. \u00bfQu\u00e9 supondr\u00eda el decrecimiento en las sociedades opulentas?<\/strong> Hablando en plata, lo primero que las sociedades opulentas deben tomar en consideraci\u00f3n es la conveniencia de cerrar \u2013 o al menos de reducir sensiblemente la actividad correspondiente \u2013 muchos de los complejos fabriles hoy existentes. Estamos pensando, c\u00f3mo no, en la industria militar, en la automovil\u00edstica, en la de la aviaci\u00f3n o en buena parte de la de la construcci\u00f3n. Los millones de trabajadores que, de resultas, perder\u00edan sus empleos deber\u00edan encontrar acomodo a trav\u00e9s de dos grandes cauces. Si el primero lo aportar\u00eda el desarrollo ingente de actividades en los \u00e1mbitos relacionados con la satisfacci\u00f3n de las necesidades sociales y medioambientales, el segundo llegar\u00eda de la mano del reparto del trabajo en los sectores econ\u00f3micos tradicionales que sobrevivir\u00edan. Importa subrayar que en este caso la reducci\u00f3n de la jornada laboral bien podr\u00eda llevar aparejada, por qu\u00e9 no, reducciones salariales, siempre y cuando \u00e9stas, claro, no lo fueran en provecho de los beneficios empresariales. Al fin y al cabo, la ganancia de nivel de vida que se derivar\u00eda de trabajar menos, y de disfrutar de mejores servicios sociales y de un entorno m\u00e1s limpio y menos agresivo, se sumar\u00eda a la derivada de la asunci\u00f3n plena de la conveniencia de consumir, tambi\u00e9n, menos, con la consiguiente reducci\u00f3n de necesidades en lo que a ingresos se refiere. No es preciso agregar -parece- que las reducciones salariales que nos ocupan no afectar\u00edan, naturalmente, a quienes menos tienen. <strong>10. \u00bfEs el decrecimiento un proyecto que augura, sin m\u00e1s, la infelicidad a los seres humanos?<\/strong> Parece evidente que el decrecimiento no implica en modo alguno, para la mayor\u00eda de los habitantes, un entorno de deterioro de sus condiciones de vida. Antes bien, debe acarrear mejoras sustanciales como las vinculadas con la redistribuci\u00f3n de los recursos; la creaci\u00f3n de nuevos sectores que atiendan las necesidades insatisfechas; la preservaci\u00f3n del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los ciudadanos y las condiciones del trabajo asalariado, o el crecimiento relacional en sociedades en las que el tiempo de trabajo se reducir\u00e1 sensiblemente. Al margen de lo anterior, conviene subrayar que en el mundo rico se hacen valer elementos \u2013 as\u00ed, la presencia de infraestructuras en muchos \u00e1mbitos, la satisfacci\u00f3n de necesidades elementales o el propio decrecimiento de la poblaci\u00f3n \u2013 que facilitar\u00edan el tr\u00e1nsito a una sociedad distinta. Hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o despu\u00e9s, del capitalismo global que padecemos. <strong>11. \u00bfQu\u00e9 argumentos se han formulado para cuestionar la idoneidad del decrecimiento?<\/strong> Los argumentos vertidos contra el decrecimiento parecen poco relevantes. Se ha se\u00f1alado, por ejemplo, y contra toda raz\u00f3n, que la propuesta se emite desde el Norte para que sean los pa\u00edses del Sur los que decrezcan materialmente. Tambi\u00e9n se ha sugerido que el decrecimiento es antidemocr\u00e1tico, en franco olvido de que los reg\u00edmenes que se ha dado en describir como totalitarios nunca han buscado, por razones obvias, reducir sus capacidades militar-industriales. M\u00e1s bien parece que, muy al contrario, el decrecimiento, de la mano de la autosuficiencia y de la simplicidad voluntaria, bebe de una filosof\u00eda no violenta y antiautoritaria. La propuesta que nos interesa no remite, por otra parte, a una postura religiosa que reclama una renuncia a los placeres de la vida: reivindica, antes bien, una clara recuperaci\u00f3n de \u00e9stos en un escenario marcado, eso s\u00ed, por el rechazo de los oropeles del consumo irracional. <strong>12. \u00bfTambi\u00e9n deben decrecer los pa\u00edses pobres?<\/strong> Aunque, con certeza, el debate sobre el decrecimiento tiene un sentido distinto en los pa\u00edses pobres \u2013 est\u00e1 fuera de lugar reclamar reducciones en la producci\u00f3n y el consumo en una sociedad que cuenta con una renta per c\u00e1pita treinta veces inferior a la nuestra -, parece claro que aqu\u00e9llos no deben repetir lo hecho por los pa\u00edses del Norte. No se olvide, en paralelo, que una apuesta planetaria por el decrecimiento, que acarrear\u00eda por necesidad un ambicioso programa de redistribuci\u00f3n, no tendr\u00eda, por lo dem\u00e1s, efectos notables en t\u00e9rminos de consumo convencional en el Sur. Para esos pa\u00edses se impone, en la percepci\u00f3n de S. Latouche, un listado diferente de \u201cre\u201c: romper con la dependencia econ\u00f3mica y cultural con respecto al Norte, reanudar el hilo de una historia interrumpida por la colonizaci\u00f3n, el desarrollo y la globalizaci\u00f3n, reencontrar la identidad propia, reapropiar \u00e9sta, recuperar las t\u00e9cnicas y saberes tradicionales, conseguir el reembolso de la deuda ecol\u00f3gica y restituir el honor perdido. <a href=\"http:\/\/www.carlostaibo.com\/\" title=\"web\"><strong>Web de Carlos Taibo<\/strong><\/a> <a href=\"http:\/\/www.decrecimiento.info\/p\/1-visita.html\" title=\"web\"><strong>M\u00e1s informaci\u00f3n sobre el decrecimiento<\/strong><\/a> <strong><a href=\"http:\/\/www.economiasolidaria.org\/taxonomy\/term\/680\" title=\"web\">Otras contenidos sobre decrecimiento en este portal web<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Taibo, profesor de Ciencia Pol\u00edtica y de la Administraci\u00f3n en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid, donde tambi\u00e9n ha dirigido el programa de estudios rusos del Instituto de Sociolog\u00eda de las Nuevas Tecnolog\u00edas. 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