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	<title>ecosocial archivos - economiasolidaria.org</title>
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	<description>El portal de la Economía Solidaria</description>
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	<title>ecosocial archivos - economiasolidaria.org</title>
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		<title>Reflexión sobre políticas públicas desde lo ecosocial (REAS Navarra)</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/reflexion-sobre-politicas-publicas-desde-lo-ecosocial-reas-navarra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Feb 2024 10:11:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecologismo]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[REAS Navarra]]></category>
		<category><![CDATA[REAS RdR]]></category>
		<category><![CDATA[REAS Red de Redes]]></category>
		<category><![CDATA[Transición ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="1233" height="614" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada.jpg 1233w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada-980x488.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada-480x239.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1233px, 100vw" /></figure>REAS Navarra participó en este intercambio de aprendizajes organizado por la asociación Alboan y el CIPCA de Bolivia. Participaron la presidenta de la Mancomunidad RSU Irati y el Secretario de REAS Navarra]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="1233" height="614" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada.jpg 1233w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada-980x488.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2024/02/reas_navarra_jornada-480x239.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1233px, 100vw" /></figure><p class="has-text-align-left">Organizada por la asociación Alboan, el pasado octubre se celebró un intercambio de aprendizajes “norte-sur” con el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado CIPCA, organización aliada de Alboan que a su vez forma parte de la RED Comparte, dentro del proyecto de Entidades Locales financiado por el Ayuntamiento de Pamplona. Este intercambio de experiencias forma parte del programa de Formación en Economía Alternativa Social Solidaria y Feminista.</p>
<p class="has-text-align-left">Este taller sobre “<strong>Políticas públicas desde una perspectiva social y ecológica</strong>” contó con la presencia de <strong>Mabel Cañada</strong> (Presidenta de la Mancomunidad RSU Irati) y <strong>Javier Liras</strong> (Secretario REAS Navarra).</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Políticas públicas desde una perspectiva social y ecológica | Alboan ONG Fundazioa" width="1080" height="608" src="https://www.youtube.com/embed/PSesINbD-Io?feature=oembed"  allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" allowfullscreen></iframe></p>
<p class="has-text-align-left">Mabel habló sobre el acompañamiento que hacen a la ciudadanía desde los organismos públicos en cuanto a la <strong>gestión comunitaria de Ecoaldeas</strong> (<strong>aprendizaje en el compartir</strong> con un enfoque en la “<strong>economía común</strong>“), la gestión de los residuos solidos urbanos (RSU) y la “<strong>creación de una moneda llamada Irati</strong>” complementaria para bonificar la separación en origen de diferentes fracciones de residuos y su uso en el comercio. Asimismo, recalcó la <strong>importancia sobre el cuidado del territorio</strong>, la complicidad y escucha de la tierra, y la atención a los procesos de la naturaleza para adaptarnos como seres humanos a las necesidades de la tierra y no al revés.</p>
<p class="has-text-align-left">Por otro lado, Javier, habló de <strong>acciones concretas y aterrizadas</strong> que tiene REAS Navarra desde los <strong>principios de la Economía Social y Solidaria</strong> y que actualmente aglutina a 60 entidades de diferentes sectores y ámbitos, dando cuenta de algunas propuestas encaminadas hacia políticas públicas que maximizan los beneficios sociales más que a una economía que aporte riqueza monetaria. Javier destacó que la administración pública debe favorecer una economía solidaria mediante la <strong>creación de leyes</strong> que puedan luchar contra el modelo capitalista imperante. A su vez, <strong>mostró propuestas de políticas publicas concretas en Navarra</strong> como la <strong>promoción del comercio local,</strong>  <strong>apuestas por energías sostenibles</strong>, <strong>cesión de materiales </strong>(como vasos de plástico), etc. Finalmente <strong>hizo un llamamiento</strong> a defender la economía social y solidaria para transformar el sistema económico hacia un modelo más justo que respete la vida, el cuidado y el medioambiente.</p>
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		<title>Mundo de emergencias, nº162 de Papeles</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/mundo-de-emergencias-no162-de-papeles/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Jul 2023 15:49:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecologismo]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[Papeles]]></category>
		<category><![CDATA[revista Papeles]]></category>
		<category><![CDATA[Transición ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="466" height="293" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/07/papeles-162-scaled-uai-516x734_cut.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure>El número 162 de la revista PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global que edita FUHEM desde 1985 va introducido por este artículo de Santiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial y de la revista]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="466" height="293" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/07/papeles-162-scaled-uai-516x734_cut.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure><p>El cinco de mayo de este año, el director de la OMS anunció el fin del estado de emergencia sanitaria internacional por la COVID-19.</p>
<p>Esto no significa que haya terminado la pandemia y sus secuelas y, mucho menos, las causas finales que la provocaron. Aún está por ver si el SARS-CoV-2 se vuelve estacional o si se sucederán nuevos brotes a partir de distintas variantes en diferentes estaciones del año. Tampoco se ha encarado la asignatura pendiente del «COVID persistente», que sufre actualmente en torno al 10% de las personas que padecieron la pandemia.</p>
<p>La emergencia sanitaria se cruzó con la emergencia climática, y las dos emergencias traspasaron, a su vez, otras problemáticas de la crisis ecosocial en la que estamos. Si no hacemos nada (y eso significa: si no vamos a las causas, es decir, si no cambiamos nuestro modo de vida), el factor microbiano y el atmosférico seguirán amenazando nuestra existencia.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong> en este artículo, que constituye la Introducción del número 162 de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a>, habla de cómo los últimos tres lustros han mostrado signos de lo que cabe esperar del mundo que emerge tras cuatro décadas de orden neoliberal.</p>
<p>En el contexto de un cambio global que no deja de acelerarse –cuya principal manifestación es la convergencia de la escasez de recursos con la pérdida irreversible de biodiversidad y la desestabilización abrupta del clima–, hemos asistido durante estos últimos quince años a una crisis financiera descomunal (La Gran Recesión del año 2008), a una pandemia global (la COVID-19 del 2020) y, desde febrero del 2022, a una guerra en Ucrania que acelera la tendencia armamentística que se venía incubando años atrás y que aviva la pesadilla exterminista asociada al Armagedón nuclear. En tiempos de crisis los límites de lo posible se ensanchan en todas direcciones, tanto reaccionarias como emancipadoras, unas veces a favor de las élites y otras en beneficio de las mayorías sociales.</p>
<h3><strong>La emergencia de un nuevo orden</strong></h3>
<p>La <em>crisis ecosocial</em>, resultante de la combinación de la ecológica con la social, revela hasta qué punto el funcionamiento del capitalismo socava las bases de su reproducción. El capital necesita determinadas condiciones sociales y ambientales para proseguir con su senda de acumulación y, al mismo tiempo, esa tendencia a la acumulación ilimitada socava los procesos de reproducción social y ecológica sobre los que asienta sus cimientos. En este escenario de crisis ecosocial plagado de múltiples incertidumbres y contradicciones es en el que emerge hoy un nuevo orden social.</p>
<p>El consenso neoliberal ha saltado por los aires, asegura Gary Gerstle,<sup>1</sup> y tardaremos al menos una década en terminar de definir cómo será el próximo orden establecido. Así pues, la caída del orden neoliberal y la emergencia de otro indefinido nos muestran que ya estamos viviendo una transición. El problema es la transición: adónde nos conducirá y en qué condiciones.</p>
<p>El<em> orden emergente</em> arranca de la Gran Recesión provocada por la crisis del neoliberalismo<sup>2</sup> y, aunque todavía sin contornos definidos, empiezan a perfilarse algunos de sus rasgos característicos.</p>
<p>En primer lugar, en este orden emergente vivimos un reajuste del papel del Estado y los mercados. Se empezó a vislumbrar con la crisis del 2008 y los primeros programas de estímulo y de rescate bancario, así como con los intentos –más bien retóricos– de regular el capitalismo financiarizado; aconteció de nuevo, pero con mucha más fuerza, con la pandemia, con la parada forzosa de la economía mundial, la emergencia sanitaria y el reinicio posterior de las economías con la ayuda de ingentes planes de reconstrucción y resiliencia; se ha asentado con la guerra, cuando gastos militares y programas armamentísticos se ven impulsados con nuevos fondos. En tales circunstancias, la presencia y expansión de los ámbitos públicos no solo no son cuestionadas, sino que son alentadas de forma generalizada hasta por quienes no hace mucho promovían un miedo cerval al Leviatán del Estado. Cabe preguntarse si esta mayor intervención pública marcada por las circunstancias tiene visos de consolidarse. Hay motivos para pensar que así será: las diversas facetas de la transición –energética, ecológica, digital, y todas aquellas otras que se quieran añadir– parecen estar reclamando una presencia renovada del Estado. El nuevo papel de la intervención pública no se traduce únicamente en la simple cuestión cuantitativa del incremento del gasto: consiste sobre todo en la redefinición del nuevo rol cualitativo que debe desempeñar el Estado (no solo en sus funciones protectoras y redistribuidoras, sino también en las reguladoras y de impulso de la innovación).<sup>3</sup> Se trataría de encontrar la oportuna combinación entre gobiernos proactivos, pero controlados, y mercados dinámicos, pero bien regulados. Sin embargo, el regreso del intervencionismo público acontece en un contexto de involución autoritaria. En Occidente viene acompañado de décadas de retroceso de derechos sociales y vaciamiento democrático tras la aplicación de políticas de ajuste y alianzas público-privadas que fusionan el poder económico con el político;<sup>4</sup> en Oriente, el capitalismo político o autoritario dirigido por el Estado, ejemplificado perfectamente por China, socava la pretensión de Occidente de afirmar la existencia de un vínculo necesario entre capitalismo y democracia liberal.<sup>5</sup></p>
<p>En segundo lugar, asistimos a un retroceso de la hiperglobalización vivida durante la década de los noventa del siglo pasado tras el derrumbe del bloque soviético. Las estrategias orientadas a fragmentar, desplazar y reorganizar los procesos productivos mediante subcontrataciones y deslocalizaciones han mostrado sus inconvenientes. Se ha construido una economía demasiado compleja y, por eso mismo, extremadamente vulnerable: la paralización de parte de la producción por la escasez de suministros, el encarecimiento de los carburantes o los problemas en la logística global (debidos no solo a los cuellos de botella creados por la pandemia sino también a hechos como el acontecido en el Canal de Suez por el buque portacontenedores <em>Ever Given</em>) señalan que se ha ido demasiado lejos con la globalización. Ningún país es capaz de controlar su economía. Las principales potencias de Occidente comienzan a replantearse el papel de las cadenas globales de suministro y a reorganizar a través de políticas industriales las actividades que antes habían fragmentado y deslocalizado a miles de kilómetros, haciéndolas pasar del plano mundial a un ámbito de mayor proximidad geográfica (la UE, la economía nacional) para así garantizar el suministro de componentes e insumos considerados estratégicos (microchips, baterías, vacunas, semillas, cereales, fertilizantes, etc.).</p>
<p>Finalmente, los cambios en la geografía económica mundial, cuyo centro de gravedad se desplaza hacia Asia, y el surgimiento de nuevos actores en el escenario internacional –particularmente China, pero también la India con su enorme peso demográfico–, unido a la creciente pugna por unos recursos estratégicos escasos y las exigencias derivadas de la creciente profundización de la digitalización y el colonialismo verde de los países del centro capitalista, aventuran un recrudecimiento de las rivalidades –en todos los planos: el comercial, el tecnológico o el militar– y un incremento de la importancia de la geopolítica para preservar esferas de influencia y garantizar el acceso y la seguridad en el abastecimiento de los recursos.</p>
<p>En este contexto cabe interpretar el escenario surgido de la guerra de Ucrania. Representa el pulso entre potencias nucleares con el pueblo ucraniano como víctima, reflejando un choque de imperios en declive –el ruso y el occidental nucleado en torno a la OTAN– en un momento dominado por el ascenso fulgurante de una nueva figura: China. Una confrontación que se desprende de la pugna entre potencias ascendentes y dominantes en la emergencia de un nuevo orden, y que ha puesto de actualidad el riesgo que el politólogo norteamericano Graham T. Allison quería señalar al utilizar la expresión «trampa de Tucídides»: la amenaza de guerra que se desprende del miedo a perder la hegemonía.<sup>6</sup> La guerra de Ucrania sería la primera salva militar de una nueva guerra fría entre un Occidente Cuadrilateral –formado por EEUU, Europa, Japón y Oceanía– y un Oriente –liderado por China en alianza con Rusia y sus respectivas zonas de influencia– que puede acabar convirtiéndose en caliente en algún momento de las próximas décadas.</p>
<h3><strong>Nuevos consensos en un nuevo orden</strong></h3>
<p>Cada orden social representa una determinada configuración de poder definida por juegos de dominación y compromiso (entre alianzas en torno a una potencia, en el plano internacional; y, en el plano interno, entre clases y fracciones de clase). A cada orden le corresponde un discurso ideológico hegemónico que se presenta como “consenso”. El neoliberalismo logró un éxito sin precedentes en este campo. Generó uno aceptado y asumido incluso por sus oponentes, capturados en un espacio del que no pudieron escapar. En este sentido, los gobiernos de Felipe González, Bill Clinton, Tony Blair, Gerhard Schröder o Barak Obama fueron tan neoliberales como los de Margaret Thatcher o Ronald Reagan. El «Consenso de Washington» definió las reglas del juego para la economía mundial durante casi medio siglo y creó el mito de que la democracia liberal era la forma de gobierno universal con el que se clausuraba la historia.</p>
<p>Nada más lejos de la realidad, pues si hay algo que muestra el nuevo contexto geopolítico es precisamente la caída de dos de los principales mitos del orden neoliberal en el plano internacional: el primero, que el crecimiento económico y el libre comercio conducen a los países sin libertades políticas hacia regímenes de gobernanza y libertades asimilables a los occidentales; el segundo mito consistía en la creencia de que el incremento del comercio y las relaciones económicas garantizaría la paz entre las naciones. Uno y otro han sido desmentidos por China y Rusia respectivamente. Según el consenso occidental, China debería haber iniciado la senda hacia las libertades y los derechos civiles y, sin embargo, no es lo que está ocurriendo cuando el círculo de poder se estrecha cada vez más en torno a la figura de Xi Jinping –quien ha conseguido, no lo olvidemos, prorrogar su mandato indefinidamente– y el capitalismo en aquel país se asienta sobre un poderoso Estado autoritario tecnocrático. El mismo consenso llevó al error de pensar que Rusia iba a aguantar paciente, en virtud de los lazos comerciales contraídos con Europa, todas las ignominias y humillaciones que Occidente le ha estado infligiendo desde el derrumbe del bloque soviético.</p>
<p>La realidad internacional, más allá de los mitos, lo que muestra es la emergencia de un mundo que se fragmenta en bloques en un contexto geopolítico marcado por pulsiones autoritarias y amenazas bélicas. Aunque la crisis ecosocial y las problemáticas emergentes reclaman mayor cooperación y multilateralismo, la realidad que va surgiendo viene marcada por un orden multipolar fragmentado y mediado por un bilateralismo de bloques y áreas de influencia.</p>
<p>En el plano interno también se percibe una pérdida de consensos. El neoliberalismo, como orden social, trascendió las divisiones ideológicas presentes en una sociedad. Las diferencias culturales siguieron existiendo, pero armonizadas en torno a un único proyecto y los mismos principios del libre mercado. Convivían, aunque rivalizando entre ellos, neoconservadores y progresistas neoliberales.<sup>7</sup> Los primeros poniendo el énfasis en los valores del esfuerzo, la responsabilidad y la autoridad, en el legado de la tradición, en la defensa de la familia patriarcal y heterosexual; los segundos, enfatizando el mérito y los valores cosmopolitas que celebran el globalismo y la apertura a nuevas culturas, a la diversidad social y a nuevas tipologías de familia y formas de convivencia ancladas en códigos morales plurales. Diferencias ideológicas que se suelen despachar en forma de guerras culturales, pero que no llevan a impugnar el orden social ni el modo de vida de la civilización capitalista. Sin embargo, a medida que empiezan a percibirse con mayor gravedad las amenazas del avance de la insostenibilidad, el deterioro de las condiciones de vida por el incremento de las desigualdades sociales y las brechas territoriales que comprometen la cohesión social, y el retroceso de las instituciones democráticas corre paralelo al avance del poder de las elites, al repliegue autoritario o a la <em>securitización</em> y militarización de la respuesta a los flujos migratorios y a los desplazamientos forzados de población, el orden político y los consensos se resquebrajan al surgir la necesidad de cuestionar los fundamentos sobre los que se estaba instituyendo el orden emergente. De la mano de movimientos como <em>Occupy Wall Street</em>, el 15-M o los chalecos amarillos, se empieza a destacar la importancia de abordar los temas fiscales y poner coto a los mercados financieros y al poder de las corporaciones, se insiste en la urgencia de una transición ecológica justa que reparta con equidad los costes y los esfuerzos, en la necesidad de erigir redes de seguridad que protejan a la gente de las amenazas que se multiplican,<sup>8</sup> en suma, se abre el debate sobre el reajuste de las relaciones entre el Estado, la economía y la sociedad, sin olvidar el metabolismo social y la ecología, en el marco de un planeta que se precipita hacia el abismo borracho de (des)información y posverdad.</p>
<p>Sin embargo, nada está decidido. Aún no se ha forjado un nuevo consenso alternativo y el actual orden social continúa indefinido. Las respuestas a las cuestiones estructurales urgentes se van posponiendo porque la combinación de fuerzas no termina de decantarse hacia ningún lado. Mientras tanto, las fuerzas reaccionarias vuelven a la carga con sus cuitas culturales (costumbres y tradición, nación, identidad, ética y moral individuales…), y a su llamada se entra al trapo con tanto entusiasmo como despreocupación por la suerte de miles de millones de personas cuya vida depende de que el orden emergente logre ser más ilustrado y civilizado (o si se prefiere, menos bárbaro) que el saliente.</p>
<p><strong>Santiago Álvarez Cantalapiedra</strong>, director de <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocia</a>l y de la revista <a href="https://www.fuhem.es/revista-papeles/" target="_blank" rel="noopener"><em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em></a></p>
<p>Acceso al texto completo en formato pdf en fuhem.es: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/mundo-de-emergencias/" target="_blank" rel="noopener"><em>Mundo de emergencias</em></a>.</p>
<h4>NOTAS</h4>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>]</sup></a> Gary Gerstle, <em>Auge y caída del orden neoliberal</em>, Península, Barcelona, 2023.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Los órdenes sociales emergen tras profundas crisis en el capitalismo. Desde finales del siglo XIX, momento en el que apareció el capitalismo organizado con rasgos contemporáneos, se han sucedido tres órdenes sociales, cada uno de los cuales empieza y termina con una crisis estructural: la crisis estructural de 1890 inauguró el <em>orden liberal</em> o «primera hegemonía financiera»; la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado abrió la puerta al <em>orden socialdemócrata</em> o «compromiso social keynesiano de izquierdas»; y la crisis de los años setenta del siglo XX, precipitó el comienzo del <em>orden neoliberal</em> o «segunda hegemonía financiera». La Gran Recesión, que se desencadena en el año 2008, representa el inicio del tránsito hacia un <em>orden social emergente</em> cuya suerte aún estaría por decidir.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Luis Buendía García (ed), <em>El papel del Estado en la economía. Análisis y perspectivas para el siglo XXI</em>, Catarata/ FUHEM, Madrid, 2023.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Sheldon S. Wolin, <em>Democracia S.A</em>., Katz, Buenos Aires/ Madrid, 2008.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Branko Milanovic, <em>Capitalismo nada más. El futuro del sistema que domina el mundo</em>, Taurus, Madrid, 2020.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Tucídides fue un historiador y general ateniense que escribió <em>Historia de la guerra del Peloponeso</em>, donde se refiere a la pugna entre dos ciudades-Estado de la Antigua Grecia: una Esparta dominante (que lideraba la Liga del Peloponeso) y una Atenas en ascenso (encabezando la Liga de Delos). El profesor de Harvard Graham Allison, en su obra <em>Destined for War: Can America and China Escape Thucydides´s Trap?</em> (Houghton Mifflin Harcourt, Nueva York, 2017), examinó dieciséis enfrentamientos entre potencias ascendentes y dominantes desde el año 1550, señalando que en doce de los casos el desenlace fue el estallido de una guerra.</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Neovictorianos y cosmopolitas los denomina Gary Gerstle (<em>op. cit</em>). La expresión neoliberalismo progresista la tomo de Nancy Fraser, que la define como una suerte de alianza entre ciertas corrientes de los movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos LGTBQ) con las fuerzas del capitalismo cognitivo y financiarizado (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood).</p>
<p><a href="https://www.fuhem.es/2023/07/05/mundo-de-emergencias/#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> No solo las amenazas climáticas o las vinculadas a nuevas pandemias y crisis financieras, también las que se puedan desprender del factor demográfico, la política, la geopolítica, la inteligencia artificial u otros aspectos de la actual revolución tecnológica. Nouriel Roubini, en su libro <em>Megamenazas</em> (Deusto, Barcelona, 2023), advierte sobre diez de ellas.</p>
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		<title>FUHEM presenta el primer Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/fuhem-presenta-el-primer-informe-ecosocial-sobre-la-calidad-de-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Jun 2023 08:40:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[Vida Buena]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="661" height="496" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1.jpg 661w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1-480x360.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 661px, 100vw" /></figure>El informe ofrece un nuevo enfoque para detectar dónde están algunos de los asuntos cruciales sobre los que deberíamos centrar la atención a la hora de diseñar políticas que persigan una Vida Buena]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="661" height="496" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1.jpg 661w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/06/Fuhem_Portada-Informe-1200x1697-1-uai-4x3-1-480x360.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 661px, 100vw" /></figure><p>El Área Ecosocial de FUHEM ha presentado el <strong>I Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en</strong> España, un nuevo enfoque que pretende guiar el diseño de políticas que persigan una vida buena.</p>
<p>En sus páginas, en primer lugar, se caracteriza el modo de vida de la sociedad española a través de un triple análisis que se centra en los gastos (alimentación, movilidad y vivienda), los recursos (energéticos y materiales), y los trabajos (remunerados y no remunerados). A continuación, se apuntan las tendencias que genera ese modo de vida, agrupadas en tres grandes epígrafes: insostenibilidad ambiental, desequilibrio territorial y amenazas sobre la cohesión social. Por último, se plantea una pregunta: ¿qué significa hoy una vida buena en el contexto de la crisis ecosocial provocada por nuestro modo de vida?</p>
<p>El I<strong> Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España </strong>concluye que una sociedad no puede prosperar cuando no lo hace la mayoría de sus miembros, cuando se atenta contra la cohesión social o se genera un ambiente adverso.</p>
<p>Este trabajo, que ofrece un nuevo enfoque para detectar algunos de los asuntos cruciales que deberían centrar la atención al diseñar políticas que persigan una vida buena, se ha presentado a los medios de comunicación y será el eje de actos inminentes como el próximo encuentro en el marco de los <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/la-insoportable-insostenibilidad-de-nuestro-modo-de-vida/" target="_blank" rel="noopener">Debates para un Pensamiento Inclusivo</a> o el de <a href="https://www.fundaciones.org/es/noticias-aef/calidad_de_vida_en_la_transicion_ecologica" target="_blank" rel="noopener">Despertadores climáticos. Calidad de vida en la transición ecológica.</a></p>
<p>En la <a href="https://www.fuhem.es/2023/06/12/i-informe-ecosocial-sobre-la-calidad-de-vida-en-espana/" target="_blank" rel="noopener">web de FUHEM</a>, puede accederse a más información, al resumen ejecutivo del Informe y al <a href="https://www.fuhem.es/informe-ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">Informe completo</a> para su descarga.</p>
<p></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>La vida buena desde un enfoque ecosocial</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/la-vida-buena-desde-un-enfoque-ecosocial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2023 08:34:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alternativas Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="452" height="302" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/fuhem_papeles_161.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure>La sección A FONDO del número 161 de la revista "Papeles de relaciones ecosociales y cambio global" recoge un interesante texto firmado por el equipo de FUHEM Ecosocial sobre calidad de vida y los obstáculos a su dignidad y justicia]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="452" height="302" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/fuhem_papeles_161.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure><p><em>El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que nos encontramos. Así, tras analizar los conceptos de felicidad, bienestar y nivel de vida se detiene a examinar la noción de calidad de vida, que corrige el reduccionismo de visiones anteriores, y la sitúa en el actual contexto de crisis ecosocial para identificar un modo de vida productivista y consumista –el capitalista– que impide el avance en la calidad de vida de forma justa y generalizada tanto de los sistemas naturales como sociales. De aquí se deriva el desarrollo de un enfoque ecosocial de la calidad de vida.</em></p>
<p>El siglo XX ha sido el siglo de la expansión de la <em>civilizació</em><em>n industrial capitalista</em>. En el trascurso de este periodo, particularmente a partir de su segunda mitad, se han acelerado los ritmos de extracción de recursos y de emisión de residuos asociados a la actividad económica, dotando a las sociedades humanas de una elevada complejidad y una destructividad nunca vista. Estas circunstancias nos han conducido, ya en el siglo XXI, a un escenario inédito de extralimitación y desigualdades. Un escenario en el que converge la creación de escasez relativa que genera el capitalismo con la escasez absoluta sobrevenida de recursos estratégicos, pérdida irreversible de biodiversidad y desestabilización abrupta del clima.</p>
<p>La magnitud que ha alcanzado la actividad económica en relación con la biosfera y el tipo de metabolismo socioeconómico que la civilización industrial capitalista ha extendido por todo el planeta proyectan sobre la humanidad una amenaza existencial. En este escenario, con las restricciones que impone, debemos cuestionar el modo de vida que nos ha conducido hasta él y preguntarnos: <strong>¿</strong>qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o <em>vida buena</em> en el contexto de <em>crisis ecosocial</em> en el que estamos?</p>
<p>A pesar de haber recibido juicios variables a lo largo de la historia, la idea amplia de <em>bienestar</em> (de <em>bien</em> y <em>estar</em>) es algo que ha preocupado al ser humano durante toda su existencia.<sup>1</sup> Se podría decir que tener acceso a una<em> vida buena</em> es, al fin y al cabo, el mayor objetivo de los seres humanos.<sup>2</sup><sup>,</sup><sup>[3</sup> Forma parte de nuestra naturaleza querer vivir bien; querer tener una vida buena, una vida de calidad, una vida con bienestar. Es algo que, en el fondo, y como sostenía Aristóteles, deseamos siempre por encima de cualquier otra cosa: es <em>el fin último de la actividad humana, el bien perfecto por excelencia</em>.<sup>4</sup></p>
<p>Sin haber estado nunca sujeto a un enclave epistemológico determinado, <em>la cuestión de la vida buena</em> ha sido abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral. Tratar de comprender qué es lo que nos lleva a tener una vida buena y de calidad ha sido una de las principales preocupaciones de la filosofía durante la mayor parte de la historia humana.<sup>5</sup></p>
<blockquote><p><strong>¿Qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que estamos?</strong></p></blockquote>
<p>En los últimos tiempos, sin embargo, este tema ha despertado un creciente interés en ámbitos como el científico, el social o el político. Con ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales han venido sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida para evaluar el progreso social de sus países y regiones y mejorar con ello sus políticas públicas<sup>[6</sup></p>
<p>Con el propósito de delimitar y clarificar las diferentes aproximaciones existentes en torno a la cuestión de la <em>vida buena</em>, en las líneas que siguen se realizará una breve revisión conceptual y terminológica concerniente a las principales expresiones existentes al respecto.</p>
<h3>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> griega</h3>
<p>Durante la antigua Grecia, los debates ético−políticos solían transcurrir en torno a un término esencial: la <em>eudaimon</em><em>ía</em> (de “<em>eu</em>” y “<em>daimon</em>”, que vendría a significar “buen espíritu”). A pesar de que hoy en día este término suele traducirse como “felicidad” sin más, el término “florecimiento humano” ha sido sugerido como una traducción más exacta.<sup>7</sup> En esta línea, filósofos como Jorge Riechmann sugieren contemplar a la <em>eudaimon</em><em>ía</em> como <em>vida lograda</em>, <em>cumplida</em> o en <em>plenitud</em>.<sup>8</sup></p>
<p>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era por tanto entendida por la filosofía de la época como un estado subjetivo y pasajero relacionado con el disfrute o el placer, sino más bien como un proceso vital: una forma de vivir que mereciese la pena ser vivida. En esta línea, el pensamiento grecorromano resaltó enfáticamente la importancia que sobre la <em>eudaimon</em><em>ía</em> tenía la <em>phil</em><em>ía</em> (o amistad),<sup>9</sup> de tal modo que sin unos vínculos sociales satisfactorios era difícil alcanzar una vida plena. De esta forma, la esencia misma de la <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era algo estrictamente individual, sino un fundamento que encajaba en un modelo de vivir en interrelación con los demás: un bien social que florece de la convivencia entre iguales.<sup>10</sup></p>
<p>De entre todos los términos existentes relacionados con la idea de una <em>vida buena</em>, son tres los que han acaparado hasta ahora el grueso de la atención académica: felicidad, bienestar y calidad de vida. A continuación repasaremos, uno por uno, el significado de estos tres términos frecuentemente intercambiables. Comenzaremos por la felicidad.</p>
<h3>La felicidad</h3>
<p>Según sostiene Francis Heylighen, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, existen dos formas de entender la felicidad: una pasajera y una duradera.<sup>11</sup> La primera se aproximaría a la noción de alegría (sentimiento grato), mientras que la segunda lo haría a las nociones de bienestar. Esta segunda concepción ha sido tradicionalmente abordada desde el mundo académico para indicar el disfrute subjetivo de la vida en sentido general,<sup>12</sup> siendo con ello un concepto análogo al de <em>bienestar subjetivo</em><sup>13</sup> y pudiendo ser evaluado a través de encuestas que valoran el nivel de satisfacción que las personas tienen con la forma en que su vida transcurre (indicadores de satisfacción con la vida, con el tiempo disponible, con las relaciones personales, con el trabajo, etc.). Con todo, y tal y como sostiene Ruut Veenhoven, valdría entender la felicidad (o bienestar subjetivo) como la percepción personal a través de la cual un individuo juzga la calidad global de su vida de forma favorable;  esto es, lo que a uno le gusta la vida que uno lleva, comparando la vida que tiene con la que le gustaría tener.<sup>14</sup></p>
<p>Los estudios sobre la felicidad han permitido obtener información relevante al comparar resultados por nivel socioeconómico dentro de un país, entre países según su nivel de ingresos <em>per capita</em> o por periodos de tiempo para cada uno de los países. De esas comparaciones se detectó una paradoja en relación con la satisfacción con la vida y el nivel de ingresos: cuando las personas se hacen más prósperas en relación con otras, aumenta la satisfacción con su propia vida; pero cuando son las sociedades en su conjunto las que se hacen más ricas, no se vuelven por ello más felices. Efectivamente, si preguntamos a personas con diferentes niveles de renta sobre su felicidad se comprueba que aquellas que disponen de mayores ingresos suelen autoproclamarse más felices que las relativamente más pobres. Hasta aquí nada nuevo: «El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un auténtico especialista para verificar la diferencia», se podría concluir siguiendo la broma de Woody Allen. Ahora bien, las cosas cambian cuando se establecen comparaciones a lo largo del tiempo y entre países.</p>
<p>Richard Easterlin, en 1974, fue el primer economista en cuestionar la relación de proporcionalidad existente entre los ingresos y el bienestar subjetivo. Tras comparar varios países entre sí, Easterlin propuso la existencia de una zona de <em>saturación monetaria del bienestar humano subjetivo</em> a partir de la cual el aumento de los ingresos medios de una sociedad ya no se relacionaba con el aumento de su satisfacción con la vida.<sup>15</sup> De este modo, la relación entre los ingresos y el bienestar subjetivo se revelaría proporcional únicamente para el caso de las sociedades menos adineradas, en las cuales la mayor parte de las rentas familiares son destinadas a cubrir las necesidades materiales más apremiantes. A partir de un determinado umbral de renta el aumento de los ingresos apenas contribuía ya a incrementar significativamente el bienestar subjetivo de las personas.</p>
<p>Este fenómeno, popularizado como la «paradoja de la felicidad», también fue años después explorado en algunos países concretos a lo largo del tiempo. Así, tal y como mostraron los trabajos de David G. Myers, a pesar de que en EEUU el salario medio prácticamente se triplicó entre mediados de los años cincuenta y 2010, la felicidad declarada por sus ciudadanos durante esos años permaneció prácticamente constante.<sup>16</sup> Por tanto, cuando se compara el grado de felicidad que las personas dicen disfrutar a lo largo de un periodo amplio de varias décadas, en las sociedades opulentas nos encontramos con que el porcentaje de personas que declaran sentirse felices no ha aumentado (incluso ha descendido en algunos casos) a pesar de que los ingresos se hayan incrementado considerablemente en ese mismo período. De todo ello se puede atisbar que en la felicidad (o bienestar subjetivo) de las personas llega un momento en el que influyen más otros aspectos (relacionales, culturales y ambientales) que el nivel de renta absoluto que obtengamos.</p>
<h3>El bienestar</h3>
<p>El bienestar es un concepto amplio que tiene muchas definiciones diferentes. Según la Real Academia Española (RAE), el bienestar tiene que ver con el conjunto de cosas necesarias para vivir una vida buena, tranquila, estimulante y saludable.<sup>17</sup></p>
<p>Huppert, Baylis y Keverne definieron el bienestar como el estado positivo y sostenible que permite a los individuos, a los grupos sociales o a las naciones prosperar y florecer.<sup>18</sup> Así pues, cabe distinguir entre el análisis del «bienestar actual» y el análisis de su «sostenibilidad», es decir, si el bienestar puede mantenerse en el tiempo.<sup>19</sup></p>
<p>Un trabajo de 2014 basado en la integración de varios enfoques sobre la noción de bienestar, como los propuestos por Sen,<sup>20</sup> Doyal y Gough,<sup>21</sup> y McGregor y colaboradores,<sup>22</sup> sugirió que este tiene que ver básicamente con tres aspectos: i) las condiciones físicas, sociales y mentales de las personas, ii) la satisfacción de sus necesidades y capacidades básicas, y iii) las oportunidades y recursos a los que se tiene acceso.<sup>23</sup></p>
<p>Sea como fuere, la literatura existente sugiere que el bienestar debe ser tratado como un asunto multidimensional que captura una mezcla de circunstancias de la vida de las personas, incluyendo cómo se sienten y cómo funcionan.<sup>24</sup> Así, la noción de bienestar comprende, a fin de cuentas, todos los componentes y factores tanto objetivos como subjetivos que son inherentes al florecimiento positivo de una persona.<sup>25</sup></p>
<h3>El bienestar reducido a la prosperidad material y al nivel de vida</h3>
<p>A pesar de que la idea de bienestar ha evolucionado en los últimos años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción dominante de bienestar sigue estando ligada a día de hoy al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construyó un paradigma que vinculaba progreso con incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. La noción dominante de bienestar ha quedado así reducida a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y, en consecuencia, al aumento del consumo.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos –bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil– son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos.<sup>26</sup> En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales.</p>
<p>Además, las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelen ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas. Tampoco logran reflejar las disparidades de riqueza e ingresos dentro de una sociedad (un aspecto que está negativamente correlacionado con la salud de esa sociedad)<sup>27</sup> ni capturan ni pueden capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.<sup>28</sup></p>
<h3>La calidad de vida</h3>
<p>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace recuperando y abrazando el concepto multidimensional de bienestar anteriormente mencionado, que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana.</p>
<p>Trasladar la atención hacia los logros es relevante porque una vida buena es, al fin y al cabo, una vida lograda o realizada. Atender, por ejemplo, a los logros en materia de salud y autonomía permite evaluar un modo de vida en función de los resultados cosechados. Un modo de vida que impida o amenace la salud y autonomía de las personas no podrá considerarse en ningún caso una vida buena.</p>
<p>El término de calidad de vida comenzó a generalizarse en la década de los setenta en el campo de la medicina y la salud para transmitir la idea de que hay algo más que la mera cantidad de años de supervivencia: así, además del tiempo de vida, también es importante atender a la calidad de la misma.<sup>29</sup> En esta línea se han propuesto indicadores ligados al desarrollo biológico que proporcionan una información significativa sobre la evolución de la calidad de vida de una población. La estatura media o la esperanza de vida saludable, por ejemplo, constituyen indicadores fiables y complejos del desempeño de la vida en una sociedad al reflejar los factores ambientales sobre el máximo potencial de crecimiento genético.<sup>30</sup></p>
<blockquote><p><strong>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar</strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, la relevancia de los factores ambientales (físicos, epidemiológicos y socioeconómicos) exige incorporar la dimensión ecológica del bienestar –o la ecología en la que se desarrollan nuestras vidas–. La pandemia ha mostrado cómo la salud de las personas se encuentra profundamente intrincada con la salud de los ecosistemas y que una vida sana en un planeta enfermo o en un entorno social tóxico es una contradicción en sus términos.</p>
<p>Pese a que la dimensión socioambiental ha estado presente en muchos índices de bienestar, desde los años setenta en adelante diversos enfoques asociados a la idea de los ecosistemas como límites biogeofísicos de la acción social vienen planteando con mayor énfasis la preocupación por los conceptos de bienestar y calidad de vida desde el ámbito de las <em>ciencias de la sostenibilidad</em>, vinculándose así su noción con el estado de conservación de los ecosistemas.<sup>31</sup> Este enfoque parte del reconocimiento de que el buen funcionamiento de la biosfera está en la base del bienestar y de la subsistencia humana, de modo que no podremos tener vidas de calidad si nuestros modos de vivir promocionan hábitos insostenibles que alteran la biodiversidad y los procesos ecológicos. Al fin y al cabo, este marco abraza los principios de la economía ecológica, situando la esfera económica al servicio de la sociedad en un panorama de armonía con la naturaleza, en vez de subordinar −como se ha venido haciendo− tanto la naturaleza como la sociedad a los avatares de la globalización económica capitalista.<sup>32</sup></p>
<h3>Calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial</h3>
<p>Bajo esta perspectiva se vuelve primordial reconocer que la crisis ecosocial que atraviesa el planeta –y que amenaza con comprometer la vida de millones de personas, así como cualquier horizonte de vida buena– es, en el fondo, un hecho social arraigado al <em>modo de vida hoy imperante</em>. Si pretendemos alcanzar una vida buena y de calidad para toda la humanidad en un planeta que es finito tendremos que ser capaces de acomodar nuestra noción de bienestar a los límites ecológicos del planeta.<sup>33</sup> Pasar de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>La consideración de la crisis ecosocial en todas sus dimensiones y manifestaciones exige, en este punto de la historia en que nos encontramos, definir la vida buena como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. A este respecto se ha hecho popular en los últimos años una imagen con la que representar la posibilidad de congeniar el bienestar social y la sostenibilidad ecológica: la conocida como <em>econom</em><em>ía de la rosquilla</em>. Reconociendo un “suelo social” que deberíamos garantizar y un “techo ambiental” que tendríamos que respetar, estaríamos en condiciones de precisar el espacio intermedio de seguridad en el que resulta posible prosperar conforme a los medios de nuestro planeta.<sup>34</sup></p>
<blockquote><p><strong>Pasar a una noción del bienestar sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales</strong></p></blockquote>
<p>La claridad que transmite la imagen de la rosquilla ha hecho que este marco conceptual esté siendo utilizado con cada vez más asiduidad para evaluar y comparar el desempeño socioecológico de muchos países y ciudades del mundo. Eso sí, en el caso concreto de los países se ha comprobado que ningún país hasta la fecha ha logrado situarse en ese <em>espacio seguro</em> que permite tener prosperidad social sin trasgredir los límites biofísicos.<sup>35</sup> Mientras que algunos países deben mejorar significativamente en ámbitos sociales (aquí encontramos, sobre todo, a países del Sur global), otros deben hacer enormes esfuerzos ambientales para dejar de sobrepasar los límites planetarios (fundamentalmente los países más desarrollados del Norte global).<sup>36</sup></p>
<h3>La cosmovisión del <em>Buen Vivir</em> y las prácticas de los <em>Buenos Convivires</em></h3>
<p>En muchas culturas, la idea del florecimiento humano en armonía dinámica con la naturaleza aún está presente. Las propuestas andinas del <em>buen vivir</em> (el <em>sumak kawsay</em> de las culturas kichwa o el <em>suma quama</em><em>ña</em> de las aymaras) valoran la plenitud en relación con la comunidad y la naturaleza. Existen nociones similares en otras culturas: el <em>ñande reko</em> guaraní, el <em>tarimiat pujústin</em> shuar, el s<em>hiir waras</em> ashuar, el <em>kyme mogen</em> mapuche, o el <em>balu wala</em> de los pueblos kunas de Panamá, así como muchas otras presentes en pueblos de Asia, África y Oceanía. Se trata de concepciones holísticas y armoniosas (consigo mismo, con la comunidad y con la naturaleza) que expresan la misma idea de prosperidad humana en un floreciente entramado de vida.</p>
<p>El Buen Vivir tiene una potente dimensión cultural y espiritual –no necesariamente religiosa– que la diferencia de otras concepciones del bienestar al situar al ser humano como parte de una realidad vital mayor.<sup>37</sup> También tiene una dimensión económico−productiva a partir de los principios de suficiencia y sustentabilidad. El <em>enfoque del Buen Vivir</em> no propugna una forma de desarrollo alternativo, sino una alternativa a la propia idea de desarrollo –y de progreso– emanada de la modernidad capitalista occidental que conlleva la descolonización de las metodologías y la descolonización del saber.<sup>38</sup> En este sentido, este enfoque demanda una clara diferenciación entre sabidurías y conocimientos y, como consecuencia, un indispensable diálogo de saberes y aproximaciones transdisciplinarias. Y de ese diálogo se deriva que no solo hay un único modo de entender la vida buena, sino una pluralidad de “buenos convivires” que no son propuestas acabadas sino procesos en construcción permanente a partir de vivencias, experiencias y prácticas que se trenzan desde abajo.<sup>39</sup></p>
<p>El Buen Vivir, como alternativa a un desarrollo que en realidad es “maldesarrollo”, se presenta como una propuesta civilizatoria para orientar la salida del capitalismo. No significa en ningún caso una apuesta por volver al pasado, sino más bien, como señala Michael Lövy, del romanticismo revolucionario, una «vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador»<sup>40</sup> para redescubrir la sabiduría aún presente en la mayoría de las tradiciones culturales y cosmovisiones de los pueblos oprimidos por las potencias coloniales o poscoloniales. «Tampoco reniega de la tecnología ni del saber moderno. De lo que sí reniega es de la civilización del capital».<sup>41</sup> Es, en suma, la búsqueda de un <em>nuevo modo de vida alternativo</em> al <em>modo de vida imperante</em>.</p>
<h3>El modo de vida que se encuentra en el origen de la crisis ecosocial</h3>
<p>Indagar en la calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial exige identificar en nuestra forma de vivir un modo de producción y consumo –un <em>modo de vida</em><em>–</em> que combina, como caras de una misma moneda, la opulencia de las mercancías con la explotación de la fuerza laboral, el saqueo de los recursos de la naturaleza y la imposición de cargas indeseadas sobre las mujeres. El capitalismo es un sistema económico que vive de la explotación de sus colonias y que genera un <em>modo de vida imperial</em>.<sup>42</sup> Como señalan María Mies y Vandana Shiva, esas colonias son las mujeres, la naturaleza y los países del Sur global.<sup>43</sup> Su desarrollo histórico ha conducido a la crisis ecosocial en la que nos encontramos. La dinámica expansiva capitalista, impulsada por el ánimo de lucro y el individualismo competitivo, choca con los límites ecológicos del planeta y desbarata los vínculos sociales, afectando de esa manera a las condiciones materiales que permiten la reproducción de la vida y de la existencia social.</p>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial, la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque normativo capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder, e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia.<sup>44</sup> Debe permitir evaluar el modo de vida de la civilización industrial capitalista y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas albergan una contradicción sociorreproductiva profundamente asentada en la crisis ecosocial, entendida como una crisis ecológica y de cuidados.<sup>45</sup></p>
<p><strong>Un enfoque ecosocial de la calidad de vida</strong></p>
<p>Los debates actuales sobre la <em>vida buena</em> comparten las críticas radicales a las ideas de desarrollo y progreso orientadas únicamente a incrementar el nivel de ingresos y la riqueza monetaria. Estos debates advierten de la necesidad de incorporar las dimensiones personales, sociales y ambientales. La importancia decisiva en la vida de la gente de los elementos relacionales, culturales, políticos y ecológicos abre la perspectiva hacia otras formas de organización social ajustadas a las particularidades históricas y culturales alternativas a la que ofrece en nuestros días el capitalismo, depredador de la naturaleza, apisonador de las culturas de los pueblos y empobrecedor de las relaciones sociales.</p>
<p>En nuestro mundo convive la ostentación más despilfarradora con la necesidad más apremiante. Mientras esto ocurre, el planeta Tierra se encamina a velocidad de vértigo hacia una degradación de magnitudes incalculables. El ritmo de deterioro ecológico y social que estamos padeciendo a escala planetaria exige que nos preguntemos con urgencia qué entendemos por <em>vida buena</em>, pues no parece que podamos asumir como bueno el modo de vida imperial que niega a la mayoría un presente y a la humanidad su futuro. Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento  y calidad.</p>
<p>Bajo la noción de calidad de vida laten distintas dimensiones. Una de ellas se refiere indudablemente al acceso a una determinada cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura de las más elementales necesidades materiales. Pero la calidad de vida es algo más que eso, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. A nadie le extraña que en las respuestas a la pregunta acerca de una vida de calidad la gente incorpore habitualmente alusiones a la salud, al disfrute del tiempo libre o a la compañía de sus seres queridos.<sup>46</sup> Así pues, y como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). <em>Tener</em>, <em>hacer</em> y <em>estar</em> son dimensiones siempre presentes en la evaluación de la calidad de vida.<sup>47</sup></p>
<blockquote><p><strong>Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Cada una de estas dimensiones entraña, a su vez, aspectos objetivos y subjetivos. Los aspectos objetivos se refieren a las oportunidades que se nos abren en relación con los recursos a los que podemos acceder, las actividades que podemos desarrollar o las circunstancias –sociales y ambientales– en las que nos toca vivir. Los aspectos subjetivos tienen que ver con las valoraciones cognitivas y los sentimientos (positivos y negativos) que suscita todo lo anterior. Una vez resaltadas las dimensiones que abarca la calidad de vida, cabe preguntarse por los aspectos que necesitaríamos cultivar para favorecerla y los obstáculos que deberíamos remover para no entorpecerla. Tal vez pueda ayudar en la respuesta a estos interrogantes la mención de tres aspectos que se encuentran presentes en todas las cosas que logramos hacer y que representan elementos constitutivos del estado de una persona, ya sea estar bien alimentado, gozar de buena salud, evitar enfermedades o participar con autonomía en la vida comunitaria. Esos elementos son los siguientes: los <em>recursos</em>, el <em>tiempo</em> y las <em>relaciones</em>.</p>
<p>Recursos, tiempos y relaciones para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en que se desenvuelve la vida. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
<p><em><strong><a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/161-uai-516x727-1.jpg"></a>FUHEM Ecosocial</strong> está formado por  Mateo Aguado, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Monica Di Donato, Susana Fernández, Pedro Lomas y Nuria del Viso. </em>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em></a>.</p>
<p>Para consultar los contenidos o adquirir el <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener">nº 161 de la Revista Papeles</a>, visita la <a href="https://www.fuhem.es/2023/05/08/modo-de-vida-vida-buena-y-crisis-ecosocial-papeles-161/" target="_blank" rel="noopener">web de FUHEM</a>.</p>
<h4>NOTAS:</h4>
<p><sup>[1]</sup> Mateo Aguado, Diana Calvo, Candela Dessal, Jorge Riechmann, José A. González y Carlos Montes, «La necesidad de repensar el bienestar humano en un mundo cambiante», <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, núm. 119, 2012, pp. 49-77., disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf </a></p>
<p><sup>[2]</sup> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, <em>The science of well</em>−<em>being</em>, Oxford University Press, USA, 2005.</p>
<p><sup>[3]</sup> Mark McGillivray, «Human well−being: Issues, concepts and measures», <em>Human well</em>−<em>being: Concept and measurement</em>, 2007, pp. 1-22.</p>
<p><sup>[4]</sup> Aristóteles, <em>Ética Nicomáquea</em>, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1994.</p>
<p><sup>[5]</sup> Mateo Aguado, <em>Vivir bien en un planeta finito: Una mirada socio</em>−<em>ecológica al concepto de bienestar humano</em>, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2016, pp. 37, disponible en: <a href="https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536" target="_blank" rel="noopener">https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536 </a></p>
<p><sup>[6]</sup> John F. Helliwell, Richard Layard y Jeffrey D. Sachs, <em>World Happiness Report 2015</em>, Sustainable Development Solutions Network, 2015, disponible en: <a href="https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf</a></p>
<p><sup>[7]</sup> Douglas B. Rasmussen, «Human flourishing and the appeal to human nature«, <em>Social Philosophy and Policy</em>, núm. 16.1, 1999, pp. 1-43.</p>
<p><sup>[8]</sup> Jorge Riechmann, <em>¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2011.</p>
<p><sup>[9]</sup> Traducida normalmente por amistad, la <em>philía</em> realmente expresa todo sentimiento de afección y compromiso con los otros; sentimientos tales como amistad, amor, benevolencia, cooperación, filantropía, etc.</p>
<p><sup>[10]</sup> Mateo Aguado, 2012, <em>op. cit.</em>, pp. 52-53.</p>
<p><sup>[11]</sup> Francis Heylighen, «Evolution, selfishness and cooperation». <em>Journal of Ideas</em>, Vol 2, núm. 4, 1992, pp 70-76.</p>
<p><sup>[12]</sup> Omar Ovalle y Javier Martínez, «La calidad de vida y la felicidad», <em>Contribuciones a la Economía</em>, núm. 2006-12, 2006, disponible en: <a href="https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm">https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm</a>.</p>
<p><sup>[13]</sup> Louis Tay, Lauren Kuykendall y Ed Diener. «Satisfaction and happiness–the bright side of quality of life», <em>Global handbook of quality of life: Exploration of well</em>−<em>being of nations and</em> <em>continents</em>, Springer, New York, 2015, pp. 839-853.</p>
<p><sup>[14]</sup> Ruut Veenhoven, <em>Measures of gross national happiness</em>, OECD World Economic, 2007.</p>
<p><sup>[</sup><sup>1</sup><sup>5]</sup> Richard A. Easterlin, «Does Economic Growth Improve the Human Lot?  Some Empirical Evidence», en Paul A. David y Melvin Reder (ed): <em>Nations and Households in Economic Growth. Ensays in Honor of Moses Abramovitz</em>, Oxford University Press, Oxford, 1974, pp. 89-125.</p>
<p><sup>[16]</sup> David G. Myers y Jean M. Twenge, <em>Exploring social psychology</em>, McGraw−Hill, New York, 2012.</p>
<p><sup>[17]</sup> RAE (Real Academia Española), <em>Diccionario de la lengua española</em> (23ª ed.), 2014, disponible en: <a href="http://www.rae.es/">http://www.rae.es/</a></p>
<p><sup>[18]</sup> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, «Introduction: why do we need a science of well–being?», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society of London</em>. Series B: Biological Sciences 359.1449, 2004, pp. 1331-1332 disponible en: <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf</a></p>
<p><sup>[19]</sup> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi: <em>Medir nuestras vidas</em>, RBA, Barcelona, 2013, p.51.</p>
<p><sup>[20]</sup> Amartya Sen, «Well−being, agency and freedom the Dewey Lectures 1984», <em>Justice and the capabilities approach</em>, 2017, pp. 3-55.</p>
<p><sup>[21]</sup> Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Icaria/FUHEM, Barcelona/Madrid, 1994.</p>
<p><sup>[22]</sup> Allister McGregor, Andrew McKay y Jackeline Velazco, «Needs and resources in the investigation of well‐being in developing countries: illustrative evidence from Bangladesh and Peru», <em>Journal of Economic Methodology</em>, núm. 14.1, 2007, pp. 107-131.</p>
<p><sup>[23]</sup> Megan F. King, Vivian F. Renó y Evlyn M. Novo, «The concept, dimensions and methods of assessment of human well−being within a socioecological context: a literature review», <em>Social indicators research</em>, núm. 116, 2014, pp. 681-698.</p>
<p><sup>[24]</sup> James Kevin Summers, Lisa M. Smith, Jason L. Case y Rick A.  Linthurst, «A review of the elements of human well−being with an emphasis on the contribution of ecosystem services», <em>Ambio</em>, núm. 41(4), 2012, pp. 327-340.</p>
<p><sup>[25]</sup> Lin Roberts, Ann Brower, Geoffrey Kerr, Simon Lambert, Wendy McWilliam, Kevin Moore, Johen Quinn, David Simmons, Simon Thrush, Mike Townsend, Paul Blaschke, Robert Costanza, Ross Cullen, Ken Hughey y Steve Wratten, <em>The nature of wellbeing: how nature’s ecosystem services contribute to the wellbeing of New Zealand and New Zealanders</em>, Department of Conservation, Wellington, 2015, disponible en: <a href="https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf</a></p>
<p><sup>[26]</sup> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi, <em>op. cit</em>., p. 113.</p>
<p><sup>[27]</sup> Richard Wilkinson y Kate Pickett, <em>Desigualdad</em>. <em>Un análisis de la (in)felicidad colectiva</em>, Turner, Madrid, 2009.</p>
<p><sup>[28]</sup> Santiago Álvarez Cantalapiedra, «La evaluación de la satisfacción de las necesidades: en torno a los indicadores del bienestar» en Alfonso Dubois, Juan Luis Millán y Jordi Roca (coords.): <em>Capitalismo, desigualdades y degradación ambiental</em>, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 153-166.</p>
<p><sup>[29]</sup> Ruut Veenhoven, «The four qualities of life. Ordering concepts and measures of the good life», <em>Understanding human well</em>−<em>being</em>, núm 1, 2006, pp. 74-100 disponible en: <a href="https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd" target="_blank" rel="noopener">https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd</a>f</p>
<p><sup>[30]</sup> Begoña Candela−Martínez, Antonio D. Cámara, Diana López−Falcón, José M. Martínez−Carrión, «Growing taller unequally? Adult height and socioeconomic status in Spain (Cohorts 1940–1994)», <em>SSM </em>−<em> Population Health</em>, vol. 18, 2022, 101126, disponible en: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener">https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub</a></p>
<p><sup>[31]</sup> Ver, por ejemplo: 1) Joan Martínez−Alier y Klaus Schlüpmann, <em>La ecolog</em><em>ía y la economía</em>, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1991. 2) Robert Costanza, John H Cumberland, Herman E. Daly, Robert Goodland y Richard B Norgaard, <em>An introduction to Ecological Economics</em>, CRC Press, Boca Ratón, FL, USA, 1997. 3) Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Fuhem/Icaria, Madrid/Barcelona, 1994. 4) Manfred A. Max−Neff, <em>Desarrollo a escala humana</em>, Icaria, Barcelona, 1994. 5) Nicholas Georgescu−Roegen, <em>La Ley de la Entropía y el proceso econó</em><em>mico</em>, Fundación Argentaria, Madrid, 1996 [1971]. 6) Johan Rockström, Will Steffen, Kevin Noone<em> et.al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em>, núm. 461, 2009, pp. 472-475. 7) Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault <em>et al</em>., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self−limitation», <em>Sustainability: science, practice and policy</em>, núm. 17(1), 2021, pp. 265-292.</p>
<p><sup>[32]</sup> Mateo Aguado, 2016, <em>op. cit.</em>, p. 63.</p>
<p><sup>[33]</sup> Daniel W. O’Neill, Andrew L. Fanning, William F. Lamb y Julia K. Steinberger, «A good life for all within planetary boundaries». <em>Nature Sustainability</em>, 1 (2), 2018, pp. 88-95, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1038/s41893-018-0021-4">https://doi.org/10.1038/s41893−018−0021−4</a></p>
<p><sup>[34]</sup> Kate Raworth, <em>Economía rosquilla</em>, Paidós, Barcelona, 2018.</p>
<p><sup>[35]</sup> Daniel W. O’Neill <em>et al</em>., <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>[36]</sup> Para más información al respecto se recomienda consultar la web: <a href="https://goodlife.leeds.ac.uk/">https://goodlife.leeds.ac.uk/</a></p>
<p><sup>[37]</sup> José Astudillo, <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020; Patricio Carpio, <em>Buen Vivir. Utopía para el siglo XXI</em>, FUHEM Ecosocial, Madrid, 2019. Puede consultarse también el semimonográfico del número 128 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global,</em> titulado «Propuestas para la buena vida» (invierno 2015), disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128</a>/</p>
<p><sup>[38]</sup> Alberto Acosta, «A modo de prólogo», en José Astudillo: <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020, pp. 13-20.</p>
<p><sup>[39]</sup> Tomás Rodríguez Villasante, «El debate sobre el buen vivir y los problemas−caminos para medir los avances en la calidad y la sustentabilidad», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 128, FUHEM, Madrid, 2014, pp. 61-78, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf" target="_blank" rel="noopener">www.fuhem.es/&#8230;</a></p>
<p><sup>[40]</sup> Véase la entrevista a Michael Löwy realizada por Rafael Díaz−Salazar aparecida en el nº 315 de <em>El Viejo Topo</em> (abril de 2014) y complementaria de otra que, con los mismos protagonistas y en las mismas fechas, apareció publicada en el núm. 125 de <em>PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, disponible en: </em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf</a></p>
<p><sup>[41]</sup> Alberto Acosta, <em>op. cit</em>., p. 20.</p>
<p><sup>[42]</sup> Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial</em>, Friedrich Ebert Stiftung, Ciudad de México, 2017. Para estos autores es el modo dominante en las sociedades del Norte global, que solo es posible explotando la fuerza de trabajo y los recursos de los países de la periferia (a través del intercambio económico y ecológico desigual) y transfiriendo a gran escala la carga ambiental hacia lugares lejanos de los centros capitalistas.</p>
<p><sup>[43]</sup> María Mies y Vandana Shiva,<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015.</p>
<p><sup>[44]</sup> Lyla Metha y Melissa Leach, «¿Por qué la igualdad de género y la sostenibilidad van de la mano?», en VVAA: <em>Por qué las mujeres salvarán el Planeta</em>, Rayo Verde Editorial, Barcelona, 2019.</p>
<p><sup>[45]</sup> Nancy Fraser, <em>Los talleres ocultos del capital</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020, disponible en: <a href="https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf</a></p>
<p><sup>[46]</sup> Daniel Kahneman, Alan B. Krueger, David A. Schkade, Nobert Schwarz y Arthur A. Stone. «A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776, 2004.</p>
<p><sup>[47]</sup> Por supuesto, no todo depende de factores externos, por lo que se podría añadir a las tres anteriores una dimensión interna a la persona que recoja su equilibrio emocional, su carácter, su entendimiento, etc. Podemos referirnos a esta cuarta dimensión como la del «ser».</p>
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		<item>
		<title>III Jornadas de Justicia Alimentaria</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/actividades/iii-jornadas-de-justicia-alimentaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Feb 2023 10:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia Alimentaria]]></category>
		<category><![CDATA[Soberanía Alimentaria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.economiasolidaria.org/?post_type=actividades&#038;p=162854</guid>

					<description><![CDATA[<figure><img width="1754" height="1240" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut.jpg 1754w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-1280x905.jpg 1280w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-980x693.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-480x339.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 1754px, 100vw" /></figure>Las Jornadas de Justicia Alimentaria que organiza FUHEM llegan a su tercera edición. Desde el último martes del mes de febrero y a lo largo de los 3 primeros martes de marzo, el local de la Fundación San Martín de Porres (Calle Barbieri, 18, local izquierda, 28004 Madrid), será el lugar de encuentro de colectivos, fundaciones, academia, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="1754" height="1240" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut.jpg 1754w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-1280x905.jpg 1280w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-980x693.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria_cut-480x339.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 1754px, 100vw" /></figure><p>Las <strong>Jornadas de Justicia Alimentaria</strong> que organiza <a href="https://www.fuhem.es/2023/02/07/iii-jornadas-de-justicia-alimentaria/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM</a> llegan a su tercera edición.</p>
<p>Desde el último martes del mes de febrero y a lo largo de los 3 primeros martes de marzo, el local de la <strong>Fundación San Martín de Porres (Calle Barbieri, 18, local izquierda, 28004 Madrid)</strong>, será el lugar de encuentro de colectivos, fundaciones, academia, cooperativas, grupos de producción y consumo, así como todas las personas interesadas e involucradas en cambiar el rumbo a un sistema alimentario injusto, inseguro e insostenible,</p>
<p>En estas jornadas <strong>presenciales, de acceso libre y gratuito, </strong>podremos seguir reflexionando juntas, para fortalecer ese entramado de conexiones y espacios de resistencia que se construyen en pro de una alimentación inclusiva, justa y sostenible para todas las personas.</p>
<p><a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/CARTEL-III-Jornadas-Justicia-Alimentaria.jpg"></a>Tras una pandemia, una guerra en curso y hambrunas en muchas partes del mundo impulsadas también por el calentamiento global, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. A lo largo de estos últimos años, venimos comprobando cómo la capacidad de las personas para alimentarse de forma adecuada se ha visto afectada a nivel global por la pandemia de la COVID-19, que ha puesto a  prueba el sistema alimentario industrial y globalizado.</p>
<p>En ese sentido, por ejemplo, el reciente informe <a href="https://www.ub.edu/alimentandounfuturosostenible/documents/informe-alimentacion_una-pag.pdf" target="_blank" rel="noopener">Alimentando un futuro sostenible</a>, habla de que alrededor de 6.235.971 personas en España sufren inseguridad alimentaria. Cifra esta, que ha sufrido un incremento desde el inicio de la COVID-19, aunque los datos muestran que el problema de los hogares españoles para acceder a alimentos adecuados es de carácter estructural y que no está únicamente ligado a crisis coyunturales.</p>
<blockquote><p><em><strong>Tampoco podemos hacer oídos sordos al hecho de que el sistema alimentario es el principal impulsor de impactos ambientales, tanto en lo que se refiere a sus requerimientos como en relación con la huella de residuos y las pérdidas que genera.</strong></em></p></blockquote>
<p>Las jornadas abordarán también esa paradoja generada por las mismas dinámicas del sistema. Pero también y, sobre todo, estas jornadas quieren hacerse eco y compartir las experiencias que, desde diferentes ámbitos, se proponen como espacio de prácticas y lógicas alternativas al modelo dominante.</p>
<p>Esta edición contará además con una novedad. Desde el comité de organización se ha decidido abrir un espacio para recibir comunicaciones por parte de colectivos/organizaciones y toda persona interesada, con el objetivo de ampliar el alcance de las reflexiones, propuestas y experiencias más allá de las cuatro sesiones de las jornadas 2023. A través de este <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2023/02/InstruccionesEnvioComunicaciones.pdf" target="_blank" rel="noopener">enlace</a>, se pueden consultar los requerimientos para el <strong>envío de las comunicaciones</strong>.</p>
<p>El envío de los textos estará abierto entre el <strong>20 de febrero y el 10 de abril de 2023</strong> y se realizará a través de la siguiente dirección de correo electrónico: <a href="mailto:justicialimentaria@fuhem.es"><strong>justicialimentaria@fuhem.es</strong></a></p>
<p>Todas las comunicaciones recibidas que cumplan con los requerimientos se publicarán posteriormente en una sección de esta página, y podrán ser consultadas libremente.</p>
<h2>PROGRAMA:</h2>
<h3>1ª Sesión: La alimentación en el cruce de las crisis del s. XXI</h3>
<p>Martes 28 de febrero. 19:00-21:00 h.<br />
Presentación y moderación: Santiago Álvarez Cantalapiedra – FUHEM Ecosocial.<br />
Intervienen: La alimentación secuestrada por un modelo agroindustrial global. Kattya Cascante – Universidad Complutense Madrid.<br />
La inseguridad alimentaria en el estado español: un problema estructural. Ana Moragues – Universidad de Barcelona.<br />
Debate.</p>
<h3>2ª Sesión: La paradoja del desperdicio alimentario</h3>
<p>Martes 7 de marzo. 19:00-21:00 h.<br />
Presentación y moderación: Monica Di Donato – FUHEM Ecosocial.<br />
Intervienen: Análisis crítico del Proyecto de Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Propuestas para una ley transformadora. María González López – Enraíza Derechos.<br />
Alimentos con segundas oportunidades: Espigoladors, un proyecto con una visión sistémica de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Cèlia Vendrell – Fundación Espigoladors.<br />
Rescatar para alimentar. Construyendo proyectos sociales para barrios más dignos. Alfonso Puras de Luis – ReFood<br />
Debate.</p>
<h3>3ª Sesión: Experiencias I. Hacia alternativas alimentarias</h3>
<p>Martes 14 de marzo. 19:00-21:00 h.<br />
Presentación y moderación: José Ramón González – Carta Contra el Hambre.<br />
Intervienen: Tarjeta alimentaria: ventajas y limitaciones para abordar la insolvencia en el acceso a los alimentos. Carlos Pereda – Carta contra el Hambre e Invisibles de Tetuán.<br />
Modelos agroecológicos populares. Joaquín Diego Hernández – Surco a Surco.<br />
Huertos urbanos y compostaje comunitario. Oportunidades y desafíos en la cogestión de los biorresiduos. Sara Sama – UNED<br />
Debate.</p>
<h4>4ª Sesión: Experiencias II. Pisando la tierra.</h4>
<p>Martes 21 de marzo. 19:00-21:00 h.<br />
Presentación y moderación: Evaristo Villar – Revista Éxodo.<br />
Interviene: Vida en la no vida. Red social y comunitaria por el derecho a la alimentación. Emiliano de Tapias – ASDECOBA, Salamanca<br />
Debate.<br />
Descanso.<br />
Relatorías y conclusiones de las jornadas<br />
Moderación y cierre de las Jornadas a cargo de Santiago Álvarez Cantalapiedra – FUHEM Ecosocial.</p>
<p><b>Organizan</b>: <a href="https://www.fuhem.es/ecosocial/" target="_blank" rel="noopener">FUHEM Ecosocial,</a> <a href="https://www.facebook.com/ElSantaCentroSocial/?locale=es_LA" target="_blank" rel="noopener">Espacio Social ElSanta</a>, Observatorio para el Derecho a la Alimentación de la Comunidad de Madrid, Carta Contra el Hambre, <a href="https://madridagroecologico.org/" target="_blank" rel="noopener">Madrid Agroecológico</a><br />
<b>Con el apoyo de</b>:<a href="https://blogs.sindominio.net/surcoasurco/" target="_blank" rel="noopener"> Surco a Surco</a>, <a href="https://fundacionsmp.org/" target="_blank" rel="noopener">Fundación San Martín de Porres</a>.</p>
<p>Ediciones anteriores:<br />
<a href="https://www.fuhem.es/2020/03/18/ii-jornadas-de-justicia-alimentaria/" target="_blank" rel="noopener">II Jornadas de Justicia Alimentaria. </a><br />
<a href="https://www.fuhem.es/2018/01/06/justicia-alimentaria-en-la-ciudad/" target="_blank" rel="noopener">I Jornadas de Justicia Alimentaria.</a></p>
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		<item>
		<title>Ante la crisis ecosocial, ¿menos cuentas y más cuentos?</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/ante-la-crisis-ecosocial-menos-cuentas-y-mas-cuentos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:25:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carta de Principios]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologismo]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Idearia]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure>Las narrativas por sí solas no cambian la realidad, pero sin ellas no movilizaremos el deseo y la rabia necesarios para inspirarnos, ilusionarnos y poder pasar a la acción. Artículo de José Luis Fdez. Casadevante Kois para Contexto.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure><p>Vivimos en sociedades que aparentemente se mueven más por las matemáticas que por los mitos, por los libros de contabilidad más que por los de cuentos. La creciente mercantilización de la vida parece estar desembocando en un marcado romanticismo hacia los números. Los gráficos y las estadísticas disfrutan de presunción de veracidad, las cifras aparentan neutralidad y objetividad. ¿Dato mata relato? ¿Las cifras banalizan la importancia de las narrativas?</p>
<p>No necesitamos menos cuentas, pues debemos seguir echando números para comprender, proponer y evaluar con criterio. Aunque en campos como la economía también necesitaríamos otra forma de echarlas. Igual que tras una inundación lo primero que escasea es el agua potable, ante la crisis ecosocial resultan imprescindibles cuentas potables. Añoramos datos que hagan posibles economías ecointegradoras, capaces de incorporar en los sistemas de evaluación de las políticas públicas indicadores más complejos y de aplicar métricas biofísicas que permitan saber cómo se comportan realmente en relación a los factores críticos de la sostenibilidad (huella ecológica, emisiones, consumo de materiales…).</p>
<blockquote><p>Ante la crisis ecosocial resultan imprescindibles cuentas potables</p></blockquote>
<p>Aunque estamos convencidos de que el mejor conocimiento científico disponible es imprescindible, no son los diagnósticos más afinados o la información más certera lo que va a balancear a nuestro favor el equilibrio de fuerzas. Rebecca Solnit afirmaba recientemente que “Toda crisis es en parte una crisis narrativa. Esto es tan cierto para el caos climático como para cualquier otra cosa. Estamos acorralados por historias que nos impiden ver, creer o actuar en las posibilidades de cambio; algunas son hábitos mentales y otras propaganda de la industria. A veces, la situación ha cambiado pero las historias no, y la gente sigue las versiones antiguas, como mapas obsoletos, que conducen hasta callejones sin salida”.</p>
<p>Necesitamos más cuentos. Los mitos, las narraciones o las fábulas han sido durante milenios el principal método por el que nos comunicábamos. No es de extrañar que nuestro cerebro se haya modelado mediante el arte de contar historias; algunos etnólogos y comunicadores defienden una influencia determinante de las narraciones en la evolución humana, apelando a que somos un Homo Narrans. Las historias nos permiten cooperar y construir visiones compartidas de la realidad, consolidar o cuestionar creencias, y dotar de sentido a la vida.</p>
<p>Hace unos años, el periodista del New York Times Rob Walker y el escritor Josh Glenn realizaron un experimento que denominaron <a href="https://significantobjects.com/">Estudio de objetos significativos,</a> basándose en la hipótesis de que los relatos pueden convertir objetos insignificantes en objetos con un significado. Para demostrarlo compraron cien artículos de segunda mano en una plataforma de internet. Estos objetos comunes no tenían nada de especial, artefactos que habitan en buhardillas y trasteros de los que no cuesta deshacerse, por los que pagaron de media algo más de un dólar.</p>
<p>Posteriormente, asignaron cada objeto a escritores, periodistas y artistas; estos elaboraron una historia de forma específica para ellos. Entonces, procedieron a subastar los artículos en la misma plataforma donde los habían comprado, agregando las historias a las descripciones y explicando que era una ficción. Al comprar el objeto las personas lo recibían junto con una copia impresa del relato. El resultado es que obtuvieron más de 3.600 dólares, evidenciando cómo las historias impactan sobre la realidad y se convierten en un poderoso mecanismo a través del cual otorgamos un valor subjetivo a los objetos.</p>
<blockquote><p>La excesiva representación de los escenarios de futuro catastróficos ha terminado por hacerlos previsibles</p></blockquote>
<p>No hay duda de que tenemos una mayor facilidad para dotar de significado a aquello a lo que nos unimos mediante una historia, que le damos más valor cuando conectamos a la vez de forma racional y emocional. La neurociencia no deja de recordarnos la capacidad de las historias para captar nuestra atención, provocar empatía, fijar información y hacer que un conocimiento se vuelva más memorable. Pensemos en cómo la publicidad ha dejado de referirse a los atributos de los productos que quiere comercializar, para proceder a vendernos relatos, ofrecernos un sentido de pertenencia o una identidad grupal a través de las marcas que nos marcan.</p>
<p>Ante nuestra compulsiva afición por los relatos, las industrias culturales nos ofrecen un monocultivo de distopía, cuyas historias sobre sociedades aterradoras han dejado de servir para alertarnos de los riesgos, conmovernos y activarnos políticamente. La sobrerrepresentación de los escenarios de futuro catastróficos ha terminado por hacerlos previsibles y reconciliarnos con este presente inhabitable.</p>
<p>A la proliferación de pesadillas solo podemos oponer sueños con toma de tierra. Sueños compartidos que no sean meras fantasías, sino que combinen el realismo ecológico en los diagnósticos con la imaginación y la creatividad colectiva a la hora de esbozar futuros esperanzadores. Asumir de forma realista la gravedad, la urgencia y la discontinuidad histórica que plantean nuestra realidad climática, los límites biofísicos y el deterioro provocado en los ecosistemas sobre los que se sostiene la vida. Y es que, como decía la escritora Maria Popova, el pensamiento crítico sin esperanza es cinismo, pero la esperanza sin pensamiento crítico es ingenuidad.</p>
<h4><strong>Una carta y un cuento desde la economía solidaria</strong></h4>
<p><a href="https://www.economiasolidaria.org/economia-solidaria/">La economía solidaria</a> es un movimiento que aspira a democratizar la economía mediante la construcción de alternativas frente a un modelo depredador social y ambientalmente. Compuesto por cerca de mil entidades en el Estado español que funcionan dentro de la economía convencional, pero desconectadas de sus lógicas, valores y prácticas. Proyectos viables empresarialmente que invierten las prioridades de la economía convencional: satisfacción de necesidades frente a ánimo de lucro, territorialización y vinculación con el entorno frente a la amenaza de deslocalización, cooperación frente a competencia, rentabilidad social frente a tasa de ganancia, apuesta por el empleo y por los grupos sociales más vulnerables, atención a los cuidados dentro y fuera de nuestros equipos, compromisos ecológicos fuertes…</p>
<p>Hace unas semanas se hacía pública en Idearia la <a href="https://www.economiasolidaria.org/pon-la-vida-en-el-centro/#:~:text=El%20presente%20manifiesto%20persigue%20que,de%20espacios%20y%20relaciones%20socioecon%C3%B3micas">Carta de Principios de la Economía Solidaria</a>, donde se presentan los rasgos que orientan su acción y sus relaciones con otros agentes, así como el proyecto económico, social y político que impulsan. Por lo general estas noticias no tienen mucho impacto comunicativo, siendo como las cartas de amor, que resultan empalagosas y cómicas a todas las personas que las leen, menos a las personas directamente implicadas. Y sin embargo, es importante poner en valor esta carta pues supone la tercera reactualización en cerca de treinta años de historia. En esta ocasión, para fortalecer una mirada más feminista y ecologista en el seno de la economía alternativa.</p>
<p><a href="https://www.economiasolidaria.org/idearia-2022/" target="_blank" rel="noopener">Idearia</a> es el espacio anual de encuentro y reflexión conjunta de la economía solidaria. En ese marco organizamos un taller de escenarios de futuro con gente del movimiento agroecológico que procedía de distintos territorios y trabajaban en distintos eslabones de la cadena alimentaria (producción, distribución y consumo). Allí realizamos conjuntamente un ejercicio de creatividad colectiva donde especulamos sobre un futuro esperanzador desde la alimentación: ¿Cómo serían nuestros barrios y pueblos si hubiésemos logrado realizar una transición agroecológica? ¿Qué forma tendría un sistema alimentario ajustado a los límites ecológicos con criterios de justicia social y democracia?</p>
<blockquote><p>En los movimientos sociales necesitamos dotarnos de tiempo, espacios y metodologías para soñar juntos</p></blockquote>
<p>Partiendo de esta premisa las personas participantes nos situamos en un futuro IV Congreso Biorregional Ibérico, que se celebraría en el año 2042, para reflexionar sobre los avances y dificultades que nos encontrábamos para la transformación del sistema alimentario, asumiendo que muchas de nuestras reivindicaciones actuales se hubiesen logrado. Los resultados elaborados por los distintos grupos de trabajo produjeron el cuento ilustrado <a href="https://reasnet.com/intranet/wp-content/uploads/bp-attachments/15379/ajardinar_el_abismo.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Ajardinar el abismo</em></a>. En él se narran las aventuras de una pareja de historiadoras que acuden a Levante, buscando a un esquivo colectivo activista que jugó un papel muy significativo durante los años más convulsos del cambio. La persecución de un fantasma en medio de pueblos rehabitados y revitalizados mediante cooperativas agrarias, museos del éxodo urbano, ciudades renaturalizadas, procesos de reasilvestramiento, centros logísticos alternativos, experiencias de agricultura en la ciudad, supermercados cooperativos, comedores colectivos autogestionados, fiestas populares, coleccionistas de monedas locales, conflictos generacionales…</p>
<p>Una historia que nos regalamos y que compartimos con todo el mundo como una simpática fórmula para iniciar conversaciones, abrir discusiones, seducir a gente y estimular que se repliquen este tipo de iniciativas. Ahora que se habla tanto de entornos creativos en la empresa, probablemente necesitemos lo mismo en los movimientos sociales: dotarnos de tiempo, espacios y metodologías para soñar juntos.</p>
<h4><strong>Muchos pequeños relatos para un gran cambio de narrativa</strong></h4>
<p>Contar puede reducirse a enumerar cantidades o referirse al arte de relatar historias. Las nuevas narrativas ecosociales demandan menos números y más palabras ancladas en experiencias transformadoras. Relatos que rastrean y proyectan hacia el futuro las tendencias emancipadoras del presente, como forma de reivindicarlas y hacerlas más seductoras. Murray Bookchin solía afirmar que lo que distinguía a los grandes utopistas no era su falta de realismo, sino su sensualidad, su pasión por lo concreto, su adoración del deseo y del placer. Escritas en una prosa seductora, sus utopías fueron con frecuencia ejemplos de una ciencia social cualitativa.</p>
<p>Entre las personas aficionadas al género, bromeamos con la baja calidad literaria de una parte muy significativa de los textos utópicos. Y es que en muchos casos fueron redactados por activistas o reformadores sociales cuyo manejo de la pluma no era el de un candidato a premio Nobel. Los relatos tenían el propósito prioritario de orientar la acción colectiva y hacer deseables otros mundos, volviéndolos verosímiles para miles de personas que, más allá de las propuestas teóricas, se involucraban en movimientos y comunidades intencionales comprometidas en hacer realidad estas alternativas. Siempre ha sido difícil jugar y narrar el partido de forma simultánea, lograr que el fondo no eclipsara la forma.</p>
<p><em>Ecotopía</em> de Ernest Callenbach, donde se describe el proceso de transformación personal de un periodista que visita California tras su independencia de EE.UU. para poner en marcha la transición hacia una sociedad ecosocialista, ilustraría a la perfección esta idea. Una novela escrita en 1975 por un editor de ciencia ficción que, cansado de la ausencia de una mirada ecologista en el género, se vió impulsado a rellenar ese vacío. La obra fue rechazada por una veintena de editoriales por la falta de sexo y violencia, hasta que fue autoeditada por su autor. De forma inesperada se convirtió en un éxito de ventas <em>underground</em>, capaz de vender más de medio millón de libros en unos años y traducirse a distintos idiomas. Hoy es una referencia incuestionable del género y ha envejecido relativamente bien.</p>
<blockquote><p>Las nuevas narrativas ecosociales demandan menos números y más palabras ancladas en experiencias transformadoras</p></blockquote>
<p>Muchas personas, que tienen claros los diagnósticos y que se encuentran implicadas en colectivos y proyectos transformadores, demandan la importancia de estos procesos compartidos de reflexión y creatividad. No se trata de meros entretenimientos sin consecuencias, sino de crear historias inspiradas y trenzadas desde los activismos. Procesos que permiten comprender y compartir las potencialidades que encierran nuestras experiencias, refuerzan la motivación y mejoran la autoestima colectiva de quienes participan, facilitan que establezcamos complicidades cognitivas con otras luchas y son una de las fórmulas que está siguiendo el incipiente encuentro entre el mundo del arte y la cultura con la ecología.</p>
<p><em>Ajardinar el abismo</em> se suma a una creciente constelación de iniciativas que están esforzándose por abordar estas cuestiones desde los espacios activistas. Los ciclos de conferencias y talleres sobre <a href="https://www.lacasaencendida.es/encuentros/ecotopias-nuevas-narrativas-frente-crisis-socioambiental-13375" target="_blank" rel="noopener"><em>Ecotopías</em></a> realizados desde hace años por La Casa Encendida en Madrid; <a href="https://borradoresdelfuturo.net/" target="_blank" rel="noopener"><em>Borradores del futuro</em></a> que viene elaborando fábulas en el País Vasco, donde confluyen narradoras y experiencias sociales; el número monográfico de la <a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/80-numero-44/955-portada-44" target="_blank" rel="noopener">Revista <em>Sob</em><em>eranía Alimentaria</em></a> elaborado desde un hipotético 2060, donde se agrupan diversas reflexiones sobre las transformaciones del sistema alimentario en el campo y la ciudad; el trabajo de escenarios de futuro y el encuentro <a href="https://futursimpossibles.org/" target="_blank" rel="noopener">Futurs imposibles</a> que está impulsando la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya…</p>
<p>Muchos de estos relatos e ilustraciones pueden dejar mucho que desear en términos literarios, pero funcionan como las plantas pioneras que permiten colonizar un nuevo territorio. Su desarrollo regenera los suelos y facilita las condiciones ambientales para el establecimiento de otras especies que van dotando de complejidad a ecosistemas incipientes. Sin ellos el impulso utópico no llegará a las comunidades de creadores o las industrias culturales. Las novelas, películas, canciones o instalaciones que asuman la tarea de socializar, hacer creíbles y deseables otros futuros, están por crearse. Y estos modestos procesos suponen un estímulo para que asuman el liderazgo imprescindible que les corresponde.</p>
<p>Todas las personas tenemos una parte de responsabilidad en cómo miramos el mundo y en cómo contamos la posibilidad de transformarlo. Las historias nos hacen más fuertes o profundizan nuestra impotencia. Resulta iluso creer que las narrativas por sí solas cambian la realidad, pero sin ellas no movilizaremos el deseo y la rabia necesarios para ilusionarnos y pasar a la acción.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>Dosieres ecosociales: El fin de la sociedad del despilfarro</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/recursos/dosieres-ecosociales-el-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jan 2023 12:15:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecologismo]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="442" height="336" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto.jpg 442w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 442px) 100vw, 442px" /></figure>El cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la deforestación, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad, el ciclo de nitrógeno o la contaminación química son sólo algunas de las problemáticas ambientales que amenazan la salud del planeta y pertenecen al marco de los límites planetarios, un concepto establecido en 2009 [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="442" height="336" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto.jpg 442w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/Dosier-Ecosocial-El-fin-de-la-sociedad-del-despilfarro-450x632_Coto-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 442px) 100vw, 442px" /></figure><p>El cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la deforestación, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad, el ciclo de nitrógeno o la contaminación química son sólo algunas de las problemáticas ambientales que amenazan la salud del planeta y pertenecen al marco de los límites planetarios, un concepto establecido en 2009 por un equipo liderado por Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo1, que ha generado una línea de investigación muy prolífica para la identificación y alerta acerca de la superación de los umbrales. Marcos analíticos como este demuestran cómo los recursos físicos de los que dependemos están sufriendo cambios rápidos e imprevisibles en un tiempo relativamente corto. Estos cambios podrían llevar al colapso de los ecosistemas, a la escasez de alimentos y a crisis sanitarias potencialmente mucho peores que la que se han vivido por la COVID-19.</p>
<p>Los principales motores de estos impactos globales están claramente identificados: el creciente consumo de recursos materiales, la transformación y fragmentación de los hábitats naturales y el consumo de energía para sostener modos de vida cada vez más artificiales, consumistas e insostenibles, consolidados en culturas del derroche y del despilfarro, especialmente en economías no periféricas.</p>
<p>Así, ese metabolismo social asociado a patrones de crecimiento económico infinito y de sobreexplotación ecológica propios de nuestro tiempo, sumados al hecho de que vivimos en un planeta finito con recursos limitados, impone la necesidad de una significativa contracción en el consumo per cápita de materiales y energía y de los impactos ambientales relacionados, si no se quiere colisionar contra los límites biofísicos de la Tierra.</p>
<p>Si se centra la atención en el metabolismo de las sociedades industrializadas contemporáneas, es decir, en los flujos de energía y materiales que intervienen en su funcionamiento, la contabilidad física muestra un consumo excesivo y, por ende, un despilfarro de recursos naturales (directo o indirecto), que en muchas ocasiones está desvinculado del crecimiento de la población y distribuido de forma desigual para sostén de un modo de vida imperial2 basado en el exceso, el despilfarro y la comodidad inconsciente. En este escenario, es la dimensión productiva la que “produce” el consumo, y no a la inversa, en una confluencia nada neutral a nivel socioeconómico y ecológico entre la producción del objeto, las modalidades del consumo, y el impulso moldeado hacia este.</p>
<p>Es cada vez más evidente, pues, que los límites que la cultura del hiperconsumo pone a la satisfacción de los deseos están ligados a la toma de conciencia sobre sus consecuencias. En ese sentido, junto al riesgo en la vertiente ecológica (ligado a los requerimientos de recursos energéticos y materiales para sostener un determinado nivel productivo, así como a los residuos, los desperdicios y la contaminación) y en la dimensión social (relacionada con los niveles de desigualdad en el acceso a bienes y servicios), algunas teorías imputan también al consumismo el desgaste de la capacidad colectiva de construir e impulsar proyectos comunitarios y formas de gestión compartida y, en general, de otras formas de cohesión social.</p>
<p>No obstante, la expansión de la esfera del consumo ha sido asimétrica, coexistiendo ámbitos de población aferrados a formas más tradicionales y sencillas de vida, ligadas a conceptos como la escasez y la suficiencia, con otros ámbitos caracterizados por niveles de hiperconsumo, ligados a nuevos nichos de mercados como el bajo coste, las nuevas tecnologías, las modas, etc., que llevan intrínsicamente asociados una cultura de despilfarro y del consumo rápido y frívolo.</p>
<p>Si se mira a los números, por mostrar algunas de las tendencias más evidentes en relación con nuestra huella de desperdicio, en el ámbito alimentario, por ejemplo, el 28% (1400 millones de hectáreas)3 de la superficie agrícola global se usa anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician, acentuando el problema de las talas masivas de selvas y bosques para extender la frontera agrícola, y de los suelos cada vez más desertizados. Este desperdicio de alimentos se produce desde que se recogen del campo hasta que se sirven en el plato, conllevando un grave problema no sólo ecológico sino también ético, social y económico.</p>
<p>Por otra parte, el fenómeno de la moda rápida hace que nunca antes se hayan fabricado tantas prendas como ahora: 100.000 millones al año, con previsiones de crecimiento de un sector cada vez más importante. Así, si la compra de ropa se ha convertido en una verdadera actividad recreativa alimentada por las redes sociales, llegando a influir en el comportamiento de consumo de los clientes, la otra cara de la moneda nos habla de una industria altamente contaminante,4 que en la UE genera anualmente cuatro millones de toneladas de productos textiles que acaban en la basura, con una tasa de reciclaje de poco menos del uno por ciento.</p>
<p>Según la ONU,5 se generan unos 50 millones de toneladas al año de residuos electrónicos que acaban, en un alto porcentaje, en vertederos de países periféricos. En el caso de la Unión Europea, más de 2.500 millones de toneladas al año.6 Detrás de este fenómeno, está la obsolescencia planificada de nuestros ordenadores, impresoras, teléfonos móviles, neveras, etc. que tienen un tiempo de vida útil relativamente corto respecto a su potencial, al que hay que unir la inmediatez a la hora de salida al mercado de nuevos últimos modelos, con actualizaciones, correcciones, etc., que nos invitan a consumir de nuevo. Esto no es casualidad, sino una estrategia muy calculada que permea también a otros sectores. Así, esta “caducidad de los objetos” afecta a toda la electrónica, desde los ordenadores hasta los teléfonos móviles, los electrodomésticos, el software informático, la moda, el calzado, los juguetes, los libros de texto o incluso el mobiliario.</p>
<p>Podríamos seguir con más ejemplos de prácticas despilfarradoras que interfieren cada día con las diversas dimensiones de nuestro consumo, generando graves impactos tanto a nivel ambiental como social y económico.</p>
<p>En definitiva, estos datos muestran la urgencia de un cambio radical en nuestras maneras de producir y consumir y la búsqueda de alternativas viables que huyan del sendero ecocida, y sean conscientes de que vivimos en un mundo con limites biofísicos, no sólo en términos de recursos sino también en la posibilidad de procesar esa carga ambiental (dentro y fuera de las fronteras de nuestro país).</p>
<p>Es en ese sentido que este Dosier intenta captar la reacción y resistencia al consumismo devorador, el desarrollo de una conciencia creciente que se propone frenar los comportamientos consumistas basándose en ideas fundamentales como: pensar bien antes de comprar, buscar alternativas a la compra con menor impacto sobre los recursos naturales (como el intercambio, arreglar algo defectuoso o fabricar las cosas uno mismo), intentar “desbordar” determinados estándares productivos impuestos por el mercado, aprender a vivir con lo necesario (simplicidad), etc.</p>
<p>Así, partiendo del escenario esbozado con anterioridad, este trabajo se propone, por un lado, indagar, desde una perspectiva critica, en las respuestas sociales o los espacios de resistencia que, de una manera u otra, se oponen al paradigma de la sociedad del hiperconsumo y del despilfarro y, por el otro, de suscitar y ampliar la reflexión intelectual sobre los retos y las oportunidades que, sobre la base del diagnóstico disponible (que muestran los datos, las experiencias, etc.) permiten explorar vías y modalidades para aminorar la carga ambiental y social generada por esa dimensión innecesaria del consumo y de la producción.</p>
<p>El Dosier consta de tres artículos que nos relatan, desde la dimensión más experiencial tal y como se mencionaba anteriormente, propuestas y acciones que, desde el ámbito de la economía social y solidaria, abordan varias dimensiones de la vida cotidiana: desde los alimentos (de la mano del proyecto de la Fundación Espigoladors),7 al textil, mobiliario, etc. (a través del testimonio de los Traperos de Emaús de Navarra),8 a los aparatos eléctricos y electrónicos (de la mano de la Fundación Solidança).9 10 La parte final del trabajo reserva una atención especial al debate reciente sobre el proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario a través de la plataforma #LeySinDesperdicio11 (gracias a la contribución de Enraíza Derechos)&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt; que constituye una aproximación crítica y una llamada de atención a la aprobación del proyecto antes mencionado que tiene como objetivo general y en línea con la normativa europea, reducir el despilfarro a la basura de alimentos sin consumir. Sin embargo, el texto presentado no contiene los presupuestos para ser realmente transformador, quedándose claramente insuficiente y muy por debajo de las expectativas y exigencias de un sistema tan complejo como el alimentario.</p>
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		<title>Nuevas formas de lucha ecosocial</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/recursos/nuevas-formas-de-lucha-ecosocial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Aug 2022 08:32:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Poder Popular]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="700" height="700" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas.jpg 700w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas-480x480.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 700px, 100vw" /></figure>El pasado mes de mayo tuvo lugar en la Plaza de los Comunes (Madrid) un acto organizado por el Área de Ecosocialismo de Anticapitalistas en el que participaron como ponentes Ignacio Hierro (Contra el Diluvio), Joana Bregolat (Anticapitalistes) y Rubén Martínez (La Hidra Cooperativa). Fue una mesa en la que compartir reflexiones acerca de las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="700" height="700" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas.jpg 700w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/08/Portada-nuevas-formas-480x480.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 700px, 100vw" /></figure><p>El pasado mes de mayo tuvo lugar en la Plaza de los Comunes (Madrid) un acto organizado por el Área de Ecosocialismo de Anticapitalistas en el que participaron como ponentes Ignacio Hierro (Contra el Diluvio), Joana Bregolat (Anticapitalistes) y Rubén Martínez (La Hidra Cooperativa). Fue una mesa en la que compartir reflexiones acerca de las necesidades estratégicas y organizativas para afrontar la lucha ecosocial en este nuevo periodo político.</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://w.soundcloud.com/player/?url=https%3A//api.soundcloud.com/tracks/1270739251&amp;color=%23ff5500&amp;auto_play=false&amp;hide_related=false&amp;show_comments=true&amp;show_user=true&amp;show_reposts=false&amp;show_teaser=true&amp;visual=true" width="100%" height="300" frameborder="no" scrolling="no"></iframe></p>
<div style="font-size: 10px; color: #cccccc; line-break: anywhere; word-break: normal; overflow: hidden; white-space: nowrap; text-overflow: ellipsis; font-family: Interstate,Lucida Grande,Lucida Sans Unicode,Lucida Sans,Garuda,Verdana,Tahoma,sans-serif; font-weight: 100;"><a style="color: #cccccc; text-decoration: none;" title="Poder Popular" href="https://soundcloud.com/poderpopular" target="_blank" rel="noopener">Poder Popular</a> · <a style="color: #cccccc; text-decoration: none;" title="Nuevas formas de lucha ecosocial" href="https://soundcloud.com/poderpopular/nuevas-formas-de-lucha-ecosocial" target="_blank" rel="noopener">Nuevas formas de lucha ecosocial</a></div>
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		<title>Impacto Ecosocial de REAS Red de Redes</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/eu/noticias/impacto-ecosocial-de-reas-red-de-redes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Mar 2022 12:04:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[greenwashing]]></category>
		<category><![CDATA[REAS Red de Redes]]></category>
		<category><![CDATA[sellos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.economiasolidaria.org/?post_type=noticias&#038;p=153296</guid>

					<description><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure>En el informe "Consumo Sostenible en España 2022" elaborado por ClicKoala y el Observatorio de Producción Local y Consumo Sostenible, REAS Red de Redes se encuentra entre los sellos ecosociales mejor valorados  por personas expertas con una puntuación de 7.7]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/mallas-colores_443-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure><p><a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2022/03/el-consumo-sostenible-y-los-productos-certificados-2022.pdf">El estudio &#8220;El Consumo Sostenible en España 2022&#8221;</a> elaborado por  ClicKoala en colaboración con el Observatorio de Producción Local y Consumo Sostenible, es tender puentes entre el conocimiento de la ciudadanía, los expertos en sostenibilidad y las empresas que quieren tener un impacto positivo en el medioambiente y la sociedad. El informe se ha publicado el pasado 15 de marzo, Día Mundial de los Derechos de las Personas Consumidoras declarado así en 1983 por la ONU.</p>
<h3><strong>REAS Red de Redes entre los sellos ecosociales mejor valorados</strong></h3>
<p>En dicho informe REAS Red de Redes se encuentra entre <a href="https://clickoala.com/expertos">los sellos ecosociales mejor valorados</a>  por personas expertas con una puntuación de 7.7.</p>
<p></p>
<h3><strong>Principales resultados del Estudio</strong></h3>
<p>Según los resultados del estudio, la pandemia ha tenido efectos en las personas en tanto que consumidoras, nos ha vuelto más exigentes, queremos saber más sobre el impacto ambiental y social de aquello que compramos. Hemos podido observar que se ha incrementado la demanda de información de productos en los siguientes aspectos:</p>
<ul>
<li>Los derechos de los trabajadores, es uno de los aspectos sobre los que más ha aumentado el interés (del 28% en 2019 al 41% en 2021)</li>
<li>El trato animal, productos sin maltrato animal (del 29% en 2019 al 45% en 2021).</li>
<li>El origen de los productos, saber<a href="https://join.clickoala.com/hecho-en-espana-etiqueta-proximidad/"> si un producto está hecho en España.</a></li>
<li>La generación de residuos contaminantes</li>
</ul>
<p>Tenemos por tanto una sociedad más consciente, más exigente y que demanda saber qué compra. Una de las herramientas de las que disponemos para conocer el impacto de lo que compramos son las <a href="https://clickoala.com/expertos">etiquetas ecológicas y sociales</a>. En los últimos dos años se han multiplicado los productos que afirman ser sostenibles y las marcas comprometidas con la sostenibilidad, lo hacen basándose en etiquetas o logotipos que encontramos en los productos. Pero ¿son realmente sostenibles? ¿Cómo distinguimos las que responden a criterios objetivos de las que simplemente son una afirmación de la propia marca? A priori es muy difícil saberlo, se necesitan conocimientos previos. Nos podemos encontrar:</p>
<h4><strong>Una etiqueta eco-social auditada por una tercera parte independiente (certificadora).</strong></h4>
<p>Una empresa cuyo producto no tiene un certificado como la anterior pero que realmente podría cumplir los estándares y tiene una implicación y motivación sostenible con el mediambiente y las personas.<br />
Otra empresa que utiliza la sostenibilidad como un elemento de comunicación, marketing… vamos, para hacer <a href="https://join.clickoala.com/los-sellos-ecologicos-anti-greenwashing/">greenwashing</a> de toda la vida.</p>
<p>Si no conoces un sello o certificado es fácil que te puedan colar por verdadero uno que realmente no corresponde a un certificado ecológico y/o social sino que corresponde a una manifestación de la marca sin estar certificado por una tercera parte independiente. Esto sin duda puede suponer una vulneración a tu derecho como consumidor a tener acceso a información adecuada que te permita consumir de forma sostenible.</p>
<p>Entonces, ¿tengo que desconfiar automáticamente de un sello si desconozco su significado o validez? No te voy a decir que desconfíes de tu criterio que seguramente está cargado de la mejor de las intenciones. Si estás mirando el etiquetado para conocer si un producto es respetuoso con el medioambiente y la personas, de entrada te digo que ya tienes buen criterio, que tienes<a href="https://clickoala.com/inteligencia/verde/ciudadanos"> inteligencia verde</a>. Si aún así no dispones de la información suficiente, te recomiendo que utilices <a href="https://clickoala.com/">Clickoala</a>, nuestro buscador de lo sostenible. Desde Clickoala trabajamos por un mundo más sostenible facilitando el consumo sostenible haciendo comprensible el etiquetado en sostenibilidad para poder discernir lo autentico del greenwashing. Nos queda mucho camino por recorrer queremos llegar a todas las personas interesadas en consumir como piensan, de una manera respetuosa, queremos tener a todas las empresas sostenibles de España para poder visibilizarlas y hacer accesible la información a toda la sociedad. Así que animo a todas las personas en sus diversas facetas consumidora, emprendedora, curiosa… a formar parte de nuestra comunidad. También puedes encontrarnos en nuestras redes sociales.</p>
<p><em><a href="https://join.clickoala.com/el-derecho-a-entender-lo-que-compramos/">Puedes acceder</a> aquí al artículo completo de Almudena Carrillo para el Blog de Clickoala</em></p>
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