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	<title>crisis sistémica archivos - economiasolidaria.org</title>
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	<description>El portal de la Economía Solidaria</description>
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	<title>crisis sistémica archivos - economiasolidaria.org</title>
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		<title>“Con nuestros consumos podemos llegar a oprimir”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Sep 2023 15:45:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antirracismo]]></category>
		<category><![CDATA[Consumismo]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[turismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="768" height="1024" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" fetchpriority="high" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara.jpg 768w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara-480x640.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 768px, 100vw" /></figure>Recuperamos esta entrevista a Sara Boureiyi realizada por Píkara Magazine]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="768" height="1024" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara.jpg 768w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/09/Sara-Boureiyi-pikara-480x640.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 768px, 100vw" /></figure><p><strong>Sara Boureiyi</strong> trabaja en un proyecto de finanzas sostenibles de Ecologistas en Acción, también forma parte de la delegación de SOS Racismo Madrid y lleva varios años dentro del movimiento antirracista afrodescendiente. Su bagaje le permite abordar la realidad actual desde un punto de vista amplio que tiene en cuenta la crisis climática y sus consecuencias sobre el sur global o las personas que migran desde ahí y (mal)viven en el norte. A lo largo de esta entrevista recuerda que, pese a estar invisibilizadas, buena parte de quienes están poniendo el cuerpo para luchar contra los ecocidios en diferentes partes del mundo son mujeres racializadas.</p>
<p><strong>Tú no venías del ámbito del ecologismo sino del turismo y la dirección de empresas, ¿cuáles han sido tus grandes sorpresas desde que trabajas en él?</strong></p>
<p>Saber que estamos viviendo una emergencia muy grande, mucho más grave de lo que yo pensaba y que está en un punto de no retorno. Debemos hacer cambios desde ya si no queremos que el planeta quede sumido en una crisis aún mayor. Partiendo de lo anterior, quizá lo que más me sorprendió es ser consciente de que quien más está sufriendo la crisis climática es la gente racializadas. Son sobre todo las mujeres racializadas las que están en la primera línea de lucha contra las grandes multinacionales y las petroleras.</p>
<p><strong>Y una vez más se produce una invisibilización de las personas racializadas.</strong></p>
<p>Exacto. De hecho, hay multitud de organizaciones ecologistas que elaboran informes y uno de los más importantes, el de Global Whitness, refleja los atentados, asesinatos y las violencias varias que se producen en el sur global en relación a la crisis climática. En él se observa que la mayor parte de las personas que las sufren son racializadas.</p>
<p><strong>¿Cuánta importancia real está dando la sociedad, en términos generales, a la crisis medioambiental y climática?<br />
</strong></p>
<p>Creo que la gente está preocupada, pero no son conscientes de la gravedad real del asunto y de la necesidad de tomar medidas más drásticas. Muchas veces lo que más se escucha cuando se habla de ecologismo es que hay que reciclar, como si con hacerlo bastara o con coger transporte público un día a la semana. Como sociedad debemos ir a la raíz del asunto y pensar en las consecuencias que puede haber y que nos tocará padecer.</p>
<p><strong>¿A qué crees que llegamos irremediablemente tarde y qué es enmendable?</strong></p>
<p>La Covid-19 ha demostrado que las cosas podrían ser de otro modo: había muchos menos pedidos online, menos movimiento de transporte que usa combustibles fósiles y el planeta lo agradeció. Pero creo que llegamos tarde al cambio de modelo de consumo, fue terminar el confinamiento y volver a las mismas actitudes prepandemia. Por otro lado, considero que todavía tenemos margen de intentar cambiar en la medida de lo posible nuestras acciones y movilizar a más gente con pequeñas acciones individuales. Yo estoy reduciendo al máximo el uso de mi coche. También me lo pienso dos veces antes de hacer grandes compras, no solo por el tema ambiental sino también por la explotación laboral de las personas del sur global. Intento comprar más en comercio local producto de temporada y de proximidad en vez de ir al supermercado. A la hora de viajar, me pregunto si realmente merece la pena coger un avión para irte a la otra punta del mundo o puedo quedarme más cerca.</p>
<p><strong>Se está exigiendo una responsabilidad eco a un sur global que lleva mucho menos tiempo industrializado y, por tanto, generando menos emisiones contaminantes.</strong></p>
<p>Sí, este discurso es muy contradictorio porque cuando te das cuenta de la relación entre antirracismo, lucha climática, colonialismo y extractivismo entiendes que la mayor parte de las empresas multinacionales están ubicadas en el sur global porque es donde se encuentran las materias primas. Y sí, tienes razón, por un lado se intenta cambiar la conducta de los países del sur global, mientras que por otro, es el norte el que  genera la crisis climática construyendo petroleras, gaseoductos, destruyendo tierras indígenas, provocando migraciones forzosas, acabando con lagos y océanos y forzando grandes cambios culturales. En este sentido, hay un proyecto actualmente en marcha en Uganda, EACOP, que creo que resume bastante bien lo que denominan el colonialismo corporativo: están intentando construir un oleoducto desde Uganda a Tanzania, para poder enviar luego barcos, seguramente, a Europa. Pasaría por tres países y por el lago Victoria donde podría destruir alrededor de unos 450 poblados y formas de vidas tradicionales. Entre las empresas que están detrás de este proyecto encontramos a la petrolera TOTAL y a numerosos fondos de inversión estadounidenses como BlackRock o Vangard.  Actualmente hay una campaña en marcha que se llama <a href="https://www.stopeacop.net/" target="_blank" rel="noopener">STOP EACOP</a> que está tratando de frenar el desarrollo de este proyecto. Hay mucha hipocresía en todo esto de la ecología. Se pide al sur que recicle, cuando luego les mandamos nuestra basura desde occidente. Exigimos una reducción del consumo de plástico y, de nuevo, el nuestro acaba en esos países y océanos. Sugerimos que no se coja tanto el coche para no contaminar y, sin embargo, las mayores factorías de petróleo están en el sur global. Así las cosas, el ecologismo debe repensarse determinados discursos e intentar dejarlos enfocados a nivel local. No podemos obligar a que el mundo funcione como queremos sino tratar de, en la medida de lo posible, transformar lo que tenemos aquí. Es ridículo que tratemos de forzar a una persona de República Democrática del Congo a que no coja el coche por ser malo para el planeta.</p>
<p><strong>¿Y dónde te ubicarías tú en todo esto como madrileña afrodescendiente e hija de marroquíes?</strong></p>
<p>Me parece útil usar el término de <em>“houria bouteldja”</em>, “aristocracia indígena”, en el sentido de que somos personas racializadas pero estamos y vivimos en el norte global. A la gente del sur, nuestra forma de vida, seamos o no personas blancas, les está provocando una situación muy concreta. Eso no quita que no tengamos otras problemáticas asociadas al racismo en el territorio que ocupamos, pero estamos donde estamos y nuestros comportamientos de consumo influyen y, de cierta manera, también podemos llegar a “oprimir”.</p>
<p><strong>Dado que estás formada en el ámbito del turismo y has trabajado muchos años en el sector , ¿hasta qué punto es conciliable con lo medioambiental?</strong></p>
<p>Estoy en proceso de terminar el máster de turismo sostenible y es un oxímoron. Con todo, soy optimista y sí creo que hay maneras de conciliación. Por ejemplo, uno de los nuevos nichos del turismo es el comunitario, que pone en valor culturas locales y apoya desde ahí, también a nivel económico. Así mismo, se habla de turismo <em>slow</em>: en lugar de irte una semana a Cancún puedes pasar un mes o tres semanas con el fin de compensar las emisiones de CO2. Por otro lado, hay varias compañías aéreas y organizaciones que buscan compensar la huella aérea donando una cantidad determinada de dinero para plantar árboles. No es la mejor alternativa, pero es una opción. Sobre todo, es fundamental viajar de una manera más consciente porque, a nivel sociocultural, nos lo hemos tomado como algo necesario, como si, por narices, tuviéramos que desconectar yendo a conocer otras culturas. No obstante, quizá, esto pueda hacerse también a nivel local, aquí, dentro del Estado, y desplazándonos en tren o en bicicleta, por ejemplo.</p>
<p><strong>Es que, después de todo, eso de hacer turismo es un privilegio de solo algunas personas del Norte y relativamente contemporáneo, ¿no?</strong></p>
<p>¡Claro! Aquí, en Europa, el turismo se democratizó en los años 60 y, a partir de los 2000, con la aparición de las compañías <em>low cost,</em> se masificó. Hay que tener claro que viajar es un privilegio por lo económico, sí, pero también por el hecho de tener un pasaporte de un país miembro de la Unión Europea que nos permite viajar a un montón de sitios sin necesitar visado. A la gente del sur global, en cambio, cuando quieren salir de su país, a veces por necesidad y otras por ocio y esparcimiento, se le ponen un montón de trabas administrativas. Y, por supuesto, es importante que si viajamos, dejemos de lado las actitudes racistas . El turismo decolonial es una alternativa, en ese sentido.</p>
<p><strong>La guerra de Ucrania está marcando nuestra manera de consumir, ¿qué impacto está teniendo en términos medioambientales?</strong></p>
<p>Esto es algo muy interesante. Dentro del ecofeminismo, una de las grandes autoras, <a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/03/las-semillas-vandana-shiva/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Vandanna Shiva</strong> </a>, señala que el sistema agroalimentario mundial está basado en los combustibles fósiles, sobre todo en el petróleo. Así las cosas, se produce en el lugar A de forma, cada vez más industrializada, la mercancía se lleva al lugar B y, al final, se consume en el punto C. Yo, hasta hace poco no tenía ni idea de la cantidad de productos que se traían desde Ucrania. Y es ahora cuando estamos entendiendo la dependencia que generan estas relaciones de producción. Por ejemplo, en un artículo de <em>Climática</em> de hace unos días leí que el trigo que venía de Ucrania daba soporte a muchos países europeos. Como actualmente no pueden producir, transportar ni distribuir se ha cerrado un acuerdo con India para que tome el relevo de la producción y surta a la Unión Europea del cereal. Lo que pasa es que en India, desde marzo, están padeciendo una ola de calor atroz que está teniendo consecuencias en términos medioambientales y humanos. Las altas temperaturas han provocado que las cosechas sean menores y que India haya tenido que dar un paso atrás y reconocer que no puede encargarse de abastecer a la Unión Europea porque necesita su trigo para sus habitantes.</p>
<p><strong>Una vez más, se permite y alienta el libre tránsito de mercancías pero no de personas.</strong></p>
<p>Es supersorprendente porque ahora se denomina aliados a países que casi siempre han sido ignorados. Cuando hay necesidad, esto pasa, pero las personas siguen quedándose fuera. No obstante, es importante tener claro que todo está interconectado. La FAO [siglas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura] ya ha avisado de que la próxima crisis será alimentaria por toda la subida del precio de los combustibles y la energía. En nuestro caso, lo notamos en el aumento de la cesta de la compra, en muchos países del sur global significa el encarecimiento de la producción de las materias primas y en que ganen menos dinero. Ahí hablamos de vidas humanas, sequías, inundaciones, de eventos climáticos extremos, vaya. Como consecuencia de lo anterior, las migraciones climáticas ya se están notando dentro de cada país, pero en unos años, cuando ya sea imposible vivir en determinados sitios, no quedará otra más que marcharse a otros.</p>
<p><strong>Cuando dices “en unos años”, ¿a qué te refieres?</strong></p>
<p>Depende de la zona. En España las cosas no pintan bien, una parte de la costa se va a hundir y hay zonas que se van a desertificar. Este será uno de los lugares que habrá que abandonar, no seremos zona de recepción. Habrá un gran número de desplazamientos. Los informes del Banco Mundial señalan fechas como 2050. Con todo, en muchas partes del mundo, las consecuencias ya son más que evidentes, lo que pasa es que si no se ven en el norte global no se les da la misma importancia.</p>
<p><strong>Hablemos de datos…</strong></p>
<p>En 2018, el Banco Mundial estimaba que tres regiones, América Latina, África Subsahariana y Sudeste asiático generarían 143 millones de migrantes climáticos para 2050. En 2017, 68,5 millones de personas fueron desplazadas forzosamente, más que en cualquier momento de la historia. Aunque sea difícil estimar cuáles son migrantes climáticos y cuáles no, si sigue la desertificación, el aumento del nivel del mar, la acidificación del océano, la contaminación del aire y cambian los patrones de lluvia, pinta que cada vez van a ser más.</p>
<p><strong>Dado que eres activista antirracista, feminista y medioambiental, ¿de qué forma dirías que se expresa la vinculación entre racismo y cambio climático en el norte global?</strong></p>
<p>Eso aparece en el informe que han hecho en la European Network Against Racism: los efectos del cambio climático y el racismo se encarnan en las trabajadoras migrantes que están en invernaderos o <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/06/ni-fresas-ni-presas/">recogiendo la fresa</a>. Al final, el sistema provoca migraciones de pobreza y exclusión y racismo hacia las personas migrantes que trabajan en el norte. Si nos centramos en Madrid, los cortes de electricidad que se están produciendo en la <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/04/las-que-ahora-son-luz/">Cañada Real Galiana</a>, situada en uno de sus tramos al lado de un vertedero, y en donde vive un alto porcentaje de población marroquí, gitana y <em>rroma</em> no son casuales.</p>
<p><strong>¿Y crees que el antirracismo de aquí está teniendo en cuenta la perspectiva eco?</strong></p>
<p>En absoluto. Nunca se plantea el problema climático como algo prioritario porque hay otras urgencias, como la regularización de la documentación, denunciar las paradas policiales o cerrar los CIES. Sin embargo, cuanto más lees, más te das cuenta de que todo está interrelacionado. Para mí ahora es imposible excluir un aspecto frente al otro. Somos ecodependientes del planeta y debemos pensar que no solo debemos cuidarnos entre nosotras sino también la casa que habitamos.</p>
<p><strong>¿Cómo empezar a meter estos temas?</strong></p>
<p>Creo que podríamos comenzar haciendo alianzas con organizaciones que ya están tratando la ecología y el movimiento climático. Pero dichas alianzas deben venir por las dos vías. Desde el antirracismo es necesario repensar y ser conscientes de que estamos sumidas en una crisis climática y son las personas racializadas el grueso de quienes la sufren, pero el movimiento climático también debe ser consciente de que no puede hablar por nosotras.</p>
<p><strong>¿Y qué margen de exigencia tenemos frente los Estados o las multinacionales?</strong></p>
<p>Creo que el cambio pasa por la organización social y las alianzas que se puedan hacer. Pienso, por ejemplo, que en los peores momentos de la pandemia yo participé en una red de apoyo mutuo de Torrejón de Ardoz. Si hubiéramos tenido que esperar al Estado para abastecer a la gente, hubiéramos llegado tarde. La unión hace la fuerza y los cambios pasan por lo que hagamos las personas y que luego el Estado regule.</p>
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		<title>La vida buena desde un enfoque ecosocial</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/noticias/la-vida-buena-desde-un-enfoque-ecosocial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2023 08:34:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alternativas Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar]]></category>
		<category><![CDATA[Calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[FUHEM]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="452" height="302" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/fuhem_papeles_161.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure>La sección A FONDO del número 161 de la revista "Papeles de relaciones ecosociales y cambio global" recoge un interesante texto firmado por el equipo de FUHEM Ecosocial sobre calidad de vida y los obstáculos a su dignidad y justicia]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="452" height="302" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/fuhem_papeles_161.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" /></figure><p><em>El artículo parte de plantear la pregunta de qué se puede entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que nos encontramos. Así, tras analizar los conceptos de felicidad, bienestar y nivel de vida se detiene a examinar la noción de calidad de vida, que corrige el reduccionismo de visiones anteriores, y la sitúa en el actual contexto de crisis ecosocial para identificar un modo de vida productivista y consumista –el capitalista– que impide el avance en la calidad de vida de forma justa y generalizada tanto de los sistemas naturales como sociales. De aquí se deriva el desarrollo de un enfoque ecosocial de la calidad de vida.</em></p>
<p>El siglo XX ha sido el siglo de la expansión de la <em>civilizació</em><em>n industrial capitalista</em>. En el trascurso de este periodo, particularmente a partir de su segunda mitad, se han acelerado los ritmos de extracción de recursos y de emisión de residuos asociados a la actividad económica, dotando a las sociedades humanas de una elevada complejidad y una destructividad nunca vista. Estas circunstancias nos han conducido, ya en el siglo XXI, a un escenario inédito de extralimitación y desigualdades. Un escenario en el que converge la creación de escasez relativa que genera el capitalismo con la escasez absoluta sobrevenida de recursos estratégicos, pérdida irreversible de biodiversidad y desestabilización abrupta del clima.</p>
<p>La magnitud que ha alcanzado la actividad económica en relación con la biosfera y el tipo de metabolismo socioeconómico que la civilización industrial capitalista ha extendido por todo el planeta proyectan sobre la humanidad una amenaza existencial. En este escenario, con las restricciones que impone, debemos cuestionar el modo de vida que nos ha conducido hasta él y preguntarnos: <strong>¿</strong>qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o <em>vida buena</em> en el contexto de <em>crisis ecosocial</em> en el que estamos?</p>
<p>A pesar de haber recibido juicios variables a lo largo de la historia, la idea amplia de <em>bienestar</em> (de <em>bien</em> y <em>estar</em>) es algo que ha preocupado al ser humano durante toda su existencia.<sup>1</sup> Se podría decir que tener acceso a una<em> vida buena</em> es, al fin y al cabo, el mayor objetivo de los seres humanos.<sup>2</sup><sup>,</sup><sup>[3</sup> Forma parte de nuestra naturaleza querer vivir bien; querer tener una vida buena, una vida de calidad, una vida con bienestar. Es algo que, en el fondo, y como sostenía Aristóteles, deseamos siempre por encima de cualquier otra cosa: es <em>el fin último de la actividad humana, el bien perfecto por excelencia</em>.<sup>4</sup></p>
<p>Sin haber estado nunca sujeto a un enclave epistemológico determinado, <em>la cuestión de la vida buena</em> ha sido abordada a lo largo de la historia desde diferentes esferas del conocimiento, siendo mayoritariamente tratada desde el ámbito de la ética y la moral. Tratar de comprender qué es lo que nos lleva a tener una vida buena y de calidad ha sido una de las principales preocupaciones de la filosofía durante la mayor parte de la historia humana.<sup>5</sup></p>
<blockquote><p><strong>¿Qué cabe entender por bienestar, calidad de vida o vida buena en el contexto de crisis ecosocial en el que estamos?</strong></p></blockquote>
<p>En los últimos tiempos, sin embargo, este tema ha despertado un creciente interés en ámbitos como el científico, el social o el político. Con ello, cada vez más instituciones internacionales, gobiernos nacionales y entidades locales han venido sugiriendo el empleo de diversas estimaciones de bienestar y calidad de vida para evaluar el progreso social de sus países y regiones y mejorar con ello sus políticas públicas<sup>[6</sup></p>
<p>Con el propósito de delimitar y clarificar las diferentes aproximaciones existentes en torno a la cuestión de la <em>vida buena</em>, en las líneas que siguen se realizará una breve revisión conceptual y terminológica concerniente a las principales expresiones existentes al respecto.</p>
<h3>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> griega</h3>
<p>Durante la antigua Grecia, los debates ético−políticos solían transcurrir en torno a un término esencial: la <em>eudaimon</em><em>ía</em> (de “<em>eu</em>” y “<em>daimon</em>”, que vendría a significar “buen espíritu”). A pesar de que hoy en día este término suele traducirse como “felicidad” sin más, el término “florecimiento humano” ha sido sugerido como una traducción más exacta.<sup>7</sup> En esta línea, filósofos como Jorge Riechmann sugieren contemplar a la <em>eudaimon</em><em>ía</em> como <em>vida lograda</em>, <em>cumplida</em> o en <em>plenitud</em>.<sup>8</sup></p>
<p>La <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era por tanto entendida por la filosofía de la época como un estado subjetivo y pasajero relacionado con el disfrute o el placer, sino más bien como un proceso vital: una forma de vivir que mereciese la pena ser vivida. En esta línea, el pensamiento grecorromano resaltó enfáticamente la importancia que sobre la <em>eudaimon</em><em>ía</em> tenía la <em>phil</em><em>ía</em> (o amistad),<sup>9</sup> de tal modo que sin unos vínculos sociales satisfactorios era difícil alcanzar una vida plena. De esta forma, la esencia misma de la <em>eudaimon</em><em>ía</em> no era algo estrictamente individual, sino un fundamento que encajaba en un modelo de vivir en interrelación con los demás: un bien social que florece de la convivencia entre iguales.<sup>10</sup></p>
<p>De entre todos los términos existentes relacionados con la idea de una <em>vida buena</em>, son tres los que han acaparado hasta ahora el grueso de la atención académica: felicidad, bienestar y calidad de vida. A continuación repasaremos, uno por uno, el significado de estos tres términos frecuentemente intercambiables. Comenzaremos por la felicidad.</p>
<h3>La felicidad</h3>
<p>Según sostiene Francis Heylighen, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, existen dos formas de entender la felicidad: una pasajera y una duradera.<sup>11</sup> La primera se aproximaría a la noción de alegría (sentimiento grato), mientras que la segunda lo haría a las nociones de bienestar. Esta segunda concepción ha sido tradicionalmente abordada desde el mundo académico para indicar el disfrute subjetivo de la vida en sentido general,<sup>12</sup> siendo con ello un concepto análogo al de <em>bienestar subjetivo</em><sup>13</sup> y pudiendo ser evaluado a través de encuestas que valoran el nivel de satisfacción que las personas tienen con la forma en que su vida transcurre (indicadores de satisfacción con la vida, con el tiempo disponible, con las relaciones personales, con el trabajo, etc.). Con todo, y tal y como sostiene Ruut Veenhoven, valdría entender la felicidad (o bienestar subjetivo) como la percepción personal a través de la cual un individuo juzga la calidad global de su vida de forma favorable;  esto es, lo que a uno le gusta la vida que uno lleva, comparando la vida que tiene con la que le gustaría tener.<sup>14</sup></p>
<p>Los estudios sobre la felicidad han permitido obtener información relevante al comparar resultados por nivel socioeconómico dentro de un país, entre países según su nivel de ingresos <em>per capita</em> o por periodos de tiempo para cada uno de los países. De esas comparaciones se detectó una paradoja en relación con la satisfacción con la vida y el nivel de ingresos: cuando las personas se hacen más prósperas en relación con otras, aumenta la satisfacción con su propia vida; pero cuando son las sociedades en su conjunto las que se hacen más ricas, no se vuelven por ello más felices. Efectivamente, si preguntamos a personas con diferentes niveles de renta sobre su felicidad se comprueba que aquellas que disponen de mayores ingresos suelen autoproclamarse más felices que las relativamente más pobres. Hasta aquí nada nuevo: «El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un auténtico especialista para verificar la diferencia», se podría concluir siguiendo la broma de Woody Allen. Ahora bien, las cosas cambian cuando se establecen comparaciones a lo largo del tiempo y entre países.</p>
<p>Richard Easterlin, en 1974, fue el primer economista en cuestionar la relación de proporcionalidad existente entre los ingresos y el bienestar subjetivo. Tras comparar varios países entre sí, Easterlin propuso la existencia de una zona de <em>saturación monetaria del bienestar humano subjetivo</em> a partir de la cual el aumento de los ingresos medios de una sociedad ya no se relacionaba con el aumento de su satisfacción con la vida.<sup>15</sup> De este modo, la relación entre los ingresos y el bienestar subjetivo se revelaría proporcional únicamente para el caso de las sociedades menos adineradas, en las cuales la mayor parte de las rentas familiares son destinadas a cubrir las necesidades materiales más apremiantes. A partir de un determinado umbral de renta el aumento de los ingresos apenas contribuía ya a incrementar significativamente el bienestar subjetivo de las personas.</p>
<p>Este fenómeno, popularizado como la «paradoja de la felicidad», también fue años después explorado en algunos países concretos a lo largo del tiempo. Así, tal y como mostraron los trabajos de David G. Myers, a pesar de que en EEUU el salario medio prácticamente se triplicó entre mediados de los años cincuenta y 2010, la felicidad declarada por sus ciudadanos durante esos años permaneció prácticamente constante.<sup>16</sup> Por tanto, cuando se compara el grado de felicidad que las personas dicen disfrutar a lo largo de un periodo amplio de varias décadas, en las sociedades opulentas nos encontramos con que el porcentaje de personas que declaran sentirse felices no ha aumentado (incluso ha descendido en algunos casos) a pesar de que los ingresos se hayan incrementado considerablemente en ese mismo período. De todo ello se puede atisbar que en la felicidad (o bienestar subjetivo) de las personas llega un momento en el que influyen más otros aspectos (relacionales, culturales y ambientales) que el nivel de renta absoluto que obtengamos.</p>
<h3>El bienestar</h3>
<p>El bienestar es un concepto amplio que tiene muchas definiciones diferentes. Según la Real Academia Española (RAE), el bienestar tiene que ver con el conjunto de cosas necesarias para vivir una vida buena, tranquila, estimulante y saludable.<sup>17</sup></p>
<p>Huppert, Baylis y Keverne definieron el bienestar como el estado positivo y sostenible que permite a los individuos, a los grupos sociales o a las naciones prosperar y florecer.<sup>18</sup> Así pues, cabe distinguir entre el análisis del «bienestar actual» y el análisis de su «sostenibilidad», es decir, si el bienestar puede mantenerse en el tiempo.<sup>19</sup></p>
<p>Un trabajo de 2014 basado en la integración de varios enfoques sobre la noción de bienestar, como los propuestos por Sen,<sup>20</sup> Doyal y Gough,<sup>21</sup> y McGregor y colaboradores,<sup>22</sup> sugirió que este tiene que ver básicamente con tres aspectos: i) las condiciones físicas, sociales y mentales de las personas, ii) la satisfacción de sus necesidades y capacidades básicas, y iii) las oportunidades y recursos a los que se tiene acceso.<sup>23</sup></p>
<p>Sea como fuere, la literatura existente sugiere que el bienestar debe ser tratado como un asunto multidimensional que captura una mezcla de circunstancias de la vida de las personas, incluyendo cómo se sienten y cómo funcionan.<sup>24</sup> Así, la noción de bienestar comprende, a fin de cuentas, todos los componentes y factores tanto objetivos como subjetivos que son inherentes al florecimiento positivo de una persona.<sup>25</sup></p>
<h3>El bienestar reducido a la prosperidad material y al nivel de vida</h3>
<p>A pesar de que la idea de bienestar ha evolucionado en los últimos años, incorporando en su análisis condiciones económicas, sociales y políticas, lo cierto es que la noción dominante de bienestar sigue estando ligada a día de hoy al convencimiento de que los ingresos y las propiedades materiales son la base de una vida buena. Sobre esta presunción se construyó un paradigma que vinculaba progreso con incremento cuantitativo, esquivando consideraciones sobre su contenido cualitativo. La noción dominante de bienestar ha quedado así reducida a la prosperidad material, al aumento de la capacidad de compra y, en consecuencia, al aumento del consumo.</p>
<p>Sin embargo, el bienestar es un concepto más amplio que el de «nivel de vida», pues incluye todos aquellos factores que influyen en lo que valoramos en nuestra existencia más allá de los aspectos adquisitivos. Reducirlo al nivel de vida es incorrecto por varias razones. Primera, porque los recursos económicos –bien sea el ingreso o el nivel y la estructura del consumo mercantil– son medios que se transforman en bienestar de formas diferentes según las personas; así, individuos que poseen mayor capacidad para disfrutar o más habilidades para el éxito en ámbitos valiosos de la vida pueden estar mejor incluso si manejan menos recursos económicos.<sup>26</sup> En segundo lugar, porque muchos recursos que contribuyen al bienestar no proceden del mercado, sino de otros ámbitos no mercantiles ni monetarizados. Y finalmente, porque la mayor parte de los determinantes del bienestar son circunstancias que no pueden ser reducidas a la tenencia o posesión de rentas o mercancías, sino que tienen que ver con actividades y relaciones sociales.</p>
<p>Además, las medidas convencionales de esta visión reduccionista del bienestar suelen ignorar los trabajos domésticos y de cuidados, individuales o colectivos, que proporcionan una destacada contribución al bienestar de las comunidades y a la calidad de vida de las personas. Tampoco logran reflejar las disparidades de riqueza e ingresos dentro de una sociedad (un aspecto que está negativamente correlacionado con la salud de esa sociedad)<sup>27</sup> ni capturan ni pueden capturar en modo alguno los muchos efectos negativos de las actividades económicas, como la contaminación y otros costes sociales y ambientales.<sup>28</sup></p>
<h3>La calidad de vida</h3>
<p>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar. Y lo hace recuperando y abrazando el concepto multidimensional de bienestar anteriormente mencionado, que depende tanto de factores personales y sociales como de elementos objetivos y subjetivos. Además, la expresión calidad de vida incorpora dos consideraciones de especial interés. La primera tiene que ver con los logros o resultados obtenidos; la segunda con la importancia del entorno natural como condición prioritaria para el desarrollo de la vida humana.</p>
<p>Trasladar la atención hacia los logros es relevante porque una vida buena es, al fin y al cabo, una vida lograda o realizada. Atender, por ejemplo, a los logros en materia de salud y autonomía permite evaluar un modo de vida en función de los resultados cosechados. Un modo de vida que impida o amenace la salud y autonomía de las personas no podrá considerarse en ningún caso una vida buena.</p>
<p>El término de calidad de vida comenzó a generalizarse en la década de los setenta en el campo de la medicina y la salud para transmitir la idea de que hay algo más que la mera cantidad de años de supervivencia: así, además del tiempo de vida, también es importante atender a la calidad de la misma.<sup>29</sup> En esta línea se han propuesto indicadores ligados al desarrollo biológico que proporcionan una información significativa sobre la evolución de la calidad de vida de una población. La estatura media o la esperanza de vida saludable, por ejemplo, constituyen indicadores fiables y complejos del desempeño de la vida en una sociedad al reflejar los factores ambientales sobre el máximo potencial de crecimiento genético.<sup>30</sup></p>
<blockquote><p><strong>La expresión calidad de vida pretende corregir esa deriva reduccionista en la que incurrió la visión convencional y economicista del bienestar</strong></p></blockquote>
<p>Por otro lado, la relevancia de los factores ambientales (físicos, epidemiológicos y socioeconómicos) exige incorporar la dimensión ecológica del bienestar –o la ecología en la que se desarrollan nuestras vidas–. La pandemia ha mostrado cómo la salud de las personas se encuentra profundamente intrincada con la salud de los ecosistemas y que una vida sana en un planeta enfermo o en un entorno social tóxico es una contradicción en sus términos.</p>
<p>Pese a que la dimensión socioambiental ha estado presente en muchos índices de bienestar, desde los años setenta en adelante diversos enfoques asociados a la idea de los ecosistemas como límites biogeofísicos de la acción social vienen planteando con mayor énfasis la preocupación por los conceptos de bienestar y calidad de vida desde el ámbito de las <em>ciencias de la sostenibilidad</em>, vinculándose así su noción con el estado de conservación de los ecosistemas.<sup>31</sup> Este enfoque parte del reconocimiento de que el buen funcionamiento de la biosfera está en la base del bienestar y de la subsistencia humana, de modo que no podremos tener vidas de calidad si nuestros modos de vivir promocionan hábitos insostenibles que alteran la biodiversidad y los procesos ecológicos. Al fin y al cabo, este marco abraza los principios de la economía ecológica, situando la esfera económica al servicio de la sociedad en un panorama de armonía con la naturaleza, en vez de subordinar −como se ha venido haciendo− tanto la naturaleza como la sociedad a los avatares de la globalización económica capitalista.<sup>32</sup></p>
<h3>Calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial</h3>
<p>Bajo esta perspectiva se vuelve primordial reconocer que la crisis ecosocial que atraviesa el planeta –y que amenaza con comprometer la vida de millones de personas, así como cualquier horizonte de vida buena– es, en el fondo, un hecho social arraigado al <em>modo de vida hoy imperante</em>. Si pretendemos alcanzar una vida buena y de calidad para toda la humanidad en un planeta que es finito tendremos que ser capaces de acomodar nuestra noción de bienestar a los límites ecológicos del planeta.<sup>33</sup> Pasar de la noción socioeconómica del bienestar que actualmente domina el imaginario colectivo –basado en prismas mercantilistas y cortoplacistas– a una noción sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales.</p>
<p>La consideración de la crisis ecosocial en todas sus dimensiones y manifestaciones exige, en este punto de la historia en que nos encontramos, definir la vida buena como aquella capaz de desenvolverse en un <em>equilibrio</em> dinámico con la naturaleza. A este respecto se ha hecho popular en los últimos años una imagen con la que representar la posibilidad de congeniar el bienestar social y la sostenibilidad ecológica: la conocida como <em>econom</em><em>ía de la rosquilla</em>. Reconociendo un “suelo social” que deberíamos garantizar y un “techo ambiental” que tendríamos que respetar, estaríamos en condiciones de precisar el espacio intermedio de seguridad en el que resulta posible prosperar conforme a los medios de nuestro planeta.<sup>34</sup></p>
<blockquote><p><strong>Pasar a una noción del bienestar sostenible y armónica de la vida exige cuidar la salud de los entornos sociales y naturales</strong></p></blockquote>
<p>La claridad que transmite la imagen de la rosquilla ha hecho que este marco conceptual esté siendo utilizado con cada vez más asiduidad para evaluar y comparar el desempeño socioecológico de muchos países y ciudades del mundo. Eso sí, en el caso concreto de los países se ha comprobado que ningún país hasta la fecha ha logrado situarse en ese <em>espacio seguro</em> que permite tener prosperidad social sin trasgredir los límites biofísicos.<sup>35</sup> Mientras que algunos países deben mejorar significativamente en ámbitos sociales (aquí encontramos, sobre todo, a países del Sur global), otros deben hacer enormes esfuerzos ambientales para dejar de sobrepasar los límites planetarios (fundamentalmente los países más desarrollados del Norte global).<sup>36</sup></p>
<h3>La cosmovisión del <em>Buen Vivir</em> y las prácticas de los <em>Buenos Convivires</em></h3>
<p>En muchas culturas, la idea del florecimiento humano en armonía dinámica con la naturaleza aún está presente. Las propuestas andinas del <em>buen vivir</em> (el <em>sumak kawsay</em> de las culturas kichwa o el <em>suma quama</em><em>ña</em> de las aymaras) valoran la plenitud en relación con la comunidad y la naturaleza. Existen nociones similares en otras culturas: el <em>ñande reko</em> guaraní, el <em>tarimiat pujústin</em> shuar, el s<em>hiir waras</em> ashuar, el <em>kyme mogen</em> mapuche, o el <em>balu wala</em> de los pueblos kunas de Panamá, así como muchas otras presentes en pueblos de Asia, África y Oceanía. Se trata de concepciones holísticas y armoniosas (consigo mismo, con la comunidad y con la naturaleza) que expresan la misma idea de prosperidad humana en un floreciente entramado de vida.</p>
<p>El Buen Vivir tiene una potente dimensión cultural y espiritual –no necesariamente religiosa– que la diferencia de otras concepciones del bienestar al situar al ser humano como parte de una realidad vital mayor.<sup>37</sup> También tiene una dimensión económico−productiva a partir de los principios de suficiencia y sustentabilidad. El <em>enfoque del Buen Vivir</em> no propugna una forma de desarrollo alternativo, sino una alternativa a la propia idea de desarrollo –y de progreso– emanada de la modernidad capitalista occidental que conlleva la descolonización de las metodologías y la descolonización del saber.<sup>38</sup> En este sentido, este enfoque demanda una clara diferenciación entre sabidurías y conocimientos y, como consecuencia, un indispensable diálogo de saberes y aproximaciones transdisciplinarias. Y de ese diálogo se deriva que no solo hay un único modo de entender la vida buena, sino una pluralidad de “buenos convivires” que no son propuestas acabadas sino procesos en construcción permanente a partir de vivencias, experiencias y prácticas que se trenzan desde abajo.<sup>39</sup></p>
<p>El Buen Vivir, como alternativa a un desarrollo que en realidad es “maldesarrollo”, se presenta como una propuesta civilizatoria para orientar la salida del capitalismo. No significa en ningún caso una apuesta por volver al pasado, sino más bien, como señala Michael Lövy, del romanticismo revolucionario, una «vuelta por el pasado en dirección a un futuro emancipador»<sup>40</sup> para redescubrir la sabiduría aún presente en la mayoría de las tradiciones culturales y cosmovisiones de los pueblos oprimidos por las potencias coloniales o poscoloniales. «Tampoco reniega de la tecnología ni del saber moderno. De lo que sí reniega es de la civilización del capital».<sup>41</sup> Es, en suma, la búsqueda de un <em>nuevo modo de vida alternativo</em> al <em>modo de vida imperante</em>.</p>
<h3>El modo de vida que se encuentra en el origen de la crisis ecosocial</h3>
<p>Indagar en la calidad de vida en el contexto de la crisis ecosocial exige identificar en nuestra forma de vivir un modo de producción y consumo –un <em>modo de vida</em><em>–</em> que combina, como caras de una misma moneda, la opulencia de las mercancías con la explotación de la fuerza laboral, el saqueo de los recursos de la naturaleza y la imposición de cargas indeseadas sobre las mujeres. El capitalismo es un sistema económico que vive de la explotación de sus colonias y que genera un <em>modo de vida imperial</em>.<sup>42</sup> Como señalan María Mies y Vandana Shiva, esas colonias son las mujeres, la naturaleza y los países del Sur global.<sup>43</sup> Su desarrollo histórico ha conducido a la crisis ecosocial en la que nos encontramos. La dinámica expansiva capitalista, impulsada por el ánimo de lucro y el individualismo competitivo, choca con los límites ecológicos del planeta y desbarata los vínculos sociales, afectando de esa manera a las condiciones materiales que permiten la reproducción de la vida y de la existencia social.</p>
<p>En el contexto de la actual crisis ecosocial, la definición de la calidad de vida no es una cuestión meramente técnica, sino que requiere la adopción de un enfoque normativo capaz de establecer prioridades, visualizar conflictos y relaciones de poder, e integrar relaciones sociales y valores de igualdad y justicia.<sup>44</sup> Debe permitir evaluar el modo de vida de la civilización industrial capitalista y hacer aflorar con claridad cómo las sociedades capitalistas albergan una contradicción sociorreproductiva profundamente asentada en la crisis ecosocial, entendida como una crisis ecológica y de cuidados.<sup>45</sup></p>
<p><strong>Un enfoque ecosocial de la calidad de vida</strong></p>
<p>Los debates actuales sobre la <em>vida buena</em> comparten las críticas radicales a las ideas de desarrollo y progreso orientadas únicamente a incrementar el nivel de ingresos y la riqueza monetaria. Estos debates advierten de la necesidad de incorporar las dimensiones personales, sociales y ambientales. La importancia decisiva en la vida de la gente de los elementos relacionales, culturales, políticos y ecológicos abre la perspectiva hacia otras formas de organización social ajustadas a las particularidades históricas y culturales alternativas a la que ofrece en nuestros días el capitalismo, depredador de la naturaleza, apisonador de las culturas de los pueblos y empobrecedor de las relaciones sociales.</p>
<p>En nuestro mundo convive la ostentación más despilfarradora con la necesidad más apremiante. Mientras esto ocurre, el planeta Tierra se encamina a velocidad de vértigo hacia una degradación de magnitudes incalculables. El ritmo de deterioro ecológico y social que estamos padeciendo a escala planetaria exige que nos preguntemos con urgencia qué entendemos por <em>vida buena</em>, pues no parece que podamos asumir como bueno el modo de vida imperial que niega a la mayoría un presente y a la humanidad su futuro. Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento  y calidad.</p>
<p>Bajo la noción de calidad de vida laten distintas dimensiones. Una de ellas se refiere indudablemente al acceso a una determinada cesta de bienes y servicios que garanticen la cobertura de las más elementales necesidades materiales. Pero la calidad de vida es algo más que eso, incluye otros factores que van más allá de este aspecto material y que influyen en lo que valoramos de la vida. A nadie le extraña que en las respuestas a la pregunta acerca de una vida de calidad la gente incorpore habitualmente alusiones a la salud, al disfrute del tiempo libre o a la compañía de sus seres queridos.<sup>46</sup> Así pues, y como ya hemos mencionado, la calidad de vida es un concepto multidimensional que incorpora tanto lo que tenemos (dotación de recursos) como lo que hacemos (actividades), sin olvidar dónde y con quién estamos (las circunstancias en las que nos movemos). <em>Tener</em>, <em>hacer</em> y <em>estar</em> son dimensiones siempre presentes en la evaluación de la calidad de vida.<sup>47</sup></p>
<blockquote><p><strong>Preguntarse acerca de la vida buena significa, en la práctica, discernir entre los determinantes que amenazan el mantenimiento de la vida y aquellos otros que propician su florecimiento</strong></p></blockquote>
<p>Cada una de estas dimensiones entraña, a su vez, aspectos objetivos y subjetivos. Los aspectos objetivos se refieren a las oportunidades que se nos abren en relación con los recursos a los que podemos acceder, las actividades que podemos desarrollar o las circunstancias –sociales y ambientales– en las que nos toca vivir. Los aspectos subjetivos tienen que ver con las valoraciones cognitivas y los sentimientos (positivos y negativos) que suscita todo lo anterior. Una vez resaltadas las dimensiones que abarca la calidad de vida, cabe preguntarse por los aspectos que necesitaríamos cultivar para favorecerla y los obstáculos que deberíamos remover para no entorpecerla. Tal vez pueda ayudar en la respuesta a estos interrogantes la mención de tres aspectos que se encuentran presentes en todas las cosas que logramos hacer y que representan elementos constitutivos del estado de una persona, ya sea estar bien alimentado, gozar de buena salud, evitar enfermedades o participar con autonomía en la vida comunitaria. Esos elementos son los siguientes: los <em>recursos</em>, el <em>tiempo</em> y las <em>relaciones</em>.</p>
<p>Recursos, tiempos y relaciones para lograr unos resultados en salud y autonomía sin menoscabo de las condiciones sociales y ecológicas en que se desenvuelve la vida. Solo así estaremos ante una vida digna de ser vivida. Solo así se posibilita el despliegue de las capacidades y libertades en las personas sin imponer servidumbres y sacrificios sobre otros seres humanos y especies, preservando la trama de la vida de la que formamos parte.</p>
<p><em><strong><a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/05/161-uai-516x727-1.jpg"></a>FUHEM Ecosocial</strong> está formado por  Mateo Aguado, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Monica Di Donato, Susana Fernández, Pedro Lomas y Nuria del Viso. </em>Acceso al texto completo en formato pdf: <a href="https://www.fuhem.es/papeles_articulo/por_un_enfoque_ecosocial_para_el_estudio_de_la_vida_buena/" target="_blank" rel="noopener">P<em>or un enfoque ecosocial para el estudio de la vida buena</em></a>.</p>
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<h4>NOTAS:</h4>
<p><sup>[1]</sup> Mateo Aguado, Diana Calvo, Candela Dessal, Jorge Riechmann, José A. González y Carlos Montes, «La necesidad de repensar el bienestar humano en un mundo cambiante», <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global</em>, núm. 119, 2012, pp. 49-77., disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Repensar_el_bienestar_humano_M._Aguado_y_otros.pdf </a></p>
<p><sup>[2]</sup> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, <em>The science of well</em>−<em>being</em>, Oxford University Press, USA, 2005.</p>
<p><sup>[3]</sup> Mark McGillivray, «Human well−being: Issues, concepts and measures», <em>Human well</em>−<em>being: Concept and measurement</em>, 2007, pp. 1-22.</p>
<p><sup>[4]</sup> Aristóteles, <em>Ética Nicomáquea</em>, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1994.</p>
<p><sup>[5]</sup> Mateo Aguado, <em>Vivir bien en un planeta finito: Una mirada socio</em>−<em>ecológica al concepto de bienestar humano</em>, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2016, pp. 37, disponible en: <a href="https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536" target="_blank" rel="noopener">https://repositorio.uam.es/handle/10486/675536 </a></p>
<p><sup>[6]</sup> John F. Helliwell, Richard Layard y Jeffrey D. Sachs, <em>World Happiness Report 2015</em>, Sustainable Development Solutions Network, 2015, disponible en: <a href="https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://s3.amazonaws.com/happiness-report/2015/WHR15_Sep15.pdf</a></p>
<p><sup>[7]</sup> Douglas B. Rasmussen, «Human flourishing and the appeal to human nature«, <em>Social Philosophy and Policy</em>, núm. 16.1, 1999, pp. 1-43.</p>
<p><sup>[8]</sup> Jorge Riechmann, <em>¿Cómo vivir? Acerca de la vida buena</em>, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2011.</p>
<p><sup>[9]</sup> Traducida normalmente por amistad, la <em>philía</em> realmente expresa todo sentimiento de afección y compromiso con los otros; sentimientos tales como amistad, amor, benevolencia, cooperación, filantropía, etc.</p>
<p><sup>[10]</sup> Mateo Aguado, 2012, <em>op. cit.</em>, pp. 52-53.</p>
<p><sup>[11]</sup> Francis Heylighen, «Evolution, selfishness and cooperation». <em>Journal of Ideas</em>, Vol 2, núm. 4, 1992, pp 70-76.</p>
<p><sup>[12]</sup> Omar Ovalle y Javier Martínez, «La calidad de vida y la felicidad», <em>Contribuciones a la Economía</em>, núm. 2006-12, 2006, disponible en: <a href="https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm">https://www.eumed.net/ce/2006/oojm.htm</a>.</p>
<p><sup>[13]</sup> Louis Tay, Lauren Kuykendall y Ed Diener. «Satisfaction and happiness–the bright side of quality of life», <em>Global handbook of quality of life: Exploration of well</em>−<em>being of nations and</em> <em>continents</em>, Springer, New York, 2015, pp. 839-853.</p>
<p><sup>[14]</sup> Ruut Veenhoven, <em>Measures of gross national happiness</em>, OECD World Economic, 2007.</p>
<p><sup>[</sup><sup>1</sup><sup>5]</sup> Richard A. Easterlin, «Does Economic Growth Improve the Human Lot?  Some Empirical Evidence», en Paul A. David y Melvin Reder (ed): <em>Nations and Households in Economic Growth. Ensays in Honor of Moses Abramovitz</em>, Oxford University Press, Oxford, 1974, pp. 89-125.</p>
<p><sup>[16]</sup> David G. Myers y Jean M. Twenge, <em>Exploring social psychology</em>, McGraw−Hill, New York, 2012.</p>
<p><sup>[17]</sup> RAE (Real Academia Española), <em>Diccionario de la lengua española</em> (23ª ed.), 2014, disponible en: <a href="http://www.rae.es/">http://www.rae.es/</a></p>
<p><sup>[18]</sup> Felicia A. Huppert, Nick Baylis y Barry Keverne, «Introduction: why do we need a science of well–being?», <em>Philosophical Transactions of the Royal Society of London</em>. Series B: Biological Sciences 359.1449, 2004, pp. 1331-1332 disponible en: <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1693426/pdf/15347524.pdf</a></p>
<p><sup>[19]</sup> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi: <em>Medir nuestras vidas</em>, RBA, Barcelona, 2013, p.51.</p>
<p><sup>[20]</sup> Amartya Sen, «Well−being, agency and freedom the Dewey Lectures 1984», <em>Justice and the capabilities approach</em>, 2017, pp. 3-55.</p>
<p><sup>[21]</sup> Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Icaria/FUHEM, Barcelona/Madrid, 1994.</p>
<p><sup>[22]</sup> Allister McGregor, Andrew McKay y Jackeline Velazco, «Needs and resources in the investigation of well‐being in developing countries: illustrative evidence from Bangladesh and Peru», <em>Journal of Economic Methodology</em>, núm. 14.1, 2007, pp. 107-131.</p>
<p><sup>[23]</sup> Megan F. King, Vivian F. Renó y Evlyn M. Novo, «The concept, dimensions and methods of assessment of human well−being within a socioecological context: a literature review», <em>Social indicators research</em>, núm. 116, 2014, pp. 681-698.</p>
<p><sup>[24]</sup> James Kevin Summers, Lisa M. Smith, Jason L. Case y Rick A.  Linthurst, «A review of the elements of human well−being with an emphasis on the contribution of ecosystem services», <em>Ambio</em>, núm. 41(4), 2012, pp. 327-340.</p>
<p><sup>[25]</sup> Lin Roberts, Ann Brower, Geoffrey Kerr, Simon Lambert, Wendy McWilliam, Kevin Moore, Johen Quinn, David Simmons, Simon Thrush, Mike Townsend, Paul Blaschke, Robert Costanza, Ross Cullen, Ken Hughey y Steve Wratten, <em>The nature of wellbeing: how nature’s ecosystem services contribute to the wellbeing of New Zealand and New Zealanders</em>, Department of Conservation, Wellington, 2015, disponible en: <a href="https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.doc.govt.nz/documents/science-and-technical/sap258entire.pdf</a></p>
<p><sup>[26]</sup> Joseph E. Stiglitz, Amartya Sen y Jean−Paul Fitoussi, <em>op. cit</em>., p. 113.</p>
<p><sup>[27]</sup> Richard Wilkinson y Kate Pickett, <em>Desigualdad</em>. <em>Un análisis de la (in)felicidad colectiva</em>, Turner, Madrid, 2009.</p>
<p><sup>[28]</sup> Santiago Álvarez Cantalapiedra, «La evaluación de la satisfacción de las necesidades: en torno a los indicadores del bienestar» en Alfonso Dubois, Juan Luis Millán y Jordi Roca (coords.): <em>Capitalismo, desigualdades y degradación ambiental</em>, Icaria, Barcelona, 2001, pp. 153-166.</p>
<p><sup>[29]</sup> Ruut Veenhoven, «The four qualities of life. Ordering concepts and measures of the good life», <em>Understanding human well</em>−<em>being</em>, núm 1, 2006, pp. 74-100 disponible en: <a href="https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd" target="_blank" rel="noopener">https://personal.eur.nl/veenhoven/Pub2000s/2006f-full.pd</a>f</p>
<p><sup>[30]</sup> Begoña Candela−Martínez, Antonio D. Cámara, Diana López−Falcón, José M. Martínez−Carrión, «Growing taller unequally? Adult height and socioeconomic status in Spain (Cohorts 1940–1994)», <em>SSM </em>−<em> Population Health</em>, vol. 18, 2022, 101126, disponible en: <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener">https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352827322001057?via%3Dihub</a></p>
<p><sup>[31]</sup> Ver, por ejemplo: 1) Joan Martínez−Alier y Klaus Schlüpmann, <em>La ecolog</em><em>ía y la economía</em>, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1991. 2) Robert Costanza, John H Cumberland, Herman E. Daly, Robert Goodland y Richard B Norgaard, <em>An introduction to Ecological Economics</em>, CRC Press, Boca Ratón, FL, USA, 1997. 3) Len Doyal e Ian Gough, <em>Teoría de las necesidades humanas</em>, Fuhem/Icaria, Madrid/Barcelona, 1994. 4) Manfred A. Max−Neff, <em>Desarrollo a escala humana</em>, Icaria, Barcelona, 1994. 5) Nicholas Georgescu−Roegen, <em>La Ley de la Entropía y el proceso econó</em><em>mico</em>, Fundación Argentaria, Madrid, 1996 [1971]. 6) Johan Rockström, Will Steffen, Kevin Noone<em> et.al.</em>, «A safe operating space for humanity», <em>Nature</em>, núm. 461, 2009, pp. 472-475. 7) Ulrich Brand, Barbara Muraca, Éric Pineault <em>et al</em>., «From planetary to societal boundaries: an argument for collectively defined self−limitation», <em>Sustainability: science, practice and policy</em>, núm. 17(1), 2021, pp. 265-292.</p>
<p><sup>[32]</sup> Mateo Aguado, 2016, <em>op. cit.</em>, p. 63.</p>
<p><sup>[33]</sup> Daniel W. O’Neill, Andrew L. Fanning, William F. Lamb y Julia K. Steinberger, «A good life for all within planetary boundaries». <em>Nature Sustainability</em>, 1 (2), 2018, pp. 88-95, disponible en: <a href="https://doi.org/10.1038/s41893-018-0021-4">https://doi.org/10.1038/s41893−018−0021−4</a></p>
<p><sup>[34]</sup> Kate Raworth, <em>Economía rosquilla</em>, Paidós, Barcelona, 2018.</p>
<p><sup>[35]</sup> Daniel W. O’Neill <em>et al</em>., <em>op. cit.</em></p>
<p><sup>[36]</sup> Para más información al respecto se recomienda consultar la web: <a href="https://goodlife.leeds.ac.uk/">https://goodlife.leeds.ac.uk/</a></p>
<p><sup>[37]</sup> José Astudillo, <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020; Patricio Carpio, <em>Buen Vivir. Utopía para el siglo XXI</em>, FUHEM Ecosocial, Madrid, 2019. Puede consultarse también el semimonográfico del número 128 de la revista <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global,</em> titulado «Propuestas para la buena vida» (invierno 2015), disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/papeles/papeles-numero-128</a>/</p>
<p><sup>[38]</sup> Alberto Acosta, «A modo de prólogo», en José Astudillo: <em>Prácticas del Buen Vivir</em>, Ediciones Abya−Yala, Quito, 2020, pp. 13-20.</p>
<p><sup>[39]</sup> Tomás Rodríguez Villasante, «El debate sobre el buen vivir y los problemas−caminos para medir los avances en la calidad y la sustentabilidad», <em>Papeles de relaciones ecosociales y cambio global</em>, núm. 128, FUHEM, Madrid, 2014, pp. 61-78, disponible en: <a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/El_debate_sobre_el_buen_vivir_y_los_problemas_caminos_para_medir_los_avances_en_la_calidad_de_vida_y_la_sustentabilidad_T_R_Villasante.pdf" target="_blank" rel="noopener">www.fuhem.es/&#8230;</a></p>
<p><sup>[40]</sup> Véase la entrevista a Michael Löwy realizada por Rafael Díaz−Salazar aparecida en el nº 315 de <em>El Viejo Topo</em> (abril de 2014) y complementaria de otra que, con los mismos protagonistas y en las mismas fechas, apareció publicada en el núm. 125 de <em>PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, disponible en: </em><a href="https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/Entrevista_a_Michael_Lowy_R._Diaz-Salazar.pdf</a></p>
<p><sup>[41]</sup> Alberto Acosta, <em>op. cit</em>., p. 20.</p>
<p><sup>[42]</sup> Ulrich Brand y Markus Wissen, <em>Modo de vida imperial</em>, Friedrich Ebert Stiftung, Ciudad de México, 2017. Para estos autores es el modo dominante en las sociedades del Norte global, que solo es posible explotando la fuerza de trabajo y los recursos de los países de la periferia (a través del intercambio económico y ecológico desigual) y transfiriendo a gran escala la carga ambiental hacia lugares lejanos de los centros capitalistas.</p>
<p><sup>[43]</sup> María Mies y Vandana Shiva,<em> Ecofeminismo (teoría, crítica y perspectivas)</em>, Icaria, Barcelona, 2015.</p>
<p><sup>[44]</sup> Lyla Metha y Melissa Leach, «¿Por qué la igualdad de género y la sostenibilidad van de la mano?», en VVAA: <em>Por qué las mujeres salvarán el Planeta</em>, Rayo Verde Editorial, Barcelona, 2019.</p>
<p><sup>[45]</sup> Nancy Fraser, <em>Los talleres ocultos del capital</em>, Traficantes de sueños, Madrid, 2020, disponible en: <a href="https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/PC_21_Talleres%20ocultos_web_baja_0.pdf</a></p>
<p><sup>[46]</sup> Daniel Kahneman, Alan B. Krueger, David A. Schkade, Nobert Schwarz y Arthur A. Stone. «A Survey Method for Characterizing Daily Life. Experience: The Day Reconstruction Method», <em>Science</em>, núm. 306, 1776, 2004.</p>
<p><sup>[47]</sup> Por supuesto, no todo depende de factores externos, por lo que se podría añadir a las tres anteriores una dimensión interna a la persona que recoja su equilibrio emocional, su carácter, su entendimiento, etc. Podemos referirnos a esta cuarta dimensión como la del «ser».</p>
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		<title>Ante la crisis ecosocial, ¿menos cuentas y más cuentos?</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/noticias/ante-la-crisis-ecosocial-menos-cuentas-y-mas-cuentos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:25:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carta de Principios]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologismo]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial]]></category>
		<category><![CDATA[Idearia]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure>Las narrativas por sí solas no cambian la realidad, pero sin ellas no movilizaremos el deseo y la rabia necesarios para inspirarnos, ilusionarnos y poder pasar a la acción. Artículo de José Luis Fdez. Casadevante Kois para Contexto.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="800" height="533" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339.jpg 800w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/02/images_cms-image-000031339-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 800px, 100vw" /></figure><p>Vivimos en sociedades que aparentemente se mueven más por las matemáticas que por los mitos, por los libros de contabilidad más que por los de cuentos. La creciente mercantilización de la vida parece estar desembocando en un marcado romanticismo hacia los números. Los gráficos y las estadísticas disfrutan de presunción de veracidad, las cifras aparentan neutralidad y objetividad. ¿Dato mata relato? ¿Las cifras banalizan la importancia de las narrativas?</p>
<p>No necesitamos menos cuentas, pues debemos seguir echando números para comprender, proponer y evaluar con criterio. Aunque en campos como la economía también necesitaríamos otra forma de echarlas. Igual que tras una inundación lo primero que escasea es el agua potable, ante la crisis ecosocial resultan imprescindibles cuentas potables. Añoramos datos que hagan posibles economías ecointegradoras, capaces de incorporar en los sistemas de evaluación de las políticas públicas indicadores más complejos y de aplicar métricas biofísicas que permitan saber cómo se comportan realmente en relación a los factores críticos de la sostenibilidad (huella ecológica, emisiones, consumo de materiales…).</p>
<blockquote><p>Ante la crisis ecosocial resultan imprescindibles cuentas potables</p></blockquote>
<p>Aunque estamos convencidos de que el mejor conocimiento científico disponible es imprescindible, no son los diagnósticos más afinados o la información más certera lo que va a balancear a nuestro favor el equilibrio de fuerzas. Rebecca Solnit afirmaba recientemente que “Toda crisis es en parte una crisis narrativa. Esto es tan cierto para el caos climático como para cualquier otra cosa. Estamos acorralados por historias que nos impiden ver, creer o actuar en las posibilidades de cambio; algunas son hábitos mentales y otras propaganda de la industria. A veces, la situación ha cambiado pero las historias no, y la gente sigue las versiones antiguas, como mapas obsoletos, que conducen hasta callejones sin salida”.</p>
<p>Necesitamos más cuentos. Los mitos, las narraciones o las fábulas han sido durante milenios el principal método por el que nos comunicábamos. No es de extrañar que nuestro cerebro se haya modelado mediante el arte de contar historias; algunos etnólogos y comunicadores defienden una influencia determinante de las narraciones en la evolución humana, apelando a que somos un Homo Narrans. Las historias nos permiten cooperar y construir visiones compartidas de la realidad, consolidar o cuestionar creencias, y dotar de sentido a la vida.</p>
<p>Hace unos años, el periodista del New York Times Rob Walker y el escritor Josh Glenn realizaron un experimento que denominaron <a href="https://significantobjects.com/">Estudio de objetos significativos,</a> basándose en la hipótesis de que los relatos pueden convertir objetos insignificantes en objetos con un significado. Para demostrarlo compraron cien artículos de segunda mano en una plataforma de internet. Estos objetos comunes no tenían nada de especial, artefactos que habitan en buhardillas y trasteros de los que no cuesta deshacerse, por los que pagaron de media algo más de un dólar.</p>
<p>Posteriormente, asignaron cada objeto a escritores, periodistas y artistas; estos elaboraron una historia de forma específica para ellos. Entonces, procedieron a subastar los artículos en la misma plataforma donde los habían comprado, agregando las historias a las descripciones y explicando que era una ficción. Al comprar el objeto las personas lo recibían junto con una copia impresa del relato. El resultado es que obtuvieron más de 3.600 dólares, evidenciando cómo las historias impactan sobre la realidad y se convierten en un poderoso mecanismo a través del cual otorgamos un valor subjetivo a los objetos.</p>
<blockquote><p>La excesiva representación de los escenarios de futuro catastróficos ha terminado por hacerlos previsibles</p></blockquote>
<p>No hay duda de que tenemos una mayor facilidad para dotar de significado a aquello a lo que nos unimos mediante una historia, que le damos más valor cuando conectamos a la vez de forma racional y emocional. La neurociencia no deja de recordarnos la capacidad de las historias para captar nuestra atención, provocar empatía, fijar información y hacer que un conocimiento se vuelva más memorable. Pensemos en cómo la publicidad ha dejado de referirse a los atributos de los productos que quiere comercializar, para proceder a vendernos relatos, ofrecernos un sentido de pertenencia o una identidad grupal a través de las marcas que nos marcan.</p>
<p>Ante nuestra compulsiva afición por los relatos, las industrias culturales nos ofrecen un monocultivo de distopía, cuyas historias sobre sociedades aterradoras han dejado de servir para alertarnos de los riesgos, conmovernos y activarnos políticamente. La sobrerrepresentación de los escenarios de futuro catastróficos ha terminado por hacerlos previsibles y reconciliarnos con este presente inhabitable.</p>
<p>A la proliferación de pesadillas solo podemos oponer sueños con toma de tierra. Sueños compartidos que no sean meras fantasías, sino que combinen el realismo ecológico en los diagnósticos con la imaginación y la creatividad colectiva a la hora de esbozar futuros esperanzadores. Asumir de forma realista la gravedad, la urgencia y la discontinuidad histórica que plantean nuestra realidad climática, los límites biofísicos y el deterioro provocado en los ecosistemas sobre los que se sostiene la vida. Y es que, como decía la escritora Maria Popova, el pensamiento crítico sin esperanza es cinismo, pero la esperanza sin pensamiento crítico es ingenuidad.</p>
<h4><strong>Una carta y un cuento desde la economía solidaria</strong></h4>
<p><a href="https://www.economiasolidaria.org/economia-solidaria/">La economía solidaria</a> es un movimiento que aspira a democratizar la economía mediante la construcción de alternativas frente a un modelo depredador social y ambientalmente. Compuesto por cerca de mil entidades en el Estado español que funcionan dentro de la economía convencional, pero desconectadas de sus lógicas, valores y prácticas. Proyectos viables empresarialmente que invierten las prioridades de la economía convencional: satisfacción de necesidades frente a ánimo de lucro, territorialización y vinculación con el entorno frente a la amenaza de deslocalización, cooperación frente a competencia, rentabilidad social frente a tasa de ganancia, apuesta por el empleo y por los grupos sociales más vulnerables, atención a los cuidados dentro y fuera de nuestros equipos, compromisos ecológicos fuertes…</p>
<p>Hace unas semanas se hacía pública en Idearia la <a href="https://www.economiasolidaria.org/pon-la-vida-en-el-centro/#:~:text=El%20presente%20manifiesto%20persigue%20que,de%20espacios%20y%20relaciones%20socioecon%C3%B3micas">Carta de Principios de la Economía Solidaria</a>, donde se presentan los rasgos que orientan su acción y sus relaciones con otros agentes, así como el proyecto económico, social y político que impulsan. Por lo general estas noticias no tienen mucho impacto comunicativo, siendo como las cartas de amor, que resultan empalagosas y cómicas a todas las personas que las leen, menos a las personas directamente implicadas. Y sin embargo, es importante poner en valor esta carta pues supone la tercera reactualización en cerca de treinta años de historia. En esta ocasión, para fortalecer una mirada más feminista y ecologista en el seno de la economía alternativa.</p>
<p><a href="https://www.economiasolidaria.org/idearia-2022/" target="_blank" rel="noopener">Idearia</a> es el espacio anual de encuentro y reflexión conjunta de la economía solidaria. En ese marco organizamos un taller de escenarios de futuro con gente del movimiento agroecológico que procedía de distintos territorios y trabajaban en distintos eslabones de la cadena alimentaria (producción, distribución y consumo). Allí realizamos conjuntamente un ejercicio de creatividad colectiva donde especulamos sobre un futuro esperanzador desde la alimentación: ¿Cómo serían nuestros barrios y pueblos si hubiésemos logrado realizar una transición agroecológica? ¿Qué forma tendría un sistema alimentario ajustado a los límites ecológicos con criterios de justicia social y democracia?</p>
<blockquote><p>En los movimientos sociales necesitamos dotarnos de tiempo, espacios y metodologías para soñar juntos</p></blockquote>
<p>Partiendo de esta premisa las personas participantes nos situamos en un futuro IV Congreso Biorregional Ibérico, que se celebraría en el año 2042, para reflexionar sobre los avances y dificultades que nos encontrábamos para la transformación del sistema alimentario, asumiendo que muchas de nuestras reivindicaciones actuales se hubiesen logrado. Los resultados elaborados por los distintos grupos de trabajo produjeron el cuento ilustrado <a href="https://reasnet.com/intranet/wp-content/uploads/bp-attachments/15379/ajardinar_el_abismo.pdf" target="_blank" rel="noopener"><em>Ajardinar el abismo</em></a>. En él se narran las aventuras de una pareja de historiadoras que acuden a Levante, buscando a un esquivo colectivo activista que jugó un papel muy significativo durante los años más convulsos del cambio. La persecución de un fantasma en medio de pueblos rehabitados y revitalizados mediante cooperativas agrarias, museos del éxodo urbano, ciudades renaturalizadas, procesos de reasilvestramiento, centros logísticos alternativos, experiencias de agricultura en la ciudad, supermercados cooperativos, comedores colectivos autogestionados, fiestas populares, coleccionistas de monedas locales, conflictos generacionales…</p>
<p>Una historia que nos regalamos y que compartimos con todo el mundo como una simpática fórmula para iniciar conversaciones, abrir discusiones, seducir a gente y estimular que se repliquen este tipo de iniciativas. Ahora que se habla tanto de entornos creativos en la empresa, probablemente necesitemos lo mismo en los movimientos sociales: dotarnos de tiempo, espacios y metodologías para soñar juntos.</p>
<h4><strong>Muchos pequeños relatos para un gran cambio de narrativa</strong></h4>
<p>Contar puede reducirse a enumerar cantidades o referirse al arte de relatar historias. Las nuevas narrativas ecosociales demandan menos números y más palabras ancladas en experiencias transformadoras. Relatos que rastrean y proyectan hacia el futuro las tendencias emancipadoras del presente, como forma de reivindicarlas y hacerlas más seductoras. Murray Bookchin solía afirmar que lo que distinguía a los grandes utopistas no era su falta de realismo, sino su sensualidad, su pasión por lo concreto, su adoración del deseo y del placer. Escritas en una prosa seductora, sus utopías fueron con frecuencia ejemplos de una ciencia social cualitativa.</p>
<p>Entre las personas aficionadas al género, bromeamos con la baja calidad literaria de una parte muy significativa de los textos utópicos. Y es que en muchos casos fueron redactados por activistas o reformadores sociales cuyo manejo de la pluma no era el de un candidato a premio Nobel. Los relatos tenían el propósito prioritario de orientar la acción colectiva y hacer deseables otros mundos, volviéndolos verosímiles para miles de personas que, más allá de las propuestas teóricas, se involucraban en movimientos y comunidades intencionales comprometidas en hacer realidad estas alternativas. Siempre ha sido difícil jugar y narrar el partido de forma simultánea, lograr que el fondo no eclipsara la forma.</p>
<p><em>Ecotopía</em> de Ernest Callenbach, donde se describe el proceso de transformación personal de un periodista que visita California tras su independencia de EE.UU. para poner en marcha la transición hacia una sociedad ecosocialista, ilustraría a la perfección esta idea. Una novela escrita en 1975 por un editor de ciencia ficción que, cansado de la ausencia de una mirada ecologista en el género, se vió impulsado a rellenar ese vacío. La obra fue rechazada por una veintena de editoriales por la falta de sexo y violencia, hasta que fue autoeditada por su autor. De forma inesperada se convirtió en un éxito de ventas <em>underground</em>, capaz de vender más de medio millón de libros en unos años y traducirse a distintos idiomas. Hoy es una referencia incuestionable del género y ha envejecido relativamente bien.</p>
<blockquote><p>Las nuevas narrativas ecosociales demandan menos números y más palabras ancladas en experiencias transformadoras</p></blockquote>
<p>Muchas personas, que tienen claros los diagnósticos y que se encuentran implicadas en colectivos y proyectos transformadores, demandan la importancia de estos procesos compartidos de reflexión y creatividad. No se trata de meros entretenimientos sin consecuencias, sino de crear historias inspiradas y trenzadas desde los activismos. Procesos que permiten comprender y compartir las potencialidades que encierran nuestras experiencias, refuerzan la motivación y mejoran la autoestima colectiva de quienes participan, facilitan que establezcamos complicidades cognitivas con otras luchas y son una de las fórmulas que está siguiendo el incipiente encuentro entre el mundo del arte y la cultura con la ecología.</p>
<p><em>Ajardinar el abismo</em> se suma a una creciente constelación de iniciativas que están esforzándose por abordar estas cuestiones desde los espacios activistas. Los ciclos de conferencias y talleres sobre <a href="https://www.lacasaencendida.es/encuentros/ecotopias-nuevas-narrativas-frente-crisis-socioambiental-13375" target="_blank" rel="noopener"><em>Ecotopías</em></a> realizados desde hace años por La Casa Encendida en Madrid; <a href="https://borradoresdelfuturo.net/" target="_blank" rel="noopener"><em>Borradores del futuro</em></a> que viene elaborando fábulas en el País Vasco, donde confluyen narradoras y experiencias sociales; el número monográfico de la <a href="https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/80-numero-44/955-portada-44" target="_blank" rel="noopener">Revista <em>Sob</em><em>eranía Alimentaria</em></a> elaborado desde un hipotético 2060, donde se agrupan diversas reflexiones sobre las transformaciones del sistema alimentario en el campo y la ciudad; el trabajo de escenarios de futuro y el encuentro <a href="https://futursimpossibles.org/" target="_blank" rel="noopener">Futurs imposibles</a> que está impulsando la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya…</p>
<p>Muchos de estos relatos e ilustraciones pueden dejar mucho que desear en términos literarios, pero funcionan como las plantas pioneras que permiten colonizar un nuevo territorio. Su desarrollo regenera los suelos y facilita las condiciones ambientales para el establecimiento de otras especies que van dotando de complejidad a ecosistemas incipientes. Sin ellos el impulso utópico no llegará a las comunidades de creadores o las industrias culturales. Las novelas, películas, canciones o instalaciones que asuman la tarea de socializar, hacer creíbles y deseables otros futuros, están por crearse. Y estos modestos procesos suponen un estímulo para que asuman el liderazgo imprescindible que les corresponde.</p>
<p>Todas las personas tenemos una parte de responsabilidad en cómo miramos el mundo y en cómo contamos la posibilidad de transformarlo. Las historias nos hacen más fuertes o profundizan nuestra impotencia. Resulta iluso creer que las narrativas por sí solas cambian la realidad, pero sin ellas no movilizaremos el deseo y la rabia necesarios para ilusionarnos y pasar a la acción.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>Sembrando para quienes nos sucederán: “lo rural” a través del arte en un contexto de crisis</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/recursos/sembrando-para-quienes-nos-sucederan-lo-rural-a-traves-del-arte-en-un-contexto-de-crisis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Jan 2023 09:06:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[investigacionESS]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo Rural]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="1227" height="818" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales.png" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales.png 1227w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales-980x653.png 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales-480x320.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1227px, 100vw" /></figure>Este artículo de Rocío Nogales Muriel resume el trabajo realizado en el marco de “Resignificación de ‘lo rural’ a través del arte y la cultura en un contexto de” (R-Rural). R-Rural es un proyecto exploratorio de investigación-acción enfocado en el proceso de transformación de los referentes, contenidos y prácticas del significado de “lo rural” y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="1227" height="818" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales.png" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales.png 1227w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales-980x653.png 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/sembrando-rocio_nogales-480x320.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1227px, 100vw" /></figure><p>Este artículo de <a href="https://scholar.google.com/scholar?hl=es&amp;as_sdt=0%2C5&amp;q=author%3ARoc%C3%ADo+Nogales+Muriel" target="_blank" rel="noopener">Rocío Nogales Muriel</a> resume el trabajo realizado en el marco de “Resignificación de ‘lo rural’ a través del arte y la cultura en un contexto de” (R-Rural). R-Rural es un proyecto exploratorio de investigación-acción enfocado en el proceso de transformación de los referentes, contenidos y prácticas del significado de “lo rural” y “lo contemporáneo” a través de prácticas culturales rurales concretas que incorporan aspectos de sostenibilidad económica, social y ambiental como resultado de dicho proceso. La hipótesis de partida de R-Rural es que el arte contemporáneo (y la cultura en general) puede favorecer la transformación de “lo rural” en una entidad y espacio significativo con referentes, agentes y prácticas propias que defienden el interés general y la justicia ecosocial. La fue el método aplicado en el estudio, que se centra en dos estudios de caso concretos de iniciativas basadas en España, una en el Sur (Bee Time en Cádiz) y otra en el Noroeste (Agrocuir en Galicia).</p>
<p>Lo puedes leer y descargar <a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2023/01/PERIFERICA23-OPERAPRIMA-ROCIONOGALES.pdf" target="_blank" rel="noopener">en este enlace</a>.</p>
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		<item>
		<title>“Este cortocircuito del mercado global va a ir a más”</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/noticias/este-cortocircuito-del-mercado-global-va-a-ir-a-mas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Nov 2021 09:29:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crisis económica]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
		<category><![CDATA[El Salto]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="2000" height="1334" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365.jpg 2000w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-1280x854.jpg 1280w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-980x654.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 2000px, 100vw" /></figure>Demasiadas “cosas que parecían improbables” están ocurriendo al mismo tiempo. El investigador, activista y coautor de ‘La espiral de la energía’, Luis González Reyes, busca las líneas que unen la falta de mano de obra, el quiebre de los suministros por tierra y mar, la falta de materias primas y una crisis energética que amenaza la economía mundial. Una entrevista de Martín Cuneo para El Salto Diario]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="2000" height="1334" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365.jpg 2000w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-1280x854.jpg 1280w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-980x654.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0365-480x320.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 2000px, 100vw" /></figure><p>La falta de materias primas y componentes básicos se extiende a todos los sectores y va mucho más allá de los chips semiconductores, cuya escasez encendió las alarmas a principios de este año. En apenas unos meses, el precio del magnesio, clave para la producción de coches, bicicletas o aviones, se ha multiplicado por cuatro. Sin este elemento no hay aluminio ni titanio y su producción está concentrada en un 87% en China. Los apagones y las restricciones al consumo de energía que está sufriendo este país han catapultado la cotización internacional de este material. Pero no es un problema solo de China.</p>
<p>Las grandes empresas comienzan a prever problemas de abastecimiento para el Black Friday y la campaña navideña. En España, más de la mitad de las constructoras ha tenido que paralizar o retrasar sus obras por la falta de materiales o por los desorbitados precios que han alcanzado productos tan básicos como la madera, el acero o el hormigón, entre una larga lista. En Estados Unidos la producción de casas ha caído a mínimos no solo por el aumento de los precios de los materiales y los retrasos en la entrega sino por la falta de mano de obra.</p>
<p>En el Reino Unido, los puestos vacantes sin cubrir en el segundo trimestre del año <a href="https://www.efe.com/efe/espana/economia/la-falta-de-mano-obra-europea-pone-en-jaque-a-industria-del-reino-unido/10003-4616709" target="_blank" rel="noopener noreferrer">habían subido hasta 953.000, </a>según la Oficina Nacional de Estadística. La escasez de mano de obra se ha vuelto un problema de seguridad nacional en el área del transporte por carretera, que está provocando desabastecimiento y una crisis sin precedentes en el suministro de combustibles y en los depósitos de alimentos. En España, pese al 14% de paro hay 120.000 puestos de trabajo sin cubrir. <i>The Financial Time</i>s advertía que se necesitan 400.000 camioneros en toda Europa.</p>
<blockquote><p>Para González Reyes, los síntomas que estamos viviendo no son indicadores de un colapso en marcha, pero sí inciden en los principales factores que nos llevan a él. “Estamos viviendo claramente esas primeras etapas del colapso”, advierte.</p></blockquote>
<p>Y si el transporte por tierra ofrece perspectivas preocupantes, peores son para aquellas empresas que optan por el comercio por mar. Cientos de barcos —584 en concreto— están bloqueados en los principales puertos y a día de hoy enviar un contenedor en un buque es diez veces más caro que antes de la pandemia. La escena apocalíptica del gigante mercante Evergreen cruzado en el Canal de Suez era solo una anécdota que escondía una crisis en el comercio global sin precedentes.</p>
<p>Pese a la gravedad que esconden estas anomalías, es la crisis energética la que se dibuja como el mayor peligro para la economía y la estabilidad del mundo postcovid. En un año, el precio del gas se ha multiplicado por cinco, el del petróleo se ha duplicado y el precio del carbón ha alcanzado el nivel más alto de los últimos 13 años. Europa se enfrenta al invierno con la menor reserva de gas en diez años y ya son muchas las grandes industrias que han anunciado o ya han practicado parones en la actividad por el precio de la electricidad. En España, los recortes en la producción por el alza del precio de la luz ya afectan a 22.000 empleos. Y China vive una ola de apagones. Hasta 21 provincias —de las 31 que tiene el gigante asiático— han adoptado algún tipo de racionamiento energético. En estos días, el Gobierno austríaco definía como “un peligro real” la posibilidad de un apagón generalizado y prolongado. Es más, para la ministra de defensa austriaca, Klaudia Tanner, se trataba de algo más que de una posibilidad: “La cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo”. Para enfrentarse a este apagón, el Gobierno lanzó una campaña informativa con recomendaciones y una lista de la compra básica para poder “sobrevivir” a los cortes.</p>
<p>El aumento del precio de la energía y otros materiales se ha trasladado rápidamente a toda la economía y se ha traducido en índices de inflación que no se veían desde hace décadas. En Estados Unidos, la inflación ha llegado a tocar el 5,4% y en España el IPC de septiembre alcanzaba el 4%.</p>
<p>Para Luis González Reyes, autor de la <a href="https://www.diagonalperiodico.net/saberes/26252-vistas-del-principio-y-final.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><i>La espiral de la energía</i></a><i> </i>(Libros en Acción, 2014), no se trata de hechos aislados sino síntomas de un sistema económico que ha hecho “cortocircuito”. En ese libro, elaborado conjuntamente con Ramón Fernández Durán, ya se hablaba del papel que podrían jugar las enfermedades como el coronavirus en un potencial colapso de la civilización tal como la conocemos: “Las pandemias volverán al Centro y provocarán más muertes que las enfermedades crónicas. Estas incidirán en la paralización del sistema económico y en la crisis estatal, como ocurrió en el pasado, por ejemplo, con la caída del Imperio romano y del inca o durante la Edad Media en Europa”.</p>
<blockquote><p>Esta interconexión máxima del mundo parecía que nos daba mucha resiliencia y mucha capacidad de adaptación, pero lo que estamos viviendo ahora demuestra más bien todo lo contrario.</p></blockquote>
<p>Los síntomas que estamos experimentando no son indicadores de un colapso en marcha, dice González Reyes, pero sí inciden en los principales factores que nos llevan a él. “Estamos viviendo claramente esas primeras etapas del colapso”, advierte. Más allá de que algunos de estos acontecimientos impredecibles y “que antes parecían imposibles” sean más o menos coyunturales, hay algo que ha llegado para quedarse. Según este activista y pensador, miembro de Ecologistas en Acción, “ya no volverá la estabilidad y tranquilidad del siglo XX”. Para González Reyes esto es solo el principio.</p>
<p><b>¿Es posible dar una explicación global a todos estos fenómenos económicos y sociales que están ocurriendo de forma paralela?</b><br />
Yo diría que todos los procesos están conectados dentro de un entramado muy complejo con múltiples variables. Los procesos de encarecimiento de distintas materias primas y los procesos de desabastecimiento en realidad están muy relacionados. Detrás hay múltiples factores, el primero, una cierta reactivación de la demanda después de la pandemia. Y esto se produce en una situación de desorden de las cadenas de producción global, que necesitan tiempo para volver a funcionar igual que antes.</p>
<p>Hay un segundo elemento y es que nuestras cadenas de producción y consumo globales se han ido articulando a través de un funcionamiento <i>just in time</i>, no hay apenas almacenaje. Ya no hay almacenes, todo hay que fabricarlo y todo esto no se puede hacer de la noche a la mañana.</p>
<p>Hay un tercer factor y es que existe una gran especialización territorial en distintas producciones y cuando sobre esos territorios se producen situaciones específicas de imposibilidad de aumento de la oferta esto arrastra a todo lo demás.</p>
<p>Y hay un cuarto factor y es que estamos llegando a los límites de disponibilidad tanto de distintos materiales como de diversas fuentes energéticas y esto genera también un cortocircuito dentro de las cadenas de producción globales.</p>
<blockquote><p>No estamos solo ante un tema coyuntural sino ante un proceso sostenido y que tiene un mar de fondo, que es una deriva hacia el colapso de la civilización industrial.</p></blockquote>
<p>Y se podría hablar de un quinto factor, que son factores económicos que tienen que ver con políticas específicas que se han ido tomando en distintos territorios, en Rusia, en China o en Reino Unido, para explicar todo este cortocircuito.</p>
<p>Esta interconexión máxima del mundo parecía que nos daba mucha resiliencia y mucha capacidad de adaptación, pero lo que estamos viviendo ahora demuestra más bien todo lo contrario. Ante situaciones de estrés como las que estamos viendo, en lugar de tener más capacidad de respuesta parece que tenemos menos y, de alguna manera, se amplifican todos los problemas.</p>
<p><b>Es como si al resetear la economía después de la pandemia algo hubiera dejado de funcionar.<br />
</b>La pandemia, con lo que ha supuesto de parón económico, es un factor, pero no es el único. Para entender todo lo que está pasando tenemos que ver que no solo hay una situación de crisis sanitaria, que desbarajusta, sino también una situación de crisis climática, que contribuye a ese desbarajuste, y una situación de crisis energética y material que también contribuye a ese caos. Hay distintos elementos que se van sumando y cuando tenemos un sistema frágil sometido a muchas situaciones de estrés, la probabilidad de que esto se venga abajo es todavía mayor.</p>
<blockquote><p>No vamos a volver a la situación de estabilidad del siglo XX, vamos a vivir un continuo de excepcionalidades, aunque no sabemos cuáles van a ser ni cuándo van a suceder ni con qué frecuencia ni qué profundidad va a tener cada una de ellas.</p></blockquote>
<p>Para entender por qué hay falta de suministro de chips tenemos que saber que la producción está concentrada en Taiwán y que este país no solo ha sufrido la pandemia sino que está teniendo problemas de acceso a las materias primas y al agua como consecuencia del cambio climático.</p>
<p><b>¿Están acertando los medios y los expertos? ¿Percibes desorientación o ansiedad en sus análisis?<br />
</b>Hay mucha ansiedad sobre lo que está pasando. Y creo que el nivel de ansiedad va a ir a más, porque no sabemos cómo va a discurrir todo, aunque todo apunta a que esta situación de cortocircuito del mercado global con problemas de abastecimiento va a ir a más. El propio Gobierno español ha pasado de decir que no iba a haber ningún problema de suministro de gas durante el invierno a admitir que puede ocurrir. Empieza a vislumbrarse que hay una problemática que puede durar un tiempo, pero no se ponen sobre la mesa todos los factores que están detrás. Y los factores ambientales como los límites de disponibilidad de los recursos siguen estando desaparecidos de los análisis <i>mainstream</i>.</p>
<p><b>Se ha especulado mucho sobre cuánto va a durar esta nueva crisis.<br />
</b>Se ha hablado bastante de la recuperación de la normalidad y de la vuelta a un mundo parecido al que habíamos tenido durante el siglo XX y principios del siglo XXI, en donde no había grandes sobresaltos en el funcionamiento social, político, cultural. Yo creo que esto no va a volver a suceder, vamos a vivir un continuo de excepcionalidades, aunque no sabemos cuáles van a ser ni cuándo van a suceder ni con qué frecuencia ni qué profundidad va a tener cada una de ellas. Ahora una pandemia, pasado mañana recortes en la disponibilidad energética, después un problema de abastecimiento por un cortocircuito en las cadenas de suministro y al otro otra cosa diferente&#8230;</p>
<p><b>Que es un poco lo que está pasando ahora&#8230;<br />
</b>Sí, un poco lo que está pasando ahora, pero continuado en el tiempo. Yo no creo que los gobiernos por voluntad propia vayan a dejar estos planes de estímulo excepcionales, esta creación gigantesca de dinero que ha tenido la Reserva Federal en Estados Unidos y el Banco Central Europeo. Lo que no está claro es cuánto tiempo van a poder mantener estos planes de estímulo cuando la cosa cada vez es más complicada. Tu puedes crear mucho dinero, pero tiene que tener una correlación con la actividad económica, sino lo que vas creando son burbujas de deuda cada vez más grandes que, tarde o temprano, terminan explotando.</p>
<p><b>El aleteo de un murciélago en China que puede acabar con el capitalismo&#8230;<br />
</b>Yo no diría que va a acabar con el capitalismo, pero a lo mejor sí con el capitalismo global. El capitalismo en su versión globalizada con altos niveles de interconexión está herido de muerte y no tiene salvación, otra cosa es cómo muera y en qué momento muera. Pero eso no quiere decir el final del capitalismo, que puede seguir articulándose a niveles más locales, además, con visiones bastante terroríficas.</p>
<blockquote><p>Esto no va a acabar con el capitalismo, pero a lo mejor sí con el capitalismo global. El capitalismo en su versión globalizada con altos niveles de interconexión está herido de muerte.</p></blockquote>
<p><b>En <i>La espiral de la energía </i>se hablaba de una crisis global desencadenada por una crisis energética, pero en este caso ha sido una pandemia.<br />
</b>La clave no es cuál es el elemento concreto, sino que hay muchos elementos que hacen que la vulnerabilidad aparezca. En 2020 la pandemia cumplió un papel muy importante, pero en 2007, en esa crisis económica que todavía arrastramos de alguna manera, uno de los desencadenantes fue el precio del petróleo. En 2021, si China está teniendo problemas para mantener su actividad económica en gran parte es porque tiene desabastecimiento de energía. Así que en realidad es como una especie de espiral en la que van superponiéndose una cosa sobre la otra. Por ello, mañana podrá ser una gran sequía la que plantee otros problemas de distinto tipo.</p>
<p><b>Cuándo escribisteis y publicasteis el libro, el mundo parecía mucho más estable que ahora. ¿Se parece un poco lo que está pasando ahora con ese inicio del colapso que describíais?<br />
</b>La gran pregunta es si ya estamos viviendo el colapso. En el libro definimos el colapso como una pérdida rápida de complejidad en términos históricos, un proceso que durará décadas. Y la pérdida de complejidad la podemos medir con cuatro indicadores: pérdida de población, pérdida de interconexión, pérdida de especialización y pérdida de información. Si miráramos estos cuatro indicadores no se puede decir que haya ahora una gran pérdida de población, ni de información, ni probablemente de especialización, aunque sí cierta pérdida de interconexión, aunque tampoco muy gorda. Podríamos concluir entonces que no estamos en el colapso.</p>
<p>Sin embargo, creo que tenemos que mirarlo con un poco más de perspectiva temporal, tanto hacia atrás como hacia delante, porque los sistemas tienen inercias y hay que saber leerlas. Hay cosas que están sucediendo que claramente inciden en los cuatro indicadores. La pandemia incide sobre la población, también incide sobre la interconexión, pues ha habido una disrupción de las cadenas de producción globales. Del mismo modo ha incidido en parte sobre la especialización pues cosas que no se fabricaban en España se han empezado a fabricar aquí, como las mascarillas. Cuando hablamos de emergencia climática, estos procesos meteorológicos extremos que destrozan infraestructuras, la tormenta Gloria en el Levante o estas olas de calor brutales en el hemisferio norte, van en contra de una mayor interconexión. Y cuando hablamos de crisis energética, no hay posibilidad de un comercio global sin una disponibilidad masiva de petróleo, y ese petróleo está dando señales de agotamiento, por lo que nuevamente este indicador, el de la interconexión, se ve resentido.</p>
<blockquote><p>Estamos viviendo claramente esas primeras etapas del colapso, aunque no estemos viviendo unas situaciones profundas de colapso. La clave es que lo que antes parecía improbable se convierte en posible.</p></blockquote>
<p>Yo creo que estamos viviendo claramente esas primeras etapas del colapso, aunque no estemos viviendo unas situaciones profundas de colapso, pero estamos en esa dinámica. ¿Y cómo va a ser el proceso? Tremendamente abierto. Es difícil establecer una secuencia porque lo que va a ocurrir son procesos inesperados. Sin embargo, lo más probable por la situación que estamos viviendo es que sea un choque con los límites ambientales. Dentro de esa lógica, se van a ver afectados probablemente antes los procesos económicos-financieros y luego los económicos-productivos, entendiendo que las dos cosas están relacionadas, y tendremos otros sucesos que ocurran con más tiempo, como crisis urbanas u otros procesos. La clave es que lo que antes parecía improbable se convierte en posible.</p>
<p><b>Hasta ahora, los bancos centrales habían manejado las dos últimas crisis con una política de expansión monetaria e intereses bajos. ¿Se podrá mantener esto con la situación actual de inflación?<br />
</b>La estrategia fundamental, casi única, que han seguido los poderes económicos y políticos para responder a la crisis que se inicia en 2007-2008 y que en realidad arrastramos y que se recrudece en 2020, ha sido poner una cantidad ingente de dinero sobre la mesa a través de la creación directa de dinero y de prestarlo muy barato, con unos tipos de interés muy bajos. Mientras la economía ha estado renqueante como hasta ahora, medio en coma, está política ha permitido funcionar más o menos, ha permitido mantener a un montón de empresas <i>zombies </i>que en realidad arrastran resultados económicos en pérdidas de manera sostenida, aunque se ha generado un proceso de deuda gigantesco. ¿Qué ocurre ahora? Conforme hay una tímida reactivación económica, pero, además, una cada vez más patente escasez de recursos que tira al alza los precios, los bancos centrales no pueden recurrir a su capacidad histórica de controlar los precios a través del aumento de los tipos de interés. No pueden aumentar los tipos de interés porque si lo hacen toda esta economía dopada que existe gracias a esta política económica es probable que se venga abajo.</p>
<p>¿Cuál es el problema de fondo de todo esto? Pues que la economía productiva no termina de dar beneficios, los capitalistas no invierten en la economía productiva, lo hacen solo en la economía financiera, se mantienen esas empresas <i>zombies</i> gracias a esa mirada financiera y lo que tenemos es una situación tremendamente compleja: ¿permitimos que aumente la inflación y, por lo tanto, el empobrecimiento de la población, pero también la degradación de los beneficios del gran capital, o permitimos que haya una crisis importante que sanee la economía haciendo que se vayan a la quiebra un montón de empresas con lo que eso conlleva no solo de pérdida económica, sino también de desestabilización social? Los gobiernos quieren evitar que se repitan situaciones como las vividas en España o Grecia hace unos años y mantener un mundo parecido al del siglo XX, con una cierta estabilidad, y esto tiene cada vez menos margen de maniobra.</p>
<blockquote><p>Conforme hay una tímida reactivación económica, pero, además, una cada vez más patente escasez de recursos que tira al alza los precios, los bancos centrales no pueden recurrir a su capacidad histórica de controlar los precios a través del aumento de los tipos de interés.</p></blockquote>
<p><b>Entonces, ¿no va a volver ese mundo de estabilidad del siglo XX?<br />
</b>El mundo de altas generaciones de capital creo que va a terminar estallando para generar una crisis financiera potente y vamos a tener que lidiar con lo que se está esquivando desde la crisis de 2007-2008, que es una depresión solo comparable a la que hubo en los años 30, que no era solo una crisis en lo financiero con alguna repercusión en lo productivo, sino que era una crisis profunda en el modelo.</p>
<div id="attachment_150083" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2021/11/AMZ_0357.jpg"></a><p id="caption-attachment-150083" class="wp-caption-text">Foto: Álvaro Minguito en El Salto</p></div>
<p><b>¿Hasta qué punto es estructural la crisis energética que tenemos delante?<br />
</b>Desde 2005 la extracción de petróleo convencional —que es petróleo bueno, el fácil de extraer, el que tiene buenas prestaciones energéticas— se mantiene más o menos estable. Desde 2005 hasta 2021 ha habido momentos de fuerte crecimiento y si hubiera capacidad de seguir extrayendo de forma creciente este petróleo se hubiera extraído porque el otro, el que sí se ha extraído de forma creciente, aquel que está embebido en rocas duras, en las zonas árticas, metidas en grandes profundidades, un petróleo más caro de extraer y que da menos rendimientos económicos y energéticos. Tenemos evidencias de que estamos llegando a un límite de disponibilidad en el petróleo convencional. Pero ocurre que con los otros petróleos también nos está pasando algo parecido. Desde 2018, tenemos una tasa de extracción decreciente de estos petróleos. Y algo parecido nos puede estar pasando con el carbón y con el gas, si no ahora, sí en breve.</p>
<p><b>Desde antes de la pandemia ya se hablaba de desinversiones en el negocio petrolero por la baja rentabilidad.<br />
</b>En los últimos años está habiendo un decrecimiento importante en las inversiones de petroleras públicas y privadas. No les salen las cuentas y prefieren reinvertir en otras cosas. Cuando Repsol dice que va dejar de invertir en petróleo no es porque se haya hecho ecologista de golpe y porrazo, sino porque no le sale rentable. En general, las empresas más grandes tienen todavía cierta capacidad de inversión y de aguantar el tirón. Las medianas y pequeñas o bien están haciendo lo de Repsol o bien directamente están quebrando.</p>
<p><b>Antes era el negocio por excelencia.<br />
</b>En el siglo XX, cuando veíamos cuáles eran las principales empresas del mundo encontrábamos siempre a las petroleras. Probablemente, el personaje por excelencia del siglo XX fue Rockefeller, un petrolero que extrajo de este negocio toda su fortuna y su capacidad de influencia. Entonces era barato extraer el petróleo, estaba cerca del subsuelo, había que hacer inversiones pequeñas, y se podía vender no muy caro y obtener beneficios. Pero además de barato, se podía aumentar la extracción año tras año. Así que algo que costaba poco sacar y que además se podía vender en cantidades cada vez mayores reportaba unos beneficios gigantescos. En el siglo XXI ya no es así.</p>
<p><b>¿Qué está pasando con el gas? ¿La crisis también es estructural?</b><br />
En el gas la situación es distinta, todavía hay un aumento en la capacidad extractiva, pero la curva en vez de tener un crecimiento exponencial rápido se va torciendo y estabilizando, y se está acercando a ese pico de disponibilidad máxima.</p>
<p>Un segundo elemento es que, a diferencia del petróleo, que es un mercado globalizado, el mercado del gas es mucho más territorializado, porque los gasoductos llegan donde llegan, tienen una capacidad de expansión de unos cuantos miles de kilómetros. El transporte por buques también se puede hacer, pero es bastante caro. Esto hace que el mercado del gas sea mucho más localizado que el del petróleo y este factor en el caso de Europa es determinante, porque depende de sus dos principales proveedores, Argelia y Rusia. Y en los dos casos parece que la extracción de gas ha tocado techo o está muy cerca de tocarse, y además hay un aumento de la demanda interna, lo que tensiona su capacidad exportadora de forma importante. A esto se le suman los condicionantes geoestratégicos, que también cumplen un papel; en el caso de Argelia, su disputa con Marruecos y su intento de que la Unión Europea se ponga de su lado utilizando los mecanismos de presión que tiene a mano. En el caso de Rusia, el juego geopolítico de intentar ser una potencia relevante otra vez se ejercita de diferentes formas, entre ellas presionando con la disponibilidad de gas a Europa a través de Alemania.</p>
<blockquote><p>Un acuerdo en el que cada país determina qué reducción de emisiones va a hacer y que si no las cumple no pasa nada, sin ningún tipo de sanción, no puede llamarse acuerdo, yo lo llamo hacer lo que cada cual quiera.</p></blockquote>
<p><b>Entre los efectos de esta crisis, después de tanto ruido con la lucha climática, se está volviendo al carbón.<br />
</b>Lo que tenemos que entender es que la lucha contra el cambio climático no es cierta. No hay lucha contra el cambio climático, solo un discurso general contra el cambio climático. Y para mostrar que no existe lucha contra el cambio climático, tenemos el ejemplo de la vuelta al carbón, que en el caso de China es meridianamente clara, pero también en Alemania, incluso con una fuerza de los partidos verdes muy importante. Pero también podemos verlo con los acuerdos internacionales. Dentro de nada será la cumbre de Glasgow, que tiene que darle una continuación al Acuerdo de París. Pero el Acuerdo de París no es nada, no merece llamarse acuerdo. Un acuerdo en el que cada país determina qué reducción de emisiones va a hacer y que si no las cumple no pasa nada, sin ningún tipo de sanción, no puede llamarse acuerdo, yo lo llamo hacer lo que cada cual quiera. Entrar en situaciones de crisis nos demuestra que la prioridad vuelve a ser una vez más el crecimiento económico y no atender a la emergencia climática.</p>
<p>A nivel gubernamental no espero nada de la cumbre de Glasgow a pesar de los impactos en la economía del cambio climático. Hemos visto hace un año cómo media península ibérica se veía paralizada por una nevada, que tiene una relación directa con el cambio climático, cómo durante este verano se han derretido literalmente parte de las infraestructuras en Norteamérica como consecuencias de ola de calor brutales o cómo ha habido incendios devastadores en California, Siberia o Australia, que tienen también impactos directos en la economía. A pesar de todo, la incapacidad de planificación de nuestros sistemas económicos y nuestros entes políticos es grande y creo que se va a continuar con no-acuerdos, sin carácter vinculante y sin carácter ambicioso.</p>
<p><b>Una de las cosas extrañas que están pasando es la falta de mano de obra.<br />
</b>Nuevamente hay una amalgama de cosas. Un elemento muy determinante de todo esto es que ha habido un proceso de desinversión en la economía productiva. Y esto no se resuelve con el chasquido de un dedo. Esto se debe a que estamos en una situación de crisis estructural del capitalismo, de incapacidad de generación de beneficios y se intenta de alguna manera paliar con otros sectores, como el financiero, que no deja de ser ficticio. Falta mano de obra porque no se ha hecho inversión en ello y cuando hace falta no se genera de forma espontánea. También falta mano de obra porque hemos ido hacia un modelo de empobrecimiento de la población y en determinados sectores con ajustes fuertes en las condiciones laborales esto ha producido que la gente que estaba trabajando en esos sectores directamente se haya ido, algo que ha pasado con los camioneros en el Reino Unido.</p>
<blockquote><p>Hay una parte de la derecha que está siendo prisionera de sus propias políticas identitarias y que está teniendo problemas para mantener sus privilegios en base a su actividad económica fruto de cosas que ellos mismos han alentado.</p></blockquote>
<p>Las políticas migratorias —y aquí nuevamente el ejemplo del Reino Unido y el Brexit— y la demografía desempeñan un papel importante en toda la crisis de mano de obra: China se está enfrentando a un problema de mano de obra para sostener su modelo de hiper explotación de personas que contribuye a que los movimientos sociales sean más fuertes y esto pone en entredicho una parte de la producción barata, que era una de los secretos de su éxito.</p>
<p>No deja de ser una paradoja que los capitales que dependen de esa mano de obra barata y que han alentado esas políticas de derecha o de extrema derecha de cierre de fronteras estén viendo ahora cómo su actividad se tiene que paralizar por falta de trabajadores y trabajadoras. Hay una parte de la derecha que está siendo prisionera de sus propias políticas identitarias y que está teniendo problemas para mantener sus privilegios en base a su actividad económica fruto de cosas que ellos mismos han alentado.</p>
<p><b>Hace no mucho Donald Trump presidía EE UU y parece que también puede caer Bolsonaro en Brasil y Johnson en Reino Unido. ¿Hemos llegado al pico del fascismo?<br />
</b>El fascismo puede seguir subiendo, aunque no necesariamente. Lo que antes se consideraba normal desaparece, y lo que es excepcional tiene mucho más campo de acción política. El fascismo tiene larga vida y largo recorrido porque hay elementos de lo que nos está ocurriendo que lo alientan. Situaciones de desorientación social como la que estamos viviendo son propicias a discursos simplistas que buscan chivos expiatorios, máxime si hay insatisfacción de necesidades por parte de las personas. Esto claramente es un caldo de cultivo para el fascismo. Poblaciones como las clases medias españolas, que se han acostumbrado a vivir con unos altos niveles de consumo, con una alta colonialidad, aprovechándose de recursos del resto del planeta, no van a querer renunciar a esos privilegios, y eso en situaciones de escasez es la puerta de entrada a esos fascismos. Sociedades multiculturales en la que la integración no se ha dado son también lugares fáciles para buscar estos chivos expiatorios en la población gitana, en la población migrante&#8230; Tenemos un caldo de cultivo para que los fascismos puedan crecer y llegar a situaciones de toma de poder dentro de la Unión Europea. Pero no es lo único que puede crecer de forma rápida en este contexto. A la vez, los niveles de insatisfacción social que se están articulando son también elementos que pueden generar la explosión de movimientos de carácter más emancipador.</p>
<blockquote><p>El fascismo tiene larga vida y largo recorrido porque hay elementos de lo que nos está ocurriendo que lo alientan. Situaciones de desorientación social como la que estamos viviendo son propicias a discursos simplistas que buscan chivos expiatorios.</p></blockquote>
<p><b>Sin embargo, la pandemia también ha trastocado la base fundamental de la socialización, juntarse, hablar&#8230;<br />
</b>Eso es verdad, pero a la vez la pandemia también ha mostrado otras cosas. Ha mostrado cómo era posible parar la economía y poner por delante la salud, ha mostrado cómo lo que las sociedades necesitan se parece a los servicios esenciales que se definieron durante el periodo del confinamiento, algo que se asemeja bastante a lo que se está planteando desde posiciones decrecentistas. También se ha demostrado que lo que más necesitamos, lo que más añoramos como sociedades son esos grados fuertes de interrelación social, esos vínculos personales con la gente que queremos, no el consumismo.</p>
<p>La pandemia ha trastocado la normalidad en algunos casos abriendo la puerta a esos nuevos mecanismos de control social, a esa nueva desarticulación social y han crecido los neofascismos, pero también está lo otro, quizá ahora no con una visibilidad tan grande como en abril de 2020, pero hay elementos de fondo a nivel social que pueden emerger como fuerzas políticas, no necesariamente partidistas, que impulsen cambios en sentidos diametralmente opuestos a las posiciones fascistas, pero que también lean los momentos en los que estamos viviendo.</p>
<p><b>Con la llegada del frío al hemisferio norte, se van dibujando unos meses complicados, con los precios de la luz por las nubes y precios récord en los alimentos.<br />
</b>Cuando en 2011 se producen todas las revoluciones árabes claramente hay detrás un ansia de mayor democracia, pero también estaban detrás los problemas de acceso a los alimentos. Un escenario de alimentos caros, de energía cara, incluso de desabastecimientos energéticos, cortes o problemas de accesos a algunos alimentos, algo que no es en absoluto improbable en este invierno, puede traer algo parecido a lo que fueron las revoluciones árabes; o todo lo contrario, puede dar fuelle a posiciones neofascistas, o, lo más probable, las dos cosas a la vez y tengamos un escenario de polarización y confrontación social creciente en nuestras sociedades.</p>
<blockquote><p>Tenemos un elemento de fondo, estructural, que es esa imposibilidad de mantener unos flujos crecientes de disponibilidad energética, o la imposibilidad de que los impactos de la emergencia climática no sean directos sobre la economía.</p></blockquote>
<p><b>¿Y de esto no nos salva la cuarta revolución industrial?<br />
</b>La cuarta revolución industrial requiere por lo menos de dos cosas, que no están ni creo que se las espere. Una, inversiones fuertes por parte del capital productivo en todo lo que tiene que ver con el desarrollo de las tecnologías, algo que no se está produciendo porque no hay una expectativa de crecimiento, porque el sistema tiene una crisis profunda. Y, dos, un montón de materias primas y de energía, que no está disponible a nivel planetario. Habrá algunos desarrollos industriales en algunos sectores, esto va a ir por barrios, pero no hay base material ni económica que mantenga un desarrollo masivo que permita sortear la crisis en base a una cuarta revolución industrial.</p>
<p><b>Parte de los problemas pueden ser coyunturales, pero existe el peligro de que cuando se solucionen, hayan surgido otros quizá más graves.<br />
</b>La crisis del petróleo de los 70 era coyuntural. Los países exportadores habían cerrado el grifo, conforme lo abrieron esa escasez se acabó. Ahora no estamos solo en una crisis coyuntural provocada por la pandemia, tenemos un elemento de fondo, estructural, que es esa imposibilidad de mantener unos flujos crecientes de disponibilidad energética, o la imposibilidad de que los impactos de la emergencia climática no sean directos sobre la economía. Creo que tenemos que ser capaces de leer las coyunturas, que se recuperarán, como el desabastecimiento de bicicletas que está habiendo ahora mismo, pero si miramos toda la articulación de las cadenas de producción globales creo que no estamos solo ante un tema coyuntural sino ante un proceso sostenido y que tiene un mar de fondo, que es una deriva hacia el colapso de la civilización industrial.</p>
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		<title>Crisis, rescates, deuda… ¿qué propone la economía solidaria?</title>
		<link>https://www.economiasolidaria.org/actividades/crisis-rescates-deuda-que-propone-la-economia-solidaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[daniel_reasaragon]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 11:44:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
		<category><![CDATA[crisis sistémica]]></category>
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					<description><![CDATA[<figure><img width="1200" height="1200" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig.jpg 1200w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig-980x980.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig-480x480.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1200px, 100vw" /></figure>Reas Madrid, junto al Grupo Cooperativo Tangente y Omal, organizan una mesa redonda para abordar el papel de la Economía solidaria en la actual crisis sistémica y dar a conocer y respaldar sus propuestas y alternativas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure><img width="1200" height="1200" src="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig.jpg" class="attachment-full size-full wp-post-image" alt="" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig.jpg 1200w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig-980x980.jpg 980w, https://www.economiasolidaria.org/wp-content/uploads/2020/09/cartel_ig-480x480.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1200px, 100vw" /></figure><div class="texte surlignable">
<p>El capitalismo español, cuando apenas quedan sectores que privatizar, ni nuevos nichos de mercado a los que dirigirse, ahora que la devaluación salarial y la destrucción ecológica difícilmente pueden aumentar mucho más sin provocar fuertes tensiones sociales, se encuentra muy tocado en su línea de flotación. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria en 2008 y el actual hundimiento del sector turístico en la crisis de la covid-19, ejes de la especialización económica del país, han terminado de reventar las costuras del modelo socioeconómico.</p>
<p>La fuerte recesión económica, que desencadenará una nueva crisis de la deuda, se suma a la crisis ecológica, social y de cuidados. Con todo, los gobiernos autonómicos y español siguen con su huida hacia adelante. El Estado ofrece 29.500 millones de € para avalar créditos y comprar deuda de grandes empresas, formalizan 2.140 millones de € en contratos públicos por vía de emergencia a empresas transnacionales y vuelve a establecer el ladrillo como pilar de la recuperación. La Comunidad de Madrid prepara cambios legislativos para reactivar otro ciclo inmobiliario y el gobierno español —por boca del ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana— defiende que la construcción tiene que convertirse en “palanca para la recuperación del empleo y la economía”.</p>
<p>En este contexto, ¿cómo se sitúa la economía solidaria?, ¿qué análisis hace del rescate estatal al sector empresarial?, ¿qué perspectivas tiene en esta recesión económica, con un Estado crecientemente endeudado?, ¿qué estrategias se están debatiendo para fortalecerla y seguir construyendo un salto de escala?</p>
<p>La mesa redonda pretende abordar estas y otras preguntas con el objeto de conocer y respaldar las propuestas y alternativas de la economía solidaria.</p>
<p><strong>Fecha y hora:</strong><br class="autobr" />Martes, 29 de septiembre, a las 19:00 H</p>
<p><strong>Participan:</strong></p>
<ul class="spip">
<li>Roberto Valdivieso (Mercado Social Madrid/REAS Madrid).</li>
<li>Paula Ortiz (Germinando / Tangente).</li>
<li>Erika González (OMAL).</li>
<li>Representante de Xarxa d’Economia Solidària (por confirmar).</li>
</ul>
<p><strong>Se emite en:</strong><br class="autobr" />Canal de <a class="spip_out" href="https://www.youtube.com/channel/UCUpxLSLqPQpHl1pS8N33pRA" target="_blank" rel="noopener noreferrer external">Youtube de OMAL</a></p>
<p><strong>Organizan:</strong><br class="autobr" /><a href="http://omal.info/">OMAL &#8211; Paz con Dignidad</a><br class="autobr" /><a href="https://madrid.mercadosocial.net/">Mercado Social Madrid</a> / <a href="https://reasmadrid.org/">REAS Madrid &#8211; Red de Economía Alternativa y Solidaria</a><br class="autobr" /><a href="https://tangente.coop/">Grupo Cooperativo Tangente</a></p>
<p><strong>Financia:</strong> <br class="autobr" />Ayuntamiento de Madrid</p>
<p>Fuente: <a href="http://omal.info/spip.php?article9274">Omal</a></p>
</div>
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