Finanzas Éticas

El poder de las finanzas inclusivas para las mujeres

Las finanzas inclusivas pueden ayudar a las mujeres a reforzar su situación económica y su resiliencia ante el cambio climático, al tiempo que apoyan las soluciones locales a la crisis climática.

6 July 2026

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El cambio climático afecta especialmente a las mujeres, aunque desempeñan un papel clave en las economías locales y en las soluciones. Sin embargo, las mujeres tienen mucho menos acceso a la financiación climática y a los recursos financieros. Las microfinanzas pueden contribuir a cambiar esta situación fortaleciendo su posición económica y su resiliencia climática. 

La comunidad internacional coincide cada vez más en que el cambio climático no es un reto que pueda dejarse para más adelante. Tal y como se acordó en el Acuerdo de París, los países tienen la responsabilidad de proteger a su ciudadanía y contribuir activamente a las soluciones frente al cambio climático. Los recientes avances jurídicos y políticos, como la resolución de la Corte Internacional de Justicia y la posterior resolución de las Naciones Unidas, también subrayan esta obligación legal. 

A pesar de este consenso creciente sobre la necesidad de hacer frente al cambio climático, todavía hay una distancia considerable entre la ambición y la práctica.  Aunque cada vez hay más financiación climática disponible, el acceso a ella sigue estando lejos de ser equitativo. 

Financiación climática y desigualdad 

La crisis climática no afecta a todas las personas por igual. El cambio climático afecta con mayor dureza a las mujeres porque las desigualdades existentes en roles, poder y acceso a recursos aumentan su vulnerabilidad. De aquí a 2050, los efectos del cambio climático podrían empujar a la pobreza a 158 millones de mujeres y niñas, 16 millones más que el número total de hombres y niños. Esta diferencia ya es visible hoy. Por ejemplo, el 80 % de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres. 

Una razón importante son los roles sociales que las mujeres suelen asumir. En todo el mundo, las mujeres realizan más del 75 % del trabajo no remunerado. Cuando se producen desastres climáticos, esta carga aumenta aún más, ya que las mujeres asumen responsabilidades adicionales para ayudar a sus hogares y comunidades a recuperarse y reconstruirse. Las mujeres también suelen tener menos acceso a la educación, los ingresos y la toma de decisiones, lo que reduce su capacidad para adaptarse al cambio climático. 

Las desigualdades económicas y legales aumentan aún más esta vulnerabilidad. Aunque un tercio del empleo femenino en todo el mundo se encuentra en la agricultura, las mujeres representan solo el 12,6 % de las personas propietarias de tierras. Además, el 90 % de los países tiene leyes que limitan las oportunidades económicas de las mujeres. Entre ellas hay leyes que impiden a las mujeres trabajar en fábricas o aceptar un empleo sin el permiso de su marido. Estas desigualdades económicas hacen que a las mujeres les resulte más difícil protegerse frente a los efectos del cambio climático, ya que los impactos climáticos se ven agravados por las desigualdades existentes. 

Al mismo tiempo, las mujeres desempeñan un papel fundamental en las economías locales y en las soluciones climáticas. En muchas comunidades, son responsables de la producción de alimentos, la gestión del agua y pequeños negocios. Sus conocimientos y su posición las convierten en piezas esenciales para la transición hacia una economía más sostenible y resiliente. 

Las mujeres, motor de un cambio duradero 

La investigación muestra que, cuando las mujeres tienen el mismo acceso a ingresos y recursos, las economías crecen más rápido y de forma más inclusiva. A largo plazo, la economía podría llegar a ser hasta un 20 % mayor. Las mujeres también pueden tener un efecto multiplicador en la reducción de la pobreza, ya que reinvierten hasta el 90 % de sus ingresos en sus familias, comunidades y educación.

Si las mujeres tuvieran el mismo acceso a recursos que los hombres, la producción agrícola aumentaría y el número de personas que padecen hambre en el mundo se reduciría entre un 12 % y un 17 %. Las mujeres también marcan una diferencia demostrada en la toma de decisiones. Los estudios muestran que una mayor representación de mujeres en cargos políticos está relacionada con menores emisiones nacionales de CO₂. 

Sin embargo, el acceso de las mujeres a la financiación climática sigue muy por detrás. Las agricultoras reciben solo el 10 % del total de la ayuda al desarrollo destinada a la agricultura, la silvicultura y la pesca. También tienen menos acceso a información que podría fortalecer su resiliencia climática, como conocimientos sobre tecnologías de adaptación. 

En todo el mundo, mil millones de mujeres, más del 40 %, están excluidas de los sistemas financieros formales. Esto limita directamente su acceso a los recursos que necesitan para invertir en soluciones climáticas o recuperarse de perturbaciones climáticas. Las mujeres también siguen teniendo menos probabilidades de acceder a una cuenta bancaria y al crédito. Para muchas de ellas, la falta de garantías es el principal obstáculo. 

Un sistema que no funciona para todo el mundo 

Una parte importante del problema está en la forma en que se estructura la financiación climática. Muchos mecanismos de financiación están diseñados para proyectos a gran escala y organizaciones con capacidad suficiente para gestionar procedimientos complejos. Para las iniciativas locales y las organizaciones lideradas por mujeres, esto crea una barrera importante. 

Solicitar financiación suele requerir conocimientos técnicos, una amplia documentación y una base financiera sólida. Para las personas que no tienen acceso a servicios bancarios formales o no disponen de garantías, esto resulta muy difícil. Los factores sociales y culturales refuerzan este problema, ya que las mujeres suelen tener menos control sobre los recursos financieros y menos acceso a redes e información. 

Como resultado, la financiación climática llega principalmente a grandes actores internacionales, mientras que las soluciones locales, en las que las mujeres suelen desempeñar un papel clave, siguen recibiendo pocos recursos. Esto crea una paradoja: los grupos que son esenciales para una acción climática eficaz son los que menos acceso tienen a los recursos que necesitan para cumplir ese papel. 

El papel clave de las finanzas inclusivas 

Precisamente ahí se abre una oportunidad importante, y las microfinanzas pueden ayudar a aprovecharla. Cuando la financiación se adapta mejor a la realidad de las mujeres y de las personas con pequeños negocios, el impacto puede ser considerable. Las herramientas financieras accesibles, como las microfinanzas, permiten invertir a pequeña escala en soluciones que contribuyen directamente a la resiliencia climática. 

Esto puede incluir inversiones en agricultura sostenible, gestión del agua o energía limpia local. Estas iniciativas suelen requerir importes relativamente pequeños, pero tienen un impacto directo y visible en la vida diaria. Estos pequeños préstamos accesibles permitEn a las mujeres, muchas veces por primera vez, invertir en su negocio, explotación agrícola u hogar.

Esto aumenta sus ingresos y su independencia económica, y las ayuda a estar mejor preparadas frente a futuras perturbaciones climáticas. Al hacer que la financiación sea más accesible y se adapte mejor a las realidades locales de las mujeres, puede lograrse un doble beneficio: mayor impacto climático y más igualdad social. 

El papel de Oikocredit 

Oikocredit contribuye a este enfoque utilizando la financiación como palanca para la justicia climática. A través de organizaciones socias locales, Oikocredit invierte en finanzas inclusivas para que las mujeres y las personas con pequeños negocios puedan acceder a los recursos que necesitan para hacer que su negocio, explotación agrícola u hogar sean más resilientes frente a las perturbaciones climáticas. En 2024, el 88 % de los clientes finales alcanzados por nuestras organizaciones socias fueron mujeres. 

Este trabajo se vuelve especialmente tangible cuando la financiación llega a las personas a través de soluciones prácticas y arraigadas en el territorio. Un ejemplo es Ebo Sacco, una cooperativa de ahorro y crédito del suroeste de Uganda que es organización socia de Oikocredit desde 2016. Ebo Sacco ofrece a sus más de 92.000 miembros préstamos, productos de ahorro y formación. A través de un programa especial de préstamos centrado en agua, saneamiento e higiene, la cooperativa ha apoyado ya a más de 300 agricultores y agricultoras del llamado «Cattle Corridor» de Uganda para que inviertan en soluciones de agua y saneamiento.

En esta región, la escasez de agua y los cambios en los patrones de lluvia amenazan la productividad agrícola, la salud y la vida diaria. En colaboración con el proveedor de servicios energéticos Solar Today, Ebo Sacco ofrece a sus miembros préstamos específicos para la compra de bombas de agua solares y tanques de almacenamiento. Estos sistemas proporcionan un suministro de agua más estable durante todo el año para uso doméstico, ganado y riego de campos. 

Gracias a la financiación de Oikocredit, Ebo Sacco ha podido ampliar considerablemente el programa y llegar a unas 70.000 personas solo en 2024. El ejemplo muestra cómo las finanzas inclusivas pueden apoyar la resiliencia climática de formas muy prácticas: ayudando a hogares y pequeños productores y productoras agrícolas a acceder a las herramientas que necesitan para adaptarse a unas condiciones cambiantes. 

De este modo, Oikocredit ayuda a acelerar soluciones que empiezan cerca de casa y tienen un efecto práctico, local y directamente perceptible. Como las microfinanzas trabajan a escala comunitaria, pueden reforzar la financiación climática pública a gran escala y ayudar a cerrar la brecha entre las ambiciones internacionales y las necesidades locales. 

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