Economía Solidaria

Más que cooperativas vecinas: cómo se construye un ecosistema cooperativo

De Barcelona a Valls y Olot, iniciativas de la economía solidaria se articulan para arraigarse en los barrios y construir economías de proximidad más resilientes frente a la especulación y las crisis.

23 September 2026

Buscador de noticias

Pancarta en el espacio del Grup ECOS en la Dreta de l'Eixample

En Sants, una cuarentena de cooperativas y entidades trabajan para transformar la economía del barrio; en el Nucli Antic de Olot, el Núria Social se ha convertido en un espacio de encuentro desde el que se articulan proyectos cooperativos y comunitarios; en Valls, diversas iniciativas han recuperado inmuebles y actividad económica en el centro histórico, y, entre la Dreta de l’Eixample y Ciutat Vella, el Grup ECOS quiere aprovechar la compra de dos locales para reforzar una red cooperativa que ya existe. Son experiencias diferentes, pero comparten una misma intuición: para transformar la economía, no basta con crear cooperativas. Hay que arraigarlas al territorio y ponerlas al servicio de las necesidades de la comunidad. Pero ¿qué convierte realmente una concentración de iniciativas de la economía social y solidaria (ESS) en un ecosistema cooperativo?

Uno de los actos organizados por el Impuls Cooperatiu de Sants el año pasado
Uno de los actos organizados por el Impuls Cooperatiu de Sants el año pasado | IMPULS COOPERATIU DE SANTS

Cuando un polo cooperativo se convierte en ecosistema

Muchos ecosistemas cooperativos no aparecen de la nada. A menudo empiezan cuando varias cooperativas o entidades comparten espacio físico, recursos y servicios y generan confianza y proyectos comunes. Es lo que el sociólogo y cooperativista de La Ciutat Invisible, Ivan Miró, define como un polo cooperativo. Estos polos pueden actuar como puntos de arraigo y de concentración de la economía social y solidaria y, en algunos casos, convertirse en la semilla de una articulación territorial más amplia. El salto hacia un ecosistema cooperativo local se produce cuando estas relaciones se extienden más allá del propio espacio e incorporan otras iniciativas, agentes sociales y necesidades del territorio. Así, el horizonte final no es solo disponer de cooperativas más fuertes, sino “democratizar y cooperativizar las relaciones económicas en un territorio determinado”, asegura Miró. Por eso, considera clave disponer de espacios de gobernanza y de coordinación que permitan detectar necesidades, impulsar nuevos proyectos y pensar conjuntamente qué economía se quiere construir en el territorio.

Ivan Miró: “Un ecosistema cooperativo piensa el territorio como sujeto político de desarrollo alternativo”

Sants es un ejemplo de esta evolución. Hoy, el Impuls Cooperatiu de Sants articula decenas de iniciativas de economía solidaria del barrio y genera alianzas con entidades vecinales, centros sociales, familias, proyectos comunitarios y otros agentes del barrio. «El ecosistema es una herramienta de organización económica que surge de la propia comunidad y piensa el territorio como sujeto político de desarrollo alternativo», explica Miró. Esta mirada hacia fuera es también la manera de evitar que la economía social se convierta en una burbuja. Desde el ecosistema de Sants, se ha trabajado con la pequeña restauración y el comercio de proximidad, las escuelas, se han organizado actos en las bibliotecas y en los mercados municipales, la economía comunitaria o la economía popular migrante. Una de las cosas que subraya Ivan Miró es la importancia de la creación de una “institucionalidad democrática que articule todas estas acciones y pueda planificar las necesidades del barrio, con proyección territorial”, dice. “Creo que esto es un elemento diferencial entre un ecosistema cooperativo local y un local cooperativo”, resume. El territorio deja así de ser solo el lugar donde están instaladas las cooperativas para convertirse en el sujeto de la transformación.

Miembros de algunas de las cooperativas de ECOS en el local que han comprado en la calle de Casp
Miembros de algunas de las cooperativas de ECOS en el local que han comprado en la calle de Casp | GRUP ECOS
Miembros de las cooperativas Sostre Cívic, Arç, Som Connexió y CRÍTIC delante del local que han comprado en la calle de Trafalgar de Barcelona
Miembros de las cooperativas Sostre Cívic, Arç, Som Connexió y CRÍTIC delante del local que han comprado en la calle de Trafalgar de Barcelona | IVAN GIMÉNEZ

ECOS: comprar patrimonio para quedarse en el centro de Barcelona

Para el Grup ECOS, el salto de polo a ecosistema acaba de empezar. La cooperativa de segundo grado nació en 2011 con la intercooperación como una de sus razones de ser y, desde 2012, buena parte de las entidades vinculadas al grupo comparten el local de la calle de Casp, en la Dreta de l’Eixample de Barcelona. Ahora, ECOS ha comprado esta sede y varias cooperativas miembro del Grupo —Arç, CRÍTIC y Sostre Cívic y Som Connexió— han adquirido un segundo local en la calle de Trafalgar, en el distrito de Ciutat Vella. Alrededor de estos dos espacios ya existe una constelación de referentes de proyectos como las cooperativas de abogados Col·lectiu Ronda e IACTA, la de arquitectas Col·lectiu Punt 6 o la entidad de acción comunitaria Candela.

El objetivo es que esta proximidad deje de ser solo geográfica y sirva para generar, impulsar y dinamizar proyectos en los barrios de la Dreta de l’Eixample y de Ciutat Vella. En este sentido, la compra de patrimonio ha sido una pieza decisiva para anclar esta voluntad en los barrios. Hacía años que ECOS buscaba un espacio más grande donde pudieran crecer las entidades y desarrollar actividades más allá del trabajo de oficina, pero la escalada de los alquileres lo hacía cada vez más inviable. Comprar ha implicado un esfuerzo financiero importante en una de las zonas más tensionadas de la ciudad; pero, para Guernica Facundo Vericat, coordinadora del Grup ECOS, la adquisición ha permitido «plantar una bandera cooperativa en el centro de Barcelona».

Guernica Facundo: “Comprar el local donde estábamos nos ha permitido plantar una bandera cooperativa en el centro de Barcelona”

El ecosistema, sin embargo, no nacerá simplemente porque estas cooperativas sean propietarias de dos espacios. El grupo ya participa en la Mesa de Entidades de la Dreta de l’Eixample, donde coincide con escuelas, asociaciones, fundaciones y equipamientos públicos, y ha empezado a explorar iniciativas compartidas como un espacio comunitario para socializar herramientas y materiales o posibles proyectos energéticos en los tejados del barrio, un proyecto impulsado con el apoyo de la Oficina Cooperativa de Impulso a la Transición Energética de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña. Territorializarse significa, según Facundo, que “dejas de estar centrada en las dinámicas internas que se pueden dar dentro del polo cooperativo y estás pensando mucho más en clave de barrio”. El deseo inmediato es que, ante la presión inmobiliaria, turística y comercial, la economía social pueda reforzar al vecindario y al pequeño comercio del barrio. Más allá, el horizonte de este nuevo ecosistema será crear una realidad económica que contribuya a hacer de los barrios céntricos de Barcelona un espacio “más vivible y económicamente más amable, más diverso, más consciente y más ético”, dice Facundo.

La sala polivalente del Núria Social en Olot
La sala polivalente del Núria Social en Olot | NÚRIA SOCIAL

Olot: un ecosistema que crece con el barrio

En el Nucli Antic de Olot, el embrión del ecosistema es también un espacio físico, pero con una historia propia. Hace una década, tres entidades que necesitaban compartir local se instalaron en el Núria Social, un edificio emblemático que había sido centro obrero y posteriormente cine y que hoy acoge una sala polivalente, actividades culturales, formaciones y una cantina restaurante. En aquel momento, explica Laura Comas, cooperativista de Resilience Earth alojada en el Núria, el barrio acumulaba comercio cerrado y décadas de desatención. A partir del Núria empiezan a surgir “muchas alianzas y una apuesta grande en temas de revitalización socioeconómica, de soberanías locales” y de diálogo intercultural.

Laura Comas: “Un ecosistema tiene que ir en conjunto con lo público, con lo privado, con lo cooperativo. No podemos crear burbujas”

El Núria actúa como una infraestructura que facilita que las relaciones se multipliquen sin la necesidad de controlarlas todas. A la cooperativa que gestiona el espacio se han incorporado proyectos diversos, mientras que una asociación articula su dimensión más comunitaria. Hay entidades socias, otras que desarrollan actividades en él y vecindario que participa en procesos concretos. «Un ecosistema genera diferentes espacios de decisión», explica Comas. Esta permeabilidad permite que el ecosistema no quede restringido a aquellas organizaciones que tienen formalmente la etiqueta de ESS. La XES Garrotxa, por ejemplo, agrupa decenas de iniciativas, pero los espacios de participación del barrio se abren también a comercios y entidades que no forman parte de ella. Lo que lo hace posible es, dice Comas, un “chup-chup diario, cotidiano, relacional”.

Ahora, este tejido coincide con un nuevo proceso de regeneración del Nucli Antic y con inversiones públicas sobre la vivienda y el espacio que están revalorizando el barrio. Comas pone como ejemplo los Jardins de la Muralla: una actuación que ha incorporado verde, sombra, agua, bancos y mesas y que ha cambiado radicalmente la manera de utilizar aquel espacio. Para explicar el potencial de un ecosistema como el de Olot, recurre a la metáfora de un aliso, un árbol de ribera que arraiga, protege el río y crea refugio para que aparezca más biodiversidad. Un ecosistema también puede actuar como elemento “generador de biodiversidad”, dice: cuantas más relaciones hay entre personas, vecindario y proyectos diversos, más “resiliencia comunitaria” se genera. La apuesta, insiste, no puede ser construir un reducto cooperativo: «Un ecosistema tiene que ir en conjunto con lo público, con lo privado, con lo cooperativo. No podemos crear burbujas nuestras».

Inauguración de la primera fase de La Titaranya con 7 viviendas cooperativas y 3 locales sociales en 2023
Inauguración de la primera fase de La Titaranya con 7 viviendas cooperativas y 3 locales sociales en 2023 | LA DINAMO

Valls: rehabilitar física y socialmente el Barri Antic

El ecosistema cooperativo de Valls tiene un origen muy diferente. Nace en el entorno del casal popular La Turba y de proyectos políticos y comunitarios que, con el tiempo, deciden dotarse también de herramientas económicas. De ahí surgen iniciativas como La Titaranya, una cooperativa de vivienda y consumo creada para dar respuesta tanto a necesidades de vivienda como a la falta de locales sociales, o l’Economat SCCL, que asume tareas técnicas y de acompañamiento de los proyectos. Hoy son nueve iniciativas —ocho cooperativas y un grupo de consumo— las que se han creado para instalarse en el Barri Antic.

Tais Bastida: “Un ecosistema necesita ir más allá de generar empleo: el objetivo es la transformación social”

En un barrio marcado por la degradación de edificios y de locales, disponer de patrimonio se ha convertido en una de las principales herramientas del ecosistema. La Titaranya ha rehabilitado dos inmuebles y ha generado en ellos viviendas de protección oficial, oficinas, una tienda agroecológica y locales sociales. Además, la Fundació Roca Galès ha adquirido recientemente otro local que funcionará como espacio de coworking cooperativo y será gestionado por La Titaranya. Para Tais Bastida, socio de l’Economat y fundador de La Titaranya, la cuestión va más allá de tener un techo: «Este ecosistema nos ha dado estabilidad para los proyectos que ya teníamos y se han creado nuevos con seguridad». Poder disponer de una infraestructura adecuada y saber que se podrá permanecer en ella a largo plazo permite pensar el proyecto más allá de la supervivencia inmediata.

El impacto tampoco se limita a los edificios. La Comunalitat de Valls, impulsada desde el propio ecosistema, ha permitido ampliar la intervención social y comunitaria en el barrio: según Bastida, durante los primeros años se han generado “una cincuentena de puestos de trabajo, se han creado tres asociaciones y se han impulsado una quincena de proyectos comunitarios”. En una década, dice, las iniciativas vinculadas al ecosistema han contribuido a abrir una decena de locales comerciales en el Barri Antic. Pero el crecimiento también tiene límites: “Lo que más bloquea el crecimiento del ecosistema es la disponibilidad de tiempo de las personas que forman parte de las propias cooperativas y la consolidación de los propios proyectos”. Para Bastida, la lección de Valls es que un ecosistema necesita ir más allá de generar empleo: “El objetivo es la transformación social con una base y una mirada política del territorio”.

Arraigar para dejar de ser una anécdota

Valls, Olot, Sants, el nuevo ecosistema que ECOS intenta construir en el centro de Barcelona o las experiencias emergentes que también hay en ciudades como Manresa, Sant Cugat del Vallès, Mataró, Girona, Lleida o Sabadell muestran que no hay una única receta para cooperativizar un territorio. Pero hay ingredientes que se repiten: espacios de gobernanza compartida, relaciones con el tejido social, capacidad de crear actividad económica e infraestructuras que den estabilidad a los proyectos. En este sentido, Ivan Miró considera que “es fundamental colectivizar la propiedad del suelo, urbano y rural, para permitir que estos ecosistemas emerjan y se consoliden”.

El reto final, sin embargo, no es acumular metros cuadrados ni multiplicar el número de cooperativas, sino conseguir que estas iniciativas dejen de ser excepciones y pasen a formar parte de la manera en que un territorio resuelve sus necesidades de vivienda, de alimentación, de trabajo, de energía, de cultura o de cuidados. Facundo lo expresa desde la experiencia del Grup ECOS: «La economía social y solidaria no sobrevive si está aislada». Solo cuando se enreda “políticamente”, “económicamente”, pero también “social y territorialmente”, puede dejar de ser una anécdota y convertirse en un actor más del barrio, con capacidad de intervenir sobre su futuro.

 

Fuente: Crític. Artículo original en catalán de Laia Soldevila, publicado en elcritic.cat el 23 de septiembre de 2026.

Related Posts

----