Impactos sobre el trabajo de la Transformación Ecosocial en las Islas Baleares. Una propuesta decrecentista.

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Garúa ha elaborado para el GOB Mallorca el informe “Impactes sobre el Treball de la Transformació Ecosocial a les Illes Balears. Una proposta decreixentista”. El trabajo cuantifica los impactos en el trabajo remunerado y no remunerado de una transformación del archipiélago balear hacia una economía justa, democrática y sostenible.

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Más información en la web: GOB Mallorca

Resumen del informe “Impactes sobre el Treball de la Transformació Ecosocial a les Illes Balears. Una proposta decreixentista”

Principales retos de la economía balear

En lo relativo a su metabolismo, a los flujos materiales y energéticos, la economía de las Islas Baleares se caracteriza por una muy alta internacionalización, linealidad y dependencia de sustancias no renovables. Funciona como un gran digestor de materiales finitos, la gran mayoría de ellos importados, que devuelve al mundo en forma de residuos. El mantenimiento de esta dinámica supone un consumo de energía muy notable, la mayoría de ellas proveniente de combustibles fósiles. Este metabolismo redunda en una importante cantidad de emisiones de CO2 a la atmósfera y en importantes impactos sobre la biodiversidad.

El perfil socioeconómico balear gira alrededor del turismo, con muy poca presencia del sector primario e industrial. Los niveles de ingresos se sitúan por encima de la media española, pero el coste de la vida es mucho mayor, especialmente el de la vivienda, lo que implica una capacidad adquisitiva mucho más restringida de la aparente si se evalúa solo la renta. El reparto salarial muestra una marcada desigualdad de clase y de género.

Este modelo económico, sobre el que descansa la satisfacción de las necesidades básicas de la población (cuando esto sucede), está chocando con los límites ambientales. En primer lugar, la disponibilidad de combustibles fósiles, que empieza a dar síntomas de agotamiento a nivel global. Esto pone en entredicho no solo el sistema energético del archipiélago, sino también la entrada de materiales y turistas, dos pilares fundamentales de su economía.

En segundo lugar, también empiezan a dar muestras de descenso en su disponibilidad global distintos materiales, como el cobre (central en el proceso de electrificación de la economía) o el fósforo (determinante en el modelo agrario industrial).

A esto se suman al menos otros dos desafíos aún más importantes. Por un lado, la pérdida de biodiversidad, que está conllevando que muchas funciones ecosistémicas no se realicen correctamente. El segundo de esos retos es el cambio climático, cuyos impactos son muy importantes: sequías, aumento de olas de calor y periodos de altas temperaturas, mayor intensidad y frecuencia de incendios forestales e inundaciones, o aumento de la mortalidad de las personas más vulnerables.

Ante estas problemáticas, dos de las grandes propuestas en el debate público son la transición hacia energías renovables y la economía circular. Ambas son opciones imprescindibles en economías sostenibles, sin embargo implican una transformación de la economía muy profunda, pues son incompatibles con el metabolismo lineal e internacionalizado balear.

En general, las energías renovables, a diferencia de los combustibles fósiles, no están en formato stock (sino flujo), ni son densas energéticamente (sino dispersas), ni ponen a disposición humana cantidades ingentes de energía (sino más modestas). Esto supone que una economía movida por energías renovables tiene que ser necesariamente distinta a una propulsada por combustibles fósiles. Una de esas diferencias es que tiene que ser marcadamente local.

Hacer circular la economía implica que se tienen dejar de emitir y dispersar residuos no gestionables por la naturaleza. También dejar de acumular materiales constantemente en forma de edificaciones y carreteras. La actividad económica debe tener como objetivo reutilizar y reciclar todos los materiales. Esto requiere una economía de base agraria y local, muy distinta de la vigente en la actualidad en Baleares.

Transformación ecosocial de Baleares

Las grandes líneas de transformación para hacer frente a los retos ambientales y sociales que guían este estudio son las siguientes:

  • Reducción del consumo material y energético hasta los marcos ecológicamente viables. Esta reducción de la esfera material de la economía no implica una reducción de toda la economía. Es más, la economía que cuida los ecosistemas y las personas tendría que crecer. El enfoque es proteger a las personas y a la trama de la vida, no la reproducción del capital.
  • Relocalización y diversificación de la economía. No existe ningún sustituto del petróleo que permita mantener el actual modelo de transporte masivo, a largas distancias y en tiempos breves, de personas, mercancías e información. Si desde los territorios se quiere ser capaz de cubrir la mayor parte de las necesidades sociales, esta relocalización debe implicar una diversificación de las actividades económicas.
  • Integración del metabolismo social dentro del metabolismo ecosistémico. Esto implica una economía de base agraria, no industrial o de servicios.
  • Redistribución fuerte de la riqueza inter e intra territorios con criterios de justicia global. Cualquier propuesta de economía justa debe considerar al menos las relaciones de clase, género y coloniales. Es decir, que los colectivos sociales que deben reducir sus consumos materiales y energéticos en mucha mayor medida son las élites, para así dar lugar a sociedades que igualen sus consumos con criterios de suficiencia, reparto y sostenibilidad.
  • Aumento de la autonomía económica de las personas. Para ello, es imprescindible avanzar en un proceso de desmercantilización social y de construcción de comunalismos, de manera que se conviertan en el eje de la satisfacción de las necesidades humanas.

Estas líneas de transformación conllevan tremendos desafíos.

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