Mercado Social

Simbiótica: “La tecnología no es neutral: sus objetivos dependen de quién la diseña y de quién controla sus infraestructuras”

La cooperativa madrileña defiende el software libre, la inteligencia artificial responsable y unas relaciones laborales basadas en los cuidados frente al modelo extractivo de las grandes tecnológicas. Entre sus proyectos figuran la app de los mercados sociales, Festiverso y herramientas digitales creadas para la economía social y solidaria.

10 Setembro, 2026

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Simbiótica nació del trabajo compartido entre varias profesionales autónomas que buscaban reducir la precariedad, afrontar proyectos de mayor envergadura y utilizar la tecnología como herramienta de transformación social. Constituida como cooperativa hace dos años, desarrolla software, ciencia de datos, consultoría y formación desde una mirada crítica sobre sus impactos sociales y ambientales. En esta entrevista explica por qué rechaza determinados encargos, cómo aplica la horizontalidad y los cuidados a su organización interna y qué alternativas propone ante la concentración de poder de las grandes plataformas y la expansión acelerada de la inteligencia artificial.

¿Cómo nace Simbiótica y qué necesidades o inquietudes estaban en el origen del proyecto?

Simbiótica se crea como un paso natural entre varias personas que trabajábamos de autónomas y que fuimos aumentando nuestro trabajo conjunto en algunos proyectos, Julio (Triskel apps), Joseba (Anarres) y Alberto. A la hora de plantear este nuevo proyecto cooperativo, avisamos también a una compañera, Brianda, que tenía un perfil técnico y social similar.

Elegimos esta forma de cooperativa por varios motivos. El primero es que tenemos un fuerte vínculo con el mundo asociativo, movimientos sociales y con la economía social y solidaria, por lo que teníamos claro que queríamos un modelo horizontal y transparente. Nuestro vínculo con el Mercado de Economía Social de Madrid (MESM) desde 2018 nos ha enseñado e inspirado mucho para reafirmar nuestra convicción en este modelo.

Otro motivo era la necesidad de reducir la inestabilidad y precariedad que muchas veces tenemos las autónomas. Con una estructura más organizada tenemos más capacidad de trabajo en proyectos mayores, de acceso a subvenciones y desarrollo de productos propios, para mejorar nuestra estabilidad laboral.

Por último, la transformación social era otra motivación fundamental. Queríamos ser una entidad que, con sus prácticas, desarrollos y divulgación, difunda la importancia de un uso responsable y crítico de la tecnología, teniendo en cuenta sus impactos sociales y medioambientales, priorizando el software libre y los comunes digitales.

¿Quiénes formáis parte de Simbiótica? 

Ahora mismo somos seis personas. Julio, Joseba y Alberto tienen perfiles de desarrollo de aplicaciones y administración de sistemas; Brianda y Natalia están especializadas en ciencia de datos aplicada e inteligencia artificial; y Amelia es nuestra experta en gestión, administración y finanzas. Somos cuatro socias fundadoras y dos trabajadoras, con aspiración a consolidarnos todas como socias. Nuestras dinámicas internas son participativas sin importar la figura de socia o trabajadora.

Os definís como una cooperativa comprometida con una tecnología responsable, ética y orientada al bienestar de las personas y del planeta. ¿Cómo se traduce esa filosofía en vuestro trabajo cotidiano? 

Tratamos de llevar nuestras convicciones a nuestro trabajo diario de varias maneras. Para empezar con nuestras propias herramientas de trabajo, usamos software libre y seleccionamos proveedoras de las redes de economía social y solidaria o, al menos, con compromisos sociales o medioambientales y que cuiden su impacto. A la vez, también desarrollamos herramientas libres, contribuyendo a crear un ecosistema más abierto y colaborativo.

Además, todo lo que hacemos incorpora desde el diseño perspectivas de impacto social y medioambiental, con una reflexión de toda la cadena de valor, desde el extractivismo de recursos y datos hasta el impacto repercutido en la ejecución del proyecto, tanto en usuarias como en otras posibles afectadas. Somos honestas e intentamos ser coherentes: a veces nuestra propuesta no es tecnológica y recomendamos cambios en las metodologías; en ocasiones rechazamos proyectos porque no cubren las garantías éticas suficientes; y desde luego, tenemos líneas rojas para no trabajar con sectores contrarios a los valores que defendemos, como banca de inversión o casas de apuestas, y debatimos los que puedan acercarse a esa línea.

Intentamos aplicar nuestros valores sociales activistas en todo lo que podemos. Por ejemplo, las emisiones en movilidad son mínimas: la mitad de la plantilla trabaja normalmente en remoto y la otra mitad nos movemos en bicicleta o caminando a nuestro espacio de coworking en Alcalá (la Ínsula Coworking, también socia del MESM), y priorizamos el transporte público o colectivizado en desplazamientos más largos y viajes.

Simbiótica desarrolla herramientas tecnológicas, pero uno de vuestros objetivos es construir relaciones laborales basadas en la confianza, la inclusión y la cooperación. ¿Es posible hacer empresa de otra manera en un sector tan competitivo como el tecnológico? 

La respuesta rápida es que sí es posible. Nos preocupamos por todo lo reproductivo, comenzando por la selección de personal inclusiva con la que hemos pasado de tres hombres y una sola mujer a tres y tres. Aplicamos medidas de conciliación con teletrabajo, tratamos de ajustarnos a jornadas de 32 horas semanales, tenemos flexibilidad horaria, gestión asamblearia, aplicamos medidas de cuidados en las relaciones, etc.

Pero es cierto que es un reto, ya que cuidar las relaciones, las redes y el enfoque ético requiere tiempo de trabajo reproductivo, de formación y de investigación, tiempo no facturable. La elección de proveedores y herramientas más éticas o el rechazo de proyectos mucho más lucrativos también tiene un fuerte impacto económico. Y se suma que, como cooperativa de trabajo, no tenemos la capacidad de inversión de capital que tienen las startups tecnológicas y que les permite desarrollar productos e innovar con menor riesgo personal.

Es un escenario difícil y complejo, con muy buenas oportunidades y a la vez pasando por momentos financieros delicados haciendo equilibrios. Hay pocos referentes, vamos aprendiendo en cada paso y tropiezo, y a la vez es una oportunidad de hacer camino y apoyarnos entre entidades tecnológicas compartiendo nuestras experiencias.

A pesar de las dificultades y riesgos, creemos firmemente en este modelo, en otra forma de hacer economía, respetuosa con las personas y el planeta, y sabemos que no estamos solas: dentro de REAS y los distintos mercados sociales territoriales hay una red de entidades y personas que luchan por lo mismo, y es uno de los motores que nos impulsan.

Una de las personas que integra el equipo encontró en Simbiótica una oportunidad que no había encontrado en otras empresas. ¿Qué supuso para ti que la cooperativa apostara por tu incorporación y qué dice esa experiencia sobre otra forma de entender el empleo? 

La contratación de Simbiótica ha supuesto para mí que ellos valoraran mi aportación al equipo por sobre los procesos burocráticos de extranjería. Ha sido crucial, porque estos procesos han sido diseñados para ser largos y precarizantes, para que te canses en el camino. Simbiótica ha permitido que me pueda sostener en este proceso este último año. Ha sido un acto político importante.

¿Cuáles han sido los principales hitos y desafíos en vuestro recorrido?

¡Esto da para una novela! Hace tres años empezamos a diseñar la cooperativa y hace dos nos constituimos formalmente. En ese primer hito legal fue vital el acompañamiento de la red de la ESS (FECOMA, Economistas sin Fronteras, la Escuela de Emprendedoras Juana Millán y Adeia). Chocamos, eso sí, con un gran obstáculo burocrático: la Comunidad de Madrid tardó seis meses en darnos de alta en el registro de cooperativas, cuando el límite legal son tres y una SL se crea en días. Aquello paralizó subvenciones y facturación, evidenciando un entorno autonómico poco favorable para la economía social. El siguiente gran hito fue conseguir financiación estatal importante (del Ministerio de Cultura y un PERTE de Economía Social) para impulsar nuestros dos productos propios, Festiverso y Aljibe, hoy en distintas fases de madurez.

Nuestro reto actual es equilibrar el desarrollo de esos productos, que exige mucha inversión sin recurrir a rondas de financiación como las startups capitalistas, con el mantenimiento de salarios y condiciones dignas. Lo sostenemos con la otra mitad de nuestra actividad, que a veces queda tapada por los productos con nombre propio: el desarrollo de software a medida, la consultoría y la formación para otras entidades. Ahí seguimos creciendo, iniciándonos en las licitaciones públicas y saliendo de nuestra zona de confort de la ESS para acercarnos a otras pymes.

A nivel colectivo, nos hemos sumado a otras cooperativas tecnológicas de Madrid en Coop-On, una red de apoyo mutuo basada en cooperar y no competir. En nuestros encuentros periódicos compartimos saberes, debatimos sobre prácticas y límites éticos, y ya estamos creando servicios conjuntos de digitalización y solicitando ayudas para proyectos comunes. Finalmente, afrontamos el desafío de la expansión de la IA generativa. Como expertas en ciencia de datos valoramos sus posibilidades, pero somos muy conscientes de sus costes sociales y ambientales. Esa mirada crítica es parte de nuestra propuesta de valor: vertebra el diseño de Aljibe y la línea de formación y consultoría en uso responsable de la IA que estrenamos precisamente este verano. Y aun así, decidir cómo integramos estas herramientas en nuestros propios procesos internos nos exige un debate constante que no siempre es fácil.

¿Qué es la app del Mercado Social y qué necesidad detectásteis para impulsarla? 

La app del MES es una herramienta para incentivar el cambio del consumo hacia las entidades de la ESS, que la gente descubra que otra economía es posible y que, a través de los mercados sociales territoriales, ya hay entidades ofreciendo los productos y servicios que hasta ahora compraba o contrataba a empresas capitalistas.

La iniciativa original surgió alrededor de 2018 en el MES de Madrid, dentro del proceso de creación de una moneda social, el Etic, diseñada para incentivar los intercambios dentro de la red; la app era su soporte. La moneda no tuvo el impacto esperado y se terminó cerrando, pero la app demostró ser útil como escaparate y buscador de entidades y como canal de noticias y promociones, así que la moneda se sustituyó por un carnet de socia con el que las entidades que quieren ofrecen un descuento directo en la compra.

En 2024, el Mercado Social de Aragón y REAS tomaron la iniciativa de adaptar la herramienta a otros mercados territoriales, y desde entonces se gestiona y mantiene de forma conjunta entre cinco mercados: Aragón, Madrid, Nafarroa, Murcia y La Rioja.

¿Qué principios tecnológicos hay detrás del desarrollo de la aplicación? 

Lo principal es que la app es software libre: todo el código (el de las aplicaciones móviles, el de la web y el de la parte del servidor que no se ve) es abierto, y por tanto transparente y colaborativo. Y se ha tratado de hacerla lo más inclusiva posible: adaptaciones de accesibilidad, diseño intuitivo y sencillo, compatibilidad con teléfonos lo más antiguos posible para no forzar una obsolescencia innecesaria, multidioma para incluir todas las lenguas oficiales, e instalación directa en Android para quien no usa los servicios de Google.

Quedan mejoras pensadas para seguir avanzando en tecnologías libres: sustituir los mapas de Google por OpenStreetMap (el mapa libre y colaborativo, una especie de Wikipedia de los mapas), buscar una alternativa a las notificaciones, que hoy todavía dependen de la infraestructura de Google, publicar la app en F-Droid (la tienda de aplicaciones libres de Android) y unificar la base técnica para que la versión de iPhone avance a la par que la de Android.

¿Qué diferencia a esta aplicación de otras plataformas de consumo o directorios comerciales? 

Lo más importante es que solo ofrece alternativas de consumo de la ESS. Las entidades que aparecen están validadas por los distintos mercados territoriales y cumplen los requisitos éticos para pertenecer a la red. La garantía es el balance o auditoría social: en muchos casos es público para cualquier usuaria y en otros solo lo ven las administradoras del mercado, pero siempre se comprueba que el funcionamiento de la entidad en equidad, sostenibilidad, condiciones de trabajo y el resto de compromisos se ajusta a los requisitos de la red, para que sea una alternativa real al mercado convencional.

¿Qué aprendizajes os ha dejado el proceso de desarrollo y cuáles son los principales retos que afrontáis?

¡Han sido muchas aventuras en este camino!. El mayor aprendizaje no es técnico sino haber conocido a la gente que sostiene cada mercado, con sus dinámicas internas propias. Coordinar necesidades, peticiones, acuerdos y formas de financiación diferentes es a veces difícil, pero es un camino que merece la pena: nos sentimos apoyadas, creemos que lo que hacemos tiene un impacto positivo, con más o menos alcance pero siempre acercando la ESS a más gente, y todas las partes estamos haciendo un gran esfuerzo para que esto continúe.

¿Cómo puede esta herramienta fortalecer la ESS y los circuitos económicos locales y de proximidad?

Lo más importante es que “se use”. Por las personas que quieren consumir de forma más ética y buscar lo que necesitan en las redes de la ESS; por las entidades, que pueden aprovechar sus espacios en la app para visibilizar su información, productos y servicios o enviar promociones con notificación; y por los propios mercados, que tienen en el canal de noticias de la aplicación móvil una vía directa para dinamizar el consumo en la red, además de un elemento moderno e innovador que conecta especialmente con las generaciones más jóvenes.

Las funciones más importantes ya están funcionando: el buscador de productos y servicios, que entiende lo que buscas aunque no escribas la palabra exacta; el canal de avisos de noticias y promociones; y el carnet de socia para los mercados que tienen registro de socias consumidoras además de entidades. ¡Solo hace falta atraer a mucha más gente a la ESS!

Desde Simbiótica no solo desarrolláis software para terceros, sino que también habéis creado herramientas propias como Canvas Markdown y vuestra metodología de estrategia de producto digital para la ESS. ¿Qué problemas ayudan a resolver, qué aportan a las organizaciones de la economía social y cómo puede acceder la gente interesada a ellas?

Un matiz antes de responder: aunque en esta entrevista hablemos mucho de herramientas con nombre propio, el desarrollo de software a medida para otras entidades sigue siendo el corazón de nuestro día a día. Y estas herramientas nacen justamente de esa experiencia, de encontrarnos una y otra vez con que la herramienta que necesita una organización de la ESS no existe o, cuando existe, no entiende su forma de trabajar.

Canvas Markdown resuelve un problema concreto: cuando diseñas estrategia en equipo trabajas de forma visual, con tableros de tarjetas tipo post-it, pero ese trabajo suele quedar atrapado en la herramienta digital de turno. Canvas Markdown es una herramienta web, libre y sencilla, que convierte un archivo de texto plano en un tablero visual e interactivo, y viceversa. El resultado de tu taller es un simple archivo de texto que guardas en tu ordenador, que podrás abrir siempre y con cualquier programa, y que es fácil de reutilizar después, por ejemplo para maquetar un documento.

La plantilla de estrategia de producto digital ESS, disponible dentro de la propia herramienta, nació al diseñar Aljibe, nuestra plataforma de ciencia de datos para la economía social. Las metodologías habituales de estrategia de producto están centradas en lo productivo y lo económico, y les faltaba el corazón: el impacto social, la gobernanza, la intercooperación. Creamos un marco propio que en lugar de obsesionarse con el crecimiento pregunta por la sostenibilidad, habla de alianzas en vez de “ventaja competitiva”, y donde los principios éticos y las licencias libres son el punto de partida, no un anexo. Las dos cosas son libres y gratuitas, y están accesibles desde nuestra web para cualquier entidad que quiera usarlas.

También habéis desarrollado Festiverso, una aplicación para facilitar la organización de festivales y mejorar la experiencia del público. ¿Qué necesidades resuelve esta herramienta y qué acogida está teniendo?

Festiverso resuelve dos necesidades. A la organización del evento le facilita la gestión con un panel de administración intuitivo y ágil, que al final ahorra bastante tiempo, hojas de cálculo y carga mental. Y al público le da toda la información actualizada a mano, les ayuda a orientarse en los espacios y tiempos del evento y crear su agenda personalizada, con un enfoque especial en la accesibilidad para que cualquier persona pueda consultar lo que necesita sin barreras.

Está teniendo muy buena acogida. Ya ha funcionado en eventos de distinto tipo (el encuentro de ESS Idearia de este año en Iruñea, la Mostra de Microteatre a les Botigues d’Arenys de Munt o Extremareggae) y este verano en Enclave de Agua y Boina Fest.

¿Qué papel juega la tecnología en la construcción de alternativas económicas más justas? 

La tecnología no es neutral: sus objetivos dependen de quién la diseña y de quién controla sus infraestructuras. En el caso de las grandes compañías tecnológicas, el objetivo es maximizar el beneficio económico y su poder a través de la explotación de los datos, y así se reproducen las injusticias propias del capitalismo.

La tecnología que se utiliza y desarrolla desde la ESS le da la vuelta a esta lógica: se diseña para mejorar la vida de las personas, tiene en cuenta su impacto medioambiental para reducirlo y hacerlo sostenible, respeta la privacidad de los datos, y sus modelos de gobernanza cooperativos aseguran la autonomía y la resiliencia.

¿Es posible construir herramientas digitales competitivas sin reproducir las lógicas de las grandes plataformas tecnológicas? 

Es posible, pero requiere un esfuerzo para entender bien qué necesitamos, qué herramientas cubren esas necesidades y cómo funcionan. Nos gusta compararlo con la alimentación: sabemos que necesitamos comprar comida, y podemos acudir a las grandes cadenas a por alimentos baratos pero poco saludables, producidos en condiciones de explotación y con un impacto medioambiental alto, o buscar alternativas para consumir local, ecológico y sin intermediarios. Si trasladamos esa misma lógica a la tecnología, haremos posible que existan herramientas libres, transparentes y democráticas para cubrir nuestras necesidades reales.

Para hacer posible el desarrollo de estas herramientas es importante también la financiación. En lugar de inversores que buscan grandes rentabilidades, existen los modelos de gobernanza y financiación colectiva y el apoyo de las subvenciones públicas.

En un momento en que la inteligencia artificial y las plataformas digitales concentran cada vez más poder, ¿qué papel puede jugar la economía social y solidaria para democratizar la tecnología?

La ESS puede aportar luz en un momento en que la tecnología va muy rápido, muchas veces abruma, y no siempre conseguimos entenderla del todo ni implantarla de manera acorde con nuestros principios. Algunas entidades de la ESS estamos haciendo una doble labor: analizar de manera crítica las soluciones actuales y desarrollar productos y servicios alternativos.

Un ejemplo muy de este verano es la inteligencia artificial, que ya está dentro de la mayoría de organizaciones aunque nadie la haya invitado formalmente. En la encuesta que hicimos en 2025 dentro del proyecto Aljibe, el 84% de las entidades de la economía social ya usaba alguna herramienta de IA y casi ninguna tenía criterios escritos: qué datos no deben salir nunca de la organización, quién revisa qué, qué usos no queremos aunque sean legales. Y mientras tanto la normativa europea avanza. Desde el 2 de agosto es obligatorio, por ejemplo, avisar cuando alguien interactúa con una IA y marcar el contenido generado.

Para acompañar justo eso acabamos de lanzar una línea estable de formación y consultoría en uso responsable de la IA: un diagnóstico exprés que en una semana le dice a una organización qué se está usando y con qué riesgo, formaciones prácticas este septiembre (un curso intensivo del que cada participante sale con el borrador de las normas de uso de IA de su entidad, y un taller sobre cómo usar la IA para redactar subvenciones sin poner en riesgo los datos de las personas), y un acompañamiento completo hasta tener una política de IA propia aprobada en asamblea. Todo con tarifa social para la economía social y el tercer sector, porque democratizar la tecnología también es que este tipo de acompañamiento no quede solo al alcance de las grandes empresas.

En esa misma línea va la colaboración que arrancamos en septiembre con REAS Euskadi: van a elaborar su propia política interna de IA poniendo a prueba la guía completa que hemos desarrollado, con nuestro seguimiento durante todo el proceso. Ese pilotaje nos dará el aprendizaje necesario para terminar de ajustar la guía y sus materiales, con la intención de facilitarlos después de manera gratuita a toda la red de la ESS.

Todo lo demás está en nuestra web, en simbiotica.coop/ia-responsable.

Para terminar. Si tuvierais que dar un consejo a las entidades de la ESS que quieren aprovechar la tecnología sin perder sus valores… ¿Cuál sería?

El principal consejo sería elegir tecnologías libres y adaptadas a nuestras necesidades reales, no a las inducidas. Hay muchas soluciones disponibles, desde una libreta de papel hasta el uso de la IA, y tenemos que analizar muy bien qué necesitamos y qué tecnología se ajusta mejor, porque normalmente las soluciones más complejas (sobre todo las relacionadas con la IA) tienen un consumo y un impacto medioambiental y social más altos.

Y si no tenemos claras las tecnologías disponibles, lo mejor es tirar de apoyo mutuo dentro de la red: preguntar, asistir a encuentros y seminarios, mirar qué han hecho otras entidades parecidas. Para organizaciones más complejas siempre se puede contratar un servicio de consultoría que analice los procesos y proponga mejoras, y si la herramienta que se necesita no existe, se puede encargar su desarrollo a medida a cooperativas tecnológicas de la propia red, como nosotras o como las compañeras de Coop-On. La tecnología, igual que la alimentación o los seguros, también se puede comprar y encargar en la economía social.

 

Fuente: Arainfo

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