Feminismos

Sostener lo que nos sostiene

Este 29 de octubre, Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, la economía social y solidaria alza la voz para exigir que los cuidados dejen de ser un negocio y pasen a ser un derecho.

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Nadie vive sin ser cuidado. Cuidamos y nos cuidan al nacer, al enfermar, al envejecer y en el día a día. Y, sin embargo, ese trabajo apenas existe para la economía oficial: el PIB no lo cuenta, los salarios no lo pagan y las políticas públicas lo dan por supuesto.

Los datos oficiales muestran su peso. Según el INE, una de cada tres personas de 18 a 74 años (el 33,4 %) se hizo cargo de algún familiar en 2025, más mujeres (36,2 %) que hombres (30,6 %). Entre quienes tienen empleo y cuidan de familiares dependientes, una de cada cinco mujeres (20,5 %) les dedica 40 horas o más a la semana: una segunda jornada completa sin salario. Y son ellas quienes recortan su empleo para cuidar: el 8,3 % de las ocupadas con responsabilidades de cuidado redujo su tiempo de trabajo, frente al 0,8 % de los hombres.

Si se le pusiera precio, ese trabajo invisible equivaldría a una parte enorme de la riqueza del país. Según la última valoración del INE, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado de los hogares valía 426.199 millones de euros en 2010, el 40,8 % del PIB. Dos de cada tres de esas horas (el 67,2 %) las pusieron mujeres. Desde entonces no hay una cifra estatal actualizada: lo que no se mide no se ve, y lo que no se ve no se protege ni se financia.

Desde las redes de la economía social y solidaria llevamos años organizando cuidados de otra manera: cooperativas, asociaciones, iniciativas vecinales y redes comunitarias que atienden a personas mayores, a la infancia, a personas con discapacidad o en situación de dependencia. Lo hacemos decidiendo de forma democrática y arraigadas en el barrio y en el pueblo.

Por eso proponemos diferentes medidas que, desde la práctica cotidiana, planteamos a las administraciones.

Un modelo que convierte el cuidado en mercancía

La crisis de los cuidados es el resultado de decisiones que han dejado buena parte de la atención a las personas en manos del mercado y de las familias y en su gran mayoría de las mujeres.

Residencias, servicios de ayuda a domicilio y centros de día se adjudican cada vez más a grandes empresas y fondos de inversión, con licitaciones que premian el precio más bajo. El resultado lo conocemos: ratios insuficientes, rotación constante, atención apresurada y beneficios que salen del territorio en lugar de reinvertirse en él.

Ese modelo se sostiene sobre el trabajo de mujeres, muchas de ellas migrantes, con salarios bajos, jornadas parciales no deseadas, riesgos para la salud y, en el empleo del hogar, demasiada economía sumergida. Son el último eslabón de las cadenas globales de cuidados: cuidan aquí mientras otras cuidan de los suyos en su país de origen.

No es un problema solo nuestro. Según la OIT, las mujeres realizan el 76,2 % del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo y le dedican 3,2 veces más tiempo que los hombres.

Otra forma de cuidar ya existe

Frente a este modelo, hay alternativas que funcionan. Cooperativas de cuidados como Més que Cures, con mujeres migradas entre sus protagonistas, demuestran que quienes cuidan pueden ser también quienes deciden. Redes vecinales, proyectos intergeneracionales y entidades del tercer sector social sostienen cuidados de proximidad allí donde el mercado no llega o llega mal.

Estas experiencias comparten algo esencial: el beneficio no es el objetivo, la persona cuidada está en el centro y el trabajo de cuidar se reconoce y se paga dignamente. Lo que les falta no es voluntad ni capacidad. Les faltan marcos legales, financiación estable y una administración que las reconozca como aliadas.

Hacia una política pública que ponga en valor el cuidado

Ahora que estamos con la mirada electoral, haciendo balance de lo que no funciona y de cómo implementar mejoras de políticas públicas, enumeramos una serie de medias que a nuestro entender ayudarían a transitar a otro modelo entorno al cuidado. Para ello, proponemos las siguientes medidas.

  1. Una Ley estatal de cuidados. Que reconozca el derecho a cuidar y a ser cuidado a lo largo de toda la vida, fije estándares mínimos comunes en todo el territorio y regule la colaboración público-comunitaria en la provisión de cuidados.
  2. Cuidados públicos sin lucro. Los servicios de cuidados financiados con fondos públicos no pueden ser una fuente de beneficio privado. Pedimos reformar la Ley de Contratos del Sector Público para ampliar los contratos reservados a entidades de la economía social y solidaria, y condicionar la financiación estatal a las comunidades autónomas a que avancen en esa dirección.
  3. Un marco estatal de concierto social. En coordinación con las comunidades autónomas y respetando sus competencias, un marco común de concierto social y otras fórmulas no contractuales. Así, las entidades sin ánimo de lucro del tercer sector social, las cooperativas sin ánimo de lucro y las iniciativas comunitarias podrán gestionar servicios de atención a las personas con financiación estable.
  4. Culminar la transformación del modelo de cuidados. Garantizar la plena aplicación de la Estrategia estatal para un nuevo modelo de cuidados en la comunidad hasta 2030 y de la reforma de la Ley de Dependencia. Y aprobar ya una nueva estrategia para la década siguiente que incorpore el modelo público social-comunitario.
    1. Impulso a las cooperativas de cuidados y a las iniciativas comunitarias. Líneas de financiación, acompañamiento y formación para su creación y consolidación, en especial en el medio rural y en los barrios con menos servicios.
    2. Trabajo de cuidados digno. Mejores salarios, ratios adecuadas, estabilidad y salud laboral. Y apoyo para que las trabajadoras, mayoritariamente mujeres y en buena parte migrantes, se organicen y participen en la gestión de los servicios, también a través de cooperativas de trabajo.
    3. Visibilizar el valor de los cuidados y garantizar el derecho a la información. Campañas estatales de sensibilización sobre la realidad del trabajo de cuidados y su valor social. Y acciones de información para las trabajadoras sobre sus derechos y sobre alternativas como el cooperativismo, en formatos accesibles y multilingües, diseñadas junto a sus asociaciones y a las entidades de la economía social y solidaria.

    Un día (y 365) para reivindicar

    Los cuidados no pueden seguir dependiendo del lucro de unos pocos ni del trabajo invisible y precario de muchas.

    Pedimos a los gobiernos que reconozcan el cuidado como un derecho y construyan sistemas de cuidados públicos, comunitarios y con enfoque de género, en los que la economía social y solidaria tenga el lugar que ya se ha ganado.

    Tendemos la mano a las trabajadoras de los cuidados y del hogar, a sus organizaciones, al movimiento feminista y a todas las personas que saben que otra forma de cuidar no solo es necesaria, sino que ya existe.

    Porque los cuidados sostienen la vida. Y transformar los cuidados es transformar la sociedad.

     

    * En este día, nos sumamos a #VoicesOfCare, la campaña de la Alianza Global por los Cuidados de la que RIPESS. Desde ahí, invitamos a las entidades de la ESS y organizaciones y personas de la sociedad civil organizada:

    • Sumarse a #VoicesOfCare y difundir este posicionamiento en torno al 29 de octubre.
    • Compartir sus experiencias de cuidados comunitarios y cooperativos, y dar voz a las trabajadoras que los sostienen.
    • Revisar sus propias prácticas: condiciones laborales, corresponsabilidad y conciliación dentro de cada entidad.
    • Tejer alianzas con asociaciones de trabajadoras del hogar y de los cuidados, con el movimiento feminista y con los colectivos migrantes.
    • Trasladar estas demandas a sus ayuntamientos, comunidades autónomas y representantes parlamentarios.
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