Más allá del testimonio. Tejiendo redes de economía solidaria para la transformación social

Con el término “economía solidaria” se designa un proceso de construcción teórica que, desde su nacimiento hace más de 30 años en América Latina, intenta dibujar un nuevo modelo de entender y hacer economía radicalmente alternativo al propuesto por el capitalismo que, como se ha demostrado, no ha hecho sino generar pobreza y desigualdades crecientes a lo largo de su historia.
Pero, más allá de los esfuerzos de economistas, sociólogos y demás académicos por afinar en su conceptualización, la economía solidaria es fundamentalmente una práctica de miles y miles de iniciativas que, a lo largo de todo el planeta, se basan en valores y modos de hacer alternativos a los de la lógica neoliberal imperante.
La economía solidaria reivindica, primeramente, recuperar la función que la economía debiera tener, que no es otro que el de ser un medio para lograra el buen vivir de las personas y pueblos, y no una actividad preponderante frente a las esferas sociales y políticas de nuestras sociedades. Pero, además, propone para ello que la actividad económica en sus diferentes facetas (producción, financiación, comercialización y consumo) tengan como centro de su actividad a las propias personas, a su comunidad y a su medio ambiente, huyendo de una concepción exclusivamente ligada a la maximización de beneficios y al modelo productivista-crecentista que prima la acumulación del capital por encima del desarrollo de las personas y es ajeno a los daños sociales y ambientales producidos en la consecución de sus objetivos. De esta manera, se proponen alternativas concretas en las diferentes fases del ciclo económico:
a) Desarrollo de un modelo y una práctica alternativa en la creación y gestión de actividades empresariales para la producción de bienes y servicios, que prioriza aspectos como el fomento de la autonomía y la igualdad, la participación y la actividad cooperativa, el establecimiento de escalas salariales justas y proporcionales, la transparencia y auditoría social, la sostenibilidad medioambiental y social, etc. Actividades empresariales sin ánimo de lucro, donde no existe reparto de beneficios entre accionistas, sino que de haberlos se reinvierten en la creación de nuevos empleos, la mejora de su estructura técnica y el apoyo a nuevos emprendimientos de carácter socialmente beneficioso.
b) Desarrollo de instrumentos financieros éticos y solidarios, proponiendo experiencias de intermediación financiera, como la banca ética, cuyos objetivos son financiar actividades que comporten un impacto social transformador (proyectos sociales, ecológicos, culturales o solidarios), así como ofrecer instrumentos de ahorro y de inversión responsables a la ciudadanía (participando activamente en la construcción y control del instrumento financiero, excluyendo cualquier inversión en actividades especulativas o empresas que colaboren con el mantenimiento de la injusticia y el deterioro de nuestro mundo, etc.).
c) Desarrollo de circuitos comerciales alternativos impulsando los “mercados sociales”, una propuesta de construcción de redes de comercio y consumo con criterios alternativos al actual mercado convencional. Un mercado, por tanto, que fija como criterios de funcionamiento la cooperación, la transparencia y el funcionamiento democrático, el compromiso con el entorno y las economías locales, la promoción de empleo y de oportunidades económicas para personas y colectivos excluidos del mercado, el rechazo a la maximización de beneficios como único fin, o el compromiso con un desarrollo social y medioambiental sostenible. Se trata, en definitiva de impulsar la creación de redes de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, constituida tanto por empresas y productores sociales y solidarios, como por consumidores responsables individuales y colectivos. Son los mercados conformados por la oferta de productos de las empresas de inserción y solidarias, del comercio justo, de la producción ecológica, de la distribución de servicios financieros de la banca ética, etc.
Así mismo, desde esta consideración alternativa de los mercados, se impulsan instrumentos no monetarizados para el desarrollo de intercambios a través de experiencias como los bancos del tiempo o el trueque, así como el desarrollo de monedas alternativas también llamadas complementarias o locales.
d) Desarrollo de modos de consumo responsables, promoviendo el consumo ético, ecológico y solidario, rechazando la publicidad agresiva y el sobre-consumo superfluo, favoreciendo el comercio justo y el consumo de productos locales, proponiendo boicots a empresas que violan los derechos humanos, ambientales y/o sociales…
Finalmente, el objetivo último de la economía solidaria no es solamente impulsar y difundir su propio desarrollo conceptual, ni la extensión de prácticas individuales y/o grupales alternativas. La economía solidaria aspira a convertirse en un movimiento social que, junto a otras corrientes y movimientos, promueva la transformación radical del modelo económico y de la propia sociedad. Para ello entiende como objetivo fundamental la creación e impulso de redes que vayan agregando el mayor número de prácticas individuales y colectivas para incidir, más allá del testimonio alternativo, en transformaciones significativas a nivel local y global.
Tres buenas ideas
1. Las personas consumidoras pueden, a través de sus gestos cotidianos, contribuir al cambio de las reglas económicas de nuestra sociedad. En esos gestos y en la propia capacidad de elección, pueden convertir su acto de consumo en un acto de militancia económica para la transformación social, a través de todas aquellas iniciativas propuestas por la economía solidaria.
2. Es posible construir y apoyar iniciativas económicas, sean de producción, financiación, comercialización o consumo, de carácter alternativo y solidario. Ya existen muchas de ellas y podríamos crear muchas más. Es cuestión de informarse y plantearse la vida personal, laboral y comunitaria desde criterios alternativos al capitalismo.
3. La construcción de alternativas de transformación social que pretendan ser viables y significativas, también en el ámbito de la economía, sólo serán posibles a través de la agregación de personas y organizaciones capaces de enredarse, tanto a escala local como global, en un movimiento plural y dinámico.
Fuente: Revista Papiro nº 184. Bilbao. ITAKA-Escolapios




