Políticas Públicas

Dejemos de fingir que el crecimiento económico acabará con la pobreza

La búsqueda del crecimiento económico perpetuo es incompatible con la vida en este planeta. Y acabar con la pobreza no puede seguir siendo utilizado como excusa para perseguir un PIB en constante aumento.

Fuente:elmundo.es

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Durante casi seis años, las Naciones Unidas me han encomendado la tarea de informar sobre las soluciones más prometedoras del mundo para erradicar la pobreza. Hoy puedo afirmar con seguridad que —a pesar de lo que nos han hecho creer políticos, economistas, expertos en desarrollo e incluso las instituciones de la ONU— la respuesta no es simplemente estimular el crecimiento económico.

Como dejé claro en el informe de 2024 a la ONU sobre cómo erradicar la pobreza más allá del crecimiento: aunque históricamente se ha prometido la erradicación de la pobreza a través del «efecto goteo» o la «redistribución» de la riqueza, el crecimiento económico, en cambio, a «fluye hacia arriba» beneficiando a unos pocos privilegiados.

Vivimos en un planeta que nunca ha sido más rico. Los multimillonarios vieron crecer sus fortunas en 2 millones de dólares estadounidenses al día de media en 2024 y se espera que haya cinco billonarios en la próxima década. Sin embargo, el número de personas que todavía viven en la pobreza —alrededor de 3.500 millones según el Banco Mundial— apenas ha cambiado desde 1990.

La búsqueda interminable del crecimiento a toda costa, junto con el consumo y la producción incesantes que la acompañan, también está llevando a nuestro planeta más allá de sus límites. Desde 1973, hemos estado viviendo por encima de la biocapacidad de la Tierra: consumimos más recursos de los que se reponen naturalmente y vertemos en el medio ambiente más residuos y contaminación que los ecosistemas pueden absorber.

Como expuse en mi informe más reciente a la ONU, son las personas en situación de pobreza las que están pagando el precio —incluso con sus vidas— de la crisis climática. Durante las últimas tres décadas, más del 90 por ciento de las muertes relacionadas con el clima han ocurrido en países en desarrollo.

Seamos claros. La respuesta a este dilema no es el «crecimiento verde» —que promete que el crecimiento económico bien hecho puede ir acompañado de una reducción de su huella ecológica—. Incluso en las mejores condiciones, un creciente conjunto de evidencias demuestra que el desacoplamiento absoluto del producto interior bruto (PIB) del uso de recursos (hacer crecer la economía mientras se reducen simultáneamente sus impactos ambientales negativos) es imposible. Los avances tecnológicos simplemente no pueden compensar la naturaleza destructiva de nuestros patrones de consumo.

La búsqueda del crecimiento económico perpetuo es incompatible con la vida en este planeta. Y acabar con la pobreza no puede seguir siendo utilizado como excusa para perseguir un PIB en constante aumento, cuando este empeño, en cambio, empuja a las personas a empleos mal pagados y a menudo peligrosos para satisfacer las necesidades de la élite.

En los países de bajos ingresos todavía se requiere crecimiento para construir infraestructura pública y crear empleos dignos en la economía formal. Pero no debemos olvidar que el modelo de crecimiento actual para el Sur Global está construido sobre el saqueo de sus recursos naturales por parte del Norte Global y la explotación de una mano de obra barata en las cadenas de suministro globales.

Existe otra vía. Democratizar la economía, de modo que la toma de decisiones se comparta más ampliamente en toda la sociedad, en lugar de concentrarse en manos de una pequeña élite, podría conducir a una agenda compartida de poscrecimiento basada en políticas más redistributivas y sostenibles. Los ejemplos incluyen recompensar el trabajo según su valor social y ecológico en lugar de los beneficios que genera para unos pocos, o la cancelación de deuda para que los pagos a los acreedores no tengan prioridad sobre el gasto social.

Esto no es una teorización abstracta. La Conferencia Más Allá del Crecimiento del 26 de septiembre en Madrid es una continuación de la Conferencia Beyond Growth celebrada en el Parlamento Europeo en 2023, a la que asistieron más de 5.000 participantes. Junto con la alianza emergente de agencias de la ONU, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, académicos, sindicatos y otros, estamos co-construyendo la Hoja de ruta para Erradicar la Pobreza Más Allá del Crecimiento, que presentaré a la Naciones Unidas en 2026. Este plan de actuación ofrecerá a los gobiernos un conjunto de medidas concretas que desvíen las economías de la maximización de beneficios hacia el bienestar humano.

Y a nivel de la ONU, siguiendo una solicitud expresada en el Pacto para el Futuro adoptado en la Cumbre de las Naciones Unidas de 2024, el secretario general de la ONU António Guterres nombró un grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Más Allá del producto interior bruto para proponer recomendaciones sobre nuevas formas de medir el progreso que vayan más allá del PIB. La Alianza Global sobre Más Allá del PIB, compuesta por más de 60 países y socios, se lanzó oficialmente en julio durante la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo en Sevilla para apoyar la aplicación práctica de estas nuevas métricas.

Las nuevas métricas son importantes, por supuesto. El PIB es una herramienta profundamente defectuosa para medir el progreso, puesto que ignora el trabajo esencial no remunerado realizado por mujeres en su mayoría en hogares y comunidades y que no tiene en cuenta los costes sociales y ambientales de la actividad económica. Sin embargo, los nuevos indicadores por sí solos no serán suficientes. Si hablamos en serio sobre erradicar la pobreza, debemos ser mucho más ambiciosos.

Debemos rechazar el mito de que el crecimiento económico equivale al progreso humano. Aunque esto pueda parecer un pensamiento radical después de casi un siglo de que nos hayan dicho que todo lo que importa es la rapidez con la que crece la economía, soy optimista de que pronto se convertirá en la corriente dominante. Porque el planeta, y sus habitantes, no sobrevivirán sin ello.

Un artículo de Olivier De Schutter -relator de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos- para el Mundo.

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