Feminismos
“Es complicado que nos den la baja, nos mandan tomar paracetamol y salir con las amigas”
Las trabajadoras de cuidados y del hogar no tienen reconocidas enfermedades profesionales, por lo que no pueden tener una baja laboral, a pesar de que más del 90 por ciento de estas empleadas sufre dolores musculares y esqueléticos. El control de la jornada y las inspecciones de trabajo son otros de los derechos que exigen.

Paracetamol es una palabra que surge varias veces en las conversaciones. A modo de receta mágica o de capa de invisibilidad. Toma un paracetamol y estarás bien. La salvación para todo.
Dolores, fatiga, cansancio, lesiones musculares, depresión, heridas, agotamiento, malestar. Paracetamol. Este medicamento pertenece al grupo de los llamados analgésicos y antipiréticos y es parte de la vida de muchas trabajadoras de cuidados y del hogar, casi su único asidero cuando van al centro de salud.
“Algunas mujeres sufren de los pulmones y les dicen que es por tabaquismo, pero no fuman, es por los productos químicos que les obligan a usar sin protección. Y si dices algo pues contestan que así se ha hecho toda la vida. También tenemos dolor de articulaciones, de manos y pies, porque hacemos movimientos repetitivos, como lavar, planchar, y siempre lo mismo; las manos sufren porque van de situaciones calientes al frío del agua. Y eso se hace a diario, no hay descanso, todos los días. También tenemos lumbalgias por mover a personas mayores y es fácil hacer un mal movimiento”, detalla Elizabeth Gutiérrez, trabajadora de cuidados y del hogar e integrante del colectivo Mujeres con Voz, con sede en Getxo, una de las poblaciones más ricas del País Vasco, la octava de España.
Este empleo, socialmente reconocido como esencial, no tiene acreditada ningún tipo de enfermedad profesional. No existen bajas laborales, lo que se traduce en falta de derechos.
“Es complicado que nos den la baja, te dicen toma paracetamol, sal con tus amigas y no te encierres mucho. Son pocas la que van al médico”, continúa Gutiérrez, que describe por teléfono una retahíla de malestares y de soluciones inverosímiles: “Dolores de cabeza, depresión, ansiedad; se sufre mucho de estar encerrada y hacer siempre lo mismo; incluso dejas de hablar y vives en modo automático. Y vas al médico y te dicen que trates de estar distraída; y te mandan a hacer yoga, natación, ¡pero si no tienes tiempo! Y tampoco te atreves a hacer cosas sola; es difícil porque se siente que no sabes hacerlo y si dices que no sabes la gente te trata como tonta, así que para evitar eso no lo haces. O a lo mejor no sabes nadar, o no lo te lo puedes permitir económicamente o por los horarios”.
Las enfermedades que sufren estas trabajadoras sí que se consideran profesionales en otros sectores. Según relata Oxfam Intermón en el informe ‘Trabajo invisible, cuerpos rotos. Radiografía del trabajo de hogar y de cuidados en España,’ se debe a que las enfermedades laborales se tipifican por profesiones, no por tipo de dolencia. Esa ausencia acarrea que sus bajas sean por enfermedad común, lo que afecta a la cotización, por extensión a la jubilación, y dificulta lograr una incapacidad laboral.
“Muchas veces trabajamos con personas que tienen un alzhéimer muy avanzado, pero permanecen en el domicilio. Y es una persona a la que tienes que hacer todo, sostienes su vida, tienes que moverla, saber manipularla; es un cuerpo muerto que provoca lumbalgias fuertes. Y se nos niega la baja, solo nos dan paracetamol. Hay compañeras que tienen averías para toda la vida”, describe por teléfono María Juncay, trabajadora de cuidados y parte de Emakume Migratu Feministak Sociosanitarias.
Desde Oxfam Intermón, Gotzone Olarra explica que el real decreto que regula la protección de la seguridad y la salud tiene una mención al trabajo doméstico en el cuadro de enfermedades profesionales, pero, en realidad, cuenta, no las tiene reconocidas porque se entiende que el riesgo de enfermar por inhalación de químicos, por contagio, por movimientos de repetición o carga es inferior a otras profesiones. “Cuando una trabajadora enferma, se trata como enfermedad común, aunque se hayan contagiado cuidando a una persona enferma o se hayan cronificado sus lesiones derivadas de las cargas, de los movimientos. Eso por no hablar del estrés, la ansiedad, la depresión común muy especialmente en las trabajadoras internas”, añade Olarra.
Estrés y depresión son otras palabras que, además de paracetamol, salen en las conversaciones. Melva Rodríguez, antigua militante de Emakume Migratu Feministak Sociosanitarias, recuerda que la ausencia de bajas implica que no hay servicios terapéuticos: “Cogían mi tarjeta y venga analgésicos para el dolor, cada vez más y más fuertes; y si tienes ansiedad, estrés, alteraciones a la salud mental, te dan ansiolíticos y que sigas con tu vida. Te dan medicinas y que bajes el ritmo de trabajo, pero eso no se puede”. Y Gutiérrez añade: “Es una rueda, te dicen que descanses, que no es para tanto, pero no puedes descansar, porque si exiges descanso en el trabajo lo puedes perder”.
Según datos del Ministerio de Trabajo, en 2023 las lesiones más frecuentes en este sector reconocidas con baja médica, no laboral, fueron dislocaciones, esguinces y distensiones (43,48 por ciento), heridas y lesiones superficiales (23,56), fracturas de huesos (18,77) conmociones y lesiones internas (6,5 por ciento).
“Estamos hablando de las mujeres que ocupan en la casa el lugar de otra mujer que asumía todos esos trabajos sin cobertura de ningún tipo, sin que nadie lo considerara riesgoso o causante de enfermedad. De hecho, la trabajadora tendría que demostrar que la enfermedad es producto de su trabajo remunerado y no del no remunerado que pueda estar realizando en su propia casa, aunque en aquel esté sometida a mayor presión y, como consecuencia, a mayor riesgo. Reconocer enfermedades laborales significaría asumir el coste de las bajas, pero más allá de eso, obviamente, tiene que ver con la desvalorización del trabajo de hogar y cuidados. Reconocer enfermedades profesionales significa reconocer el esfuerzo que conlleva este trabajo, reconocer que requiere una serie de habilidades y conocimientos que hay que entrenar, reconocer su esencialidad y su lugar en la sostenibilidad de la vida y del sistema”, añade Olarra por correo electrónico.
La campaña Sin nosotras no se mueve el mundo, lanzada en el último trimestre de 2024, buscaba el reconocimiento de las enfermedades profesionales y el cuidado de la salud laboral en los trabajos de hogar, cuidados, limpieza y camareras de piso. Desde entonces, pocos avances: “Hemos dedicado nuestra vida a cuidar de otras personas, a limpiar para otras personas y llegamos a los 40 o 50 años con cuerpos con los que ya no podemos trabajar al mismo ritmo. La falta de reconocimiento de nuestras enfermedades profesionales nos impide el acceso a una pensión digna”, recogía la campaña lanzada por Kellys Unión Madrid y Territorio Doméstico.
Vivir con dolor es una realidad para las miles de trabajadoras de cuidados y del hogar. Una encuesta de Oxfam Intermón, recogida en su citado informe, apunta que el 90,6 por ciento de las empleadas expresaron haber sufrido dolores musculoesqueléticos durante el último año; un 28,1 por ciento haber sufrido problemas en la piel, tales como eccemas, sarpullidos, o quemaduras; y un 16 refirió problemas respiratorios por inhalación de productos de limpieza.
Los dolores no son solo físicos. La misma encuesta recoge que un 61,2 por ciento afirma haber sufrido sobrecarga psíquica o emocional en el último año, estrés en un 65,5 por ciento de los casos, insatisfacción en un 49, ansiedad en un 59,2, depresión en un 36,6 y baja autoestima en un 29,5 por ciento. “No tenemos tiempo para descansar, para ir a espacios organizados, formarnos. Es una cárcel, te quitan la libertad, no puedes tener un proyecto de vida, te vuelcas en tener una relación laboral”, lamenta María Juncay, que trabajó 15 años como interna con una persona con alzhéimer.
Porque, más allá de las enfermedades, muchas de estas trabajadoras continúan con jornadas imposibles: total disponibilidad. En España hay 565.718 trabajadoras de cuidados y del hogar, de las que más de 38.000 están en régimen de internas, es decir, que trabajan donde viven y conviven sus jefes y empleadoras, según datos del segundo trimestre de 2024 de la Encuesta Población Activa y recogidos por Oxfam Intermón. Gotzone Olarra recuerda que la legislación es muy ambigua, “menciona solo vagamente a las internas, luego existen, pero sin regulación alguna”. Y añade que “la regulación horaria es muy deficiente y se aprecia una gran resistencia a aplicar el control horario”.
Una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de diciembre de 2024 recuerda al Estado español que los empleadores domésticos están obligados a establecer un sistema que permita registrar la jornada diaria de las trabajadoras del hogar para tener un cómputo de horas empleadas, algo que según Isabel Otxoa, quien ha sido profesora de Derecho del Trabajo en la EHU y es integrante de la Asociación de Trabajadoras del Hogar – Etxeko Langileen Elkartea (ATH-ELE), se hace en unos términos que “la vacían de contenido”, escribe en la revista Viento Sur. Los datos de 2024 de ATH-ELE dicen que más del 68 por ciento de las internas trabaja más de 60 horas semanales y el 41 por ciento tiene que interrumpir su descanso dos o más veces cada noche. “Ha habido avances en los últimos años, como la prestación por desempleo, pero exigimos al Estado que se reconozcan las jornadas laborales, y exigimos una figura profesional, somos profesionales”, apunta María Juncay.
Desde el pasado 14 de noviembre, quien cuente con trabajadoras del hogar tiene que la obligación de evaluar los riesgos laborales. Una medida que la mayoría de las fuentes consultadas considera relevante. “¡Pero si no está regulado el horario!, ¿riesgos laborales sobre qué? Hay que ir a la médula del problema, las condiciones, a garantizar los derechos laborales; mientras, todo lo demás es adorno”, incide Melva Rodríguez. Para María Juncay también es contradictorio porque se aprueba sin pensar en que hay jornadas laborales de 24 horas los siete días de la semana: “No ayuda a las trabajadoras. Lo tiene que hacer la familia, que es quien dice si hay riesgos laborales o no. Es todo absurdo”. Gotzone Olarra, en cambio, ve el lado positivo: “Cada pasito que se da, aunque muy pequeño, significa una mejora, significa que la lucha de las trabajadoras de hogar y cuidados va dando frutos, aunque sean escasos”. Pero recuerda también que no afectará a las familias que tengan empleadas sin contrato. “Ya se ve que hay familias empleadoras cumplimentando el formulario sin contar con la trabajadora, es demasiado confiar en la buena intención, sobre todo cuando hemos visto en nuestros estudios de percepciones que no se mira a la trabajadora como persona y eso propicia situaciones de abuso. Se ha creado una herramienta on line sin tener en cuenta la brecha digital y no se sabe que el formulario cumplimentado vaya a llegar a ningún sitio, ni se espera que inspección de trabajo actúe para saber del cumplimiento”, añade la técnica de Oxfam Intermón.
En este trabajo, las inspecciones laborales no son posibles porque según la Constitución el domicilio es inviolable, pero Melva Rodríguez contrapone: “Sí se entra para hacer la valoración en dependencia, o para revisar las calderas; esto se reinterpreta a favor de la empleadora. No hay interés en que las cosas cambien ni mejoren porque el sistema de cuidados se está sosteniendo con el trabajo muy barato de trabajadoras migrantes y eso supone un ahorro para lo público y todo es a costa de nuestra salud y de nuestros cuerpos”.
En España hay 565.718 personas trabajadoras de hogar y cuidados; casi el 90 por ciento son mujeres, y un 32 por ciento no cuenta con alta en la Seguridad Social; además, cerca de un 70 por ciento tienen nacionalidad extranjera o doble nacionalidad. Más datos: en 2023, el 40,5 por ciento de los permisos de trabajo concedidos a mujeres extranjeras fueron para trabajo del hogar.
“Lo central tiene que ver con la estructura opresora, patriarcal y racista. Es un sector feminizado y somos migrantes las que trabajamos, muchas en situación administrativa irregular”, cierra Rodríguez.
Fuente: Pikara magazine

Flora Partenio: “No es momento de retirarse: es momento de sostener presencia, resistir y reconstruir”
Barrutik Irauli: REAS Euskadi afianza su compromiso contra las violencias machistas
De la consulta a la calle. La salud más allá del cuerpo
Resumen del IX Congreso de Economía Feminista y próximos pasos




