El bien común se suma al beneficio puro y duro en los bancos éticos, que ganan apoyo entre los ciudadanos que comparten sus ideales.
Los empleos y salarios de miles de personas en el mundo dependen indirectamente de una campana, la que cada tarde a las cuatro en punto marca el cierre del Dow Jones, el índice de los principales valores de la bolsa neoyorquina. Casi dos billones de dólares viajan a diario de un continente a otro a velocidades de vértigo; la especulación puede hacer tambalearse a casi cualquier moneda y pocas plazas bursátiles están a salvo de una caída en picado. Sin embargo, la preocupación ciudadana por vivir en un planeta mejor está cada vez más presente en algo que, nos guste o no, define nuestras vidas: el dinero.
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