El oficialismo gubernamental aún hoy se excusa con el argumento de la crisis global de 2008 por su evidente fracaso para la recuperación económica y generación de empleo. Para la mayoría, esta explicación es una falsedad, pero no deja de tener algo de razón. Adjudican a Albert Einstein haber dicho que una persona estúpida es “aquella que, haciendo siempre lo mismo espera obtener resultados diferentes”. En el mundo, los bancos, las grandes empresas y, sobre todo, los gobiernos como el mexicano, defendiendo a ultranza el capitalismo salvaje, continúan haciendo lo mismo que provocó esa crisis.
Durante, varios años, pero especialmente en las últimas tres décadas, las administraciones federales sucesivas han atado el futuro económico, social y político de México a la noria del voraz mercado mundial de productos básicos, devastando a la par tierra y población.