Economía Solidaria

Una economía que no colapsa y que cuida de las personas y el planeta

Artículo de opinión de Cristina Millán, publicado originalmente en catalán en Jornal.cat, Diari de l´economia Social i Solidària

Fuente:jornal.cat

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No sé cuántas evidencias más necesitamos para convencernos de que en este mundo en el que vivimos lo único que es seguro es que los recursos naturales son finitos y que tenemos necesidades vitales básicas a cubrir. Pero el sistema nos induce a olvidar rápidamente para seguir siendo personas funcionales y productivas que alimentan a este monstruo llamado capitalismo. No deja de sorprenderme lo bien que han tejido el engaño. Nos hacen creer que cuidarnos es sinónimo de gastar mucho dinero y tiempo para proyectar una apariencia determinada, luciendo y poseyendo elementos concretos. Y ahí estamos, dentro de la rueda como los hámsteres, buscando bienestar y placer en algo nocivo para nosotros y para el planeta.

Nos lo enseñó una pandemia, a nivel mundial, y justo ahora nos lo ha demostrado el apagón eléctrico que ha sufrido la península. No es ningún secreto: cada vez es más evidente que el sistema en el que vivimos colapsa y falla.

En medio de este escenario y mientras el mundo se empeña en seguir funcionando como si nada, las personas que hemos decidido contribuir a la economía social y solidaria trabajamos incansablemente para revertir esta situación y proteger y salvaguardar la vida.

¿Podríamos decir, pues, que el capitalismo nos mata y que la economía social y solidaria nos cuida? La respuesta rápida para mí sería que sí.

Yo que soy una mujer, blanca, CIS, heterosexual, criada por una familia humilde en un barrio periférico de Tarragona, madre de una criatura de 9 meses y cooperativista desde hace 6 años, la vida es mucho mejor ahora que cuando trabajaba en empresas de fuera de la burbuja del ESS. Me siento más cuidada, sí. Y también siento que tengo mejor calidad de vida que las personas que todavía están fuera de la ESS.

Me siento afortunada e identifico la montaña de privilegios en la que fundamento mi bienestar, pero no es casual. En mi cooperativa hemos conseguido que los beneficios teóricos del cooperativismo y la economía social y solidaria se conviertan en práctica. Justo ahora nos encontramos en pleno proceso de construir el reglamento de régimen interno, un documento que nos está ayudando a abrir debates internos ya tomar medidas para tener unos puestos de trabajo lo más amables posible, sin descuidar las necesidades del proyecto cooperativo.

Poder realizar esta pausa para decidir qué queremos y qué necesitamos y poder tomar decisiones informadas, acompañarnos, etc. es cuidarnos. Porque tenemos la suerte de no estar sujetos a los intereses de una sola persona. Tenemos la oportunidad de escuchar las necesidades de nuestras socias, a la vez que ellas prestan atención a las nuestras, y llegar a acuerdos complejos que tienen en cuenta las muchísimas capas de los cuidados colectivos. Los procesos que me han ayudado a tener las mejores condiciones laborales de mi vida han sido lentos, largos y en algunos momentos cansados, pero el resultado sin duda merece el esfuerzo. Me repito a menudo, por tratar de mantenerme motivada y con esperanza, que la inmediatez omnipresente es imposible, que saber esperar para conseguir un mejor resultado y convivir con la incertidumbre es imprescindible.

Además, desde el cooperativismo trabajamos poniendo el foco en transformar el territorio, con proyectos que benefician tanto a la ciudadanía como a nuestro entorno. Lo hacemos desde la conciencia de intentar generar el mínimo impacto ambiental, reduciendo residuos, reaprovechando materiales, compartiendo, apoyando al pequeño comercio, consumiendo de forma responsable y desde la ecología, y tejiendo redes de soporte mutuo.

En estas vidas efímeras que vivimos, es necesario que reivindiquemos más una economía que sea social y solidaria: o empezamos a priorizar las necesidades de las personas y a cuidar el planeta o la cosa tiene mal pronóstico.

Tienes el artículo original en catalán aquí 

Imagen: Cristina Millán y sus compañeras socias de El Far Cooperatiu.

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