Economía Solidaria

El modelo económico que necesitamos también pasa por el cooperativismo

El reto no es sólo construir una economía más productiva, sino más democrática, más arraigada y más justa, tal y como defienden miles de cooperativas de trabajo catalanas

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Foto de conjunto de los asistentes a la última asamblea general de la FCTC, en el Bloque 4, el 15 de mayo de 2026 / FCTC

El Informe Fénix, impulsado por un grupo de economistas y académicos catalanes, ha abierto un debate necesario sobre el futuro económico de Cataluña. El documento alerta de que el crecimiento de los últimos años se ha basado demasiado en sectores de baja productividad y bajos salarios, y defiende la necesidad de transformar el modelo productivo del país.

El diagnóstico del informe pone sobre la mesa cuestiones relevantes: la precarización laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo y una economía excesivamente dependiente de sectores intensivos en mano de obra. Pero el debate no es sólo qué sectores económicos queremos potenciar, sino también qué forma de hacer economía queremos construir. Y es aquí donde el cooperativismo de trabajo tiene mucho que decir.

Las cooperativas de trabajo llevan décadas demostrando que es posible generar actividad económica competitiva sin renunciar a la calidad laboral, el arraigo territorial y la democracia empresarial. En un momento en el que se habla tanto de productividad y de sostenibilidad, el cooperativismo aporta experiencias reales que combinan eficiencia económica con impacto social positivo. Las cooperativas de trabajo tienen algunas características especialmente relevantes frente a los retos actuales. La primera es que ponen a las personas en el centro de la actividad económica. Las decisiones no dependen exclusivamente del retorno financiero inmediato, sino también del impacto sobre las personas socias trabajadoras, el entorno y la comunidad. Esto se traduce a menudo en salarios más equilibrados, más estabilidad laboral y menos desigualdades internas.

En momentos de transformaciones profundas como la actual, las cooperativas impulsan modelos más sostenibles y menos extractivos

También son empresas fuertemente arraigadas en el territorio. Cuando las personas trabajadoras participan en la propiedad y la gobernanza, existen menos incentivos para deslocalizar o tomar decisiones especulativas a corto plazo. Esto ayuda a mantener actividad económica, empleo y cohesión social allá donde las cooperativas nacen y crecen.

En paralelo, el cooperativismo de trabajo está demostrando una gran capacidad de innovación en sectores estratégicos. En Cataluña existen cooperativas industriales, tecnológicas, culturales, energéticas, de cuidados, educativos o de comunicación que compiten con normalidad en mercados altamente exigentes. El cooperativismo no es sólo una respuesta social a la precariedad; es también una forma empresarial moderna, resiliente y preparada para afrontar retos complejos.

Además, las cooperativas tienen una mirada especialmente útil en un momento de profundas transformaciones como la actual. Ante la emergencia climática, la digitalización o la crisis de la vivienda, muchas cooperativas están impulsando modelos más sostenibles y menos extractivos. Cooperativas energéticas que apuestan por renovables, cooperativas de vivienda en cesión de uso que ofrecen alternativas a la especulación inmobiliaria o cooperativas de cuidados que buscan dignificar a un sector históricamente precarizado.

El éxito económico no puede medirse sólo por los beneficios o por el volumen de crecimiento, sino también por la calidad de vida o la cohesión social

Por eso sorprende que en muchos debates económicos todavía se hable poco de los modelos empresariales. Porque no es suficiente con tener sectores más productivos si la riqueza se concentra en pocas manos o si el trabajo sigue precarizado. El modelo de empresa también importa. El cooperativismo de trabajo plantea una idea sencilla pero profunda: la empresa debe servir para generar prosperidad compartida. Esto no significa renunciar a la competitividad ni a la eficiencia. Significa entender que el éxito económico no puede medirse sólo en términos de beneficios o volumen de crecimiento , sino también en calidad de vida, cohesión social y capacidad de construir comunidad.

También es necesario abordar con prudencia algunos de los planteamientos del Informe Fénix sobre inmigración. El reto no es buscar culpables, sino transformar un modelo económico que con demasiada frecuencia necesita salarios bajos para mantener determinadas actividades. El cooperativismo lleva tiempo defendiendo que dignificar el trabajo y repartir mejor la riqueza es compatible con una economía dinámica y abierta. Cataluña necesita un debate valiente sobre su futuro económico. Pero ese debate quedará incompleto si no incorpora una pregunta fundamental: ¿qué papel queremos dar a la economía social y cooperativa?

Quizá el gran reto no sea sólo construir una economía más productiva. Quizá sea construir una economía más democrática, más arraigada y más justa. Y aquí el cooperativismo de trabajo no es una nota al margen. Es una parte imprescindible de la respuesta.

Un artículo de Guillermo Perdrix Vidal, Director de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña (FCTC), para elcritic.cat

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